Salmo 65 - Salmo de David - Comentarios de Dennis Edwards
Salmo 65:1-2 Te espera la alabanza, oh Dios, en Sión; y a ti se cumplirá el voto. Oh tú que escuchas la oración, a ti vendrá toda carne.
El apóstol Pablo nos dice que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es Señor de Señor y Rey de reyes. Incluso incluye "lo que está en los cielos, lo que está en la tierra y lo que está debajo de la tierra" (Filipenses 2:10). En otras palabras, toda criatura, viva o muerta, en el ámbito fÃsico o espiritual, deberá someterse a Cristo o enfrentar la segunda muerte. El apóstol Pablo se referÃa a una profecÃa de IsaÃas.
IsaÃas 45:21b-24 “No hay más Dios que yo; un Dios justo y salvador; no hay otro fuera de mÃ. Mirad a mÃ, y sed salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mà mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que ante mà se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. Ciertamente, dirán: En el Señor tengo justicia y poder; y todos los que se enojan contra él serán avergonzados.”
El apóstol Pablo, al usar las imágenes de IsaÃas 45, afirma que Jesús es el cumplimiento de esa profecÃa. La profecÃa afirma claramente que el Señor habla y que ante él se doblarán todas las rodillas y jurará toda lengua. Quienes se inclinan y juran por el Señor, dice la profecÃa, lo hacen porque tienen su justicia y poder en el Señor. Se han “revestido de Cristo”, como dirÃa Pablo en otro lugar, y tienen la “justicia que está en Él”.
Romanos 13:10-14: “El amor no hace mal al prójimo; asà que el amor es el cumplimiento de la ley. Y esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertar del sueño; porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creÃmos. La noche está avanzada, el dÃa está cerca; desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Andemos honestamente, como de dÃa; no en disturbios y borracheras, no en lujurias y desenfrenos, no en contiendas y envidias. Sino vestÃos del Señor Jesucristo, y no os preocupéis por la carne para satisfacer sus concupiscencias”.
Gálatas 3:26-27: “Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”.
Filipenses 3:8b-10: “Lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle a él y el poder de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.”
2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él.” Romanos 3:21-22 “Pero ahora, sin la ley, la justicia de Dios se manifiesta (en y por medio de Jesús), testificada por la ley y los profetas. (Es decir, la ley y los profetas dan testimonio de que la justicia viene por la fe en el Redentor). La justicia de Dios, que es por la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él; porque no hay distinción.”
Salmo 65:3 Las iniquidades prevalecen contra mÃ; en cuanto a nuestras transgresiones, tú las perdonarás.
El apóstol Juan escribió: “Porque si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y sabe todas las cosas.” 1 Juan 3:20 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9.
En Proverbios 16:6 leemos: “Con misericordia y verdad se perdona la iniquidad, y con el temor del Señor los hombres se apartan del mal”. Jesús es la misericordia (o gracia) y la verdad que ha llegado. Ofrece perdón de pecados a todos los que lo reciben y creen en él. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). “Porque la ley por medio de Moisés fue traÃda, pero la gracia (misericordia) y la verdad por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).
En Hebreos 9:14 leemos: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el EspÃritu eterno se ofreció a sà mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”. Si creemos, la sangre de Cristo nos purifica de nuestros pecados al acercarnos a Dios por medio de él.
Salmo 65:4 Bienaventurado el hombre que tú escojas y acerques a ti, para que habite en tus atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo.
Jesús dijo que el EspÃritu Santo nos atrae hacia él. «Nadie puede venir a mÃ, si el Padre que me envió no le atrae» (Juan 6:44). Jesús dijo que el EspÃritu Santo nos guiarÃa a toda la verdad (Juan 16:13). Solo podemos acercarnos a Dios porque nos hemos despojado de nuestra propia justicia y nos hemos revestido de la justicia que se encuentra en Jesús. Nos hemos revestido del vestido de bodas, que es Cristo. Por medio de Cristo podemos acercarnos con valentÃa al trono de la gracia, obtener misericordia y hallar gracia para el socorro en tiempos de necesidad (Hebreos 4:16).
Cuando entremos en el Eterno Ahora, donde el tiempo ya no existirá, Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos; y ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las cosas primeras serán borradas. El tabernáculo de Dios estará con los hombres. Él morará con nosotros, y seremos su pueblo, y Dios mismo estará con nosotros y será nuestro Dios (Apocalipsis 21:4-3). No habrá templo en ella, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo (Apocalipsis 21:22).
Apocalipsis 22:3-5 “Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. Allà no habrá noche; y no necesitan lámpara, ni luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.
Salmo 65:5 Con cosas terribles en justicia nos responderás, oh Dios de nuestra salvación; confianza de todos los confines de la tierra, y de los que están lejos en el mar.
Es Dios quien nos hizo, y no nosotros mismos. Él sostiene todo con la palabra de su poder, y en él todas las cosas subsisten.
Salmo 65:6-7 Que con su poder afirma los montes, ceñido de poder; Que aquieta el estruendo de los mares, el ruido de sus olas y el tumulto de los pueblos.
Es Dios quien ha establecido Un lÃmite para el mar que no traspasa la tierra. En el libro de Job encontramos: "¿Quién encerró con puertas el mar cuando se desborda como si saliera de la matriz? Cuando puse nubes por su vestidura, y oscuridad por sus pañales, y le extendà mi lugar designado, y puse cerrojos y puertas, y dije: "Hasta aquà llegarás, y no pasarás más allá; aquà se detendrá el orgullo de tus olas" (Job 38:8-11).
Proverbios 8:29: "Cuando dio al mar su decreto, para que las aguas no traspasaran sus mandamientos; cuando estableció los cimientos de la tierra".
Salmo 104:9 habla de que Dios "puso un lÃmite, que el mar no traspasará, para que no vuelva a cubrir la tierra".
JeremÃas 5:22 contiene una idea similar. ¿No me teméis? Dice el Señor: ¿No temblaréis ante mi presencia, que puse la arena (duna) como lÃmite del mar por decreto perpetuo, que no puede traspasarlo? Aunque sus olas se agiten, no podrán prevalecer; aunque bramen, ¿no podrán traspasarlo?
Salmo 65:8-9 Incluso los que habitan en los confines temen ante tus señales: Haces que las erupciones de la mañana y de la tarde se alegren. Visitas la tierra y la riegas; la enriqueces con el rÃo de Dios, que está lleno de agua; les preparas el trigo, cuando asà lo has provisto.
Como en Job 38 y el Salmo 104, el autor relata la bondad de Dios que se manifiesta en su creación. Solo él es el Creador. Somos obra de su mano. Los cielos declaran su gloria.
Salmo 65:10-13 Riegas sus surcos Abundantemente: Tú siembras sus surcos; la suavizas con lluvias; bendices su primavera. Coronas el año con tu bondad; y tus caminos destilan grosura. Destilan sobre los pastos del desierto; y las colinas se regocijan por todas partes. Los pastos se visten de rebaños; los valles también se cubren de maÃz; gritan de alegrÃa, también cantan.
Sentimos la presencia de Dios al caminar por un bosque, por una playa, por un sendero sinuoso de montaña. Recuerdo la vieja canción: ¡Cuán grande eres!
¡Oh Señor, Dios mÃo! Cuando contemplo con asombro todas las obras que tu mano ha hecho, veo las estrellas, oigo el poderoso trueno, tu poder desplegado en todo el universo:Reformular: Entonces canta mi alma, mi Dios Salvador, a ti, ¡cuán grande eres! ¡Cuán grande eres! Entonces canta mi alma, mi Dios Salvador, a ti, ¡cuán grande eres! ¡Cuán grande eres! ¡Arte!Cuando deambulo por los bosques y claros y oigo el dulce canto de los pájaros en los árboles; cuando miro hacia abajo desde la majestuosa montaña y oigo el arroyo y siento la suave brisa:Reformular: Entonces canta mi alma, mi Dios Salvador, a ti, ¡cuán grande eres!...Y cuando pienso que Dios, su Hijo sin escatimar, lo envió a morir, apenas puedo asimilar; que en la cruz, llevando mi carga con alegrÃa, sangró y murió para quitar mi pecado:Reformular: Entonces canta mi alma, mi Dios Salvador, a ti, ¡cuán grande eres!...Cuando Cristo venga con gritos de aclamación y me lleve a casa, ¡qué alegrÃa llenará mi corazón! Entonces me inclinaré en humilde adoración y proclamaré: ¡Dios mÃo, cuán grande eres!Reformular: Entonces canta mi alma, mi Dios Salvador, a ti, ¡cuán grande eres! ¡Cuán grande eres! Entonces canta Alma mÃa, mi Dios Salvador, ¡cuán grande eres! ¡Cuán grande eres!© 1953 Stuart K. Hine. Traducido del ruso por Stuart K. Hine.

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