Thursday, February 19, 2026
Salmo 49 - La locura de confiar en las riquezas
Salmo 49 con comentarios de Dennis Edwards
Salmo 49:1-4 OÃd esto, todos los pueblos; escuchad, todos los habitantes del mundo: humildes y nobles, ricos y pobres, todos a una. Mi boca hablará sabidurÃa, y la meditación de mi corazón será inteligencia. Inclinaré mi oÃdo a la parábola; al son del arpa expondré mi palabra oscura.
Como vemos en el libro de Job o en Eclesiastés, el autor examina las grandes cuestiones de injusticia que ocurren en la vida. Al igual que Salomón, el autor llega a la misma conclusión: la muerte es el ecualizador. La música es a menudo un vehÃculo utilizado para expresar las profundas preguntas de la vida.
Salmo 49:5-9 ¿Por qué he de temer en los dÃas de adversidad, cuando me rodee la iniquidad de mis adversarios? Los que confÃan en sus riquezas, y se jactan de la multitud de sus riquezas; Ninguno de ellos puede redimir a su hermano ni dar a Dios un rescate por él (porque la redención de su alma es preciosa y perdura para siempre), para que viva eternamente y no vea corrupción.
Salomón concluyó de manera similar: «No hay hombre que tenga poder sobre el espÃritu para retenerlo; ni tiene poder en el dÃa de la muerte; y no hay licencia en esa guerra; ni la maldad librará a quienes se entregan a ella» (Eclesiastés 8:8).
Continuó: «Aunque el pecador haga el mal cien veces, y sus dÃas se prolonguen, con todo, yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, que temen delante de él. Pero no les irá bien al impÃo, ni prolongará sus dÃas, que son como una sombra, por no temer delante de Dios» (Eclesiastés 8:12-13).
En otras palabras, vivir en el temor de Dios y guardar sus mandamientos es más importante que tener éxito y riquezas.
Salmo 49:10-11 Porque ve morir a los sabios, y también al necio y al bruto perecer, dejando sus riquezas a otros. Su pensamiento Ãntimo es que sus casas perdurarán para siempre, y sus moradas por todas las generaciones; llaman a sus tierras con sus propios nombres.
Salomón escribió: «Me volvà y vi bajo el sol que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor; sino que a todos les sucede el tiempo y la ocasión. Porque el hombre tampoco conoce su hora (para morir): como los peces que caen en la mala red, y como las aves que caen en la trampa, asà son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos» (Eclesiastés 9:11-12).
Salmo 49:12 Sin embargo, el hombre, estando en honra, no permanece; es como las bestias que perecen. Este es su camino, su necedad; sin embargo, su posteridad aprueba sus palabras. Selah.
En otras palabras, si solo vivimos para este mundo presente, no somos mejores que los animales. Estamos en el camino ancho que lleva a la destrucción, y muchos son los que entran por él. «Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan», Mateo 7:14.
Salmo 49:14-15 Como ovejas son depositadas en el sepulcro; la muerte las pastoreará; y los rectos se enseñorearán de ellas por la mañana; y su hermosura se consumirá en el sepulcro, lejos de su morada. Pero Dios redimirá mi alma del poder del sepulcro, porque él me recibirá. Selah.
Aquà vemos la esperanza de la resurrección o la continuidad de la vida del alma después de la muerte. Desde la caÃda del hombre, Dios prometió enviar un Redentor que derrotarÃa a la serpiente y restablecerÃa la relación de la humanidad con Dios. A lo largo del Antiguo Testamento encontramos esa esperanza: en Job, en los Salmos y en IsaÃas.
En Job, escrito alrededor del año 2000 a. C. en la época de Abraham, encontramos: «Porque yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mà mismo, y mis ojos lo verán, y no otro; aunque mis entrañas se consuman dentro de mû (Job 19:25-27).
Salmo 49:16-17 No temas cuando alguien se enriquece, ni cuando aumenta la gloria de su casa; porque cuando muera, nada llevará; su gloria no descenderá tras él.
El apóstol Pablo nos advierte de igual manera: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos ni pongan su esperanza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, dispuestos a dar a los necesitados. Porque nada trajimos a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos» (1 Timoteo 6:17-20-7).
En Proverbios leemos algo similar: «No te afanes por enriquecerte; abandona tu propia sabidurÃa. ¿Acaso pondrás tu mirada en lo que no es? Porque las riquezas ciertamente se hacen alas; vuelan como águilas hacia el cielo» (Proverbios 23:4-5).
O como escribió Salomón en Eclesiastés: «El que ama el dinero no se saciará de dinero; ni el que ama la abundancia con ganancias; esto también es vanidad. Cuando aumentan los bienes, aumentan los que los consumen; ¿y qué provecho tienen sus dueños, sino verlos con los ojos?» (Eclesiastés 5:10-11).
Parece que los escritores se centran en el hecho de que el mundo fÃsico por sà solo nos deja vacÃos. El apóstol Juan escribió: «Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:16-17). Por eso, Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orÃn corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orÃn corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde esté vuestro tesoro, allà estará también vuestro corazón» (Mateo 6:19-21).
Salmo 49:18-20: Aunque mientras vivió, bendijo su alma; y los hombres te alabarán cuando te vaya bien. Irá a la generación de sus padres; nunca verán la luz. El hombre que está en honra y no entiende, es como las bestias que perecen.
Jesús les dijo a la gente: «Tengan cuidado y cuÃdense de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). Continuó contando la parábola del hombre rico que querÃa construir graneros más grandes para atesorar sus riquezas. Jesús continuó la historia: «Y yo (el hombre rico) diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y diviértete. Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; ¿de quién será lo que has provisto?» Asà es el que atesora para sÃ, y no es rico para con Dios» (Lucas 12:19-21).
Cuando el joven rico acudió a Jesús en busca de consejo, probablemente porque sus riquezas no le traÃan la felicidad que buscaba, Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto (maduro o Ãntegro), anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sÃgueme» (Mateo 19:21). “Al oÃr esto, el joven se fue triste, porque tenÃa muchas posesiones” (Mateo 19:22). Acudió a Jesús buscando soluciones a su infelicidad e insatisfacción, incluso con todas sus riquezas. Sin embargo, cuando Jesús le dio la respuesta, se negó a seguirlo porque amaba al mundo y las cosas del mundo más que a Dios y las cosas de Dios.
El llamado de Jesús al discipulado sigue vigente hoy. “El que quiera venir en pos de mÃ, niéguese a sà mismo, tome su cruz y sÃgame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mà y del evangelio, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿O qué dará a cambio de su alma? Por tanto, el que se avergüence de mà y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también se avergonzará de él el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” Marcos 8:34-38.
Publicado originalmente el 5 de marzo de 2025
Salmo 49 - A Loucura de Confiar nas Riquezas!
Salmo 49 com comentários de Dennis Edwards
Salmo 49:1-4 Ouvi isto, vós todos os povos; inclinai os ouvidos, todos os
habitantes do mundo, quer humildes quer grandes, tanto
ricos como pobres. A minha boca falará a sabedoria, e a
meditação do meu coração será de entendimento. Inclinarei
os meus ouvidos a uma parábola; decifrarei o meu enigma ao som da harpa.
Como vemos no livro de Jó ou no Eclesiastes,
o autor analisa as grandes questões de injustiça que ocorrem na vida. Tal como
Salomão, o autor chega à mesma conclusão: a morte é o equalizador. A música é
frequentemente um veÃculo utilizado para expressar as questões profundas da
vida.
Salmo 49:5-9 Por que temeria eu nos dias da adversidade, ao cercar-me a iniquidade
dos meus perseguidores, dos que confiam nos seus bens e se
gloriam na multidão das suas riquezas? Nenhum deles de
modo algum pode remir a seu irmão, nem por ele dar um resgate a Deus, (pois a redenção da sua vida é carÃssima, de sorte que os seus
recursos não dariam;) para que continuasse a viver para
sempre, e não visse a cova.
Salomão concluiu de
forma semelhante: “Não há homem que tenha poder sobre o espÃrito para reter o
espÃrito; nem tem poder no dia da morte; e não há dispensa nessa guerra; nem a
impiedade livrará aqueles que a ela se entregam”, Eclesiastes 8:8.
E continuou: “Ainda que
um pecador faça o mal cem vezes, e os seus dias sejam prolongados, ainda assim,
certamente, sei que tudo correrá bem com aqueles que temem a Deus, que temem
diante dele. Mas ao Ãmpio não irá bem, nem prolongará ele os seus dias, que são
como a sombra; porque não teme diante de Deus”, Eclesiastes 8:12-13.
Por outras palavras,
viver no temor de Deus e guardar os Seus mandamentos é mais importante do que
ter sucesso e riqueza.
Salmo 49:10-11 Sim, ele verá que até os sábios morrem, que
perecem igualmente o néscio e o estúpido, e deixam a outros os seus bens.
O pensamento Ãntimo deles é que as suas casas são
perpétuas e as suas habitações de geração em geração; dão às suas terras os
seus próprios nomes.
Salomão escreveu:
“Voltei-me, e vi debaixo do sol que a carreira não é dos ligeiros, nem a
batalha dos fortes, nem tampouco dos sábios o pão, nem ainda dos entendidos as
riquezas, nem ainda dos espertos o favor; mas o tempo e o acaso acontecem a
todos eles. Pois o homem não conhece a sua hora (de morrer); como os peixes que
são apanhados na rede maligna, e como as aves que são presas no laço; assim
também os filhos dos homens ficam enredados no tempo mau, quando este cai
repentinamente sobre eles”, Eclesiastes 9:11-12.
Salmo 49:12-13 Mas o homem, embora esteja em honra, não
permanece; antes é como os animais que perecem. Este é o destino dos que
confiam em si mesmos; o fim dos que se satisfazem com as suas próprias palavras.
Por outras palavras, se vivemos apenas
para este mundo presente, então não somos melhores do que os animais. Estamos
na estrada larga que leva à destruição e muitos estão a entrar por lá. “Mas
estreita é a porta, e apertado o caminho que leva à vida, e poucos há que a
encontrem”, Mateus 7:14.
Salmo 49:14-15 Como
ovelhas são arrebanhados ao Seol; a morte os pastoreia; ao romper do dia os
retos terão domÃnio sobre eles; e a sua formosura se consumirá no Seol, que
lhes será por habitação. Mas Deus remirá a minha alma do
poder do Seol, pois me receberá.
Aqui vemos a esperança da ressurreição
ou da continuação da vida da alma após a morte. Desde o tempo da queda do
homem, Deus prometeu enviar um Redentor que derrotaria a serpente e traria a
humanidade de volta à relação com Deus. Em todo o Antigo Testamento
encontramos esta esperança: em Jó, nos Salmos e em IsaÃas.
Em Jó, escrito por volta de 2000
a.C., no tempo de Abraão, encontramos: Pois
eu sei que o meu Redentor vive, e que por fim se levantará sobre a terra. E
depois de consumida esta minha pele, então fora da minha carne verei a
Deus; vê-lo-ei ao meu lado, e os meus olhos o contemplarão, e não mais
como adversário. O meu coração desfalece dentro de mim! Jó 19:25-27
Salmo 49:16-17 Não
temas quando alguém se enriquece, quando a glória da sua casa aumenta. Pois, quando morrer, nada levará consigo; a sua glória não descerá
após ele.
O apóstolo Paulo
adverte-nos da mesma forma: “Ordena aos que são ricos no presente século que
não sejam orgulhosos, nem ponham a sua esperança na incerteza das riquezas, mas
em Deus, que abundantemente nos dá todas as coisas para delas gozarmos. Que
pratiquem o bem, que sejam ricos em boas obras, prontos a repartir, dispostos a
dar aos necessitados. Porque nada trouxemos para este mundo, e nada podemos
levar dele”, 1 Timóteo 6:17-20&7.
Em Provérbios lê-se de
forma semelhante: “Não trabalhes para enriquecer: cessa da tua própria
sabedoria. Fixará os seus olhos naquilo que não é? Pois as riquezas criam
certamente asas; voam como uma águia em direção ao céu”, Provérbios 23:4-5.
Ou como escreveu
Salomão no Eclesiastes: “Aquele que ama a prata não se fartará de prata; nem
aquele que ama a abundância com o aumento: isto também é vaidade. Quando os
bens aumentam, aumentam também os que os comem: e que bem há para os seus
donos, senão contemplá-los com os seus olhos,” Eclesiastes 5:10-11.
Parece que os
escritores se estão a concentrar no facto de que o mundo fÃsico por si só nos
deixa vazios. O apóstolo João escreveu: “Porque tudo o que há no mundo, a
concupiscência da carne, a concupiscência dos olhos e a soberba da vida, não
provém do Pai, mas sim do mundo. E o mundo passa, e a sua concupiscência; mas
aquele que faz a vontade de Deus permanece para sempre”, 1 João 2:16-17.
Por isso, Jesus disse:
“Não acumulem para vós tesouros na terra, onde a traça e a ferrugem destroem, e
onde os ladrões minam e roubam; mas acumulem para vós tesouros no céu, onde a
traça nem a ferrugem destroem, e onde os ladrões não minam nem roubam; porque onde estiver o teu tesouro, aà estará também o teu coração,” Mateus
6:19-21.
Salmo 49:18-20 Ainda
que ele, enquanto vivo, se considera feliz e os homens o louvam quando faz o
bem a si mesmo, ele irá ter com a geração de seus pais;
eles nunca mais verão a luz. Mas o homem, embora esteja
em honra, não permanece; antes é como os animais que perecem.
Jesus disse ao povo:
“Tende cuidado e cuidado com toda a espécie de avareza, porque a vida de
qualquer não consiste na abundância das coisas que possui”, Lucas 12:15.
Continuou e contou a
parábola do homem rico que queria construir celeiros maiores para acumular as
suas riquezas. Jesus continuou a história: “E eu (o homem rico) direi à minha
alma: Alma, tens em depósito muitos bens para muitos anos; relaxe, coma, beba e
seja feliz. Mas Deus disse-lhe: ‘Insensato, esta noite te pedirão a tua alma; então, para quem serão estas coisas que preparaste?’ Assim é aquele que
acumula tesouros para si mesmo, e não é rico para com Deus,” Lucas 12:19-21.
Quando o jovem rico
veio ter com Jesus em busca de conselho, provavelmente porque as suas riquezas
não lhe estavam a trazer a felicidade que procurava, Jesus disse-lhe: “Se fores
perfeito (maduro ou inteiro), vai, vende tudo o que tens e dá-o aos pobres, e
terás um tesouro no céu: e vem e segue-me,” Mateus 19:21.
“Mas o jovem, ouvindo
esta palavra, retirou-se triste, porque possuÃa muitas propriedades”, Mateus
19:22. Foi ter com Jesus em busca de soluções para o motivo pelo qual,
mesmo com toda a sua riqueza, se sentia infeliz e insatisfeito. No entanto,
quando Jesus lhe deu a resposta, recusou-se a segui-la porque amava o mundo e
as coisas do mundo mais do que amava a Deus e as coisas de Deus.
O apelo de Jesus ao
discipulado é o mesmo hoje. “Se alguém quiser vir após Mim, renuncie a si
mesmo, tome a sua cruz e siga-Me. Pois quem quiser salvar a sua vida,
perdê-la-á; mas quem perder a sua vida por minha causa e pelo evangelho, esse
salvá-la-á. Pois que aproveitaria ao homem ganhar o mundo inteiro e perder a
sua alma? Ou o que dará o homem em troca da sua alma? Por isso, todo aquele que
se envergonhar de mim e das minhas palavras entre esta geração adúltera e
pecadora, dele também o Filho do homem se envergonhará, quando vier na glória
de seu Pai com os santos anjos”, Marcos 8:34-38.
Publicado originalmente 05/03/2025.
Psalm 49 - The Folly of Trusting in Riches
Psalm 49 with comments by
Dennis Edwards
Psalm 49:1-4 Hear
this, all you people; give ear, all you inhabitants of the world: Both low and high, rich and poor, together. My mouth shall speak of wisdom;
and the meditation of my heart shall be of understanding. I will incline mine ear to a
parable: I will open my dark saying upon the harp.
Like we see
in the book of Job or in Ecclesiastes, the author is looking at
the big questions of injustice that takes place in life. Like Solomon, the
author comes to the same conclusion: death is the equalizer. Music is often a
vehicle used to express the deep questions of life.
Psalm 49:5-9 Wherefore should I fear in the
days of evil, when the iniquity of my heels (adversaries)
shall compass me about? They that trust in their wealth, and boast themselves in the
multitude of their riches; None of them can by any means redeem his brother, nor give to God
a ransom for him: (For the redemption of their soul is precious, and it ceases for ever:) That he should still live for
ever, and not see corruption.
Solomon
concluded in a similar manner: “There is no man that has power over the spirit
to retain the spirit; neither has he power in the day of death: and there is no
discharge in that war; neither shall wickedness deliver those that are given to
it,” Ecclesiastes 8:8.
He
continued, “Though a sinner does evil a hundred times, and his days be
prolonged, yet surely I know that it shall be well with them that fear God,
which fear before Him. But it shall not be well with the wicked, neither shall
he prolong his days, which are as a shadow; because he fears not before God,” Ecclesiastes
8:12-13.
In other
word, living in the fear of God and keeping His commandments is more important
than having success and wealth.
Psalm
49:10-11 For he sees that wise men die, likewise the fool and the brutish person
perish, and leave their wealth to others. Their
inward thought is, that their houses shall continue for ever, and their
dwelling places to all generations; they call their lands after their own names.
Solomon wrote,
“I returned, and saw under the sun, that the race is not to the swift, nor the
battle to the strong, neither yet bread to the wise, nor yet riches to men of
understanding, nor yet favour to men of skill; but time and chance happen to
them all. For man also knows not his time (to die): as the fishes that are
taken in an evil net, and as the birds that are caught in the snare; so are the
sons of men snared in an evil time, when it falls suddenly upon them,” Ecclesiastes
9:11-12.
Psalm 49:12 Nevertheless
man being in honour abides not: he is like the beasts that perish. This their way is their folly:
yet their posterity approve their sayings. Selah.
In other
words, if we are only living for this present world, then we are no better than
animals. We are on the wide road that leads to destruction and many there be
that are going in there at. “But straight is the gate and narrow is the way
that leads to life, and few there be that find it,” Matthew 7:14.
Psalm
49:14-15 Like sheep they are laid in the grave; death shall feed on them;
and the upright shall have dominion over them in the morning; and their beauty
shall consume in the grave from their dwelling. But God will redeem my soul from
the power of the grave: for He shall receive me. Selah.
Here we see the hope of the
resurrection or the continuance of the life of the soul after death. Since the
time of the fall of man, God had promised to send a Redeemer who would defeat
the serpent and bring mankind back into relationship with God. Throughout the Old
Testament we find that hope: in Job, in the Psalms, and in Isaiah.
In Job, written around
2,000 BC in the time of Abraham, we find, “For I know that my Redeemer lives,
and that He shall stand at the latter day upon the earth: and though after my
skin worms destroy this body, yet in my flesh shall I see God: whom I shall see
for myself, and my eyes shall behold, and not another; though my organs be
consumed within me,” Job 19:25-27.
Psalm 49:16-17 Be not afraid when one is made
rich, when the glory of his house is increased; For when he dies, he shall carry nothing away:
his glory shall not descend after him.
Apostle Paul warns us
likewise, “Command those who are rich in this present age not to be haughty,
nor to trust in uncertain riches, but in the living God, who gives us richly
all things to enjoy. That they do good, that they be rich in good works, ready
to distribute, willing to give to the needy. For we brought nothing into this
world, and it is certain we can carry nothing out,” 1 Timothy 6:17-20&7.
In Proverbs we read
similarly, “Labour not to be rich: cease from your own wisdom. Will you set
your eyes upon that which is not? For riches certainly make themselves wings;
they fly away as an eagle toward heaven,” Proverbs 23:4-5.
Or as Solomon wrote in Ecclesiastes,
“He that loves silver shall not be satisfied with silver; nor he that loves
abundance with increase: this is also vanity. When goods increase, they are
increased that eat them: and what good is there to the owners thereof, saving
the beholding of them with their eyes,” Ecclesiastes 5:10-11.
It seems the writers are
focusing on the fact that the physical world by itself leaves us empty. Apostle
John wrote, “For all that is in the world, the lust of the flesh, the lust of
the eyes, and the pride of life, are not of the Father, but are of the world.
And the world passes away, and the lusts thereof, but he that does the will of
God abides forever,” 1 John 2:16-17.
For that reason, Jesus said, “Lay
not up for yourselves treasures on earth where moth and rust do corrupt, and
where thieves break through and steal: but lay up for yourselves treasures in
heaven, where neither moth nor rust does corrupt, and where thieves do not
break through nor steal: for where your treasure is, there will your heart be,
also,” Matthew 6:19-21.
Psalm 49:18-20 Though while he lived, he blessed his soul: and men
will praise you, when you do well to yourself. He shall go to the generation of his fathers; they shall never see
light. Man, that is in honour, and understands not, is like the beasts that perish.
Jesus told the people, “Take
heed, and beware of covetousness: for a man’s life consists not in the
abundance of the things which he possesses,” Luke 12:15.
He went on and told the
parable of the rich man who wanted to build bigger barns to hoard his riches.
Jesus continued the story, “And I (the rich man) will say to my soul, Soul, you
have much goods laid up for many years; take your ease, eat, drink, and be
merry. But God said unto him, ‘You fool, this night your soul shall be required
of you: then whose shall those things be, which you have provided?’ So is he
that lays up treasure for himself, and is not rich toward God,” Luke
12:19-21.
When the rich young man came
to Jesus seeking for advice, probably because his riches weren’t bringing him
the happiness he sought, Jesus told him, “If you will be perfect (mature or
whole), go and sell that which you have, and give to the poor, and you shall
have treasure in heaven: and come and follow me,” Matthew 19:21.
“But when the young man heard
that saying, he went away sorrowful: for he had great possessions,” Matthew
19:22. He had come to Jesus seeking for solutions for why even with all his
wealth he was unhappy and unfulfilled. Yet, when Jesus gave him the answer, he
refused to follow because he loved the world and the things of the world, more
than He loved God and the things of God.
Jesus’ call to discipleship
is the same today. “Whosoever will come after Me, let him deny himself, and
take up his cross, and follow Me. For whosoever will save his life shall lose
it; but whosoever shall lose his life for My sake and the gospel’s, the same
shall save it. For what shall it profit a man, if he shall gain the whole
world, and lose his own soul? Or what shall a man give in exchange for his
soul? Whosoever therefore shall be ashamed of Me and of My words in this
adulterous and sinful generation; of him also shall the Son of man be ashamed,
when he comes in the glory of His Father with the holy angels,” Mark 8:34-38.
Perseverando no Bom Combate
M. Fontaine
Querida amigos,
Uma das coisas que eu e o meu marido mais amamos em vocês, é como permanecem fiéis no bom combate da fé. Continuam “mantendo firme a eterna vida para a qual foram chamados e da qual fizeram a boa confissão na presença de muitas testemunhas” (1 Timóteo 6:12). Desde que se comprometeram a amar e servir a Jesus, vocês têm lutado longa, arduamente e seguem firmes até hoje.
Todos sabemos que a vida de fé e serviço a Deus tem batalhas de todos os tipos constantemente. Isso não é surpresa, pois os primeiros crentes e apóstolos passaram pelas mesmas coisas, como lemos no versÃculo: “Amados, embora estivesse muito ansioso por lhes escrever acerca da salvação que compartilhamos, senti que era necessário escrever-lhes insistindo que batalhassem pela fé uma vez por todas confiada aos santos” (Judas 1:3)
Combater o bom combate da fé é um desafio. Eu diria que quase todos já enfrentamos pelo menos uma batalha que colocou nossa fé à prova, ou você passou por algo que o fez pensar que não conseguiria escalar a montanha seguinte. Talvez tenha sofrido com desânimo ou depressão, a perda de um ente querido ou o distanciamento de familiares.
Talvez tenha se cansado com as responsabilidades, os sacrifÃcios e os desafios do dia a dia que pesam sobre seus ombros. Ou então enfrentou algum outro problema ou dificuldade séria em sua vida ou na vida de alguém que você ama—como problemas de saúde, dificuldades no casamento, nas finanças, questões legais ou acidentes, para citar alguns.
Estes não são exemplos aleatórios, mas sim realidades que muitos de nós conhecemos. É uma realidade que não deveria surpreender ninguém, pois a BÃblia adverte que todos enfrentaremos lutas, tentações e provações: “Não sobreveio a vocês tentação que não fosse comum aos homens. E Deus é fiel; ele não permitirá que vocês sejam tentados além do que podem suportar. Mas, quando forem tentados, ele lhes providenciará um escape, para que o possam suportar” (1 CorÃntios 10:13).
O apóstolo Paulo, que entendia perfeitamente os desafios da vida, encorajou os primeiros seguidores: “E não nos cansarmos de fazer o bem, pois no tempo próprio colheremos, se não desanimarmos”. Ele acrescentou: “Portanto, enquanto temos oportunidade, façamos o bem a todos” (Gálatas 6:9-10).
Sendo assim, não desanime com as lutas nem se sinta mal pelas batalhas. Acredite que o Senhor as permite por um bom propósito e as usará para fortalecê-lo e enriquecer sua vida e espÃrito, desde que você permaneça firme e fiel.
Estamos todos juntos na luta e precisamos apoiar uns aos outros em oração. Nas provações, peça oração, procure apoio. Vamos nos comprometer a interceder uns pelos outros e a continuar lutando o bom combate da fé.
Quando o desânimo ou o desencorajamento baterem, lembre-se das promessas do Senhor e de que está lutando por Jesus, que nos amou tanto que morreu por nossos pecados e pela salvação das almas. Certamente sabemos a razão da nossa luta, e almejamos o mesmo objetivo: ver o Evangelho sendo pregado em todo o mundo para que o Senhor venha. “E o reino do mundo se tornou de nosso Senhor e do seu Cristo, e ele reinará para todo o sempre” (Apocalipse 11:15). Devemos manter esse glorioso propósito diante de nós e permitir que nos estimule a seguir na boa luta.
Sigamos focados em nosso testemunho e sejamos fiéis em cumprir a Grande Comissão—levando o máximo de pessoas a Jesus e ajudando-as a crescer na fé. Devemos nos lembrar sempre de que o Senhor está conosco em tudo o que enfrentamos, como a seguinte mensagem de Jesus destaca.
(Jesus:) Se tudo fosse paz, seria fácil, mas vocês estão engajados na guerra espiritual por almas eternas, e guerra significa batalhas. Mas Minhas promessas são certas e Meu plano não falhará, não importam as circunstâncias ou sua situação pessoal. Não importa como você se sinta nem quantos problemas enfrente.
Haverá problemas, fracassos, contratempos e provações. Mas também haverá soluções, vitórias e vidas transformadas. Os problemas geram orações que trazem respostas. Os fracassos resultam em lições aprendidas e beleza que surge das cinzas. As batalhas abrem caminho para milagres, vitórias e crescimento espiritual em sua vida.
Deixe que os problemas e desafios sempre o lembrem de que estou no controle, guiando e instruindo você. Quando você se sentir sobrecarregado, houver mais a fazer do que teria condições, os problemas e situações parecerem complexos demais para entender—que dirá resolver—traga a Mim todos os seus fardos e confie que agirei em seu favor.
Problemas ou obstáculos transformam a fé em perseverança. Fé é continuar lutando apesar das dificuldades, provações e batalhas. A fé sabe que Minhas promessas serão cumpridas e que Minha Palavra lhe dará forças para continuar confiando em Meu grande plano. O resultado é garantido: a vinda do Meu reino e a Minha vontade feita assim na terra como no céu (Mateus 6:10).
(Oração:) Querido Jesus, rezo por cada membro da nossa comunidade cristã. Dê-lhes forças e que Seu EspÃrito os capacite a continuar lutando o bom combate da fé e a serem servos fiéis assim que os chamou. Cada um é necessário na Sua missão de alcançar o mundo.
Agradeço pela Sua fidelidade ao longo de todas estas décadas, ajudando a levar o Evangelho a todas as nações, em muitos idiomas e a muitas pessoas. Ajude cada um a continuar reluzindo a Sua luz no meio da crescente escuridão espiritual deste mundo.
Você disse na Palavra que abençoará aqueles que suportam com paciência as provações e tentações, e eles receberão a coroa da vida prometida a todos os que amam Você (Tiago 1:12). Obrigado por continuar a nos ensinar humildade, a depender de Você, a ter mais fé e a disposição de lutar através de tudo o que enfrentamos.
Por favor, ajude aqueles que estão passando por um perÃodo de provações, para que a sua fé não falhe (Lucas 22:32). Proteja-os, guarde-os e cerque-os com Sua presença. Conceda-lhes perseverança, fé e determinação. Alguns talvez não tenham vontade de lutar agora, sintam-se mais fracos fisicamente, estejam com problemas de saúde ou travando outras lutas devido a circunstâncias além de seu controle. Jesus, esses amados precisam das Suas forças e do poder do Seu EspÃrito Santo para perseverar e continuar lutando o bom combate, mesmo quando não têm vontade.
Ajude cada um a sentir Sua presença e cerque-os com Seu amor, cuidado e paz. Sabemos que batalhas e provações são parte de viver por Você, mas cremos na Sua promessa de suprir todas as nossas necessidades de acordo com Suas gloriosas riquezas (Filipenses 4:19). Oro para que dê forças e fé para cada um desses amados, para que possam continuar lutando e permanecer no caminho que Você estabeleceu para eles. Você nunca falha em todas as Suas boas promessas. Depositamos toda a nossa esperança e confiança em Você.
Publicado originalmente em setembro de 2008. Adaptado e republicado em fevereiro de 2026.
https://anchor.tfionline.com/pt/post/perseverando-no-bom-combate/
Keeping on Fighting the Good Fight
By M. Fontaine
Download Audio (8MB)
Dear Friends,
One of the things that my husband and I love most about you is that you’re still faithfully fighting the good fight of faith. You’re still “holding tightly to the eternal life to which God has called you, which you have declared so well before many witnesses” (1 Timothy 6:12). You have fought long and hard ever since you made your commitment to love and serve Jesus, and you’re continuing to do so.
As we know, the life of faith can be a struggle, and we face battles of all kinds throughout our lives of service to the Lord. This is not surprising, as the early believers and apostles faced the same things, as this verse expresses: “Dear friends, although I was very eager to write to you about the salvation we share, I felt compelled to write and urge you to contend for the faith that was once for all entrusted to God’s holy people” (Jude 3).
Fighting the good fight of faith is challenging, and I’d venture to say that nearly all of us have faced at least one battle that sorely tested our faith, or that made you think you just couldn’t cross that next mountain. Maybe you’ve faced severe discouragement or depression, a loss of a loved one, or ruptured relationships with family members.
Maybe you’ve grown weary with the responsibilities, sacrifices, and challenges of daily life, and this has weighed on you. Or perhaps you’ve faced some other serious problem or difficulty in your life or in the life of someone you love—such as health problems, marriage difficulties, financial struggles, legal issues, or accidents, to name a few.
I’m not just picking these examples out of a hat. These are real life challenges that many of us have faced or are currently experiencing. But you know what? We shouldn’t be surprised or shocked at this. The Bible warns us that we will all face the struggles and temptations and trials of this life: “No testing has overtaken you that is not common to everyone. God is faithful, and he will not let you be tested beyond your strength, but with the testing he will also provide the way out so that you may be able to endure it” (1 Corinthians 10:13).
The Apostle Paul clearly understood what it meant to face the challenges of life, as he encouraged the early followers to “not grow weary of doing good, for in due season we will reap, if we do not give up.” He then goes on to rally the believers to continue forging ahead by saying, “So then, as we have opportunity, let us do good to everyone” (Galatians 6:9–10).
So don’t be discouraged by the struggles or feel bad about them. If you’re going through battles of some kind, trust that the Lord has a good reason for allowing them and will use them to strengthen you and enrich your life and spirit as you continue to hold on and be faithful.
We’re all in this together, and we need to support each other through prayer. If you’re struggling, ask for prayer and reach out to others for support. We can all make a commitment to pray for each other and to continue to fight the good fight of faith together.
When you feel discouraged or disheartened, remember the Lord’s promises. Remind yourself of who you are fighting for—Jesus, who loved us so much that He died for our sins and the salvation of souls. We certainly know what we’re fighting for, and we all desire the end result—the gospel being preached in all the world so that the Lord will return, and “the kingdom of the world [will] become the kingdom of our Lord and of his Christ, and he shall reign forever and ever” (Revelation 11:15). We can hold that glorious result in front of us and let it spur us on in the good fight.
We can continue to remain focused on our witness and being faithful to fulfill the Great Commission—bringing as many people to Jesus as we can and helping them to grow in their faith. We can remind ourselves that the Lord is with us through everything we face in life, as the following message from Jesus points out.
(Jesus:) If everything was smooth sailing, that would be peacetime—but you’re engaged in the spiritual warfare for eternal souls, and war means battles. But My promises are sure and My plan will not fail, no matter what the circumstances are in the world around you or in your personal situation, no matter how you feel, and no matter how many problems you face.
There will be problems, failures, setbacks, and trials. But there will also be solutions, victories, and lives changed. The problems result in prayers that lead to answers. The failures result in lessons learned and beauty from ashes. The battles pave the way for My miracles and victories and spiritual growth in your life.
Let the problems and challenges always remind you that I’m at the helm, leading and guiding you. When you feel overwhelmed, when there’s more to do than you can ever do, when the problems and situations seem too complex to figure out—much less fix—come to Me with all your burdens and trust in Me to work on your behalf.
Faith isn’t perseverance when there are no problems or obstacles. Faith is fighting on in spite of the problems, obstacles, and battles. Faith knows that My promises will be fulfilled, and My Word will give you the faith to keep trusting in My great plan. The final outcome is assured: My kingdom come and My will done on earth as it is in heaven (Matthew 6:10).
(Prayer:) Dear Jesus, I pray for each of our Christian community, that You will give them strength and Your Spirit will empower them to continue to fight the good fight of faith and to be Your faithful servants in whatever ways You have called them. Each one is needed in Your mission of reaching the world.
Thank You for their faithfulness over many decades in helping the gospel to be preached in every nation, in many languages and to many people. Help each one to continue to be Your shining light in the midst of the growing spiritual darkness in this world.
You said in Your Word that You will bless those who patiently endure testing and temptation, and they will receive the crown of life promised to all those who love You (James 1:12). Thank You for continuing to teach us humility, dependence on You, greater faith, and for helping us to have the willingness to fight on through everything we face.
Please help those who are passing through a time of testing and help their faith not to fail (Luke 22:32). Shield them and protect them and surround them with Your presence. Endow them with perseverance and faith and determination. Some of them may not feel like fighting right now, some are facing diminishing physical strength or health battles or other struggles due to circumstances beyond their control. Jesus, these dear ones need Your strength and Holy Spirit power to persevere and to keep fighting the good fight even when they don’t feel like it.
Help each one to feel Your presence, and surround them with Your love, care, and peace. We know that battles and tests are part of our lives for You, but You have promised to meet all our needs according to Your riches in glory (Philippians 4:19). I pray that You will provide the strength and faith for each of these dear ones, so that they’ll be able to fight on and stay the course You have set for them. You never fail in all of Your good promises, and we place all our hope and trust in You. In Jesus’ name, Amen.
Originally published September 2008. Adapted and republished February 2026. Read by Lenore Welsh.
https://anchor.tfionline.com/post/keeping-on-fighting-the-good-fight/


