Sunday, September 27, 2026
Salmo 126 - Los que siembran con lágrimas, con alegrÃa segarán.
Salmo 126 - Versión Reina Valera - Comentarios de Dennis Edwards
126:1-2 Cuando el Señor restauró la suerte de Sión, nos sentÃamos como en sueños. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de cánticos; entonces decÃan entre las naciones: «Grandes cosas ha hecho el Señor por ellos».
Los eruditos creen que este salmo pudo haber sido escrito por Esdras o quienes lo acompañaban durante su regreso a Jerusalén tras los setenta años de cautiverio babilónico. Recordemos que, después de que Babilonia fuera derrocada por los medo-persas, Ciro, rey de Persia, dictó un decreto sobre los cautivos israelitas en Babilonia.
Esdras 1:1 En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor dicha por boca de JeremÃas, el Señor inspiró a Ciro, rey de Persia, a hacer una proclamación por todo su reino, y la puso también por escrito, diciendo:
2 Asà dice Ciro, rey de Persia: «El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá.
3 ¿Quién de entre vosotros, de todo su pueblo, está dispuesto a que su Dios esté con él, y que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del Señor, Dios de Israel (él es el Dios), que está en Jerusalén.
4 Y a cualquiera que permanezca en el lugar donde resida, que los habitantes de ese lugar le ayuden con plata, oro, bienes y animales, además de la ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén».
Imaginen la alegrÃa y la incredulidad que sintió la gente al oÃr semejante decreto. Tras 70 años de cautiverio bajo el dominio babilónico, ahora se les permitÃa regresar a su tierra y ayudar a reconstruir el templo de Jerusalén. ¿PodÃa ser cierto? ¿Acaso soñaban?
Recuerdo haber sufrido persecución cuando me arrebataron a mis hijos por educarlos en casa. Con falsas acusaciones, la policÃa allanó nuestra casa junto con los Servicios Sociales y se llevó a nuestros hijos. Me arrestaron y detuvieron por pertenecer a una «asociación ilegal», es decir, un grupo terrorista. También me acusaron de fraude y de «abuso de menores», consistente en no tener a mis hijos matriculados en una escuela pública. En aquel entonces vivÃa en España.
Durante tres meses no nos permitieron tener contacto con nuestros hijos. Finalmente, tras muchas lágrimas y un profundo dolor, aproximadamente un año después de su secuestro, el Tribunal Regional falló a nuestro favor y los niños volvieron a casa. Éramos como aquellos que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de cantos.
Asà nos sentimos cuando una bendición inesperada nos llega después de haber sufrido bajo una carga tan pesada que no hemos podido soportarla. "¿Es verdad? ¿De verdad van a volver los niños a casa?"
En una batalla legal contra el gobierno y la prensa, sin duda fue como la batalla de David contra Goliat. Incluso cinco años después, cuando tanto en el caso penal como en el civil fuimos declarados inocentes de todos los cargos, la gente creÃa que seguÃamos en la cárcel. Nuestro arresto y el secuestro de los niños habÃan sido noticia de primera plana. Nuestra liberación y las victorias judiciales posteriores quedaron ocultas en algún lugar, en una página poco visible. Nuestros amigos respondieron como dice el salmo: "El Señor ha hecho grandes cosas por ellos".
SabÃamos que era el Señor, porque no éramos lo suficientemente fuertes para enfrentarnos al ayuntamiento con todo su poder y riqueza. Dios no nos falló. Suscitó defensores en nuestra defensa.
Salmo 126:3: El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros. Por lo cual nos alegramos.
Estábamos tan contentos. Casi no podÃamos creerlo. ¿Acaso estábamos soñando? Como creyentes, tenemos mucho que agradecer. La persecución que sufrimos, con la separación forzosa de nuestros hijos por parte de los Servicios Sociales españoles y la providencial policÃa, fue leve en comparación con la que sufrieron otros antes que nosotros. El juez del tribunal regional habÃa acusado a Barcelona de actuar como los inquisidores, o como los que venÃan del otro lado del Telón de Acero. En el caso civil, la idea de la educación en el hogar se introdujo en la legislación española y se convirtió en una forma aceptable de enseñanza.
Salmo 126:4: «Haz volver nuestra cautividad, oh Señor, como los arroyos del sur».
Matthew Henry explica maravillosamente el versÃculo. Estos versÃculos anticipan las misericordias que aún se necesitaban. Quienes habÃan salido del cautiverio seguÃan sufriendo, incluso en su propia tierra (NehemÃas 1:3), y muchos permanecÃan en Babilonia; por lo tanto, se regocijaban con temblor y llevaban en sus corazones las aflicciones que aún debÃan ser reparadas. Aquà encontramos una oración por la consumación de su liberación (v. 4): «Restablece nuestra cautividad. Que quienes han regresado a su tierra sean liberados de las cargas que aún los afligen. Que quienes permanecen en Babilonia se animen, como nosotros, a disfrutar de la libertad concedida».
Henry continúa: «Los primeros indicios de misericordia nos animan a orar por su consumación. Y mientras estemos en este mundo, siempre habrá motivos para la oración, incluso cuando tengamos más motivos para alabar. Y, cuando seamos libres y gocemos de prosperidad, no debemos olvidar a nuestros hermanos que están en apuros y oprimidos. El regreso de los que aún estaban cautivos, junto con sus hermanos que habÃan regresado, serÃa tan bienvenido para ambos bandos como un arroyo en aquellas tierras áridas y secas, situadas muy al sur. Como agua fresca para un alma sedienta, asà serÃan estas buenas noticias de aquella tierra lejana (Proverbios 25:25)».
Salmo 126:5-6: «Los que siembran con lágrimas, con alegrÃa segarán. El que sale llorando, llevando la preciosa semilla, sin duda volverá con gozo, trayendo consigo sus gavillas».
Gran parte de nuestra siembra en esta vida se realiza con lágrimas. El sufrimiento que experimentamos ablanda nuestros corazones, permitiéndonos sentir la necesidad y el sufrimiento de los demás y, de alguna manera, ser un bálsamo de alivio, para mitigar su aflicción. Aunque nosotros mismos lloremos, debemos ocuparnos de la obra del Señor.
Esto me recuerda la historia de 1 Samuel 6. Los filisteos querÃan devolver el Arca del Señor, que habÃan capturado a los hijos de Israel. Estaba causando estragos en su tierra. Consultaron a sus sacerdotes sobre qué debÃan hacer. Finalmente, tomaron dos vacas lecheras, es decir, vacas con terneros a los que amamantar. Las hicieron tirar de una carreta con el Arca del Pacto. Las vacas regresaron con la carreta a la tierra de los israelitas, mugiendo mientras caminaban.
Las vacas lecheras, cargando el Arca del Pacto, dejaron a sus terneros y, guiadas por el EspÃritu Santo, subieron la colina para devolver el Arca al pueblo de Israel. Mientras avanzaban, lloraban por sus terneros, a quienes tuvieron que dejar atrás. Cuando cruzaron la frontera hacia Bet-semes, se detuvieron en el campo de Josué. El pueblo se regocijó y sacrificaron las vacas, usando la madera del carro como leña.
Convencidos por el EspÃritu Santo, salgamos adelante, aunque estemos llorando por nuestro propio sufrimiento. Salgamos con la palabra y el amor de Dios para aliviar el sufrimiento de los demás. Démosles su palabra para que los anime. Mostrémosles su amor para que los consuele. Lloremos con los que lloran y alegrémonos con los que se alegran.
Jesús dijo: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 5:4-6). ¿Cómo serán consolados y saciados si permanecemos aislados en nuestra propia bendición? Nuestro propio sufrimiento nos capacita para servir a quienes sufren y están necesitados.
Aquà tenéis un himno famoso basado en el último verso del salmo.
Psalm 126 - They That Sow in Tears Shall Reap in Joy!
Psalm 126 King James Version Commentaries by Dennis Edwards
126:1-2 When the Lord turned again the captivity of Zion, we were like them that dream. Then was our mouth filled with laughter, and our tongue with singing: then said they among the heathen, The Lord hath done great things for them.
Scholars believe the present psalm may have been written by Ezra or those with him during his return to Jerusalem after the 70 years of Babylonian captivity. We remember that after Babylon was over-thrown by the Medo-Persians, that Cyrus, the king of Persia, made a decree concerning the Israeli captives in Baylon.
Ezra 1:1 Now in the first year of Cyrus king of Persia, that the word of the Lord by the mouth of Jeremiah might be fulfilled, the Lord stirred up the spirit of Cyrus king of Persia, that he made a proclamation throughout all his kingdom, and put it also in writing, saying,
2 Thus saith Cyrus king of Persia, The Lord God of heaven has given me all the kingdoms of the earth; and he has charged me to build him an house at Jerusalem, which is in Judah.
3 Who is there among you of all his people? his God be with him, and let him go up to Jerusalem, which is in Judah, and build the house of the Lord God of Israel, (he is the God,) which is in Jerusalem.
4 And whosoever remains in any place where he sojourns, let the men of his place help him with silver, and with gold, and with goods, and with beasts, beside the freewill offering for the house of God that is in Jerusalem.
Imagine what joy and unbelief at the same time the people felt when they heard of such a decree. After 70 years of captivity under the Babylonians, now they were allowed to return to their own land and to help rebuild the temple in Jerusalem. Could it really be true? Were they dreaming?
I remember suffering under a period of persecution when my own children were taken from me because I was home-schooling them. Relying on false accusations, the police raided our home with the Social Services and abducted our children. I was arrested and detained for belonging to an “illegal association,” in other words, a terrorist group. I was also accused of fraud and of “abuse of minors,” where the abuse consisted of not having my children enrolled in a public school. I was living in Spain at the time.
For three months we were not allowed to have contact with our children. Finally, after many tears and much sorrow, approximately one year since they were abducted, the Regional Court sided in our favour and the children were coming home. “We were like them that dream. Then was our mouth filled with laughter, and our tongues with singing.”
That’s how we feel when an unexpected good comes upon us after we have been suffering under a weight so heavy we have been unable to lift it. “Is it true? Are the children really coming home?”
In a legal fight with the government and the press, it was surely the case of David against Goliath. Even five years later when in both the Criminal Case and the Civil Case we were found innocent of all charges, people believed we were still in jail. Our arrest and the abduction of the children had made headlines and news clips. Our release and eventual court victories were hidden somewhere in a page not readily seen. Our friends responded as the psalm decrees: “The Lord has done great things for them.”
We knew it was the Lord, because we were not strong enough to fight City Hall with all its power and wealth. God did not fail us. He raised up advocates in our defence.
Psalm 126:3 The Lord has done great things for us; whereof we are glad.
We were so glad. We could hardly believe it. Were we dreaming? As believers we have so much to be thankful for. The persecution we went through with the removal of our children forcibly by the Spanish Social Services and the providential police was mild by comparison to others who have suffered persecution before us. The regional court judge had accused Barcelona of acting like Inquisitionists, or like those from behind the Iron Curtain. In the Civil Case, the idea of “Home-Schooling” was introduced into Spanish Law and became an acceptable form of education.
Psalm 126:4 Turn again our captivity, O Lord, as the streams in the south.
Matthew Henry wonderfully explains the verse. “These verses look forward to the mercies that were yet wanted (or needed). Those that had come out of captivity were still in distress, even in their own land (Neh 1:3), and many yet remained in Babylon; and therefore, they rejoiced with trembling, and bore upon their hearts the grievances that were yet to be redressed. We have here, a prayer for the perfecting of their deliverance (v. 4): " Turn again our captivity. Let those that have returned to their own land be eased of the burdens which they are yet groaning under. Let those that remain in Babylon have their hearts stirred up, as ours were, to take the benefit of the liberty granted."
Psalm 126:5-6 They that sow in tears shall reap in joy. He that goes forth and weeps, bearing precious seed, shall doubtless come again with rejoicing, bringing his sheaves with him.
Much of our sowing in this life is with tears. The suffering we go through softens our hearts that we may be able to feel the need and suffering of others and in some way be a balm of surcease, that we may ease their suffering. Though we may ourselves be weeping, we need to be about the Lord’s business.
It reminds me of the story in 1 Samuel 6. The Philistines wanted to return the Arc of the Lord which they had captured from the children of Israel. It was causing havoc in their land. They asked their priests what they should do. In the end, they took two milk cows, that is, cows who still had calves they were feeding. They had them pull a cart with the Arc of the covenant on. The milk cows returned with the cart to the land of the Israelites “lowing as they went.”
The milk cows carrying the Arc of the covenant, left their young calves, and under the conviction of the Holy Spirit climbed the hill to bring the Arc back to the Israeli people. As they moved along, they cried after their calves who they had to leave behind. When they crossed the border into Bethshemesh, they stopped in the field of Joshua. The people rejoiced and the cows were sacrificed, the wood of the cart used as firewood.
Under the conviction of the Holy Spirit let us go forth even though we may be weeping under our own suffering. Let us go forth with the word and the love of God to help relieve the suffering of others. Let us give them His word that it may encourage them. Let us show them His love, that it may comfort them. Let us weep with them that weep and rejoice with them that rejoice.
Jesus said, “Blessed are they that mourn: for they shall be comforted….Blessed are they that do hunger and thirst after righteousness: for they shall be filled,” Matthew 5:4&6. How shall they be comforted, and how shall they be filled, if we remained secluded in our blessing? Our own suffering enables us to be able to minister to those that suffer and are in need.
Salmo 126 - Os que semeiam com lágrimas, com alegria segarão.
Salmo 126 (Versão Almeida Corrigida Fiel) - Comentários de Dennis Edwards
Salmo 126:1-2 Quando o Senhor trouxe de volta os cativos de Sião, ficámos como quem sonha. A nossa boca encheu-se de riso, e a nossa lÃngua, de cânticos de alegria; então se dizia entre as nações: Grandes coisas fez o Senhor por eles.
Os estudiosos acreditam que este salmo pode ter sido escrito por Esdras ou por aqueles que estavam com ele durante o seu regresso a Jerusalém após os 70 anos de cativeiro babilónico. Recordamos que, após a queda da Babilónia pelos medo-persas, Ciro, rei da Pérsia, fez um decreto relativo aos cativos israelitas na Babilónia.
Esdras 1:1 No primeiro ano de Ciro, rei da Pérsia, para que se cumprisse a palavra do Senhor, anunciada por Jeremias, o Senhor despertou o espÃrito de Ciro, rei da Pérsia, que fez proclamar em todo o seu reino, e também por escrito, dizendo:
2 Assim diz Ciro, rei da Pérsia: O Senhor Deus dos céus deu-me todos os reinos da terra e encarregou-me de lhe construir um templo em Jerusalém, que fica em Judá.
3 Quem de entre vós é do seu povo? Que o seu Deus esteja com ele, e suba a Jerusalém, que fica em Judá, e edifique o templo do Senhor Deus de Israel (ele é o Deus), que está em Jerusalém.
4 E quem ficar em algum lugar onde peregrinar, que os homens desse lugar o ajudem com prata, ouro, bens e animais, além da oferta voluntária para o templo de Deus, que está em Jerusalém.
Imagine a alegria e a incredulidade simultâneas que as pessoas sentiram ao ouvir tal decreto. Depois de 70 anos de cativeiro sob o domÃnio babilónico, agora tinham permissão para regressar à sua terra natal e ajudar a reconstruir o templo em Jerusalém. Seria mesmo verdade? Estariam a sonhar?
Lembro-me de ter sofrido durante um perÃodo de perseguição quando os meus próprios filhos me foram tirados porque os educava em casa. Baseando-se em falsas acusações, a polÃcia invadiu a nossa casa com os Serviços Sociais e raptou os nossos filhos. Fui presa e detida por pertencer a uma “associação ilegal”, ou seja, um grupo terrorista. Fui também acusada de fraude e de “abuso de menores”, sendo o alegado abuso o facto de os meus filhos não estarem matriculados numa escola pública. Eu vivia em Espanha na época.
Durante três meses, fomos impedidos de ter contacto com os nossos filhos. Finalmente, após muitas lágrimas e muita tristeza, aproximadamente um ano após o rapto, o Tribunal Regional decidiu a nosso favor e as crianças puderam regressar a casa. “Éramos como aqueles que sonham. Então a nossa boca encheu-se de riso, e a nossa lÃngua, de cânticos de alegria.”
É assim que nos sentimos quando uma bênção inesperada nos atinge depois de termos sofrido sob um peso tão grande que não conseguÃamos suportar. “Será verdade? As crianças vão mesmo voltar para casa?”
Numa batalha judicial contra o governo e a imprensa, era certamente o caso de David contra Golias. Mesmo cinco anos depois, quando fomos considerados inocentes de todas as acusações, tanto no processo criminal como no civil, as pessoas acreditavam que ainda estávamos na prisão. A nossa detenção e o rapto das crianças foram manchetes e noticiários. A nossa libertação e as subsequentes vitórias judiciais estavam escondidas algures, numa página pouco visÃvel. Os nossos amigos reagiram como o salmo declara: “O Senhor fez grandes coisas por eles.”
SabÃamos que era o Senhor, porque não éramos suficientemente fortes para lutar contra a câmara municipal com todo o seu poder e riqueza. Deus não nos abandonou. Ele levantou defensores em nossa defesa.
Salmo 126:3 O Senhor fez grandes coisas por nós; Por isso, estamos felizes.
Ficamos tão felizes. Mal podÃamos acreditar. EstarÃamos a sonhar? Como crentes, temos muito a agradecer. A perseguição que sofremos com a remoção forçada dos nossos filhos pelos Serviços Sociais espanhóis e pela providencial polÃcia foi branda em comparação com a de outros que sofreram perseguição antes de nós. O juiz do tribunal regional acusou Barcelona de agir como inquisidores, ou como aqueles que estavam atrás da Cortina de Ferro. No processo civil, a ideia de "educação doméstica" foi introduzida na legislação espanhola e tornou-se uma forma aceitável de educação.
Salmo 126:4 Restaura-nos do cativeiro, Senhor, como as torrentes do Neguebe.
Matthew Henry explica maravilhosamente o versÃculo. “Estes versÃculos apontam para as misericórdias que ainda eram desejadas (ou necessárias). Aqueles que tinham saÃdo do cativeiro ainda estavam em aflição, mesmo na sua própria terra (Neemias 1:3), e muitos ainda permaneciam na Babilónia; e, por isso, regozijavam-se com tremor e carregavam no coração as aflições que ainda precisavam de ser reparadas. Temos aqui uma oração pela consumação da sua libertação (v. 4): “Restaura o nosso cativeiro. Que aqueles que regressaram à sua terra sejam aliviados dos fardos que ainda os oprimem. Que os corações dos que permanecem na Babilónia sejam despertados, como os nossos foram, para que usufruam do benefÃcio da liberdade concedida.”
Henry continua: "Os primórdios da misericórdia encorajam-nos a orar pela sua consumação. E enquanto estivermos aqui neste mundo, ainda haverá motivos para oração, mesmo quando estivermos repletos de motivos para louvor. E, quando estivermos livres e em prosperidade, não devemos esquecer os nossos irmãos que estão em dificuldades e sob restrição. O regresso daqueles que ainda estavam em cativeiro para se unirem aos seus irmãos que já tinham regressado seria tão bem-vindo para ambos os lados como riachos de água naquelas terras que, situadas a sul, eram áridas. e ressequidas. Como água fresca para uma alma sedenta, assim seriam estas boas novas vindas daquela terra distante (Provérbios 25:25)."
Salmo 126:5-6 Os que semeiam com lágrimas, com alegria segarão. Aquele que sai a chorar, levando a preciosa semente, voltará certamente com alegria, trazendo consigo os seus feixes.
Grande parte da nossa sementeira nesta vida é feita com lágrimas. O sofrimento que atravessamos amacia os nossos corações para que possamos sentir a necessidade e o sofrimento dos outros e, de alguma forma, ser um bálsamo de alÃvio, para que possamos aliviar o seu sofrimento. Mesmo que estejamos a chorar, precisamos de estar ocupados com a obra do Senhor.
Isto faz-me lembrar a história em 1 Samuel 6. Os filisteus queriam devolver a Arca da Aliança, que tinham tirado aos filhos de Israel. Ela estava a causar destruição nas suas terras. Perguntaram aos seus sacerdotes o que deviam fazer. No final, escolheram duas vacas leiteiras, ou seja, vacas que ainda tinham vitelos para amamentar. Fizeram com que puxassem uma carroça com a Arca da Aliança. As vacas leiteiras regressaram com a carroça à terra dos israelitas, mugindo enquanto caminhavam.
As vacas leiteiras, transportando a Arca da Aliança, deixaram os seus bezerros e, sob a convicção do EspÃrito Santo, subiram a colina para trazer a Arca de volta ao povo israelita. Enquanto caminhavam, choravam os seus bezerros, que tiveram de deixar para trás. Quando atravessaram a fronteira para Bete-Semes, pararam no campo de Josué. O povo alegrou-se, e as vacas foram sacrificadas, e a madeira do carro usada como lenha.
Sob a convicção do EspÃrito Santo, sigamos em frente, mesmo que estejamos a chorar por causa do nosso próprio sofrimento. Sigamos em frente com a palavra e o amor de Deus para ajudar a aliviar o sofrimento dos outros. Partilhemos a Sua palavra para que os encoraje. Mostremos-lhes o Seu amor para que os console. Choremos com os que choram e alegremo-nos com os que se alegram.
Jesus disse: “Bem-aventurados os que choram, porque serão consolados… Bem-aventurados os que têm fome e sede de justiça, porque serão saciados” (Mateus 5:4-6). Como serão consolados e como serão saciados se permanecermos isolados na nossa bênção? O nosso próprio sofrimento capacita-nos para ministrar à queles que sofrem e estão necessitados.
Eis um hino famoso baseado no último versÃculo do salmo.
