Dennis Edwards
¿EstĆ”s entrando en la etapa de la vejez? ¿Las cosas no han salido como esperabas y no tienes nada reservado para los dĆas de jubilación? ¿Te has distanciado de tu familia y amigos, y te preguntas quiĆ©n te ayudarĆ” mientras recorres el camino hacia la muerte? No temas. Dios ha prometido suplir todas tus necesidades conforme a sus riquezas y gloria, y no segĆŗn los planes humanos, que a menudo se desvĆan. Leamos el Salmo 71 y reflexionemos sobre la bondad de Dios. Meditemos en sus promesas seguras y recibamos fe y esperanza para el futuro, por muy sombrĆo que parezca en este momento.
Salmo 71:1 «En ti, oh SeƱor, he puesto mi confianza; no sea yo jamĆ”s avergonzado».
Es interesante que el salmo utilice la palabra «confusión» (o vergüenza/desconcierto). Podemos sentirnos tentados a experimentar confusión al mirar hacia el futuro con todas sus incertidumbres. QuizĆ”s miremos atrĆ”s y lamentemos las decisiones de nuestra juventud, pero la Palabra de Dios nos dice: «olvidando ciertamente lo que queda atrĆ”s, y extendiĆ©ndome a lo que estĆ” delante» (Filipenses 3:14). No podemos cambiar el pasado, pero sĆ podemos decidir confiar en Dios en el presente; al confiar en Ćl ahora, podemos cambiar nuestro rumbo actual y nuestro destino final. El futuro es tan brillante como las promesas de Dios, sin importar lo que haya sucedido o lo que vaya a suceder. Dios no es autor de confusión, sino de paz. Ćl promete impartirnos su paz a medida que permanecemos en Ćl mediante la oración, la meditación y la obediencia a su Palabra.
«TĆŗ guardarĆ”s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (IsaĆas 26:3). «En descanso y en reposo serĆ©is salvos; en quietud y confianza serĆ” vuestra fortaleza» (IsaĆas 30:15b).
Si te sientes confundido y desesperado por el presente o el futuro, dedica tiempo a estar con Dios. JesĆŗs dijo: «Venid a mĆ todos los que estĆ”is trabajados y cargados (y confundidos y desesperados), y yo os harĆ© descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mĆ, que soy manso y humilde de corazón; y hallarĆ©is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fĆ”cil, y ligera mi carga», Mateo 11:28-30.
Dios tiene una solución. No te desanimes ni caigas en la confusión del corazón y la mente. Ven a los brazos de JesĆŗs, donde hallarĆ”s descanso para tu alma. Ćl te guiarĆ” a travĆ©s de la tormenta y traerĆ” la solución que buscas. Pon tu mirada en Ćl.
Salmo 71:2 «LibĆ©rame en tu justicia y hazme escapar; inclina tu oĆdo hacia mĆ y sĆ”lvame».
Dios ha prometido salvarnos. Ha prometido escucharnos cuando clamamos a Ćl. Lo Ćŗnico que debemos hacer es pasar tiempo con Ćl en oración y en tranquila meditación sobre su Palabra. Necesitamos dedicar tiempo a contar nuestras bendiciones y a dar gracias. «He aquĆ que no se ha acortado la mano del SeƱor para salvar, ni se ha agravado su oĆdo para oĆr», IsaĆas 59:1. Leamos otra promesa de IsaĆas.
«Ćl da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en el SeƱor tendrĆ”n nuevas fuerzas; levantarĆ”n alas como las Ć”guilas; correrĆ”n, y no se cansarĆ”n; caminarĆ”n, y no se fatigarĆ”n», IsaĆas 40:29-31.
Es al acudir a JesĆŗs, al esperar en Ćl en oración y reflexión silenciosas, y al leer su Palabra, como encontraremos la fortaleza que necesitamos para hoy, asĆ como la fe y la esperanza para el maƱana.
Salmo 71:3 «SĆ© para mĆ una roca de refugio, adonde pueda acudir continuamente; tĆŗ has dado el mandamiento de salvarme, porque tĆŗ eres mi roca y mi fortaleza».
El apóstol Pablo nos ha enseƱado que el SeƱor JesĆŗs es la Roca, el fundamento firme de nuestra fe, la piedra angular que los edificadores —los lĆderes religiosos judĆos— rechazaron. Asimismo, el apóstol Pedro escribió:
1 Pedro 2:6-10 «Por lo cual tambiĆ©n contiene la Escritura: He aquĆ, pongo en Sion la principal piedra del Ć”ngulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no serĆ” avergonzado. Para vosotros, pues, los que creĆ©is, ella es preciosa; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser cabeza del Ć”ngulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron tambiĆ©n destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciĆ©is las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Salmo 71:4-6 «LĆbrame, Dios mĆo, de manos del impĆo, de manos del hombre perverso y violento. Porque tĆŗ, oh SeƱor Dios, eres mi esperanza, mi seguridad desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; tĆŗ eres el que me sacó de las entraƱas de mi madre; de ti serĆ” siempre mi alabanza».
Dios es nuestro Creador y, por tanto, debemos «ofrecer continuamente a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15b).
Salmo 71:7 «Para muchos he sido como un prodigio, pero TĆŗ eres mi refugio seguro».
El SeƱor es un refugio seguro para quienes confĆan en Ćl. Ćl dice: «Yo soy tu refugio y tu fortaleza, tu pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo 46:1). «Porque has sido fortaleza para el pobre, fortaleza para el necesitado en su angustia, refugio contra la tormenta, sombra contra el calor» (IsaĆas 25:4a). Nuestro Dios no estĆ” lejos. Si le buscamos, le encontraremos, pues en «Ćl vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17:28).
Salmo 71:8 «Que mi boca se llene de tu alabanza y de tu honra durante todo el dĆa».
Pues: «Desde donde sale el sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del SeƱor» (Salmo 113:3). La alabanza es la victoria. Es mediante la alabanza y la acción de gracias como entramos en la presencia de Dios. Si queremos que Ćl permanezca con nosotros a lo largo del dĆa, el fruto de nuestros labios debe ser la alabanza continua a su nombre.
Salmo 71:9 «No me deseches en el tiempo de la vejez; no me abandones cuando mis fuerzas fallen».
El temor a no tener cubiertas las necesidades en la vejez puede ser muy real. El miedo a quedar en la miseria o sin hogar, sin ingresos y sin nadie que ayude, es algo que sucede incluso en el mundo moderno actual.
Salmo 71:10-11 «Porque mis enemigos hablan contra mĆ, y los que acechan mi vida consultan entre sĆ, diciendo: "Dios lo ha abandonado; persĆganlo y aprĆ©senlo, pues no hay quien lo libre"».
En momentos de desesperación, podemos sentirnos abandonados por Dios, por los amigos y por la familia debido a nuestros pecados, errores y fracasos. Podemos caer en el valle del desaliento y sentirnos desamparados.
Salmo 71:12: «Oh Dios, no te alejes de mĆ; Dios mĆo, apresĆŗrate a socorrerme».
Cuando atravesamos ese valle de Baca —el valle del sufrimiento, de la sequedad espiritual o de la sensación de lejanĆa de Dios—, la situación puede parecer interminable. Puede parecer que la mano del SeƱor tarda en responder, pero no desmayes. «Aunque tarde, espĆ©ralo; porque sin duda vendrĆ”, no tardarĆ”» (Habacuc 2:3b).
Salmo 71:13-14: «Sean avergonzados y consumidos los adversarios de mi alma; sean cubiertos de oprobio y deshonra los que buscan mi mal. Pero yo esperarĆ© continuamente, y te alabarĆ© cada vez mĆ”s».
Como cristianos, nuestra esperanza constante proviene de la resurrección de Jesucristo. «Nuestra esperanza se funda nada menos que en la sangre y la justicia de JesĆŗs». Es Ćl quien nos da esperanza, y esa esperanza nos permite seguir adelante frente a las dificultades e incluso regocijarnos. «Y no solo esto, sino que tambiĆ©n nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Romanos 5:3-5a).
Salmo 71:15: «Mi boca proclamarĆ” tu justicia y tu salvación todo el dĆa, aunque no conozco su nĆŗmero».
Dios nos ha llamado a ser testigos fieles incluso hasta la muerte. «SĆ© fiel hasta la muerte, y yo te darĆ© la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10b). «No hay hombre que tenga potestad sobre el espĆritu para retener el espĆritu, ni potestad sobre el dĆa de la muerte; y no hay licencia en esa guerra» (EclesiastĆ©s 8:8). Nuestros tiempos estĆ”n en sus manos (Salmo 31:15).
Salmo 71:16: «IrĆ© con el poder del SeƱor Dios; harĆ© memoria de tu justicia, de la tuya sola».
Nuestra propia justicia es repugnante. Es como trapos de inmundicia (IsaĆas 64:6). Mediante nuestra fe en Cristo y nuestra obediencia a su palabra, Dios nos ha imputado la justicia que estĆ” en Cristo. Nos hemos revestido del SeƱor Jesucristo y estamos cubiertos con su manto de justicia. «En gran manera me gozarĆ© en el SeƱor, mi alma se alegrarĆ” en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia» (IsaĆas 61:10a).
Salmo 71:17-18: «Oh Dios, me enseƱaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares; hasta que anuncie tu poder a esta generación, y tu potencia a todos los que han de venir».
Si hemos servido fielmente al SeƱor y compartido su verdad y su amor con los perdidos, podemos esperar que Ćl tampoco nos desampare cuando seamos ancianos y tengamos canas. Ćl nos darĆ” fuerzas para seguir dando testimonio a la siguiente generación. Podemos reclamar la promesa que se encuentra en IsaĆas 46:4: «Y aun en la vejez yo serĆ© el mismo, y hasta las canas os soportarĆ© yo; yo hice, yo llevarĆ©, yo soportarĆ© y os librarĆ©».
Salmo 71:19: «Tu justicia, oh Dios, llega hasta lo alto; tĆŗ has hecho grandes cosas. Oh Dios, ¿quiĆ©n como tĆŗ?».
No hay dios semejante a nuestro Dios. Ćl es SeƱor de seƱores y Rey de reyes. «¿QuiĆ©n como tĆŗ, oh SeƱor, entre los dioses? ¿QuiĆ©n como tĆŗ, magnĆfico en santidad, terrible en maravillosas hazaƱas, hacedor de prodigios?» (Ćxodo 15:11).
Salmo 71:20: «TĆŗ, que me has hecho ver muchas angustias y males, me vivificarĆ”s de nuevo y me levantarĆ”s otra vez de las profundidades de la tierra».
Job habĆa dicho algo similar a su esposa —quien le habĆa sugerido «maldecir a Dios y morir»— cuando atravesaba su prueba. Ćl le respondió: «Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Recibiremos de Dios el bien, y no recibiremos el mal?» (Job 2:10a). A lo largo de la vida pasamos por «muchas angustias y males», pero nuestra esperanza estĆ” en la resurrección: en que Ćl «nos vivificarĆ” de nuevo y nos levantarĆ” de las profundidades de la tierra».
Job tambiĆ©n albergaba esa misma esperanza: «Yo sĆ© que mi Redentor vive, y que al final se levantarĆ” sobre la tierra; y aunque despuĆ©s de mi muerte los gusanos destruyan este cuerpo, en mi carne (nueva) verĆ© a Dios; al cual verĆ© por mĆ mismo, y mis ojos lo contemplarĆ”n, y no otro, aunque mis entraƱas se consuman dentro de mĆ» (Job 19:25-27).
JesĆŗs dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mĆ, aunque estĆ© muerto, vivirĆ”; y todo aquel que vive y cree en mĆ, no morirĆ” jamĆ”s» (Juan 11:25-26).
Nuestra esperanza proviene de la resurrección de JesĆŗs de entre los muertos. «Ćl es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, Ć©l que es el principio, el primogĆ©nito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en Ć©l habitase toda plenitud, y por medio de Ć©l reconciliar consigo todas las cosas, asĆ las que estĆ”n en la tierra como las que estĆ”n en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros tambiĆ©n, que erais en otro tiempo extraƱos y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de Ć©l; si en verdad permanecĆ©is fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habĆ©is oĆdo», Colosenses 1:18-23a.
Salmo 71:21 «AumentarĆ”s mi grandeza y volverĆ”s a consolarme».
Si somos fieles a Dios, Ćl serĆ” fiel a nosotros y suplirĆ” todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas y gloria (Filipenses 4:19). «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» (GĆ”latas 6:9).
Salmo 71:22 «Asimismo yo te alabarĆ© con instrumento de salterio, oh Dios mĆo; tu verdad cantarĆ© a ti en el arpa, oh Santo de Israel».
JesĆŗs dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). «Pues la ley por medio de MoisĆ©s fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Cuando JesĆŗs caminaba por la tierra, los demonios sabĆan y proclamaban a gritos que JesĆŗs de Nazaret era, en efecto, «el Santo de Dios». Y el espĆritu inmundo gritó: «¡DĆ©janos! ¿QuĆ© tenemos que ver contigo, JesĆŗs de Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? SĆ© quiĆ©n eres: el Santo de Dios» (Marcos 1:24 y Lucas 4:34).
JesĆŗs es el Santo de Israel mencionado en el Antiguo Testamento. «Porque tu Hacedor es tu esposo (y nosotros somos su novia); JehovĆ” de los ejĆ©rcitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra serĆ” llamado» (IsaĆas 54:5).
Salmo 71:23-24: «Mis labios se regocijarĆ”n grandemente cuando te cante, asĆ como mi alma, a la que has redimido. Mi lengua tambiĆ©n hablarĆ” de tu justicia todo el dĆa, pues han sido confundidos y avergonzados aquellos que buscan mi mal».
Al mirar atrĆ”s y repasar nuestras vidas, podemos ver que Dios nos ha guardado. Podemos regocijarnos en las victorias que Ćl nos ha concedido. En su justicia y bondad, nos ha redimido y nos ha dado la victoria sobre nuestros enemigos.
«Ćl devorarĆ” la muerte para siempre; y el SeƱor Dios enjugarĆ” las lĆ”grimas de todos los rostros; y quitarĆ” de toda la tierra la afrenta de su pueblo; porque JehovĆ” lo ha dicho. Y se dirĆ” en aquel dĆa: He aquĆ, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y Ć©l nos salvarĆ”; este es JehovĆ”, a quien hemos esperado; nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación» (IsaĆas 25:8-9).
«Regocijaos en el SeƱor siempre; otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:6). «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo JesĆŗs» (1 Tesalonicenses 5:18). «Todo lo que respira alabe a JehovĆ”. ¡Aleluya!» (Salmo 150:6).
Publicado originalmente el 21 de septiembre de 2025.
