Does your faith need strengthening? Are you confused and wondering if Jesus Christ is really "The Way, the Truth, and the Life?" "Fight for Your Faith" is a blog filled with interesting and thought provoking articles to help you find the answers you are seeking. Jesus said, "Seek and ye shall find." In Jeremiah we read, "Ye shall seek Me, and find Me, when ye shall seek for Me with all your heart." These articles and videos will help you in your search for the Truth.

Saturday, October 17, 2026

¿Buscas la paz de Dios?

 


Dennis Edwards

¿Buscas la paz de Dios? ¿Buscas esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? En otras palabras, ¿buscas esa paz interior que quizás ni siquiera sea lógica, una paz mental y espiritual que no puedes comprender? Analicemos la paz de Dios de la que habla la Biblia.

¿Cómo encontramos esa paz?

El apóstol Pablo escribe: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» [Romanos 5:1]. Pablo nos dice que la paz del corazón y la mente se encuentra en Jesús, a través de nuestra relación con Él. A los Efesios, Pablo escribe: «Porque él es nuestra paz, quien de ambos hizo uno solo, derribando la pared intermedia de separación» [Efesios 2:14]. El primer paso en nuestra búsqueda de la paz es aceptar a Jesús en nuestras vidas y permitir que Él nos traiga paz con Dios. Él nos dará paz y tranquilidad por todos nuestros errores, si tan solo nos acercamos a Jesús.

En el Evangelio de Juan, Jesús, dirigiéndose a sus discípulos sobre su partida y el envío del Espíritu Santo como Consolador, dice: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se angustien ni tengan miedo» [Juan 14:27]. Jesús les dice a sus seguidores que el Espíritu Santo, el Consolador, vendría y les daría la paz que necesitan para afrontar las dificultades que les esperan. Les advierte que no teman, pues el miedo es enemigo de la fe y de la paz que la fe trae.

Jesús continúa diciendo a sus discípulos: «Estas cosas os he dicho para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» [Juan 16:33]. ¿Te has fijado alguna vez en cómo usamos las palabras para consolar y asegurar a los demás, tal vez a nuestros nietos o amigos, que todo va a estar bien? El temor que puedan sentir se desvanece al confiar en nuestras palabras, en nuestras garantías. Jesús hace lo mismo con sus discípulos, quienes pronto lo verán apresado por sus enemigos.

Jesús advierte a sus discípulos sobre las dificultades que les esperan. Les dice: «Les digo estas cosas de antemano para que tengan paz. No se desanimen ni se acobarden. Al contrario, anímense. Recuerden, en medio de sus tribulaciones, que yo he vencido y venceré al mundo y a todo el mal que representa».

Así como nuestros nietos se aferran a nuestras palabras de seguridad en momentos de miedo y ansiedad, nosotros también debemos aferrarnos a las palabras de nuestro Padre, de nuestro Hermano Mayor Jesús, y creer en lo que Él ha dicho. El apóstol Pablo nos da más información sobre cómo podemos acceder a la «paz que sobrepasa todo entendimiento». Leamos su carta a los Filipenses.

«Alégrense siempre en el Señor; repito: ¡Alégrense! Que su gentileza sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, con acción de gracias, presenten sus peticiones a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús».

El apóstol Pablo nos ofrece un proceso paso a paso para obtener la «paz que sobrepasa todo entendimiento». Primero, comenzamos usando la alabanza y la acción de gracias en nuestras vidas. Pablo nos dice: «Alégrense siempre en el Señor; repito: ¡Alégrense!». Incluso enfatiza la alabanza repitiéndola. Por lo tanto, la alabanza es un elemento importante para encontrar la paz.

En los salmos encontramos innumerables referencias a la importancia de la alabanza. «Entren en tus atrios con acción de gracias, y en tus puertas con alabanza» [Salmo 100:4]. De hecho, el Salmo 22 dice que Dios habita en las alabanzas de su pueblo. En las Crónicas de los Reyes de Judá e Israel podemos leer sobre las maravillosas hazañas que Dios realizó para su pueblo porque lo buscaron en sus dificultades y usaron la alabanza y el canto como parte de su estrategia militar. [2 Crónicas 20]

El apóstol Pablo nos dice que no nos preocupemos, pues sabe que la ansiedad y el miedo nos debilitan. Corrie Ten Boom dijo: «Preocuparse es cargar con el peso del mañana con las fuerzas de hoy, cargar con dos días a la vez. Es adelantarse al mañana. La preocupación no elimina la tristeza del mañana, sino que agota las fuerzas del día de hoy». Jesús también nos mandó que no nos angustiáramos por el mañana, porque los problemas de hoy eran suficientes para afrontarlos. [Mateo 6:34]

Hasta ahora hemos visto que necesitamos usar la alabanza y la acción de gracias. Necesitamos resistir la preocupación y luego: «Presenten sus peticiones a Dios mediante la oración y la súplica». Necesitamos orar y depositar todas esas cargas, miedos y preocupaciones en las manos de Dios y dejar que Él se encargue de ellas. El salmista escribe: «Encomienda al Señor tu carga, y él te sustentará».[Salmo 55:7] Jesús dijo que si acudimos a él con todas nuestras pesadas cargas, con todos nuestros problemas, él nos dará descanso.[Mateo 11:28] ¿Qué es el descanso sino paz mental y de corazón?

La fórmula que presenta el apóstol Pablo es la siguiente: 1. Alabanza y acción de gracias. 2. No se inquieten ni se preocupen. 3. Oren y supliquen a Dios. 4. Dios les enviará su paz para la situación. La Madre Teresa tenía otra fórmula. Decía: «El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz». En otras palabras, si nos detenemos y guardamos silencio, el efecto que este tendrá en nosotros es que nos llevará a la oración, a acercarnos a Dios de alguna forma con nuestro corazón, mente y palabras.

La oración nos hará encontrar a Dios y nos dará fe. La fe, entonces, nos hará comprender el amor de Dios por nosotros. El amor que recibimos de Dios nos transformará, impulsándonos a amar y servir a los demás. Nuestro amor y servicio a los demás resultarán en la paz que buscábamos al principio. Todos hemos experimentado, al ofrecernos como voluntarios para ayudar a otros, que es verdaderamente «más bienaventurado dar que recibir» [Hechos 20:35].

En Isaías encontramos una fórmula similar a la de la Madre Teresa: «Y la obra de la justicia será paz; y el efecto de la justicia, tranquilidad y seguridad para siempre». Una vez más, vemos que el fruto de la justicia resulta ser paz y seguridad. Pero la Palabra de Dios nos recuerda claramente que nuestra propia justicia es como trapos sucios. Solo al encontrar Su justicia entramos en paz con Dios y tenemos la posibilidad de vivir en paz con nuestro prójimo.

El enemigo de nuestra alma intenta impedirnos entrar en la paz de Cristo, la paz que sobrepasa todo entendimiento. En el libro de Hebreos se habla de «entrar en su reposo». Entramos en su reposo cuando cesamos de nuestros propios esfuerzos, de nuestros propios logros por nuestra propia justicia, y nos acercamos humildemente a los brazos de Jesús y aceptamos su amor, misericordia y descanso: la paz que sobrepasa todo entendimiento. No es algo que merezcamos ni por lo que trabajemos. Es un don del amor y la misericordia de Dios, y con humildad debemos recibirlo.

Pero debemos librar una batalla constante contra el enemigo de nuestra alma para no desanimarnos ni perder la esperanza. El Señor dice: «Yo te guardaré en completa paz, a ti que en mí persevera tu mente, porque en mí has ​​confiado» [Isaías 26:3]. El apóstol Pablo nos da la misma exhortación en su carta a los Filipenses, que hemos estado leyendo. Él dice:

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». [Filipenses 4:8] Debemos librar la buena batalla. Esa batalla a menudo se libra en nuestra propia mente. Nuestra mente es el campo de batalla. Debemos alinear nuestros pensamientos con la buena Palabra de Dios. «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hará tropezar». [Salmo 119:165] Amar y meditar en la Palabra de Dios nos ayudará a encontrar la paz.

El apóstol Santiago también aborda el tema de la paz. Leamos a Santiago:

«¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre con su buena conducta sus obras con la mansedumbre que proviene de la sabiduría. Pero si tenéis envidia amarga y contienda en vuestros corazones, no os gloriéis ni mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrenal, sensual y diabólica. Porque donde hay envidia y contienda, allí hay confusión y toda clase de malas obras. Pero la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura; luego, pacífica, amable, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, sin parcialidad ni hipocresía. Y el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.» [Santiago 3:13-18]

Jesús dijo: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» [Mateo 5:9]

Si escuchamos las exhortaciones de los profetas y discípulos, y del mismo Jesús, podemos encontrar esa serena seguridad. Esa paz interior que buscamos, la encontraremos porque tenemos la presencia de Cristo con nosotros. Él es nuestra paz y nos capacita para tener paz entre nosotros. Es Él quien nos da su paz. Es Él quien nos envía su paz cuando procuramos vivir para Él y servir a los demás. Entonces podemos decir y hacer como el salmista: «En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir seguro» [Salmo 4:8]. O como encontramos en otro salmo: «El Señor dará fuerza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz» [Salmo 29:11].

Concluyamos con una antigua oración de bendición que se encuentra en las palabras de Moisés: «Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga misericordia de ti; que el Señor alce sobre ti su rostro y te dé paz» [Números 6:24-26].

Publicado originalmente el 6 de julio de 2021.

Está em busca da paz de Deus?

 


Dennis Edwards

Está a buscar a paz de Deus? Está a procurar aquela paz de Deus que excede todo o entendimento? Por outras palavras, está a procurar aquela paz interior que talvez nem seja lógica, uma paz de espírito e de coração que não consegue compreender? Examinemos a paz de Deus mencionada na Bíblia.

Como encontramos essa paz?

O apóstolo Paulo escreve: "Portanto, justificados pela fé, temos paz com Deus por meio de nosso Senhor Jesus Cristo." [Romanos 5:1] Paulo diz-nos que a forma de encontrarmos a paz de espírito e de coração é através de Jesus, através do nosso relacionamento com Ele. Aos Efésios, Paulo escreve: "Pois ele é a nossa paz, o qual de ambos os povos fez um só e destruiu a barreira, o muro da inimizade." [Efésios 2:14] O primeiro passo na nossa busca pela paz é aceitar Jesus nas nossas vidas e permitir que Ele nos traga paz com Deus. Ele dar-nos-á paz de espírito e tranquilidade por todos os nossos erros, se simplesmente nos entregarmos a Jesus.

No Evangelho de João, Jesus, falando aos seus discípulos sobre a sua partida e o envio do Espírito Santo como Consolador, diz: "Deixo-vos a paz, a minha paz vos dou; não vo-la dou como o mundo a dá. Não se turbe o vosso coração, nem se atemorize." [João 14:27] Jesus está a dizer aos seus seguidores que o Espírito Santo, o Consolador, viria e lhes daria a paz necessária para enfrentar as dificuldades que viriam. Adverte-os para não terem medo, pois o medo é o inimigo da fé e da paz que a fé traz.

Jesus continua dizendo aos seus discípulos: "Tenho-vos dito estas coisas para que em mim tenhais paz. Neste mundo tereis aflições; mas tende bom ânimo, Eu venci o mundo." [João 16:33] Já reparou como usamos as palavras para confortar e assegurar aos outros, talvez aos nossos netos ou amigos, que tudo vai correr bem? O medo que possam estar a sentir desaparece quando se apoiam nas nossas palavras, nas nossas garantias. Jesus está a fazer o mesmo com os seus discípulos, que em breve o verão preso pelos seus inimigos.

Jesus está a alertar os seus discípulos para as dificuldades que se avizinham. Ele diz: "Estou a dizer-vos estas coisas de antemão para que mantenham a paz. Não se desanimem, nem se desanimem. Tenham coragem. Lembrem-se, quando estiverem a passar por tribulações, que Eu venci e vencerei o mundo e todo o mal que nele existe."

Tal como os nossos netos se agarram às nossas palavras de segurança em momentos de medo e ansiedade, também nós devemos agarrar-nos às palavras do nosso Pai, do nosso Irmão Jesus, e acreditar no que Ele disse. O apóstolo Paulo dá-nos mais informações sobre como podemos ter acesso à "paz que excede todo o entendimento". Vamos ler a sua carta aos Filipenses.

"Alegrem-se sempre no Senhor. Repito: alegrem-se! Seja a vossa moderação conhecida por todos. Perto está o Senhor. Não se preocupem com nada; em vez disso, orem a Deus pedindo aquilo de que precisam e agradecendo-lhe por tudo o que ele já fez. Então vocês experimentarão a paz de Deus, que excede todo o entendimento e que guardará o coração e a mente de vocês em Cristo Jesus."

O apóstolo Paulo apresenta-nos um processo passo a passo para alcançarmos a "paz que excede todo o entendimento". Em primeiro lugar, começamos por usar o louvor e a gratidão nas nossas vidas. Paulo diz-nos para "alegrarmos sempre no Senhor. Repito: alegrai-vos!" Chega mesmo a enfatizar o louvor, repetindo a mesma frase. Por isso, o louvor é um elemento importante para encontrarmos a paz.

Nos Salmos, encontramos inúmeras referências à importância do louvor. "Entrai nos vossos átrios com ações de graças e nas vossas portas com louvor". [Salmo 100:4] De facto, o Salmo 22 diz que Deus habita nos louvores do seu povo. Nas Crónicas dos Reis de Judá e de Israel, podemos ler sobre as maravilhosas proezas que Deus realizou para o Seu povo porque O procuraram nas suas dificuldades e usaram o louvor e o cântico como parte da sua estratégia militar. [2 Crónicas 20]

O apóstolo Paulo diz-nos para não nos preocuparmos, pois sabe que a preocupação e o medo nos debilitam. Corrie Ten Boom disse: "Preocupar-se é carregar o fardo de amanhã com a força de hoje — carregar dois dias de uma só vez. É antecipar-se ao amanhã. A preocupação não elimina a tristeza do amanhã. Rouba a força do hoje." Jesus ordenou-nos também que não nos preocupássemos com o dia de amanhã, pois os problemas de hoje são suficientes para lidarmos com eles. [Mateus 6:34]

Até agora, vimos que precisamos de usar o louvor e a gratidão. Precisamos de resistir à preocupação e depois, "apresentem os vossos pedidos a Deus em oração e súplicas". Precisamos de orar e entregar todos estes fardos, medos e preocupações nas mãos de Deus e deixar que Ele cuide deles. O salmista escreve: "Lança o teu fardo sobre o Senhor, e ele te susterá." [Salmo 55:7] Jesus disse que se viermos a Ele com todos os nossos fardos pesados, todos os nossos problemas, Ele dar-nos-á descanso. [Mateus 11:28] O que é o descanso senão a paz de espírito e de coração.

A fórmula apresentada pelo Apóstolo Paulo é a seguinte: 1. Louvor e acção de graças. 2.º Não se preocupem nem se angustiem. 3.º Orem e supliquem a Deus. 4.º Deus enviar-lhes-á a Sua paz para a situação. A Madre Teresa tinha outra fórmula. Ela disse: "O fruto do silêncio é a oração. O fruto da oração é a fé. O fruto da fé é o amor. O fruto do amor é o serviço. O fruto do serviço é a paz." Por outras palavras, se pararmos e nos aquietarmos, o efeito que esta quietude terá sobre nós será o de nos conduzir à oração, a aproximarmo-nos de Deus de alguma forma com o nosso coração, mente e palavras.

A oração far-nos-á encontrar Deus e dar-nos-á fé. A fé, então, far-nos-á perceber o amor de Deus por nós. O amor que recebemos de Deus transformar-nos-á, fazendo-nos querer amar e servir os outros. O nosso amor e serviço ao próximo resultará na paz que inicialmente procurávamos. Todos nós já experimentámos, ao voluntariarmo-nos para ajudar os outros, que de facto "há mais felicidade em dar do que em receber" [Atos 20:35].

Em Isaías, vemos uma fórmula semelhante à de Madre Teresa: "E a obra da justiça será a paz; e o efeito da justiça, tranquilidade e segurança para sempre". Novamente, vemos que o fruto da justiça acaba por ser a paz e a tranquilidade. Mas a palavra de Deus é clara ao lembrar-nos que a nossa própria justiça é como trapos menstruais fétidos. Só quando encontramos a justiça de Deus é que entramos em paz com Ele e temos a possibilidade de viver em paz com o nosso próximo.

O inimigo da nossa alma tenta impedir-nos de entrar na paz de Cristo, a paz que excede todo o entendimento. No livro de Hebreus, isto é chamado "entrar no seu descanso". Entramos no seu descanso quando cessamos as nossas próprias lutas, as nossas próprias conquistas de justiça própria, e nos entregamos humildemente nos braços de Jesus e aceitamos o seu amor, misericórdia e descanso — a paz que excede todo o entendimento. Não é algo que mereçamos ou pelo qual trabalhemos. É um dom do amor e da misericórdia de Deus e deve ser recebido com humildade.

Mas devemos travar uma guerra militante contra o Inimigo da nossa alma, para que não nos cansemos e desfaleçamos mentalmente. O Senhor diz: "Guardar-te-ei em perfeita paz, aquele cuja mente está firme em mim; porque confias em mim." [Isaías 26:3] O apóstolo Paulo dá-nos a mesma admoestação na sua carta aos Filipenses, que lemos acima. Ele diz:

"Finalmente, irmãos, tudo o que for verdadeiro, tudo o que for nobre, tudo o que for justo, tudo o que for puro, tudo o que for amável, tudo o que for de boa fama, se houver algo de excelente ou digno de louvor, pensai nessas coisas." [Filipenses 4:8] Devemos combater o bom combate. Esta luta acontece muitas vezes na nossa própria mente. A nossa mente é o campo de batalha. Devemos alinhar os nossos pensamentos com a boa Palavra de Deus. "Grande paz têm os que amam a tua lei, e nada os fará tropeçar". [Salmo 119:165] Amar e meditar na palavra de Deus ajudar-nos-á a encontrar a paz.

O apóstolo Tiago aborda também o tema da paz. Vamos ler Tiago:

"Quem dentre vós é sábio e entendido? Mostre, pelo seu bom procedimento, as suas obras com mansidão de sabedoria. Mas, se tendes em vossos corações amarga inveja e contenda, não vos glorieis disso, nem mintais contra a verdade. Essa sabedoria não vem do alto, mas é terrena, sensual e diabólica. Pois onde há inveja e contenda, aí há confusão e toda espécie de males. Mas a sabedoria que vem do alto é primeiramente pura; depois, pacífica, amável, tratável, cheia de misericórdia e de bons frutos, imparcial e isento. [Tiago 3:13-18]

Jesus disse: "Bem-aventurados os que promovem a paz, porque serão chamados filhos de Deus". [Mateus 5:9]

Se ouvirmos as admoestações dos profetas e dos discípulos, e do próprio Jesus, podemos encontrar essa tranquila segurança, essa paz de espírito que procuramos. Pois vamos encontrá-la porque temos a presença de Cristo connosco. Ele é a nossa paz e capacita-nos para ter paz uns com os outros. É Ele que nos dá a Sua paz. É Ele que nos envia a Sua paz, enquanto procuramos viver para Ele e servir os outros. Então podemos dizer e fazer como o salmista: "Em paz me deito e logo adormeço, porque só tu, Senhor, me fazes habitar em segurança." [Salmo 4:8] Ou como encontramos noutro salmo: "O Senhor dará força ao seu povo; o Senhor abençoará o seu povo com paz." [Salmo 29:11]

Terminemos com uma antiga oração de bênção que se encontra nas palavras de Moisés: "O Senhor te abençoe e te guarde; o Senhor faça resplandecer o seu rosto sobre ti e te conceda graça; o Senhor volte para ti o seu rosto e te dê paz." [Números 6:24-26]

Publicado originalmente a 6 de julho de 2021.

Are You Looking for the Peace of God?


Dennis Edwards

Are you looking for the peace of God? Are you looking for that peace of God that passes all understanding? In other words, are you looking for that inner peace that may not even be logical, a peace of mind and heart that you cannot figure out? Let us look at the peace of God spoken of in the Bible.

How do we find that peace?

Apostle Paul writes, "Therefore, being justified by faith, we have peace with God through our Lord Jesus Christ."[Romans 5:1] Paul is telling us that the way we find the peace of heart and mind is through Jesus, through our relationship with Him. To the Ephesians Paul writes, "For He is our peace, who has made both one, and has broken down the middle wall of partition between us."[Ephesians 2:14] The first step in our pursuit of peace is accepting Jesus into our lives and letting Him bring us peace with God. He will give us peace and mind of heart for all the wrong we have done, if we just come to Jesus.

In the Gospel of John, Jesus speaking to His disciples of the His depature and the sending of the Holy Spirit as a Comforter says, "Peace I leave with you, my peace I give unto you: not as the world gives, give I unto you. Let not your heart be troubled, neither let it be afraid."[John 14:27] Jesus is telling His followers that the Holy Ghost, the Comforter, would come and give them the peace they would need to confront the difficulties ahead. He warns them not to be afraid as fear is the enemy to faith and the enemy of the peace that faith brings.

Jesus goes on to say to His disciples, "These things I have spoken unto you, that in Me ye might have peace. In the world ye shall have tribulation: but be of good cheer; I have overcome the world."[John 16:33] Have you ever noticed how we use words to comfort and assure others, maybe our grandchildren or friends, that everything is going to be all right? The fear they may be experiencing vanishes as they rest on our words, our assurances. Jesus is doing the same with His disciples who will soon see Him captured by His enemies.

Jesus is warning His disciples of the difficulties that lay ahead. He says, "I am telling you these things ahead of time that you may keep your peace. Don't be dismayed. Don't be discouraged. Be encouraged. Remember when you are going through your tribulations that I have overcome and will overcome the world and all the evil that it stands for."

Just as our grandchildren hold onto our words of assurance in moments of fear and anxiety, we, too, must hold onto the words of our Father, of our Big Brother Jesus and believe what He has said. The Apostle Paul gives us some more information of how we may have access to the "peace that passes understanding." Let us read from his letter to the Philippians.

"Rejoice in the Lord alway: and again I say, Rejoice. Let your moderation be known unto all men. The Lord is at hand. Be careful (or anxious) for nothing; but in everything by prayer and supplication with thanksgiving let your request be made known unto God. And the peace of God, which passes all understanding, shall keep your hearts and minds through Christ Jesus."

Apostle Paul is giving us a step by step process to obtain the "peace that passes understanding." First, we begin by using praise and thanksgiving in our lives. Paul tells us to "rejoice in the Lord always, and again I say, Rejoice." He even emphasizes praise by repeating himself. Therefore, praise is an important element in our being able to find peace. 

In the psalms we find innumerable references to the importance of praise. "Enter into Thy courts with thanksgiving and into Thy gates with praise."[Psalm 100:4] In fact Psalm 22 says that God dwells in the praises of His people. In the Chronicles of the Kings of Judah and Israel we can read of marvellous exploits that God accomplished for His people because they sought Him in their difficulties and used praise and song as part of their military strategy.[2 Chronicles 20]

Apostle Paul tells us not to be anxious because he knows worry and fear debilitate us. Corrie Ten Boom said, "Worrying is carrying tomorrow's load with today's strength - carrying two days at once. It is moving into tomorrow ahead of time.Worry doesn't empty tomorrow of its sorrow. It empties today of its strength." Jesus also commanded us to not take anxious thought for tomorrow because today's problems were sufficient enough to handle.[Matthew 6:34]

So far we have seen we need to use praise and thanksgiving. We need to resist worry and then, "Make your request be known unto God through prayer and supplication." We need to pray and cast those burdens, fears, worries, all up into the hands of God and let Him take care of them. The psalmist writes, "Cast thy burden upon the Lord, and He shall sustain thee."[Psalm 55:7] Jesus said if we come unto Him with all our heavy burdens, all our problems, He would give us rest.[Matthew 11:28] What is rest, but peace of mind and heart.

The formular that Apostle Paul presents is number 1.Praise and thanksgiving. 2.Do not be anxious or worried. 3. Prayer and supplicate to God. 4. God will send you His peace for the situation. 

Mother Teresa had another formular. She said, "The fruit of silence is prayer. The fruit of prayer is faith. The fruit of faith is love. The fruit of love is service. The fruit of service is peace." In other words, if we stop and get quiet the effect that quietness will have on us is that it will lead us into prayer, into approaching God in some form with our heart, mind, and words.

Prayer will cause us to find God and give us faith. Faith will then cause us to realize God's love for us. The love we receive from God will transform us into wanting to love and serve others. Our love and service for others will result in the peace we sought at the first. We have all experienced when we have volunteered to help others, that it is indeed "more blessed to give, than to receive."[Acts 20:35]

In Isaiah we see a similar formular as Mother Teresa's. "And the work of righteousness shall be peace; and the effect of righteousness quietness and assurance for ever." Again we see that the fruit of righteousness ends up being peace and quiet assurance. But God's word is clear to remind us that our own righteousness is stinking menstrual rags. It's only as we find His righteousness that we come into peace with God and have the possibility to live at peace with our fellow man. 

The Enemy of our soul tries to stop us from entering to the peace of Christ, the peace that passes all understanding. In the book of Hebrews its called "entering into His rest." We enter into His rest when we cease from our own strivings, our own self-righteous accomplishments, and come humbly into the arms of Jesus and accept His love, mercy, and rest - the peace that passes understanding. It is not anything we deserve or work for. It's the gift of God's love and mercy and in humility must be received.

But we must wage militant warfare against the Enemy of our soul lest we become wearied and faint in our minds. The Lord says, "I shall keep you in perfect peace, whose mind is stayed on Me, because you trusts in Me."[Isaiah 26:3] Apostle Paul gives us the same admonition in his letter to the Philippians which we have been reading above. He says,

"Finally, brethren, whatsoever things are true, whatsoever things are honest, whatsoever things are just, whatsoever things are pure, whatsoever things are lovely, whatsoever things are of good report; if there be any virtue, and if there be any praise, think on these things."[Philippians 4:8] 

We must fight the good fight of fight. That fight is often in our own minds. Our minds are the battleground. We must bring our thoughts to be in line with God's good Word. "Great peace have they which love Thy law, and nothing shall offend them."[Psalm 119:165] Loving and meditating on God's word will help us find peace.

The Apostle James, also, touches on the topic of peace. Let us read from James:

"Who is a wise man and endued with knowledge among you? Let him shew out of good conversation his works with meekness of wisdom. But if you have bitter envying and strife in your hearts, glory not, and lie not against the truth. This wisdom descends not from above, but is earthly, sensual, devilish. For where envying and strife is, there is confusion and every evil work. But the wisdom that is from above is first pure, then peaceable, gentle, and easy to be entreated, full of mercy and good fruits, without partiality, and without hypocrisy. And the fruit of righteousness is sown in peace of them that make peace."[James 3:13-18]

Jesus said, "Blessed are the peacemakers: for they shall be called the children of God."[Matthew 5:9]

If we listen to the admonitions of the prophets and disciples, and Jesus Himself, we can find that quiet assurance, that peace of mind, that we search for. We will find it because we have Christ's presence with us. He is our peace and enables us to have peace with one another. It is He that gives us His peace. It is He that sends us His peace as we seek to live for Him and serve others. 

Then we can say and do as the psalmist: "I will both lay me down in peace, and sleep: for Thou, Lord, only makes me dwell in safety."[Psalm 4:8] Or as we find in another psalm: "The Lord will give strength unto His people; the Lord will bless His people with peace."[Psalm 29:11]

Let us end with an old prayer of blessing found in the words of Moses: "The Lord bless thee, and keep thee: The Lord make his face shine upon thee, and be gracious unto thee: The Lord lift up his countenance upon thee, and give thee peace."[Numbers 6:24-26]

Originally published July 6, 2021.

Salmo 14:1 “Dice el necio en su corazón: No hay Dios"

Salmo de David

Salmo 14:1 “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, han hecho obras abominables; no hay quien haga el bien.”

Dennis Edwards: Aquí vemos las características de un necio. Primero, afirma que no hay Dios. De entrada, su razonamiento es erróneo y no encuentra justificación para ninguna de sus conclusiones. Si no hay Dios, ni Creador, entonces el hombre es el resultado de fuerzas evolutivas ciegas y aleatorias. Si tal es el caso, concluyó C.S. Lewis, no tenemos ninguna razón para creer que nuestro pensamiento o razonamiento sea correcto. Los procesos evolutivos no nos dan razones sólidas para nuestra capacidad de pensar, de razonar, ni para explicar por qué tenemos conciencia. Sin embargo, una Mente Divina, un Dios Creador, sí nos da una razón para creer que nuestro razonamiento es sólido.

La historia bíblica dice que la Mente Divina nos creó a su imagen y nos dio la capacidad de pensar, de razonar, de discernir el bien del mal y lo correcto de lo incorrecto. Si fuimos creados por un Ser Divino bueno y amoroso, como Él afirma en los escritos sagrados, eso justificaría nuestra facultad de razonar y de consciencia, de juzgar y analizar. 

Sin embargo, en la cosmovisión naturalista, donde todo es materia y energía, no encontramos justificación válida para nuestra capacidad de razonar, ni para el origen de la consciencia, ni para el motivo por el cual debemos actuar. Por lo tanto, al rechazar a Dios, autor de la razón, la consciencia y la moral, no tenemos justificación para nuestro razonamiento, consciencia y moralidad.

En el libro de Proverbios, Salomón escribe: «El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción» (Proverbios 1:7). «El temor del Señor es el principio de la sabiduría; y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia» (Proverbios 9:11). Creer en Dios es el punto de partida para un pensamiento correcto. Por eso escribió San Agustín: «No busques entender para creer, sino más bien, busca creer para entender».

Creer en Dios, el Creador del universo, es la clave para comprender adecuadamente la vida, su origen y propósito. Creer en Dios nos da humildad. Sabemos que no nos creamos a nosotros mismos. Rendimos homenaje al Poder Divino y reconocemos nuestra dependencia de Él para nuestra existencia y esencia. El mundo dice: «Pienso, luego existo». Dios dice: «Soy, luego piensas».

Si no hay Dios, escribió Dostoievski, entonces todo es permisible. Estaríamos justificados en seguir el infame eslogan de NIKE: «¡Simplemente hazlo!». En otras palabras, no te preocupes por esa figura de Dios que te enseñaron. De todos modos, no es real. Ten sexo con quien quieras. Haz lo que quieras. «¡Simplemente hazlo!».

Dios, sin embargo, dice: «No lo hagas», a menos que sea amoroso y verdadero, y conforme a su carácter y mandatos. Hemos fallado en ese punto. Por eso somos tan culpables como Adán y Eva. Sabíamos que debíamos hacer el bien, pero voluntariamente hicimos el mal porque queríamos satisfacer nuestros propios apetitos. La Biblia lo llama "el placer temporal del pecado" o "los deseos de la carne".

Ahí es donde entra el Redentor. Por amor a nosotros y a nuestra triste situación, viene al mundo que creó, como un ser humano normal como tú o yo. Se disfraza de Divinidad y camina entre nosotros como uno de nosotros. Aunque su nacimiento y los acontecimientos de su vida fueron predichos cientos de años antes y registrados en las Sagradas Escrituras, lo rechazamos cuando se nos manifiesta. En lugar de postrarnos a sus pies y adorarlo, deseamos que un asesino y ladrón sea liberado y que el Inocente y el Justo mueran la cruel muerte de un criminal.

Sin embargo, tres días después, como Él predijo, resucita de entre los muertos, confirmando la verdad de todo lo que había dicho y hecho. Nos dijo: «Cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, será como un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y golpearon contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (Mateo 7:26-27).

Las lluvias están cayendo. Las inundaciones están llegando. Los vientos están soplando. A menos que nuestra casa, nuestro sistema de creencias, nuestra forma de vivir, esté cimentada sobre la roca de la palabra de Dios, en la verdad de que hay un Dios que nos creó, y que no nos hemos creado a nosotros mismos ni provenimos de un proceso evolutivo naturalista, a menos que el Dios de la Biblia sea verdadero y lo sigamos diligentemente; nuestras vidas, nuestros hogares, nuestra sociedad se derrumbarán por los vientos, las lluvias y las inundaciones creadas por nuestra propia incredulidad en Él. Si no es Dios, entonces es el caos. Si no nos dejamos gobernar voluntariamente por Dios, seremos gobernados por tiranos. «Si se destruyen los cimientos, ¿qué harán los justos?» (Salmos 11:3).

Meses y meses antes de la Revolución Francesa, se distribuía propaganda anti-dios a las masas mediante panfletos radicales. Estos artículos se distribuían y propagaban a través de las logias masónicas de toda Francia. El pueblo francés se radicalizó profundamente gracias a la literatura clandestina que exponía la hipocresía y la corrupción de la clase dominante y de la Iglesia. 

Cuando finalmente sonó la hora de la acción, el pueblo francés se alzó contra sus gobernantes y unas 17.000 cabezas rodaron en las guillotinas en 11 meses. Hombres y mujeres fueron a la muerte a un ritmo de 54 al día durante 11 meses. Incluso si solo estabas asociado con la clase dominante o la Iglesia, tu vida corría peligro.

Eventos similares ocurrieron en Rusia durante la Revolución de Octubre de 1917. Si no hay Dios, todo es permisible. Si no tememos a Dios ni tenemos un juicio final sobre nuestras acciones, si creemos que nos creamos a nosotros mismos y que podemos hacer lo que queramos, estamos condenados a la destrucción. 

Salomón concluyó: «Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre» (Eclesiastés 12:13b). «Pero el hombre natural (el que cree que no hay Dios y que proviene de fuerzas naturales ciegas y evolutivas) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente» (1 Corintios 2:14). 

“Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos (o procesos de pensamiento), y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”, Romanos 1:21-22. Ese es el estado del mundo hoy. Al confesarnos sabios, nos hemos vuelto necios. Nuestros corazones se han oscurecido por la teoría de la evolución, que nos hizo dudar de la existencia de Dios.

Hemos abandonado el temor del Señor y hemos seguido el lema de NIKE: “¡Simplemente hazlo!”. Como no quisimos retener a Dios en nuestro conocimiento, Dios nos ha entregado a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”, Romanos 1:28. Como resultado, Dios ha pronunciado juicio sobre nosotros. El apóstol Pablo explica claramente nuestra situación en el resto de Romanos 1:29-32:

“Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Salmo 14:2 “El Señor miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había alguien que entendiera y buscara a Dios”.

Dios nos llama diariamente a buscarlo. Él dice: “Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:6-7). No pierdas la oportunidad de buscar a Dios. La misericordia de Dios es abundante.

Debemos estar dispuestos a abandonar las ideas falsas, las cosmovisiones falsas y los malos hábitos. El Señor continúa diciendo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos… Porque como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:7-8). Si creemos que podemos vivir sin Dios en la ecuación, nos equivocamos.

Dios promete que si lo buscamos, lo encontraremos, si lo buscamos con todo nuestro corazón. Jeremías 29:13. En 2 Crónicas 7:14 leemos: «Si mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra». 

¿Queremos que nuestra tierra sane? Entonces debemos humillarnos y reconocer que no podemos resolver el problema con nuestro propio entendimiento. A continuación, debemos orar e invocar la ayuda de Dios. Necesitamos buscar su rostro y apartarnos de nuestros malos caminos. El problema es que no seguimos las directrices de Dios, y eso es lo que encontramos en el siguiente versículo del salmo.

Salmo 14:3 «Todos se desviaron, a una se inmundos; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno».

Ese es el lamentable estado del mundo actual. Nos volvemos cada vez más inmundos en nuestra descarada desobediencia a Dios, sus caminos y sus mandamientos, como leímos antes en la epístola de Pablo. ¿Qué nos llevará a desesperarnos y buscar el rostro de Dios? ¿Debe caer la calamidad antes de que nos arrepintamos y busquemos a Dios? ¿Debe estallar una nueva revolución y millones morir en holocausto antes de que clamemos a Dios por misericordia?

Salmo 14:4: "¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comieran pan, y no invocan al Señor?"

Los hombres malvados y engañadores van de mal en peor, engañando y siendo engañados, como predijo el apóstol Pablo (2 Timoteo 3:13). Estos son los grandes hombres de la tierra que con sus hechicerías engañan a todas las naciones (Apocalipsis 18:23). Jesús incluso advirtió que el engaño sería tan grande que incluso sus elegidos correrían el riesgo de ser engañados (Mateo 24:24). 

Salmo 14:5 “Allí temblaron de miedo; porque Dios está en la generación de los justos.”

Algunos del pueblo de Dios están conscientes de lo que está sucediendo. Dan la alarma. Denuncian la maldad. Defienden la verdad. Caminan en el temor del Señor y, por lo tanto, son sabios y tienen los ojos abiertos.

Salmo 14:6 “Habéis avergonzado el consejo de los pobres, porque el Señor es su refugio.”

Una y otra vez, Dios advierte a los hombres que somos responsables de los pobres que nos rodean. En Escritura tras Escritura, Dios nos exhorta a considerar y cuidar de los pobres. Dios nos juzgará por nuestra falta de cuidado y ayuda a los pobres en nuestras comunidades. Debemos ser defensores de los pobres y de sus necesidades.

Salmo 14:7 “¡Oh, si de Sión viniera la salvación de Israel! Cuando el Señor haga volver a su pueblo del cautiverio, Jacob se alegrará, y se alegrará Israel.”

El salmista termina con una nota positiva. La salvación, en efecto, ha surgido de Sión por medio de Jesucristo. Podemos regocijarnos y alegrarnos en Él, nuestro Salvador. Él es nuestro Redentor y nuestra esperanza. En Él confiamos. En Él esperamos redención y salvación, como previó Isaías: «Y en aquel día surgirá la raíz de Jesé (Jesé fue el padre de David, de quien descendería el Mesías), la cual estará puesta por pendón (o señal) a los pueblos; a ella (o a Él) acudirán las naciones (tú y yo); y su descanso será glorioso». Isaías 11:11.

La victoria se acerca. La luz vendrá después de la oscuridad de estos días. Jesús regresará, pondrá fin a las guerras y traerá mil años de paz a la tierra. Él es nuestra paz y ha derribado los muros que nos dividen para que podamos vivir en armonía.

Publicado originalmente el 10 de octubre de 2024.

Psalm 14 - The Fool Has Said in His Heart, There Is No God!

 

A Psalm of David

Psalm 14:1 “The fool has said in his heart, There is no God. They are corrupt, they have done abominable works, there is none that does good.”

Dennis Edwards: Here we see the characteristics of a fool. First, he says there is no God. Right out of the gate his thinking is wrong and he has no justification for any of his conclusions. If there is no God, no Creator, then man is the result of blind random evolutionary forces. If such is the case, C.S. Lewis concluded, we have no reason to believe our thinking or reasoning is correct. Evolutionary processes do not give us sound reasons for our ability to think, to reason, to why we have consciousness. A Divine Mind, a Creator-God, however, does give us a reason to believe that our reasoning is sound.

The Biblical history says that the Divine Mind created us in His image and placed within us the ability to think, to reason, to decide good from evil, and right from wrong. If we are created by a Divine Being who is good and loving, which is what He claims in the Scared writings, then that would justify why we have the faculty of reason and of consciousness, of judging and of analyzing. 

However, in the naturalistic worldview where all is matter and energy, we find no good justification for why we have the ability to reason, nor where consciousness comes from, nor why we ought to do anything. Therefore, by rejecting God, the author of reason, consciousness, and morality, we have no justification for where our reasoning, consciousness, and morality come from. 

In the book of Proverbs, Solomon writes, “The fear of the Lord is the beginning of knowledge: but fools despise wisdom and instruction,” Proverbs 1:7. “The fear of the Lord is the beginning of wisdom: and knowledge of the holy is understanding,” Proverbs 9:11. Belief in God is the starting point for correct thinking. That is why Saint Augustine wrote, “Seek not to understand that you might believe, but rather, seek to believe that you might understand.” 

Belief in God the Creator of the universe is the key to a proper understanding of life, it’s origins and purpose. Belief in God gives us humility. We know that we did not creator ourselves. We give obeisance to the Divine Power and acknowledge our dependence on Him for our existence and substance. The world says, “I think, therefore, I am.” God says, “I am, therefore, you think.”

If there is no God, wrote Dostoevsky, then everything is permissible. We would be justified to follow the infamous NIKE slogan, “Just Do It!” In other words, don’t worry about that God figure you were taught about. He’s not real anyway. Have sex with whom you want. Do what you want. “Just Do It!”

God, however, says, “Don’t do it,” unless it is loving and true, and in accordance to God’s character and mandates. We have failed in that point. That’s why we are as guilty as Adam and Eve were. We knew we should do good, but we wilfully did evil, because we wanted to fulfil our own appetites. The Bible calls it, “the pleasure of sin for a season,” or “the lusts of the flesh.”

That’s where that Redeemer guy comes in. Out of love for us and our sad predicament, He comes into the world that He created, as a normal human being like you or I. He disguises His Divinity and walks among us as one of us. Though His birth and the events of His life have been predicted hundreds of years previously and recorded in the Sacred writings, we reject Him when He manifests Himself to us. Rather than fall at His feet and worship Him, we desire that a murderer and robber be freed and allow the Innocent and the Just to die the cruel death of a criminal.

However, three days later, as He foretold, He rises from the dead, confirming all that He had said and done as true. He told us, “Every one that hears these sayings of mine, and does them not, shall be likened unto a foolish man, which built his house upon the sand. And the rain descended, and the floods came, and the winds blew, and beat upon that house; and it fell: and great was the fall of it,” Matthew 7:26-27.

The rains are descending. The floods are coming. The winds are blowing. Unless our house, our belief system, how we live our lives, is founded on the rock of God’s word, on the truth that there is a God who created us, and we have not created ourselves or come from some naturalistic evolutionary process, unless the God of the Bible is true and we follow Him diligently; our lives, our houses, our society will come crashing down by the winds, rains, and floods created by our own disbelief in Him. If not God, then chaos. If we won’t wilfully be governed by God, we will be governed by tyrants. “If the foundations be destroyed, what will the righteous do?” Psalms 11:3.

Months and months before the French Revolution anti-god propaganda was distributed to the masses by the form of radicle pamphlets. These articles were distributed and propagated through the masonic lodges throughout France. The Frenchmen was soundly radicalized by the underground literature which exposed the hypocrisy and corruption of the ruling class and the Church. 

When the bells finally tolled for action, the Frenchman rose up against his rulers and some 17,000 heads rolled on the guillotines in 11 months. Men and women went to their deaths at the tune of 54 a day for 11 months. Even if you were just associated with the ruling class or the church your life was in jeopardy.

Similar events happened in Russia in October Revolution of 1917. If there is no God, then everything is permissible. If we have no fear of God and an ultimate judgment for our actions, if we believe we created ourselves and can do as we want, we are doomed to destruction. 

Solomon concluded, “Fear God and keep His commandments: for this is the whole duty of man,” Ecclesiastes 12:13b. “But the natural man, (the man who believes there is no God and that we have come from blind evolutionary natural forces), receives not the things of the Spirit of God: for they are foolishness unto him: neither can he know them, because they are spiritually discerned,” 1 Corinthians 2:14.

“Because that, when they knew God, they glorified Him not as God, neither were thankful: but became vain in their imaginations (or thinking process), and their foolish heart was darkened. Professing themselves to be wise, they became fools,” Romans 1:21-22. That is the state of the world today. Confessing ourselves to be wise, we have become fools. Our hearts have been darkened by the theory of evolution which has caused us to doubt God’s existence. 

We have abandoned the fear of the Lord and followed NIKE’s slogan, “Just Do It!” Because we did not like to retain God in our knowledge, God has given us over to a reprobate mind, to do things that are not convenient,” Romans 1:28. As a result, God has pronounced judgment upon us. Apostle Paul explains clearly our predicament in the rest of Romans 1:29-32.

“Being filled with all unrighteousness, fornication, wickedness; full of envy, murder, strife, deceit, malignity; whisperers, backbiters, haters of God, despiteful, proud, boasters, inventors of evil things, disobedient to parents, without understanding, covenant-breakers, without natural affection, implacable, unmerciful: who knowing the judgment of God, that they which commit such things are worthy of death, not only do the same, but have pleasure in them that do them.”

Psalm 14:2 “The Lord looked down from heaven upon the children of men, to see if there were any that did understand, and seek God.”

God is calling us daily to seek Him. He says, “Seek ye the Lord while he can be found, call ye upon Him while He is near. Let the wicked forsake his way, and the unrighteous man his thoughts: and let him return unto the Lord, and he will have mercy upon him; and to our God, for He will abundantly pardon,” Isaiah 55:6-7. Don’t lose the opportunity to seek God. God’s mercy is abundant. 

We need to be willing to put down false ideas, false worldviews, and forsake bad habits. The Lord goes on to say, “For My thoughts are not your thoughts, neither are your ways My ways….For as the heavens are higher than the earth, so are my ways higher than your ways, and My thoughts than your thoughts,” Isaiah 55:7-8. If we think we can figure out life without God in the equation, we are wrong.

God promises that if we seek Him, we shall find Him, if we search for Him with all our hearts. Jeremiah 29:13. In 2 Chronicles 7:14 we read, “If my people, who are called by my name, will humble themselves and pray and seek My face and turn from their wicked ways, then I will hear from heaven, and I will forgive their sin and will heal their land.” 

Do we want our land to be healed? Then we must humble ourselves, and admit that we can’t solve the problem in our own understanding. Next, we need to pray and call upon God for His help. We need to seek His face and turn from our wicked ways. The problem is that we won’t follow God’s guidelines, and that’s what we find in the next verse in the psalm.

Psalm 14:3 “They are all gone aside, they are all together become filthy; there is none that does good, no, not one.”

That’s the sorry state of the world today. More and more we are becoming filthy in our brazen disobedience to God, His ways, and His commandments, like we read earlier form Paul’s epistle. What will it take us to get desperate and seek God’s face? Must calamity fall before we repent and seek after God? Must a new revolution take place and millions die in holocaust before we cry out to God for mercy?

Psalm 14:4 “Have all the workers of iniquity no knowledge, who eat up My people as they eat bread, and call not upon the Lord?”

Evil men and seducers are waxing worse and worse deceiving and being deceived, as Apostle Paul predicted. 2 Timothy 3:13. These are the great men of the earth who by their sorceries are deceiving all the nations, Revelation 18:23. Jesus even warned that the deception would be so great that even His elect would risk being taken in, Matthew 24:24.

Psalm 14:5 “There were they in great fear; for God is in the generation of the righteous.”

Some of God’s people are awake to what is happening. They are shouting the alarm. They are calling out wickedness. They are standing for truth. They are walking in the fear of the Lord, and therefore, they are wise and have their eyes opened.

Psalm 14:6 “Ye have shamed the counsel of the poor, because the Lord is his refuge.”

Over and over God warns men that we are responsible for the poor in our midst. In Scripture after Scripture, God admonishes us to consider and care for the poor. God will judge us for our lack of caring for and helping the poor in our communities. We should be advocates for the poor and his needs.

Psalm 14:7 “Oh that the salvation of Israel were come out of Zion! When the Lord brings back the captivity of His people, Jacob shall rejoice, and Israel shall be glad.”

The psalmist ends on a positive note. Salvation has in deed come out of Zion through Jesus Christ. We can rejoice and be glad in Him our Saviour. He is our Redeemer and our hope. In Him do we trust. In Him do we look for redemption and salvation, as Isaiah foresaw, “And in that day there shall be a root of Jesse (Jesse was the father of David of whom the Messiah would be a descendant), which shall stand for an ensign (or signal) of the people; to it (or to Him) shall the Gentiles (you and me) seek: and his rest shall be glorious.” Isaiah 11:11. 

Victory is coming. Light will come after the darkness of these days. Jesus shall return and stop the wars and bring in a thousand years of peace on earth. He is our peace and has broken down the walls that divide us so we can live in harmony one with another.

Originally published October 10, 2024. 


Copyright © Fight for Your Faith