La Voz Diária 24 de enero de 2026
Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Juan 12:24
El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sÃgame; y donde yo estoy, allà también estará mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrará. Juan 12:25-26
Mejor es el buen nombre que el ungüento precioso; y el dÃa de la muerte que el dÃa del nacimiento. Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque esa (la muerte) es el fin de todos los hombres; y el que vive la guardará en su corazón. Mejor es la tristeza que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. El corazón del sabio está en la casa del luto; Pero el corazón de los necios está en la casa de la alegrÃa. Eclesiastés 7:1-4
No hay hombre que tenga poder sobre el espÃritu para retenerlo; ni tiene poder en el dÃa de la muerte; y no hay licencia en esa guerra. Eclesiastés 8:8
La carrera no es de los ligeros ni de los fuertes, ni tampoco del pan de los sabios, ni de las riquezas de los entendidos, ni del favor de los hábiles; sino que el tiempo y la oportunidad les acontecen a todos. Porque el hombre tampoco conoce su hora (de muerte): como los peces que son atrapados en una mala red, y como las aves que quedan presas en la trampa, asà son enlazados los hijos de los hombres en un tiempo malo, cuando este cae de repente sobre ellos. Eclesiastés 9:11-12.
Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de sus santos. Salmo 116:15. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? … Pero gracias a Dios, que nos da la victoria (sobre la muerte) por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:55-57
Porque estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 8:38-39
He aquÃ, os digo un misterio: No todos dormiremos (en la muerte), pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorruptibilidad, y esto mortal se vista de inmortalidad. 1 Corintios 15:51-
Jesús dijo…: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mÃ, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mÃ, no morirá eternamente. Juan 11:25-26
Cosas que ojo no vio, ni oÃdo oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Corintios 2:9
Porque ninguno de nosotros vive para sà mismo, ni muere para sà mismo. Porque si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos; pues, ya vivamos, ya muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió, resucitó y volvió a la vida, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos. Romanos 14:7-9.
Porque para mà el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. …Porque de dos cosas estoy en estrecho, pues deseo partir y estar con Cristo, lo cual es muchÃsimo mejor… Filipenses 1:21-23
Porque ya estoy listo para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he terminado mi carrera, he guardado la fe; por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel dÃa; y no solo a mÃ, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:6-8
Desnudo salà del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. El Señor dio, y el Señor quitó; sea bendito el nombre del Señor. Job 1:21.
Quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar a los que están en cualquier tribulación, con el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. … Estábamos abrumados, sobrepasando nuestras fuerzas, hasta el punto de perder la esperanza de vivir; pero tenÃamos en nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita de entre los muertos; quien nos libró de tan gran muerte, y nos libra; en quien confiamos que aún nos librará. 2 Corintios 1:4 y 8b-10.
Pero no quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los muertos, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, asà también Dios traerá con él a los que murieron en Jesús. 1 Tesalonicenses 4:13-14.
Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor de aquà en adelante; sÃ, dice el EspÃritu, para que descansen de sus trabajos, porque sus obras los siguen. Apocalipsis 14:13.
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Apocalipsis 20:6.
Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas han pasado. Apocalipsis 21:4.
Porque sabemos que si nuestra morada terrenal (cuerpo), esta tienda, se destruye, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Porque en esto gemimos, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra morada celestial, si es que, después de ser revestidos, no seremos hallados desnudos. Porque los que estamos en esta tienda gemimos, agobiados, no porque queramos ser desvestidos, sino revestidos, para que la mortalidad sea absorbida por la vida. Y quien nos ha preparado para esto mismo es Dios, quien también nos ha dado el EspÃritu como garantÃa. 2 Corintios 5:1-5 NVI.
Asà que, siempre estamos confiados, sabiendo que mientras estamos en casa en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. Porque andamos por fe, no por vista. Confiamos, sÃ, y nos complace más estar ausentes del cuerpo y estar presentes con el Señor. Por lo tanto, nos esforzamos, ya sea presentes o ausentes, por agradarle. Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, según lo que haya hecho, sea bueno o malo. 2 Corintios 5:6-10 NVI.
Él transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria, por el poder con el cual puede también someter todas las cosas a sà mismo. Filipenses 3:21.
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. 1 Juan 3:2.


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