Friday, February 13, 2026
Thursday, February 12, 2026
Aunt Ida and Uncle Joe - The Daily Voice
Salmo 42 - Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo!
Salmo 42. Salmo de David con comentarios de Dennis Edwards.
Salmo 42:1-3 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, asà clama por ti, oh Dios, el alma mÃa. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré ante Dios? Mis lágrimas han sido mi pan de dÃa y de noche, mientras me dicen continuamente: ¿Dónde está tu Dios?
El rey David de Israel compara su deseo y necesidad de Dios con un ciervo que jadea buscando un arroyo de agua para beber. Necesitamos la presencia de Dios en nuestras vidas. Necesitamos su EspÃritu en nosotros para que nos traiga felicidad y llene ese doloroso vacÃo en nuestro corazón que Él ha creado solo para sÃ.
En IsaÃas encontramos una imagen similar.
IsaÃas 55:1-3a “¡Oh, todos los sedientos! ¡Vengan a las aguas! Y los que no tienen dinero, ¡vengan a comprar y a comer! ¡SÃ, vengan a comprar vino y leche sin dinero ni precio! ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Escúchenme atentamente, coman del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura! ¡Inclinen su oÃdo y vengan a mÃ! ¡Escuchad, y vivirá vuestra alma!”.
Tenemos sed de Dios, pero sin darnos cuenta, vamos a otras fuentes que no sacian nuestra sed. Codiciamos las cosas del mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida; pero no satisfacen nuestra alma. Regresamos secos y vacÃos.
Jesús nos dice que vayamos a Él. Dirigiéndose a la mujer que habÃa tenido cinco maridos, dijo: «Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:14).
«Si alguno tiene sed, venga a mà y beba. El que cree en mÃ, como dice la Escritura, de su interior correrán rÃos de agua viva. (Pero esto dijo del EspÃritu Santo, que los que crean recibirÃan)» (Juan 7:37b-39a).
Jesús afirma que nuestra sed de felicidad y satisfacción del alma solo se encontrará en él.
El profeta JeremÃas, del Antiguo Testamento, llamó a Dios «la fuente de aguas vivas» (JeremÃas 17:13). El Señor, a través de JeremÃas, dijo: “Dos males ha cometido mi pueblo: me abandonaron a mÃ, fuente de agua viva, y cavaron para sà cisternas (vasijas para beber), cisternas rotas que no retienen agua” (JeremÃas 2:13).
Todos nuestros intentos por satisfacer los anhelos más profundos de nuestra alma fuera de Dios fracasan. No satisfacen. Incluso los Ãdolos del pop mundial han cantado: “No puedo obtener satisfacción”. El mundo y las cosas del mundo no pueden satisfacer nuestra necesidad de Dios, nuestra necesidad de perdón de pecados, nuestra necesidad de amor y comprensión incondicionales. Por esa razón, nuestro espÃritu clama a Dios.
El cumplimiento de nuestro clamor se encuentra en Jesús. Él nos dice: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (JeremÃas 29:13). Ese es el secreto: la desesperación y una búsqueda sincera de Dios y de las cosas de Dios. Jesús prometió: “Los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados” (Mateo 5:6).
Salmo 42:4-5. Cuando recuerdo estas cosas, derramo mi alma en mÃ; porque fui con la multitud, fui con ellos a la casa de Dios, con voz de alegrÃa y de alabanza, con una multitud que celebraba sus fiestas. ¿Por qué te abates, alma mÃa, y por qué te turbas en mÃ? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo por la ayuda de su rostro.
Aunque, como David, podamos ir a una reunión o servicio cristiano; podemos ir a cantar y alabar con nuestros hermanos en la fe, pero al final, todavÃa podemos sentirnos vacÃos, solos y lejos de Dios, luchando contra el desánimo y la depresión. Cuando eso sucede, debemos seguir luchando con extrema alabanza y agradecimiento, sabiendo que Dios ha escuchado nuestra oración y responderá si perseveramos.
Salmo 42:6-7 Dios mÃo, mi alma está abatida en mÃ; por tanto, me acordaré de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte Mizar. Un abismo llama a otro abismo al estruendo de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mÃ.
David intenta aferrarse a la victoria que reclama por fe. Pero «las aguas han entrado en su alma. Se hunde en cieno profundo, donde no hay lugar para hacer pie; ha llegado a aguas profundas, donde lo anegan las corrientes. Cansado está de llorar; su garganta está seca; sus ojos desfallecen mientras espera a su Dios». Salmo 69:1b-3. Es posible que también hayamos experimentado lo mismo en momentos de prueba y sufrimiento. La presencia de Dios parece estar lejos de nosotros.
En momentos de depresión y ansiedad, necesitamos recordar la promesa de Dios. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y por los rÃos, no te anegarán; cuando camines por el fuego, no te quemarás, ni ninguna llama encenderá en ti”, IsaÃas 43:2.
Salmo 42:8-9 Sin embargo, el Señor mandará su misericordia de dÃa, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios, mi roca: ¿Por qué te has olvidado de mÃ? ¿Por qué ando de luto por la opresión del enemigo?
David está seguro de que el amor de Dios no le fallará. Buscará a Dios en la noche y lo alabará con cánticos. Continuará luchando la buena batalla de la fe, alabando y dando gracias, incluso si no siente la presencia de Dios con él.
Salmo 42:10-11 Como con una espada en mis huesos, mis enemigos me afrentan; mientras me dicen a diario: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, alma mÃa, y por qué te turbas (ansiosa) dentro de mÃ? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo; él es la salud de mi rostro y mi Dios.
Finalmente, David se recuerda a sà mismo que no debe perder la esperanza en Dios. Termina su cántico con: «Espera en Dios, porque aún he de alabarlo; él es la salud de mi rostro y mi Dios». Por favor, no pierdas la esperanza en Dios si te sientes desanimado y sin un amanecer en el horizonte. Dios te ama y resolverá las cosas como siempre lo ha hecho. ¡No pierdas la esperanza! Clama a Él con todo tu corazón. Él no está lejos de ninguno de nosotros, como lo expresó sabiamente el apóstol Pablo: «Dios hizo esto para que lo buscaran, y quizás, extendiéndose, lo encontraran, aunque Él no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17:27-28 NVI).
Alza tus manos en alabanza a Él, el Dios de toda carne. Él te ama y cuidará de ti de alguna manera. ConfÃa en Él. Medita en sus promesas. Su Palabra será «una lámpara a tus pies y una lumbrera a tu camino» (Salmo 119:105). Porque «la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que llega el dÃa perfecto» (Proverbios 4:18). O como lo expresó el apóstol Pedro: «Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el lucero de la mañana salga en vuestros corazones» (1 Pedro 1:19), y vuestros corazones y mentes sean iluminados por el poder del EspÃritu Santo.
Y recordad lo que escribió C. S. Lewis: «Si nos encontramos con un deseo que nada en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fuimos creados para otro mundo». O como escribió el autor de Hebreos: «Pero ahora anhelan una patria mejor, es decir, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad» (Hebreos 11:16).
Esa ciudad, la Nueva Jerusalén, un dÃa descenderá del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo (Apocalipsis 21:2). “Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasarán”, Apocalipsis 21:4.
Sigue anhelando y anhelando a Dios, y él hará su parte para prepararte un lugar en esa morada celestial (Juan 14:2). Sigue las palabras de Jesús y Él se te manifestará: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él» (Juan 14:21). «El que me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él» (Juan 14:23).
¡Esfuérzate! Dios responderá tus oraciones y se te manifestará. Él te ama y está en proceso de rescatarte. No te rindas prematuramente. ¡Sigue creyendo que la respuesta está en camino! ¡Esfuérzate!
Publicado originalmente el 24 de febrero de 2025
Salmo 42 - A minha alma tem sede de Deus!
Salmo 42 um Salmo de David com comentários de Dennis Edwards
Salmo 42:1-3 Como o cervo anseia pelas correntes das águas, assim a
minha alma anseia por ti, ó Deus! A minha alma tem sede de Deus, do Deus vivo;
quando entrarei e verei a face de Deus? As minhas lágrimas têm sido o meu
alimento de dia e de noite, porquanto se me diz constantemente: Onde está o teu
Deus?
O rei David de Israel está a comparar o seu
desejo e necessidade por Deus a um veado que ofega em busca de um riacho para
beber água. Precisamos da presença de Deus nas nossas vidas. Precisamos do Seu
EspÃrito dentro de nós para nos trazer felicidade e preencher aquele vazio
doloroso no nosso coração que Ele criou apenas para Si preencher.
Em IsaÃas encontramos uma imagem semelhante.
IsaÃas 55:1-3ª “Olá vós, todos os que tendes sede, vinde à s águas, e os que não tendes
dinheiro, vinde, comprai, e comei; sim, vinde e comprai, sem dinheiro e sem
preço, vinho e leite. Por que gastais o dinheiro naquilo que não é pão! e
o produto do vosso trabalho naquilo que não pode satisfazer? ouvi-me
atentamente, e comei o que é bom, e deleitai-vos com a gordura. Inclinai
os vossos ouvidos, e vinde a mim; ouvi, e a vossa alma viverá.”
Temos sede de Deus, mas sem nos apercebermos,
vamos a outras fontes que não nos saciam a sede. Cobiçamos as coisas do mundo:
a concupiscência da carne, a concupiscência dos olhos e a soberba da vida; mas
não satisfazem a nossa alma. Regressámos secos e vazios.
Jesus diz-nos para irmos até Ele. Falando Ã
mulher que teve cinco maridos, Ele disse: “Mas aquele que beber da água que Eu
lhe der nunca terá sede; mas a água que Eu lhe der se fará nele uma fonte de
água que salte para a vida eterna”, João 4:14. Noutra ocasião, Ele
disse: “Se alguém tem sede, venha a Mim e beba. Aquele que acredita em Mim,
como diz a Escritura, do seu seio correrão rios de água viva. (Mas isto ele
disse a respeito do EspÃrito (Santo), que haviam de receber os que cressem),” João
7:37b-39a.
Jesus está a afirmar que a nossa sede de
felicidade e satisfação da alma só serão encontradas n’Ele.
O profeta Jeremias, do Antigo Testamento,
chamou a Deus “a fonte de águas vivas”, Jeremias 17:13. O Senhor disse
através de Jeremias: “O meu povo cometeu dois males; abandonaram-me, a mim,
fonte de águas vivas, e cavaram para si cisternas (vasos para beber), cisternas
rotas, que não retêm as águas”, Jeremias 2:13.
Todas as nossas tentativas de satisfazer os
anseios mais profundos da nossa alma fora de Deus fracassam. Eles não
satisfazem. Até os Ãdolos pop do mundo cantaram: “Não consigo obter qualquer
satisfação”. O mundo e as coisas do mundo não podem satisfazer a nossa
necessidade de Deus, a nossa necessidade de perdão dos pecados, a nossa
necessidade de amor e compreensão incondicionais. Por essa razão, os nossos
espÃritos dentro de nós clamam por Deus.
A realização do nosso clamor encontra-se em
Jesus. Ele diz-nos: “Procurar-me-eis e encontrar-me-eis quando me procurardes
de todo o coração”, Jeremias 29:13. Este é o segredo: desespero e uma
busca honesta de Deus e das coisas de Deus. Jesus prometeu: “Os que têm fome e
sede de justiça serão saciados”, Mateus 5:6.
Salmo 42:4 Dentro de mim derramo a
minha alma ao lembrar-me de como eu ia com a multidão, guiando-a em procissão Ã
casa de Deus, com brados de júbilo e louvor, uma multidão que
festejava. Por que estás abatida, ó minha alma, e por que te perturbas
dentro de mim? Espera em Deus, pois ainda o louvarei pela salvação que há na
sua presença.
Mesmo que, como David, possamos ir a uma reunião
ou culto cristão; podemos ir cantar e louvar com outros crentes, mas no final,
podemos ainda sentir-nos vazios, solitários e distantes de Deus, lutando contra
o desânimo e a depressão. Quando isso acontece, precisamos de continuar a lutar
com extremo louvor e gratidão, sabendo que Deus ouviu a nossa oração e
responderá, se perseverarmos.
Salmo 42:6-7 Ó Deus meu, dentro de mim a minha alma está abatida; porquanto me
lembrarei de ti desde a terra do Jordão, e desde o Hermom, desde o monte
Mizar. Um abismo chama outro abismo ao ruÃdo das tuas catadupas; todas as
tuas tuas ondas e vagas têm passado sobre mim.
David está a tentar manter a vitória que reivindica pela fé. Mas “as águas
entraram-lhe na alma. Está a afundar-se em lamaçal profundo, onde não há como
ficar de pé; Está cansado de chorar, a sua garganta está seca, os seus olhos
desfalecem enquanto espera pelo seu Deus.” Salmo 69:1b-3. Também podemos
ter experimentado o mesmo em momentos de testes e provas. A presença de Deus
parece estar longe de nós.
Em momentos de depressão e ansiedade, precisamos de nos lembrar da promessa
de Deus. “Quando passares pelas águas, Eu estarei contigo; e pelos rios, não te
submergirão; quando anda através do fogo, não te queimarás; nem a chama arderá
em ti”, IsaÃas 43:2.
Salmo 42:8-9 Contudo, de dia o Senhor ordena a
sua bondade, e de noite a sua canção está comigo, uma oração ao Deus da minha
vida. A Deus, a minha rocha, digo: Por que te esqueceste de mim? por que
ando em pranto por causa da opressão do inimigo?
David tem a certeza de que o amor de Deus não o abandonará. Ele procurará a
Deus durante a noite e louvá-Lo-á com cânticos. Continuará a travar o bom
combate da fé, do louvor e da gratidão, mesmo que não sinta a presença de Deus
com ele.
Salmo 42:10-11 Como com ferida mortal
nos meus ossos me afrontam os meus adversários, dizendo-me continuamente: Onde
está o teu Deus? Por que estás abatida, ó minha alma, e por que te
perturbas dentro de mim? Espera em Deus, pois ainda o louvarei, a ele que é o
meu socorro, e o meu Deus.
Por fim, David lembra-se de não perder a
esperança em Deus. Termina o seu cântico com “Espera em Deus, porque ainda o
louvarei, ele é a salvação do meu rosto e o meu Deus”. Por favor, não perca a
esperança em Deus se se estiver a sentir desanimado e sem o nascer do sol no
horizonte. Deus ama-o e resolverá as coisas como sempre fez antes. Não perca a
esperança! Invoque-O de todo o seu coração. Ele não está longe de nenhum de
nós, como tão sabiamente disse o apóstolo Paulo: “Deus fez isto para que o
procurassem e talvez procurá-Lo e encontrá-Lo, embora Ele não esteja longe de
nenhum de nós. “Porque nele vivemos, e nos movemos, e existimos”, Atos
17:27-28 NVI.
Levantai as vossas mãos em louvor d’Ele, o Deus
de toda a carne. Ele ama-te e vai cuidar de ti de alguma forma. Confie nele.
Medite nas Suas promessas. A Sua Palavra será “lâmpada para os teus pés e luz
para o teu caminho”, Salmo 119:105. Pois “o caminho dos justos é como a
luz da aurora que vai brilhando cada vez mais até ao dia perfeito”, Provérbios
4:18. Ou como o apóstolo Pedro expressou: “Temos também a palavra
profética, tanto mais firme quanto maior for a sua certeza; ao que bem fazeis
em estar atentos, como a uma luz que alumia em lugar escuro, até que a estrela
da alva surja nos vossos corações”, 1 Pedro 1:19, e os vossos corações e
mentes sejam iluminados pelo poder do EspÃrito Santo.
E recorde-se o que C. S. Lewis escreveu: “Se nos
encontramos com um desejo que nada neste mundo pode satisfazer, a explicação
mais provável é que fomos feitos para outro mundo”. Ou como escreveu o autor de
Hebreus: “Mas agora desejam uma pátria melhor, isto é, a celestial,” Hebreus
11:16.
Aquela cidade, a Nova Jerusalém, um dia descerá
do céu, da parte de Deus, preparada como uma noiva adornada para o seu marido, Apocalipse
21:2. “E Deus enxugará dos seus olhos toda a lágrima; e não haverá mais
morte, nem tristeza, nem clamor, nem haverá mais dor; porque já as primeiras
coisas serão passadas”, Apocalipse 21:4.
Continue a desejar e a ter sede de Deus, e Ele
fará a Sua parte para lhe preparar um lugar naquela morada celestial, João
14:2. Continue a seguir as palavras de Jesus e Ele manifestar-se-á a si:
“Aquele que tem os meus mandamentos e os guarda, esse é o que me ama; e aquele
que me ama será amado de meu Pai, e eu o amarei, e me manifestarei a ele, João
14:21. “Se alguém Me ama, guardará a minha palavra, e meu Pai o amará, e
viremos para ele, e faremos nele morada,” João 14:23.
My Soul Pants for God! - Psalm 42
Psalm 42 A Psalm of David with Commentaries by Dennis Edwards.
Psalm 42:1-3 As the hart pants after the water brooks, so pants my soul after thee, O God. My soul thirsts for God, for the living God: when shall I come and appear before God? My tears have been my meat day and night, while they continually say unto me, Where is your God?
Israel's King David is comparing his
desire and need for God to a deer who is panting in its search for a watery
brook to drink from. We need God’s presence in our lives. We need His Spirit
within us to bring us happiness and to fill that aching void in our heart which
He has made for Himself alone to fill.
In Isaiah we find a similar picture.
Isaiah 55:1-3a
“Ho, everyone that thirsts, come to the waters, and he that has no money; come
buy, and eat; yea, come buy wine and milk without money and without price.
Wherefore do you spend money for that which is not bread? And your labour for
that which satisfies not? Hearken diligently unto Me, and eat that which is
good, and let your soul delight itself in fatness. Incline your ear, and come
unto Me: hear, and your soul shall live.”
We thirst for God, but not realizing it,
we go to other fountains that do not quench our thirst. We lust after the
things of the world: the lust of the flesh, the lust of the eyes, and the pride
of life; but they do not satisfy our soul. We come up dry and empty.
Jesus tells us to come to Him. Speaking
to the woman who had had five husbands, He said, “But whosoever drinks from the
water that I shall give him shall never thirst; but the water that I shall give
him shall be in him a well of water springing up into everlasting life,” John
4:14.
“If any man thirst, let him come unto Me,
and drink. He that believes on Me, as the scripture has said, out of his belly
shall flow rivers of living water. (But this spoke He of the (Holy) Spirit,
which they that believe should receive),” John 7:37b-39a.
Jesus is claiming that our thirst for
happiness and satisfaction of soul will only be found in Him.
The Old Testament prophet Jeremiah
called God, “the fountain of living waters,” Jeremiah 17:13. The Lord
through Jeremiah said, “My people have committed two evils; they have forsaken
Me the fountain of living waters, and have hewed them out cisterns (drinking
vessels), broken cisterns, that can hold no water,” Jeremiah 2:13.
All our attempts to satisfy the deepest
longings of our soul outside of God fall flat. They do not satisfy. Even the
world’s pop idols have sung, “I can’t get no satisfaction.” The world and the
things of the world cannot satisfy our need for God, our need for forgiveness
of sin, our need for unconditional love and understanding. For that reason, our
spirits within us cry out for God.
The fulfilment of our cry is found in
Jesus. He tells us, “You shall seek Me and find Me when you shall search for Me
with all your heart,” Jeremiah 29:13. That’s the secret: desperation,
and an honest search for God and the things of God. Jesus has promised, “They
which hunger and thirst after righteousness shall be filled,” Matthew 5:6.
Psalm 42:4-5
When I remember these things, I pour out my soul in me: for I
had gone with the multitude, I went with them to the house of God, with the
voice of joy and praise, with a multitude that kept holyday. Why are you cast
down, O my soul? and why are you
disquieted in me? Hope in God: for I shall yet praise Him for
the help of His countenance.
Even though, like David, we
may go to a Christian gathering or service; we may go and sing and praise with
fellow believers, but in the end, we may still feel empty, lonely, and far from
God, battling discouragement and depression. When that happens, we need to
continue to fight with extreme praise and thanksgiving, knowing that God has
heard our prayer and will answer, if we hold on.
Psalm 42:6-7 O my
God, my soul is cast down within me: therefore, will I
remember You from the land of Jordan, and of the Hermonites, from the hill
Mizar. Deep calls unto deep at the noise
of Your waterspouts: all Your waves
and Your billows are gone over me.
David is trying to hold onto
the victory, that he is claiming by faith. But “the waters are come into his
soul. He is sinking in deep mire, where there is no standing: He is come into
deep waters, where the floods overflow him. He is weary of his crying: his
throat is dried: his eyes fail while He waits for his God.” Psalm 69:1b-3.
We may, also, have experienced the same in moments of testing and proving. God’s
presence seems to be far from us.
In moments of depression and
anxiety we need to remember God’s promise. “When you pass through the waters, I
will be with you; and through the rivers, they shall not overflow you: when you
walk through the fire, you shall not be burned; neither hsall the flame kindle
upon you,” Isaiah 43:2.
Psalm 42:8-9 Yet
the Lord will command His
lovingkindness in the day time, and in the night His song
shall be with me, and my prayer unto the God of my life. I will
say unto God my rock, Why have You
forgotten me? Why go I mourning because of the oppression of the enemy?
David is sure that God’s love
will not fail him. He will seek God in the night and praise Him in song. He
will continue to fight the good fight of faith and praise and give thanksgiving
even if he does not feel God’s presence with him.
Psalm 42:10-11 As with
a sword in my bones, my enemies reproach me;
while they say daily unto me, Where is your God? Why are you cast
down, O my soul? and why are you
disquieted (anxious) within me? Hope in
God: for I shall yet praise Him, who
is the health of my countenance, and my God.
Finally, David reminds
himself to not lose his hope in God. He finishes his song with “Hope thou in
God: for I shall yet praise him, who is the health of my countenance, and my
God.” Please do not lose hope in God, if you are feeling down and out and
with no sunrise on the horizon. God loves you and will work things out as He
always has before. Do not lose hope! Call upon Him with all your heart. He is
not far from any of us, as the apostle Paul so wisely put it: “God did this so
that they would seek Him and perhaps reach out for Him and find Him, though He
is not far from any one of us. ‘For in Him we live and move and have our being,’”
Acts 17:27-28 NIV.
Lift up your hands in praise unto Him, the God of all flesh. He loves you and
is going to take care of you somehow. Trust Him. Meditate on His promises. His
Word will be “a lamp unto your feet, and a light unto your path,” Psalm
119:105. For “the path of the just is like a shining light that shines
more and more until that perfect day,” Proverbs 4:18. Or as Apostle
Peter expressed it, “We have also a more sure word of prophecy; whereunto you
do well that you take heed, as unto a light that shines in a dark place, until
the day star arise in your hearts,” 1 Peter 1:19, and your hearts
and minds are illuminated by the power of the Holy Ghost.
And remember what C. S. Lewis wrote, “If we find ourselves with a desire that
nothing in this world can satisfy, the most probable explanation is that we
were made for another world.” Or as the author of Hebrews has written,
“But now they desire a better country, that is, an heavenly: therefore God is
not ashamed to be called their God: for he has prepared for them a city,” Hebrews
11:16.
That city, New Jerusalem,
will one day come down from God out of heaven, prepared as a bride adorned for
her husband, Revelation 21:2. “And God shall wipe away all tears from
their eyes; and there shall be no more death, neither sorrow, nor crying,
neither shall there be any more pain: for the former things will be passed
away,” Revelation 21:4.
Keep desiring and thirsting for God, and He will do His part to prepare a place
for you in that heavenly abode, John 14:2. Keep following Jesus’ words
and He will manifest Himself to you, “He that has My commandments, and keeps
them, he it is that loves Me: and he that loves Me shall be loved of My Father,
and I will love him, and will manifest Myself to him, John 14:21.
“If a man love Me, he will keep My words: and My Father will love him, and we
will come unto him, and make our abode with him,” John 14:23.
Hold on. God will
answer your prayers and manifest Himself to you. He loves you and is in the
process of rescuing you. Do not give up prematurely. Keep on believing the
answer is on its way! Hold on!
Originally published February 24, 2025


