Salmo 69 - Parte 2 - Comentarios de Dennis Edwards - Volver a Parte 1
Salmo 69:16-18 EscĆŗchame, oh JehovĆ”, porque tu misericordia es grande; vuĆ©lvete a mĆ conforme a la multitud de tus piedades. No escondas tu rostro de tu siervo, porque estoy angustiado; óyeme pronto. AcĆ©rcate a mi alma y redĆmela; lĆbrame de mis enemigos.
El EspĆritu Santo guĆa a David en la oración y nos deja un ejemplo de cómo interceder ante Dios en nuestros momentos de desesperación.
Salmo 69:19-20 Tú has conocido mi oprobio, mi vergüenza y mi deshonra; todos mis adversarios estÔn delante de ti. El oprobio me ha quebrantado el corazón, y estoy lleno de angustia; busqué a alguien que me compadeciera, pero no lo hubo; busqué consoladores, pero no los hallé.
JesĆŗs, en el huerto, buscó a sus discĆpulos para que lo acompaƱaran en oración, pero sus ojos se cansaron y se durmieron. En la cruz, JesĆŗs pudo haber tenido la misma experiencia. Dios tuvo que permitir que JesĆŗs muriera como pecador, para que fuera un Sumo Sacerdote compasivo, compadecido de nuestras debilidades, tentado en todo como nosotros, pero sin pecado (Hebreos 4:15).
El apóstol Pablo cita el versĆculo 20 en su carta a los Romanos, diciendo que los fuertes debemos soportar las debilidades de los dĆ©biles y no buscar nuestro propio placer: «Porque ni siquiera Cristo se complació a sĆ mismo; sino que, como estĆ” escrito: “Los insultos de los que te insultaban cayeron sobre mĆ”» (Romanos 15:3).
Salmo 69:21: «Me dieron hiel por comida, y en mi sed me dieron vinagre a beber».
Este versĆculo se considera profĆ©tico de Cristo. En Mateo 27:47-48 encontramos: «Algunos de los que estaban allĆ, al oĆr que JesĆŗs habĆa clamado: “Dios mĆo, Dios mĆo, ¿por quĆ© me has abandonado?” (Salmo 22, profecĆa de su crucifixión), dijeron: “Este hombre llama a ElĆas”. Y enseguida uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre (vino agrio que adormecĆa el dolor), la puso en una caƱa y se la dio de beber».
La siguiente sección del Salmo podrĆa ser profĆ©tica de lo que les sucederĆa a los enemigos de Cristo. JesĆŗs habĆa orado para que Dios perdonara a los guardias romanos que lo crucificaban. Sin embargo, tal vez la siguiente sección de la oración de David refleje los deseos del MesĆas respecto a los rĆ©probos impenitentes.
Salmo 69:22-25: «Que su mesa se convierta en una trampa para ellos; y lo que deberĆa ser para su bienestar, que se convierta en una redada». Que sus ojos se oscurezcan para que no vean, y que sus lomos tiemblen continuamente. Derrama sobre ellos tu indignación, y que tu ira se apodere de ellos. Que su morada quede desolada, y que nadie habite en sus tiendas.
En el aƱo 70 d. C., unos 40 aƱos despuĆ©s de su muerte, Tito y las legiones romanas destruyeron el templo y JerusalĆ©n. Los lĆderes judĆos perdieron su posición y su patria como resultado de condenar a su propio MesĆas.
Salmo 69:26 Porque persiguen a aquel a quien tĆŗ heriste, y hablan del dolor de aquellos a quienes hiriste.
En IsaĆas 53:4 encontramos: «Ciertamente llevó Ć©l nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y afligido». JesĆŗs llevó nuestros dolores y sufrimientos en la cruz. Fue herido por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades. Nuestro castigo cayó sobre Ćl.
David, como prototipo de Jesús, parece poner en boca de Jesús una oración de condenación contra sus enemigos.
Salmo 69:27-28: «AƱade iniquidad a la iniquidad de ellos, y no les permitas entrar en tu justicia. Sean borrados del libro de los vivos, y no sean inscritos con los justos».
En Apocalipsis 20:11-15 encontramos la descripción del Juicio del Gran Trono Blanco que tendrĆ” lugar despuĆ©s del Milenio. En ese momento, aquellos que no resucitaron en el primer rapto serĆ”n juzgados. “Y vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en Ć©l, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeƱos, de pie ante Dios; y se abrieron los libros, y se abrió otro libro, que es el libro de la vida; y los muertos fueron juzgados por las cosas que estaban escritas en los libros, segĆŗn sus obras. Y el mar entregó los muertos que estaban en Ć©l; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados cada uno segĆŗn sus obras. Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la segunda muerte. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.”
Tanto David como JesĆŗs oraron para que Dios juzgara con justicia a los impĆos por su maldad.
Salmo 69:29 Pero yo soy pobre y afligido; que tu salvación, oh Dios, me exalte.
A diferencia de los malvados que se regodean en su maldad, David es humilde, quebrantado y depende de Dios para su salvación. Es pobre y afligido, «no rico ni próspero, ni necesitado de nada» (Apocalipsis 3:17).
Salmo 69:30: «AlabarĆ© el nombre de Dios con cĆ”nticos, y lo glorificarĆ© con acción de gracias».
Dios nos ha dicho que habita, o que su presencia reside, en las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3). Nos ha dicho que entremos en su presencia con acción de gracias y alabanza (Salmo 100:4).
Salmo 69:31: «Esto agradarĆ” al SeƱor mĆ”s que un buey o un toro con cuernos y pezuƱas».
AquĆ vemos, en boca de David, miles de aƱos antes de Cristo, la verdad de que Dios se complace mĆ”s en la condición de nuestro corazón, en nuestra actitud hacia Ćl y hacia los demĆ”s, que en la ostentación externa de sacrificios y ofrendas.
JesĆŗs dijo en Juan 5:24: «Dios es EspĆritu; y los que le adoran, en espĆritu y en verdad es necesario que le adoren» (Juan 4:24).
Salmo 69:32-33: «Esto verĆ”n los humildes y se alegrarĆ”n; y vivirĆ” vuestro corazón, vosotros que buscĆ”is a Dios. Porque el SeƱor oye a los pobres y no desprecia a sus cautivos».
Cuando los humildes y los pobres vean el juicio de los impĆos, se regocijarĆ”n.
Salmo 69:34 Que los cielos y la tierra lo alaben, los mares y todo lo que en ellos se mueve.
Apocalipsis 4:11 «Digno eres, SeƱor, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tĆŗ creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas».
Salmo 69:35-36 Porque Dios salvarĆ” a Sion y reedificarĆ” las ciudades de JudĆ”, para que habiten en ella y la posean.
Este es uno de los versĆculos que los sionistas cristianos o judĆos utilizan para reclamar el derecho a toda la tierra prometida a los descendientes de Abraham, desde el Nilo hasta el Ćufrates. Desde 1948, el pueblo judĆo ha regresado a Palestina y reconstruido las ciudades de JudĆ”. Creen que es su derecho divino poseer la tierra y que pueden usar cualquier medio posible para ejercer ese derecho, incluso quebrantando las leyes de Dios en el proceso. La manera en que los inmigrantes judĆos han desplazado a los antiguos ocupantes de Palestina y los han tratado con crueldad ha disgustado a Dios y a la comunidad internacional.
Salmo 69:36: «La descendencia de sus siervos la heredarĆ”; y los que aman su nombre habitarĆ”n en ella».
¿Se refiere este versĆculo al perĆodo del Milenio posterior a la dispensación actual? Los sionistas lo usarĆ”n como prueba bĆblica adicional de su derecho a heredar la tierra. Pero, ¿son realmente sus siervos? ¿Siguen sus preceptos? ¿Han aceptado a su Hijo, el MesĆas ungido anunciado en las Escrituras? JesĆŗs, el apóstol Pablo y Charles Spurgeon coinciden en que solo hay un Israel: aquellos que creen en el nombre del Hijo unigĆ©nito de Dios. GĆ”latas 4:26,28-29 “Porque todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo JesĆŗs. … Ya no hay judĆo ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer, porque todos sois uno en Cristo JesĆŗs. Y si sois de Cristo, entonces sois descendientes de Abraham y herederos segĆŗn la promesa.”
Romanos 8:17 “Y si somos hijos, tambiĆ©n somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos con Ć©l, para que juntamente con Ć©l seamos glorificados.”
Filipenses 1:29 “Porque a vosotros os ha sido concedido por causa de Cristo, no solo creer en Ć©l, sino tambiĆ©n padecer por Ć©l.”
No se trata solo de creer, sino de hablar en favor de JesĆŗs en asuntos de verdad y amor. JesĆŗs dijo: “Por tanto, cualquiera que se avergüence de mĆ y de mis palabras en esta generación adĆŗltera y pecadora; «TambiĆ©n el Hijo del Hombre se avergonzarĆ” de Ć©l cuando venga en la gloria de su Padre con los santos Ć”ngeles», Marcos 9:38.
Creer significa absorber las palabras y el espĆritu de JesĆŗs para que se unan a nosotros. Si creemos, nos mantendremos firmes y seremos contados. Defenderemos la verdad. Nos opondremos a la injusticia. Nos mantendremos firmes en el poder del amor por la verdad del Evangelio en todo lo que hacemos y decimos. Como el apóstol Pablo exhortó a sus discĆpulos: «Es necesario que a travĆ©s de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios», Hechos 14:22b. Si defendemos a JesĆŗs, la verdad y el amor, «sufriremos persecución».
