Friday, October 16, 2026
Salmo 13 - ¿Hasta cuándo me olvidarás, oh Señor?
Oración de la Iglesia, o de un creyente, para ser liberados de la facción atea. Obispo Horsley (1733-1806). Salmo de David.
13:1 ¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás? ¿Para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mà tu rostro? 2 ¿Hasta cuándo meditaré en mi alma, con tristeza en mi corazón cada dÃa? ¿Hasta cuándo se ensalzará mi enemigo sobre mÃ?
Dennis Edwards: En los dos primeros versÃculos, el salmista clama cuatro veces: "¿Hasta cuándo?". Esa es a menudo la pregunta que le hacemos a Dios en nuestra queja, cuando atravesamos alguna prueba, tribulación o persecución difÃcil. ¿Cuánto durará, Señor? ¿Cuándo me ayudarás a superarlo?
Jesús incluso sintió el abandono de Dios en la cruz y gritó: "Dios mÃo, Dios mÃo, ¿por qué me has desamparado?". Muchos mártires se han sentido abandonados por Dios. HabÃan obedecido a Dios y se habÃan mantenido firmes en sus convicciones, pero terminaron en el fuego, en la cruz o enfrentando otra muerte cruel. Se sintieron tentados a sentir y pensar que Dios los habÃa abandonado.
ParecÃa que Dios habÃa abandonado a Jesús, porque ElÃas no vino a salvarlo. Sin embargo, tres dÃas después resucitó de entre los muertos y demostró su condición de MesÃas y su victoria sobre Satanás y la muerte. El apóstol Juan escribió: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8b).
Jesús fue inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8b). Dios sabÃa de antemano que necesitarÃa redimir a su creación, a ti y a mÃ, al venir al mundo y morir por nosotros. «En esto hemos conocido el amor de Dios, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner la vida por los hermanos» (1 Juan 3:16).
Salmo 13:3 Considera y escúchame, oh Señor, Dios mÃo: ilumina mis ojos, para que no duerma el sueño de la muerte; 4 para que no diga mi enemigo: «He vencido a él»; y los que me afligen se regocijen cuando yo caigo.
El salmista ora y pide a Dios que lo ilumine, que le devuelva la luz a sus ojos del desánimo que siente ante los ataques de sus enemigos. Su angustia es tan grande que siente que se muere. Le ruega a Dios que escuche su oración y que su presencia le traiga liberación, cese de la ansiedad y el sufrimiento.
Salmo 13:5 Pero yo he confiado en tu misericordia; mi corazón se alegrará en tu salvación. 6 Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes.
Por fe, el salmista proclama la victoria y comienza a alabar al Señor antes de que llegue la respuesta. Se recuerda a sà mismo que Dios siempre lo ha tratado positivamente en el pasado y se asegura de que Dios lo volverá a hacer. Él se recuerda a sà mismo y a Dios la promesa divina de rescatar y salvar a los justos. Le recuerda a Dios su fidelidad.
El salmista ofrece el sacrificio de alabanza, incluso antes de que llegue la victoria. Su alabanza manifiesta la victoria antes de verla y sentirla. Pronto obtendrá la victoria porque sabe que Dios habita en las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3).
Es bueno dar gracias y alabar a Dios. Entramos en su presencia con acción de gracias y en sus atrios con alabanza (Salmo 100:4). Alaben al Señor todos los santos. «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).
«¡Regocijaos siempre! Y otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:6). “Bueno es dar gracias al Señor y cantar alabanzas a tu nombre, oh AltÃsimo; para manifestar tu misericordia por la mañana y tu fidelidad cada noche”, Salmo 92:1-2.
Seamos personas de agradecimiento y alabanza. Si estás pasando por un perÃodo de prueba y las nubes del desánimo han oscurecido tu visión, ¡mira hacia arriba! Tu redención está cerca. Acércate a Dios y él promete acercarse a ti. Levanta las manos caÃdas y las rodillas debilitadas y haz sendas rectas para tus pies (Hebreos 12:12-13). No permitas que el desánimo te haga caer. Resiste al diablo y huirá de ti (Santiago 4:7).
Dios quiere traer sanidad y victoria. Aférrate a su palabra. Es más segura que todo lo demás. El cielo y la tierra pasarán, pero la palabra de Dios nunca pasará (Mateo 24:35). “Para siempre, oh Señor, tu palabra permanece en los cielos”, Salmo 119:89.
Señor, creo, lÃbrame de mi incredulidad y falta de fe. ¡Concédeme sanidad y victoria! En el nombre de Jesús, te lo ruego.
Publicado originalmente el 13 de enero de 2025.
¿Cómo puedes hacer crecer tu plataforma y convertirte en alguien que instruye a muchos?
Dennis Edwards
La Palabra de Dios nos dice que, en los últimos tiempos, habrá personas entre el pueblo que poseerán entendimiento y que instruirán a muchos.[1] ¿Cómo podemos nosotros —cristianos que hemos dedicado nuestra vida al servicio de Dios y de los demás, a menudo en campos misioneros difÃciles y con gran sacrificio personal; nosotros que hemos estudiado y seguido fielmente la Palabra de Dios desde nuestra juventud—, cómo podemos prepararnos para cumplir la profecÃa de Daniel? ¿Cómo podemos capacitarnos para instruir a muchos?
Hace algunos años, le preguntaron al famoso multimillonario estadounidense Warren Buffett qué consejo le darÃa a un estudiante universitario o a un joven para mejorar sus perspectivas de éxito y liderazgo en el mercado laboral. ¿Cómo podrÃa un joven potenciar su perfil profesional? ¿Qué talento deberÃa desarrollar para aumentar sus oportunidades en el mercado de trabajo, asà como su éxito e influencia como lÃder?
Buffett señaló que la cualidad principal que aumenta el potencial de liderazgo y las recompensas económicas de una persona es hablar en público. Añadió que, si un joven desea realmente mejorar sus posibilidades de alcanzar un puesto de mayor liderazgo y un nivel salarial más elevado, debe desarrollar su capacidad para hablar en público. Hablar en público constituye el activo fundamental para ampliar las oportunidades profesionales y de liderazgo.
El célebre escritor, orador y figura destacada, George Bernard Shaw (1856–1950), relató en su ensayo autobiográfico «Cómo me convertà en orador» las dificultades personales que experimentaba al hablar en público. Para superar su timidez, Shaw se expuso deliberadamente a situaciones en las que debÃa hablar ante una audiencia. Se unió a varios clubes de debate y se obligó a enfrentar su miedo a hablar en público. Al principio, hizo el ridÃculo —algo que a todos nos puede suceder—, pero con el tiempo, sus nervios se aplacaron, su mente se serenó y terminó convirtiéndose en uno de los oradores más solicitados de su época.
La Universidad de Yale, al igual que muchas otras, ofrece a sus estudiantes un curso de oratoria. En su clase introductoria, el profesor de oratoria de Yale destaca que las dos formas más eficaces de ampliar nuestro alcance —y, por ende, nuestra influencia sobre los demás— consisten en mejorar nuestra capacidad para hablar en público o nuestra destreza en la escritura. Muchas personas que hoy se dedican a hablar en público comenzaron escribiendo un libro; el éxito de dicha obra les sirvió de trampolÃn para iniciar una trayectoria como conferenciantes.
¿Tiene algo que decir la Palabra de Dios acerca de hablar en público? Sabemos que nuestra capacidad para expresarnos ante una audiencia —ya sea en persona, a través de plataformas como YouTube o incluso por teléfono— puede ampliar nuestro alcance e influencia. ¿PodrÃa nuestra capacidad para llegar a más personas con el mensaje del Evangelio, gracias a la tecnologÃa actual, constituir un cumplimiento de la predicción de Jesús de que sus seguidores harÃan «cosas mayores» que las que Él realizó?
En el Nuevo Testamento, vemos al apóstol Pedro acobardado, llegando a negar a Cristo en tres ocasiones. Sin embargo, tras esperar y recibir la plenitud del EspÃritu Santo, su capacidad para hablar, su valentÃa y su convicción se transformaron en algo poderoso. Aquellos judÃos que lo perseguÃan reconocieron que él —un sencillo pescador— habÃa estado con Jesús. Muchos de ellos aceptaron el mensaje de Pedro. A pesar de carecer de formación teológica y de ser considerado un hombre sin instrucción a los ojos del SanedrÃn judÃo, su elocuencia al hablar en público llegó a estar, de repente, a la altura de la de los letrados escribas y fariseos. El tiempo que Pedro pasó junto a Jesús, sumado a la llenura del EspÃritu Santo, fueron las claves de su capacidad para hablar en público.
Otros hombres de Dios también han padecido temor a hablar en público. Moisés, por ejemplo, tartamudeaba; tenÃa un impedimento en el habla. El Señor le dijo que no temiera, sino que tuviera fe, pues Él se encargarÃa de su tartamudez. En Éxodo 4:10-13 leemos:
«Entonces dijo Moisés al Señor: “¡Ay, Señor! Yo no soy hombre elocuente; ni antes, ni desde que has hablado a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”. Y el Señor le respondió: “¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo, al sordo, al que ve o al ciego? ¿No soy yo, el Señor? ¡Ve, pues! Yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir”».
Pero Moisés no creyó. Su temor a hablar en público lo dominó. Dios lo habrÃa sanado si hubiera creÃdo; sin embargo, Moisés se aferró a su miedo, y Dios se enojó con él. No obstante, en su compasión, Dios envió a Aarón, el hermano mayor de Moisés, para que hablara en su lugar y fuera su voz ante el faraón.
El libro de los Hechos registra los encuentros del apóstol Pablo —en los que hizo uso de la oratoria— ante autoridades romanas, judÃas y griegas. Sin embargo, en su segunda carta a los corintios, vemos a Pablo refutando una creencia que tenÃan algunos de ellos: que, si bien «sus cartas... son duras y fuertes», su «presencia corporal es débil, y su palabra menospreciable».[2]
Los griegos tenÃan la tendencia —quizás como todos nosotros— de admirar a quien hablaba bien, especialmente si su apariencia fÃsica era agradable. El apóstol Pablo respondió: «lo que somos en palabra... eso mismo seremos también en hechos, estando presentes».[3] En otras palabras, su forma de hablar estarÃa a la altura de sus escritos, y ambos serÃan poderosos.
En la segunda parte del capÃtulo 11 de Daniel —que la mayorÃa de los expertos en profecÃa bÃblica consideran una descripción del periodo de la Gran Tribulación, o «tiempo de angustia para Jacob»—, encontramos estas palabras:
«Y los sabios del pueblo instruirán a muchos».[4]
Dios desea que su pueblo actúe como maestro e instruya al mundo, dado que muchos han sido engañados por el «dios de este siglo», quien ha cegado sus mentes. ¿Cómo podemos nosotros, como representantes de Dios, «instruir a muchos» si no logramos superar un temor común: el miedo a hablar en público? Jesús nos dijo que harÃamos obras aún mayores que las que Él hizo. También nos indicó que, mediante el bautismo en el EspÃritu Santo, de nuestro interior fluirÃan «rÃos de agua viva» —aguas que rebosan vida—. Esas aguas son las palabras que pronunciamos: las palabras de Dios que compartimos con los demás. Como dijo Jesús:
«Las palabras que yo os he hablado son espÃritu y son vida».[5]
El Señor nos ha mandado abrir bien la boca, prometiendo que Él la llenará.[6] Es posible que nos envÃe un compañero —tal como envió a Aarón para acompañar a Moisés—, pero debemos esforzarnos por vencer nuestros temores y convertirnos en los hombres y mujeres de Dios poderosos que Él desea que seamos. Poderosos, precisamente, al mantenernos dependientes y obedientes a su «silbo apacible», que nos llama a ser testigos ante todos los seres humanos.
En el libro de Proverbios leemos:
«Del fruto de su boca se saciará el vientre del hombre; se saciará del producto de sus labios»[7].
En otras palabras, nuestra felicidad y plenitud no provienen de una buena comida, sino de compartir la Palabra de Dios con los demás. Debemos buscar y encontrar más vÃas para compartir la Palabra de Dios con quienes la necesitan. De lo contrario, seremos desdichados, tal como escribió el apóstol Pablo:
«Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; ¡y ay de mà si no anuncio el evangelio!»[8].
O como se lamentaba JeremÃas:
«Pero si digo: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre”, entonces hay en mi corazón como un fuego ardiente, metido en mis huesos; estoy fatigado de sufrirlo, ¡y no puedo más!»[9].
Por tanto, esforcémonos al máximo por superar nuestros temores y desarrollar nuestros talentos, tanto para hablar en público como para escribir. Aprendamos a utilizar las nuevas tecnologÃas en favor de Dios y para difundir Su preciosa Palabra entre los perdidos y los necesitados. Creemos blogs, canales de YouTube, publicaciones en Facebook o recurramos a cualquiera de las muchas otras formas de alzar la voz y ser escuchados. Defendamos a Jesús y dejemos que nuestra luz brille de tal manera ante los hombres que, al ver nuestras buenas obras, glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos[10].
«La forma de desarrollar la confianza en uno mismo es hacer aquello que nos da miedo y acumular un historial de experiencias exitosas». ― William Jennings Bryan (1860-1925), célebre orador y polÃtico estadounidense[11]
[1] Daniel 11:33
[2] 2 Corintios 10:10b
[3] 2 Corintios 10:11
[4] Daniel 11:33a
[5] Juan 6:63
[6] Salmo 81:10b
[7] Proverbios 18:20
[8] 1 Corintios 9:16
[9] JeremÃas 20:9
[10] Mateo 5:16 [11] https://www.goodreads.com/author/quotes/310550.William_Jennings_Bryan Publicado originalmente el 6 de noviembre de 2020.
How Can You Grow Your Platform and Become One That Instructs Many?
God’s word tells us that in the last days there shall be those among the people who have understanding and they shall instruct many.[1] How can we, Christians who have lived a life of service for God and others, often on difficult mission fields with much personal sacrifice; how can we who have studied and followed God’s word faithfully since our youth; how can we prepare ourselves to fulfil Daniel’s prophecy? How can we prepare ourselves to instruct many?
Some years ago the famous American billionaire Warren Buffet was asked what advice he would give to a young college student, or a young person in order to enhance their prospect of success and leadership in the open market. How could a young person improve their CVC? What talent should they develop to increase their opportunities in the job market and their success and influence as a leader?
Buffet responded that the number one attribute that increases one’s leadership potential and financial rewards is public speaking. He continued that if a young person seriously wanted to improve his or her potential to realize a greater position of leadership and a higher pay bracket then he or she would need to improve his or her’s ability in public speaking. Public speaking was the number one asset to increased job and leadership possibilities.
The famous financial wizard, public speaker, and writer George Barnard Shaw (1856 – 1950) in his autobiographic essay “How I became a public speaker,” wrote on his own personal difficulty with public speaking. In order to overcome his timidity, Shaw forced himself into situations where he had to speak publicly. He joined various debating clubs and pushed himself to face his fear of speaking in public. At first, he made a fool of himself, as we all will do. But over time, his nerves cooled, his mind calmed, and he became one of the most sought after public speaker of his day.
Yale University offers its students a course on public speaking as do many other universities. Yale’s professor on Public Speaking emphasizes in his beginning lecture that the two most important ways to increase our platform and therefore our influence on others is through improving our ability to speak publicly and or improving our writing ability. Many people that today are public speakers started out by writing a book. When the book became successful, it helped to launch them into a speaking career.
Does God’s word have anything to say about public speaking? We know that our ability to speak publicly or even on YouTube or on the telephone can increase our platform and influence. Could our ability to reach more people with the Gospel message with today’s modern technology be a fulfilment of Jesus’ prediction that His followers would do “greater things” than He did?
In the New Testament we see Apostle Peter cowering and denying Christ thrice. However, after waiting and receiving the infilling of the Holy Spirit, Peter’s speaking ability, his boldness, his conviction become powerful. The Jews that persecuted him took knowledge that he, a simple fisherman, had been with Jesus. Many of those Jews received Peter’s message. Though he had no theological training and was unlearned and ignorant in the eyes of the Jewish Sanhedrin, yet suddenly his public speaking ability matched that of the learned Scribes and Pharisees. Peter’s time spent with Jesus and the infilling of the Holy Spirit were the keys to his public speaking.
Other men of God have been afflicted with fear of public speaking. Moses was one who had a stammer, a speech impediment. The Lord told him not to fear, but to have faith and He would take care of his stammering. In Exodus 4:10-13 we read,
And Moses said unto the Lord, O my Lord, I am not eloquent, neither heretofore, nor since thou hast spoken unto thy servant: but I am slow of speech, and of a slow tongue. And the Lord said unto him, Who has made man’s mouth? Or who makes the dumb, or deaf, or the seeing, or the blind? Have not I the Lord? Now therefore go, and I will be with thy mouth, and teach thee what thou shalt say.
But Moses didn’t believe. His fear of public speaking overtook him. God would have healed him had he believed. But Moses clung to his fear, and God was angry with him. Nevertheless, in compassion, God sent Aaron, Moses’ older brother, to speak for him and be Moses’ voice to Pharoah.
The book of Acts records Apostle Paul’s successful public speaking encounters with Roman, Jewish, and Greek authorities. Nevertheless, in his 2nd letter to the Corinthians we see Paul refuting a belief held by some of the Corinthians that though “his letters … were weighty and powerful; …his bodily presence was weak, and his speech contemptible.”[2]
The Greeks had the tendency as maybe we all do to admire a man who spoke well especially if his physical appearance was becoming. Apostle Paul responded that “such as we are in word…such will we be also in deed when we are present.”[3] In other words, his speaking would be equal to his writing, and they were both powerful.
In the second part of Daniel chapter 11, which most Bible prophecy experts consider to be describing the period of the Great Tribulation or “Jacob’s Trouble,” we find the words,
And they that understand among the people shall instruct many.[4]
God wants His people to be teachers instructing the world as many are deceived by the god of this world who has blinded their minds. How can we as God’s representatives “instruct many,” if we are not overcoming the common fear that many face, the fear of public speaking? Jesus has told us we will do greater things than He did. He told us that the baptism of the Holy Spirit would cause to flow out of our hearts rivers of living waters or waters that are flowing with life. Those waters are the words we speak, the words of God we speak to others. As Jesus has said,
The Lord has told us to open our mouth wide and that He would fill it.[6] He may send us a fellow companion like he sent Moses Aaron, but we should be overcoming our fears and becoming the powerful men and women of God He wants us to be. Powerful by being dependent and obedient to His still small voice that calls us to be a witness to all men.
In the Proverbs we read,
A man’s belly shall be satisfied with the fruit of his mouth and; and with the increase of his lips shall he be filled.[7]
In other words, our happiness and fulfilment doesn’t come from a good meal, but from sharing God’s word with others. We should be seeking and finding more avenues to share God’s word with those in need. Otherwise, we will be miserable, like Apostle Paul wrote.
For though I preach the gospel, I have nothing to glory of: for necessity is laid upon me; yea, woe is unto me, if I preach not the gospel.[8]
Or like Jeremiah bemoaned,
But if I say, “I will not mention his word or speak anymore in his name,” his word is in my heart like a fire, a fire shut up in my bones. I am weary of holding it in; indeed, I cannot.[9]
Let us, therefore, do our best to overcome our fears and develop both our talent of speaking publicly and writing. Let us learn to use the new technology for God’s advantage and to the spreading of His precious words to the lost and needy. Let us make blogs, YouTube channels, Facebook posts, or any of the many other ways to speak up and be heard. Let us stand up for Jesus and let our light so shine before men that they may see our good works and glorify our Father which is in heaven.[10]
“The way to develop self-confidence is to do the thing you fear, and get a record of successful experiences behind you.” ― William Jennings Bryan (1860-1925) famous American orator and politician[11]






