Monday, July 13, 2026
Superando el duelo
Una recopilación
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
¿Hasta cuándo tendré que luchar con mis pensamientos y tener tristeza en mi corazón día tras día? …
Pero yo confío en tu amor inagotable; mi corazón se regocija en tu salvación.
Cantaré alabanzas al Señor, porque ha sido bueno conmigo.—Salmo 13:1,2,5,61
Lo que la Biblia dice sobre el duelo
El duelo es una emoción común a la experiencia humana, y presenciamos el proceso del duelo a lo largo de la narrativa bíblica. Muchos personajes bíblicos experimentaron una profunda pérdida y tristeza, incluyendo a Job, Noemí, Ana y David. Incluso Jesús lloró.² Después de la muerte de Lázaro, Jesús fue a Betania, donde Lázaro fue sepultado. Cuando Jesús vio a Marta y a los demás dolientes llorando, también lloró. Se conmovió por su dolor y también por la muerte de Lázaro. Lo asombroso es que, aun sabiendo que resucitaría a Lázaro, decidió compartir el dolor de la situación. Jesús es verdaderamente un sumo sacerdote que puede «compadecerse de nuestras debilidades».³
Un paso para superar el dolor es tener la perspectiva adecuada. Primero, reconocemos que el dolor es una respuesta natural al sufrimiento y la pérdida. No hay nada de malo en estar de luto. Segundo, sabemos que los momentos de dolor tienen un propósito. Eclesiastés 7:2 dice: «Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque este es el fin de todos los hombres, y los vivos lo tendrán presente». Este versículo implica que el dolor puede ser positivo porque puede renovar nuestra perspectiva de la vida. Tercero, recordamos que los sentimientos de dolor son temporales. «El llanto puede durar una noche, pero la alegría llega por la mañana».⁴ El luto tiene un final. El dolor tiene su propósito, pero también su límite.
A pesar de todo, Dios es fiel. Numerosas Escrituras nos recuerdan la fidelidad de Dios en tiempos de duelo. Él está con nosotros incluso en el valle de la sombra de la muerte.⁵ Cuando David se entristeció, oró así en el Salmo 56:8: «Tú has contado mis aflicciones; pon mis lágrimas en tu odre. ¿Acaso no están anotadas en tu libro?».⁶ La conmovedora imagen de Dios recogiendo nuestras lágrimas está llena de significado. Él ve nuestro dolor y no lo desprecia. Así como Jesús se unió al dolor de los dolientes en Betania, Dios se une al nuestro. Al mismo tiempo, nos asegura que no todo está perdido. El Salmo 46:10 nos recuerda que debemos «estar quietos» y descansar en la certeza de que Él es Dios. Él es nuestro refugio.⁷ Él hace que todas las cosas cooperen para el bien de aquellos a quienes ha llamado.⁸
Una parte importante para superar el dolor es expresárselo a Dios. Los Salmos contienen numerosos ejemplos de cómo expresar el corazón a Dios. Curiosamente, el salmista nunca termina donde empezó. Puede comenzar un salmo con expresiones de dolor, pero casi invariablemente lo termina con alabanza.⁹ Dios nos comprende.¹⁰ Cuando nos comunicamos con Él, podemos abrir nuestras mentes a la verdad de que nos ama, que es fiel, que tiene el control y que sabe cómo obrará para nuestro bien.
Otro paso importante para superar el dolor es compartirlo con otros. El cuerpo de Cristo está diseñado para aliviar las cargas de sus miembros,¹¹ y los hermanos en la fe tienen la capacidad de «llorar con los que lloran».¹² A menudo, quienes sufren tienden a evitar a los demás, lo que aumenta la sensación de aislamiento y tristeza. Es mucho más saludable buscar consejería, y los grupos pueden ser invaluables. Los grupos ofrecen escucha atenta, aliento, compañerismo y guía para superar el dolor. Cuando compartimos nuestras historias con Dios y con los demás, nuestro dolor disminuye.
Lamentablemente, el dolor es parte de la experiencia humana. La pérdida es parte de la vida, y el dolor es una respuesta natural a la pérdida. Pero tenemos la esperanza en Cristo, y sabemos que Él es lo suficientemente fuerte para llevar nuestras cargas.<sup>13</sup> Podemos entregarle nuestro dolor porque Él se preocupa por nosotros.[14] Podemos encontrar consuelo en el Espíritu Santo, nuestro Consolador.[15] En el dolor, depositamos nuestras cargas en Él, nos apoyamos en la comunidad de la iglesia, profundizamos en la verdad de la Palabra y, finalmente, experimentamos esperanza.[16]—De gotquestions.org [17]
Vivir con la pérdida
Cuando mi hijo Steve exhaló su último aliento una madrugada en una pequeña habitación de hospital con vista al océano, el mundo se detuvo para mí. Una gran mariposa amarilla revoloteó por la ventana abierta, y sentí que Dios me aseguraba que había llevado a Steve con ternura a su reino invisible. Aun así, el impacto de perder a mi hijo me dejó destrozada mucho después de que el duelo de todos los demás hubiera terminado. «Déjalo ir y sigue adelante» era el consejo bienintencionado que parecía recibir de todas partes. Pero ¿adónde iba a seguir adelante? ¿Y cómo? En el fondo, sentía amargura y rabia hacia Dios por haberme arrebatado a mi hijo pequeño y lleno de vida. Me sentía engañada y vacía. El corazón me pesaba mientras los meses se prolongaban y reflexionaba una y otra vez sobre mi pérdida.
Finalmente, decidí reunirme con Dios en mi porche cada mañana temprano para contarle mis penas. Los días se convirtieron en semanas mientras le desahogaba todo mi dolor, remordimiento e ira por lo sucedido. «Si el amor es la esencia de tu naturaleza, como dice la Biblia, ¿cómo pudiste tratarme con tanta dureza a mí y a mi hijo?», le preguntaba una y otra vez.
¡Qué oyente tan paciente y comprensivo encontré!
Lloré, supliqué y razoné, hasta que finalmente una mañana sentí que había dicho todo lo que quería y había expresado todas mis emociones. Fue entonces, cuando estuve dispuesta a hacer las paces con Dios, que la tranquilidad llenó mi alma. Con una voz suave y reconfortante, Dios comenzó a hablarme al corazón. A partir de ese momento, mis encuentros matutinos con Dios en el porche tomaron un nuevo rumbo. Aprendí a escucharlo y a permitir que me consolara y sanara mi dolor.—Iris Richard
Billy Graham sobre el sufrimiento y el duelo
La muerte de un ser querido sigue siendo dolorosa para nosotros, incluso como cristianos, no porque temamos por él, sino por el vacío que deja en nuestros corazones. La Biblia dice que no nos afligimos «como los demás, que no tienen esperanza», pero aun así nos afligiremos.[18]
Cuanto más amamos a alguien, más lo extrañaremos y más anhelaremos volver a verlo en el cielo.
Una de las experiencias más difíciles que cualquiera de nosotros enfrentará en la vida es perder a un ser querido, y sé que es especialmente difícil cuando la muerte llega inesperadamente y no tenemos la oportunidad de despedirnos.
Quizás lo más importante que puedo decirte es que Dios te ama y comprende por lo que estás pasando. Cuando Jesús se detuvo junto a la tumba de su amigo Lázaro, sabía que pronto lo resucitaría; sin embargo, la Biblia dice que «Jesús lloró».¹⁹ Este es el versículo más corto de la Biblia, pero revela una gran verdad sobre la compasión de Cristo por quienes sufren. La Biblia dice: «Por el gran amor del Señor no hemos sido consumidos, pues su misericordia nunca falla».²⁰
Siempre recordarás a tu ser querido, y tu dolor por su muerte no desaparecerá rápidamente. Pero con el tiempo, tu dolor disminuirá, y Dios quiere ayudarte en este proceso. ¿Qué puedes hacer? Primero, dedica tiempo cada día a agradecer a Dios por los años que compartieron. La gratitud es como un bálsamo para el alma.
Pídele a Dios que te ayude a brindar apoyo a otros que están de duelo. Ellos necesitan tu aliento, y tú necesitas el de ellos. Sobre todo, no cargues con tu dolor solo, sino entrégaselo a Cristo. La Biblia dice: «Encomienda al Señor tus preocupaciones, y él te sustentará; jamás permitirá que caiga el justo».²¹ — Rev. Billy Graham
(Véase también: http://www.gospelherald.com/articles/71071/20170703/billy-graham-reveals-important-thing-those-mourning-loss-loved-one.htm.)
*
Aunque ande por el valle más oscuro, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. — Salmo 23:4
Publicado en Anchor en junio de 2018. (Inglés)
1 NVI
2 Juan 11:35
3 Hebreos 4:15
4 Salmo 30:5
5 Salmo 23:4 6 RVC
7 Salmo 91:1-2
8 Romanos 8:28
9 Salmo 13; Salmo 23:4; Salmo 30:11-12; Salmo 56
10 Salmo 139:2
11 Gálatas 6:2
12 Romanos 12:15
13 Mateo 11:30
14 1 Pedro 5:7
15 Juan 14:16
16 Hebreos 6:19-20
17 https://www.gotquestions.org/overcoming-grief.html
18 1 Tesalonicenses 4:13
19 Juan 11:35
20 Lamentaciones 3:22.
21 Salmo 55:22.
Superando o Luto
Uma compilação
Até quando, Senhor? Esquecer-te-ás de mim para sempre? Até quando esconderás de mim o teu rosto?
Até quando terei de lutar com os meus pensamentos e, dia após dia, ter tristeza no meu coração? …
Mas eu confio no teu amor infalível; o meu coração se alegra na tua salvação.
Cantarei louvores ao Senhor, porque ele tem sido bom para mim.—Salmo 13:1,2,5,61
O que diz a Bíblia sobre o luto
O luto é uma emoção comum à experiência humana, e assistimos ao processo de luto ao longo da narrativa bíblica. Várias personagens bíblicas experimentaram profunda perda e tristeza, incluindo Job, Noemi, Ana e David. Até Jesus se lamentou. 2 Depois de Lázaro ter morrido, Jesus foi à aldeia de Betânia, onde Lázaro foi sepultado. Quando Jesus viu Marta e os outros que choravam, Ele também chorou. Comoveu-se com a tristeza deles e também com o facto da morte de Lázaro. O mais surpreendente é que, mesmo sabendo que iria ressuscitar Lázaro, Jesus escolheu partilhar a dor da situação. Jesus é verdadeiramente um sumo sacerdote que pode “compadecer-se das nossas fraquezas”.³
Um passo para superar o luto é ter a perspetiva correta sobre o mesmo. Em primeiro lugar, reconhecemos que o luto é uma resposta natural à dor e à perda. Não há nada de errado em sentir tristeza. Em segundo lugar, sabemos que os momentos de luto têm um propósito. Eclesiastes 7:2 diz: “Melhor é ir à casa onde há luto do que ir à casa onde há festa, pois ali se vê o fim de todos os homens, e os vivos o levarão a sério”. Este versículo implica que o luto pode ser bom, pois pode renovar a nossa perspetiva sobre a vida. Em terceiro lugar, lembramos que os sentimentos de tristeza são passageiros. “O choro pode durar uma noite, mas a alegria vem pela manhã”.⁴ O luto tem um fim. A tristeza tem o seu propósito, mas também tem o seu limite.
Em tudo isto, Deus é fiel. Há muitas passagens bíblicas que nos recordam a fidelidade de Deus em tempos de luto. Ele está connosco até mesmo no vale da sombra da morte. <sup>5</sup> Quando David estava triste, orou assim, conforme descrito no Salmo 56:8: “Tu contaste as minhas angústias; põe as minhas lágrimas no teu odre; não estão elas registadas no teu livro?”<sup>6</sup> A comovente imagem de Deus recolhendo as nossas lágrimas está repleta de significado. Ele vê a nossa dor e não a despreza. Assim como Jesus entrou na dor dos enlutados em Betânia, Deus entra na nossa dor. Ao mesmo tempo, Ele assegura-nos que nem tudo está perdido. O Salmo 46:10 lembra-nos de nos “aquietarmos” e descansarmos na certeza de que Ele é Deus. Ele é o nosso refúgio. <sup>7</sup> Ele faz com que todas as coisas cooperem para o bem daqueles que Ele chamou. <sup>8</sup>
Uma parte importante da superação da dor é expressá-la a Deus. Os Salmos contêm inúmeros exemplos de derramamento do coração diante de Deus. Curiosamente, o salmista nunca acaba onde começou. Pode iniciar um salmo com expressões de tristeza, mas, quase invariavelmente, terminá-lo-á com louvor.⁹ Deus compreende-nos.¹⁰ Quando comunicamos com Ele, somos capazes de abrir a nossa mente para a verdade de que Ele nos ama, que é fiel, que está no controlo e que sabe como resolverá tudo para o nosso bem.
Outro passo importante para superar o luto é partilhá-lo com os outros. O corpo de Cristo foi concebido para aliviar os fardos dos seus membros individualmente,¹¹ e os irmãos na fé têm a capacidade de “chorar com os que choram”. ¹² Muitas vezes, os enlutados tendem a isolar-se, aumentando os sentimentos de solidão e tristeza. É muito mais saudável procurar aconselhamento, e os grupos podem ser inestimáveis. Os grupos oferecem ouvidos atentos, encorajamento, companheirismo e orientação para lidar com o luto. Quando partilhamos as nossas histórias com Deus e com os outros, a nossa dor diminui.
Infelizmente, o luto faz parte da experiência humana. A perda faz parte da vida, e o luto é uma resposta natural à perda. Mas temos a esperança em Cristo e sabemos que Ele é forte o suficiente para carregar os nossos fardos. 13 Podemos entregar-Lhe a nossa dor porque Ele cuida de nós. 14 Podemos encontrar consolo no Espírito Santo, o nosso Consolador. 15 Na dor, lançamos os nossos fardos sobre Ele, confiamos na comunidade da igreja, mergulhamos na verdade da Palavra e, por fim, experimentamos a esperança. 16 —De gotquestions.org17
Viver com a perda
Quando o último suspiro do meu filho Steve lhe saiu dos lábios, numa manhã, num pequeno quarto de hospital com vista para o oceano, o mundo parou para mim. Uma grande borboleta amarela voou pela janela aberta e senti Deus a assegurar-me que tinha levado Steve gentilmente para o Seu reino invisível. Ainda assim, o impacto da perda do meu filho deixou-me em frangalhos muito tempo depois de o luto de todos os outros já ter passado.
“Deixa lá e segue em frente” era o conselho bem-intencionado que parecia receber de todos os lados. Mas para onde deveria seguir em frente? E como? No fundo, sentia amargura e raiva de Deus por me ter tirado o meu filho, um menino tão cheio de vida. Sentia-me enganada e vazia. O meu coração permaneceu pesado enquanto os meses se arrastavam e eu refletia sobre a minha perda vezes sem conta.
Por fim, decidi encontrar-me com Deus na varanda de casa todas as manhãs para lhe contar as minhas aflições. Os dias transformaram-se em semanas, enquanto eu derramava sobre Ele toda a minha dor, remorso e raiva pelo que tinha acontecido. "Se o amor é a essência da Tua natureza, como diz a Bíblia, como pudeste ser tão cruel comigo e com o meu filho?", perguntava eu repetidamente.
Que ouvinte paciente e compassivo encontrei!
Chorei, implorei e argumentei, até que finalmente, numa manhã, senti que tinha dito tudo o que queria e derramado todas as minhas emoções. Foi então, quando me dispus a fazer as pazes com Deus, que a tranquilidade me encheu a alma. Com uma voz calma e suave, Deus começou a falar ao meu coração. A partir desse momento, os meus encontros matinais solitários com Deus na varanda tomaram um novo rumo. Aprendi a ouvi-Lo e a permitir que Ele me confortasse e curasse a minha dor. — Íris Richard
Billy Graham sobre o sofrimento e o luto
A morte de alguém que amamos é ainda dolorosa para nós, mesmo como cristãos — não porque tememos por essa pessoa, mas por causa do vazio que ela deixa nos nossos corações. A Bíblia diz que não “nos entristecemos como os outros homens, que não têm esperança” — mas, ainda assim, entristeceremos. 18
Quanto mais amamos alguém, mais sentiremos a sua falta — e mais ansiamos por voltar a vê-la no céu.
Uma das experiências mais difíceis que qualquer um de nós vai enfrentar na vida é perder alguém que amamos profundamente — e sei que é especialmente difícil quando a morte chega inesperadamente e não temos a oportunidade de nos despedirmos.
Talvez a coisa mais importante que lhe possa dizer é que Deus o ama e compreende o que está a passar. Quando Jesus estava junto ao túmulo do seu amigo Lázaro, Ele sabia que em breve o ressuscitaria — mas a Bíblia ainda diz que “Jesus chorou”. ¹⁹ Este é o versículo mais curto da Bíblia, mas revela uma grande verdade sobre a compaixão de Cristo por aqueles que sofrem. A Bíblia diz: “Graças ao grande amor do Senhor não somos consumidos, pois as suas misericórdias são inesgotáveis.”²⁰
Lembrar-se-á sempre do seu [ente querido], e a sua dor pela morte dele não desaparecerá rapidamente. Mas, com o tempo, a sua dor diminuirá — e Deus quer ajudá-lo nesse processo. O que pode fazer? Em primeiro lugar, reserve um tempo todos os dias para agradecer a Deus pelos anos que passaram juntos. A gratidão é como um bálsamo curativo para a nossa alma.
Peça a Deus que o ajude a estender a mão a outros que estão a sofrer. Eles precisam do seu encorajamento — e você precisa do deles. Acima de tudo, não carregue o seu fardo sozinho, mas entregue-o a Cristo. A Bíblia diz: “Lancem sobre o Senhor todas as vossas preocupações, e ele vos susterá; jamais deixará cair o justo.”²¹ — Rev. Billy Graham
(Ver também: http://www.gospelherald.com/articles/71071/20170703/billy-graham-reveals-important-thing-those-mourning-loss-loved-one.htm.)
*
Ainda que ande pelo vale da sombra da morte, não temerei mal algum, porque Tu estás comigo; a tua vara e o teu cajado me consolam. — Salmo 23:422
Publicado no Anchor em junho de 2018. (Inglês)
¹ NVI.
² João 11:35.
³ Hebreus 4:15.
´ Salmo 30:5.
µ Salmo 23:4.
6 ESV.
7 Salmo 91:1-2.
8 Romanos 8:28.
9 Salmo 13; Salmo 23:4; Salmo 30:11-12; Salmo 56.
10 Salmo 139:2.
11 Gálatas 6:2.
12 Romanos 12:15.
13 Mateus 11:30.
14 1 Pedro 5:7.
15 João 14:16.
16 Hebreus 6:19-20.
17 https://www.gotquestions.org/overcoming-grief.html.
18 1 Tessalonicenses 4:13.
19 João 11:35.
20 Lamentações 3:22.
21 Salmo 55:22.
22 NVI.
Overcoming Grief
A compilation
Download Audio (10MB)
How long, Lord? Will you forget me forever? How long will you hide your face from me?
How long must I wrestle with my thoughts and day after day have sorrow in my heart? …
But I trust in your unfailing love; my heart rejoices in your salvation.
I will sing the Lord’s praise, for he has been good to me.—Psalm 13:1,2,5,61
What the Bible says about grief
Grief is an emotion common to the human experience, and we witness the process of grief throughout the biblical narrative. Multiple Bible characters experienced deep loss and sadness, including Job, Naomi, Hannah, and David. Even Jesus mourned.2 After Lazarus died, Jesus went to the village of Bethany, where Lazarus was buried. When Jesus saw Martha and the other mourners weeping, He also wept. He was moved by their grief and also by the fact of Lazarus’s death. The astounding thing is that, even though Jesus knew He was going to raise Lazarus from the dead, He chose to partake of the grief of the situation. Jesus truly is a high priest who can “sympathize with our weaknesses.”3
One step in overcoming grief is having the right perspective on it. First, we recognize that grief is a natural response to pain and loss. There is nothing wrong with grieving. Second, we know that times of grief serve a purpose. Ecclesiastes 7:2 says, “It is better to go to the house of mourning than to go to the house of feasting, for this is the end of all mankind, and the living will lay it to heart.” This verse implies that grief can be good because it can refresh our perspective on life. Third, we remember that feelings of grief are temporary. “Weeping may remain for a night, but rejoicing comes in the morning.”4 There is an end to mourning. Grief has its purpose, but it also has its limit.
Through it all, God is faithful. There are many scriptures that remind us of God’s faithfulness in times of mourning. He is with us even in the valley of the shadow of death.5 When David sorrowed, he prayed this in Psalm 56:8: “You have kept count of my tossings; put my tears in your bottle. Are they not in your book?”6 The touching image of God catching our tears is full of meaning. He sees our grief and does not disdain it. Like Jesus entered into the grief of the mourners in Bethany, God enters into our grief. At the same time, He reassures us that all is not lost. Psalm 46:10 reminds us to “be still” and rest in the knowledge that He is God. He is our refuge.7 He works all things together for the good of those He has called.8
An important part of overcoming grief is expressing it to God. The Psalms contain numerous examples of pouring out one’s heart to God. Interestingly, the psalmist never ends where he began. He may start a psalm with expressions of grief, but, almost invariably, he will end it with praise.9 God understands us.10 When we commune with Him, we are able to open our minds to the truth that He loves us, that He is faithful, that He is in control, and that He knows how He is going to work it out for our good.
Another important step in overcoming grief is to share it with others. The body of Christ is designed to ease the burdens of its individual members,11 and fellow believers have the ability to “mourn with those who mourn.”12 Often, the grieving tend to shun others, increasing feelings of isolation and misery. It is much healthier to seek counseling, and group settings can be invaluable. Groups offer listening ears and helpful encouragement, camaraderie, and guidance in working through the grief. When we share our stories with God and others, our grief is lessened.
Sadly, grief is part of the human experience. Loss is part of life, and grief is a natural response to loss. But we have the hope of Christ, and we know that He is strong enough to carry our burdens.13 We can give our hurt to Him because He cares for us.14 We can find solace in the Holy Spirit, our Comforter.15 In grief, we cast our burdens on Him, rely on the community of the church, delve into the truth of the Word, and ultimately experience hope.16—From gotquestions.org17
Living with loss
When my son Steve’s last breath passed his lips early one morning in a small hospital room overlooking the ocean, the world stood still for me. A large yellow butterfly fluttered through the open window, and I felt God reassuring me that He had taken Steve gently to His unseen realm. Still, the impact of losing my son left me in shambles long after everyone else’s mourning had passed.
“Let go and move on” was the well-meaning advice I seemed to get from every side. But where was I to move on to? And how? Deep inside, I felt bitter and angry with God for snatching my vibrant young son from me. I felt cheated and empty. My heart remained heavy as the months dragged by and I pondered my loss again and again.
Eventually I decided to meet God on my porch early each morning to tell Him of my woes. Days stretched to weeks as I poured on Him all my grief, remorse, and anger over what had happened. “If love is the essence of Your nature, as the Bible says, how could You deal so harshly with me and my son?” I asked over and over.
What a patient and longsuffering listener I found.
I cried and pleaded and reasoned, until finally one morning I felt I had said all that I wanted and poured out all my emotions. It was then, when I was willing to make peace with God, that tranquility filled my soul. In a still, soothing voice, God began to speak to my heart. From that point on, my solitary morning porch meetings with God took another direction. I learned to listen to Him and to allow Him to comfort me and heal my pain.—Iris Richard
Billy Graham on suffering and grief
The death of someone we love is still painful to us, even as Christians—not because we fear for them, but because of the empty place they leave behind in our hearts. The Bible says we don’t “grieve like the rest of men, who have no hope”—but we will still grieve.18
The more we loved someone, the more we will miss them—and the more we will look forward to seeing them again in heaven.
One of the hardest experiences any of us will ever face in life is losing someone we dearly love—and I know it’s especially hard when death comes unexpectedly and we have no opportunity to say a final goodbye.
Perhaps the most important thing I can say to you is that God loves you and understands what you’re going through. When Jesus stood by the tomb of His friend Lazarus, He knew that shortly He would bring Lazarus back to life—but the Bible still says that “Jesus wept.”19 This is the shortest verse in the Bible, but it reveals a great truth about Christ’s compassion for those who grieve. The Bible says, “Because of the Lord’s great love we are not consumed, for his compassions never fail.”20
You will always remember your [loved one], and your grief over his death won’t go away quickly. But in time, your pain will lessen—and God wants to help you in this process. What can you do? First, take time each day to thank God for the years you had together. Thankfulness is like a healing balm to our souls.
Ask God to help you reach out to others who are grieving. They need your encouragement—and you need theirs. Most of all, don’t carry your burden alone, but hand it over to Christ. The Bible says, “Cast your cares on the Lord and he will sustain you; he will never let the righteous fall.”21—Rev. Billy Graham
*
Even though I walk through the darkest valley, I will fear no evil, for you are with me; your rod and your staff, they comfort me.—Psalm 23:422
Published on Anchor June 2018. Read by Jon Marc. Music by John Listen.
https://anchor.tfionline.com/post/overcoming-grief/
1 NIV.
2 John 11:35.
3 Hebrews 4:15.
4 Psalm 30:5.
5 Psalm 23:4.
6 ESV.
7 Psalm 91:1–2.
8 Romans 8:28.
9 Psalm 13; Psalm 23:4; Psalm 30:11–12; Psalm 56.
10 Psalm 139:2.
11 Galatians 6:2.
12 Romans 12:15.
13 Matthew 11:30.
14 1 Peter 5:7.
15 John 14:16.
16 Hebrews 6:19–20.
18 1 Thessalonians 4:13.
19 John 11:35.
20 Lamentations 3:22.
21 Psalm 55:22.
22 NIV.
Salmo 102 - Parte 2 - Tu te levantarás e terás misericórdia de Sião; porque é chegada a hora de te compadeceres dela
Salmo 102 Parte 2
Dennis Edwards
102:13 Tu te levantarás e terás misericórdia de Sião; porque é chegada a hora de te compadeceres dela, sim, a hora determinada.
Na altura do nascimento de Jesus, alguns eruditos e religiosos judeus e até estrangeiros atentos aguardavam a chegada do Messias. As profecias de Daniel 9:25 já o tinham predito. Passariam cerca de 483 anos desde o momento em que o governante persa Artaxerxes Longímano (465-425 a.C.) ordenou a reconstrução dos muros de Jerusalém até à chegada do Messias. Os livros de Neemias e Esdras narram a reconstrução dos muros, que corresponde ao cumprimento da primeira parte destas profecias temporais, um período de quarenta e nove anos.
Nos relatos do nascimento de Jesus, vemos alguns exemplos da expectativa pela vinda do Messias que já existia nessa altura.
Lucas 2:25-32 Havia em Jerusalém um homem chamado Simeão, justo e piedoso, que esperava a consolação de Israel. O Espírito Santo estava sobre ele, e fora-lhe revelado pelo Espírito Santo que não morreria antes de ver o Cristo do Senhor. Movido pelo Espírito, Simeão foi ao templo. Quando os seus pais trouxeram o menino Jesus para cumprirem o costume da lei, Simeão tomou-o nos braços, louvou a Deus e disse: "Agora, Senhor, podes despedir em paz o teu servo, segundo a tua palavra, porque os meus olhos já viram a tua salvação, a qual preparaste diante de todos os povos: luz para iluminar as nações e glória do teu povo Israel".
Simeão disse a Maria e a José: "Este menino está destinado à queda e ao levantamento de Israel, e é um sinal de contradição". Lucas 2:34 Ainda hoje, tanto os judeus como os muçulmanos não acreditam na ressurreição de Jesus e manifestam-se contra a Sua ressurreição e senhorio.
Simeão aguardava a profetizada aparição do Messias. Nesse mesmo instante, a profetisa Ana encontrou-se com Simeão, Maria e José e “deu graças ao Senhor e falou dele a todos os que esperavam a redenção em Jerusalém” (Lucas 2:38).
O relato dos três Reis Magos, provavelmente da Pérsia, que conheciam as profecias de Daniel, encontra-se em Mateus 2. Daniel tinha estado cativo na Pérsia cerca de 500 anos antes do nascimento de Jesus. As suas profecias, sem dúvida, ainda eram estudadas naquela época. As profecias de Daniel inspiraram os três importantes sábios estrangeiros a viajarem para Jerusalém, na altura do nascimento de Jesus, para O procurarem.
Quando os Reis Magos chegaram a Jerusalém, os sábios judeus informaram o rei do local de nascimento do Messias esperado. “Em Belém da Judeia, porque assim está escrito pelo profeta” (Mateus 2:5).
Miqueias 5:2 “Mas tu, Belém Efrata, embora sejas pequena entre os milhares de Judá, de ti me sairá aquele que há de reinar em Israel; cujas origens são desde os tempos antigos, desde a eternidade.”
O povo judeu estava bem ciente de que a vinda do Messias estava próxima. No chamamento dos discípulos de Jesus, registado no Evangelho de João, encontramos a mesma expectativa. Em primeiro lugar, vemos João Batista a chamar a Jesus “o Cordeiro de Deus que tira o pecado do mundo” (João 1:29).
No dia seguinte, João Batista está com dois dos seus discípulos e repete o que tinha dito no dia anterior: “Eis o Cordeiro de Deus” (João 1:36). Os dois discípulos, ao ouvirem a declaração de João, seguem Jesus e tornam-se seus discípulos. Um desses discípulos era André, irmão de Simão Pedro. Ele vai e encontra o seu irmão e diz:
João 1:41 "Encontrámos o Messias."
Pedro, da mesma forma, acaba por seguir Jesus. No dia seguinte, Jesus chama Filipe, que também era de Betsaida. Filipe chama o seu melhor amigo, Natanael, e diz-lhe: "Encontrámos aquele de quem Moisés escreveu na Lei, e também os profetas" (João 1:45b).
Quando Natanael consegue finalmente falar com Jesus para discernir se a afirmação do seu amigo era verdadeira, diz: "Mestre, tu és o Filho de Deus; tu és o Rei dos Judeus" (João 1:49). Natanael aceita a afirmação de Filipe e articula o significado que o povo judeu tinha das profecias do Antigo Testamento.
O Messias que viria seria o Filho de Deus e o esperado Rei dos Judeus, que esperavam que os libertasse das mãos dos romanos e instaurasse o reino milenar. Os novos discípulos de Jesus não tinham uma compreensão clara das profecias, mas reconheciam que Jesus era o Eleito.
O povo de Deus sempre ansiou pelo dia em que o reino seria entregue nas mãos do Filho do Homem. Estavam familiarizados com as profecias de Daniel, tal como os sábios persas.
Daniel 7:13-14: "Eu estava olhando na visão da noite, e eis que vinha com as nuvens do céu um como o Filho do Homem; e dirigiu-se ao Ancião de Dias, e o fizeram chegar até ele."
Espere um momento. Na linguagem figurada do Antigo Testamento, só Deus é visto a cavalgar sobre as nuvens do céu. Vamos analisar algumas passagens das Escrituras.
Deuteronómio 33:26-27 Não há ninguém como o Deus de Jesurum, que cavalga sobre o céu para te ajudar e na sua majestade sobre o firmamento. O Deus eterno é o teu refúgio, e por baixo estão os braços eternos; expulsará o inimigo de diante de ti e dirá: Destrói-os!
Salmo 68:32-33 Cantai a Deus, reinos da terra; cantai louvores ao Senhor! (Selá) Àquele que cavalga sobre os céus dos céus, desde a antiguidade; eis que ele faz ouvir a sua voz, e que voz poderosa!
Talvez seja essa a voz que o Senhor bradará no momento do arrebatamento.
1 Tessalonicenses 4:16 Porque o próprio Senhor descerá do céu com grande brado, com voz de arcanjo, e com o ressoar da trombeta de Deus; e os mortos em Cristo ressuscitarão primeiro.
Voltemos a quem está a cavalgar sobre as nuvens do céu.
Salmo 104:1-3 Eis o Senhor, ó minha alma! Ó Senhor meu Deus, tu és muito grande; estás vestido de honra e majestade. Cobre-se de luz como de um manto; estende os céus como uma cortina; põe as traves dos seus aposentos nas águas; faz das nuvens o seu carro; caminha sobre as asas do vento.
Isaías 19:1 Eis que o Senhor cavalga sobre a nuvem veloz.
Vemos que, nas profecias do Antigo Testamento, é o Senhor Deus que cavalga sobre as nuvens. Contudo, em Daniel 7:13, é o Filho do Homem quem cavalga sobre as nuvens, uma imagem normalmente atribuída apenas a Deus.
No Novo Testamento, vemos que a imagem se refere a Jesus, e, no entanto, parece que Jesus e o Pai são a mesma pessoa.
Apocalipse 1:7 Eis que ele vem com as nuvens; E todo o olho o verá, até mesmo aqueles que o trespassaram; e todas as tribos da terra se lamentarão por causa dele. Sim, amém. Eu sou o Alfa e o Ómega, o princípio e o fim, diz o Senhor, aquele que é, e que era, e que há-de vir, o Todo-Poderoso.
Atos 1:11b Este mesmo Jesus, que dentre vós foi recebido em cima no céu (numa nuvem), há de vir assim como para o céu o vistes subir.
Mateus 24:30 Então aparecerá no céu o sinal do Filho do homem; e todas as tribos da terra se lamentarão, e verão o Filho do homem a vir sobre as nuvens do céu com poder e grande glória.
Podemos ver, pela imagem paralela do Pai e do Filho, como os primeiros padres da igreja chegaram à compreensão da Trindade. Três pessoas num só Ser: Pai, Filho e Espírito Santo. Estes três são um só. Sim, é difícil compreendermos isso. Mas porque haveríamos de ser capazes de compreender completamente um Ser infinitamente inteligente com a nossa compreensão limitada? O Messias, Deus Pai e Jesus são representados a cavalgar sobre as nuvens do céu.
Temos vindo a analisar os versículos do Antigo Testamento para ver que o povo judeu do tempo de Jesus tinha a expectativa da vinda do Messias. Supunham também que o Messias derrubaria o Império Romano e inauguraria o reino do Milénio. Eis alguns versículos de Isaías que descrevem o Messias e o período do Milénio.
Isaías 11:1-4 "E sairá um ramo do tronco de Jessé (Jesus é descendente de Jessé, pai do Rei David), e das suas raízes um renovo brotará; e repousará sobre ele o Espírito do Senhor, o espírito de sabedoria e de entendimento, o espírito de conselho e de fortaleza, o espírito de conhecimento e de temor do Senhor; E o fará ter entendimento rápido no temor do Senhor; e não julgará segundo a vista dos seus olhos, nem repreenderá segundo o ouvir dos seus ouvidos; mas com justiça julgará os pobres, e com equidade repreenderá os mansos da terra;
Isaías 11:5-9 A justiça será o cinto dos seus lombos, e a fidelidade o cinto dos seus rins. O lobo habitará com o cordeiro, e o leopardo se deitará com o cabrito; o bezerro, e o leãozinho, e o novilho gordo pastarão juntos, e uma criança os guiará. A vaca e a ursa pastarão juntas, e as suas crias deitarão juntas; e o leão comerá palha como o boi. A criança de peito brincará na toca da víbora, e a criança desmamada estenderá a mão sobre a toca da serpente. Não haverá mal nem destruição em todo o meu santo monte, porque a terra se encherá do conhecimento do Senhor, como as águas cobrem o mar.
O povo judeu do tempo de Jesus, e até os seus discípulos, acreditavam que o Messias traria o Reino do Milénio. Não compreendiam que o Servo sofredor de Isaías 53 precisava de expiar primeiro os pecados da humanidade, que o Messias precisava de sofrer como um cordeiro levado ao matadouro antes de vir como conquistador. Alguns teólogos judeus acreditavam que existiam dois Messias: um Messias Ben-David e um Messias Ben-José. Ben-José é o servo sofredor que morre em batalha antes da chegada de Ben-David. Ben-David derrota os inimigos de Israel e instaura o reino de Deus, conquistando a vida eterna.
Ir para a Parte 3.
05/03/2026

