La Voz Diaria – 12 de enero de 2026
El corazón de piedra tuvo que romperse para que el agua pudiera fluir y refrescar al pueblo. Dios promete dar a sus hijos, a su pueblo, un corazón nuevo. En Ezequiel 36:26-27 leemos: «Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos y los pongáis por obra».
En todas nuestras experiencias de vida, Dios obra en nosotros. Si se lo permitimos, si nos sometemos a él, él rompe nuestro corazón de piedra y lo transforma en un corazón de carne. Nos transforma y nos da un corazón nuevo para que podamos amar como él quiere que amemos. No egoístamente, para satisfacer nuestros propios deseos y necesidades, sino como instrumentos de Jesucristo. El mismo Jesús que se humilló para amar y salvar a los despreciables, a los indecorosos, a los maltratados y magullados, a los quebrantados y a los mutilados.
Golpe a golpe, experiencia tras experiencia, nuestro querido Señor obra en nuestro corazón de piedra. Moisés tuvo que golpear la roca antes de que el agua pudiera brotar para refrescar al pueblo. Aun así, los castigos de Dios están diseñados para producir bondad en nuestras vidas. El magullamiento y aplastamiento de la flor produce la dulce fragancia del perfume. De la misma manera, el magullamiento y aplastamiento de nuestras vidas tiene como propósito producir la dulzura de Jesús en nuestras acciones y en nuestros labios.
Señor, ayúdanos a no luchar contra el magullamiento, el aplastamiento de tu mano. Ayúdanos a rendirnos a ti y a permitirte el control total. Porque el Señor a quien ama, castiga y azota a todo hijo que recibe. Ayúdanos a no despreciar tus castigos ni a desmayar cuando seamos reprendidos por ti. Ayúdanos a aceptar tus juicios. Ayúdanos a aferrarnos a ti con plena seguridad de fe, para que nuestro corazón de piedra se transforme plenamente en tus manos en un corazón de carne, un corazón capaz de amar como tú quieres que amemos. En el nombre de Jesús, oramos.


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