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Sunday, August 2, 2026

Salmo 33 - Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor



Salmo 33 con comentarios de Dennis Edwards


En unos ocho manuscritos, el Salmo 32 y el Salmo 33 se encuentran como un solo salmo continuo. Por lo tanto, algunos eruditos lo consideran la segunda parte del Salmo 32, o una ampliación del Ćŗltimo versĆ­culo, donde encontramos: «Alegraos en el SeƱor, y regocijaos, justos; y cantad de alegrĆ­a todos los rectos de corazón». Algunos de los salmos anteriores parecen estar en pares, donde la idea de un salmo se continĆŗa en el siguiente, como se encuentra en los Salmos 9 y 10. El hecho de que el Salmo 33 tenga 22 versĆ­culos, lo que equivale al nĆŗmero de letras del alfabeto hebreo, lo convierte en una composición completa. [Burgh, William de; Comentario sobre el Libro de los Salmos, DublĆ­n, 1860, pĆ”g. 312.]


33:1-2 ¡Alegraos en el SeƱor, oh justos! Porque a los rectos es propia la alabanza. Alabad al SeƱor con arpa; cantad para Ć©l con salterio y decacordio.


Un tema recurrente en los Salmos es la importancia de la gratitud y la alabanza en nuestra relación con Dios. El evangelista Nick Vujicic, quien no tiene brazos ni piernas, afirma que nunca ha conocido a un hombre agradecido que estuviera amargado, ni a uno amargado que estuviera agradecido. Es una cosa o la otra. Vemos al apóstol Pablo escribiendo: «Regocijaos en el SeƱor siempre; y otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4). En Colosenses escribe:


Colosenses 4:15-17: “Y que la paz de Dios gobierne sus corazones… y sean agradecidos. Que la palabra de Cristo more en abundancia en ustedes, enseƱƔndose y amonestĆ”ndose unos a otros con salmos, himnos y cĆ”nticos espirituales, cantando con gracia en sus corazones al SeƱor. Y todo lo que hagan, de palabra o de hecho, hĆ”ganlo todo en el nombre del SeƱor JesĆŗs, dando gracias a Dios Padre por medio de Ć©l”.


En Efesios da un mensaje similar:


Efesios 5:18-20: “Y no os embriaguĆ©is con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos del EspĆ­ritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cĆ”nticos espirituales, cantando y alabando al SeƱor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a Dios Padre, en el nombre de nuestro SeƱor Jesucristo”.


Salmo 33:3: Cantadle un cƔntico nuevo; tocad con destreza a gran voz.


En el libro de Apocalipsis, encontramos a las cuatro bestias y a los veinticuatro ancianos postrÔndose y cantando un cÔntico nuevo cuando el León de la tribu de JudÔ, la Raíz de David, el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, abre el librito y desata los siete sellos (Apocalipsis 5:5).


Apocalipsis 5:9-10: «Y cantaron un cĆ”ntico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para nuestro Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra».


MÔs tarde, cuando los 144.000 santos de la tribulación llegan a los cielos, también cantan un cÔntico nuevo.


Apocalipsis 14:2-3: “Y oĆ­ una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguas, y como el sonido de un gran trueno; y oĆ­ la voz de arpistas que taƱeban sus arpas; y cantaban como un cĆ”ntico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podĆ­a aprender el cĆ”ntico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.”


Salmo 33:4: “Porque la palabra del SeƱor es recta, y todas sus obras son hechas con verdad.”


La palabra de Dios es recta y verdadera. A lo largo del Antiguo Testamento encontramos que Dios es fiel a su palabra.


Salmo 119:160: “Tu palabra es verdad desde el principio, y cada uno de tus justos juicios permanece para siempre.”


NĆŗmeros 23:19 “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Lo dijo, y no lo harĆ”? ¿O habló, y no lo cumplirĆ”?”


JosuĆ© 23:14b “Ninguna de las buenas cosas que el SeƱor vuestro Dios habló acerca de vosotros ha fallado; todas os han sucedido, y ninguna ha fallado.”


IsaĆ­as 34:16 “Buscad en el libro del SeƱor y leed: Ninguno de ellos fallarĆ”, ni faltarĆ” su compaƱera; porque mi boca lo ha ordenado, y su EspĆ­ritu los ha reunido.”


En el Nuevo Testamento, JesĆŗs se llama a sĆ­ mismo “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Ɖl dice que si perseveramos en sus palabras, conoceremos la verdad, y la verdad nos harĆ” libres (Juan 8:31-32). Justo antes de morir, dijo que irĆ­a al Padre, pero que enviarĆ­a al EspĆ­ritu Santo, quien nos guiarĆ­a a toda la verdad (Juan 16:13).


El apóstol Pablo nos advierte que el mayor don espiritual es el amor, y que el amor se regocija en la verdad (1 Corintios 13:6). Nos dice que debemos hablar la verdad con amor (Efesios 4:15).


Salmo 33:5-9 Ɖl (Dios) ama la justicia y el juicio; de la bondad del SeƱor estĆ” llena la tierra. Por la palabra del SeƱor fueron hechos los cielos, y todo su ejĆ©rcito por el aliento de su boca. Ɖl reĆŗne las aguas del mar como un montón; Ɖl almacena las profundidades en depósitos. Tema al SeƱor toda la tierra; teman ante Ć©l todos los habitantes del mundo. Porque Ć©l habló, y fue hecho; Ć©l mandó, y existió.


En GĆ©nesis 1, vemos que Dios creó el mundo con su palabra, y era bueno. En Juan 1, encontramos que el Verbo estaba en el principio con Dios y por el Verbo fueron hechas todas las cosas, «y sin Ć©l nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:1-3). Ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad (Juan 1:14). Su nombre era Jesucristo, el unigĆ©nito del Padre.


Las epĆ­stolas del Nuevo Testamento nos dan la misma idea.


Colosenses 1:16-17: “Porque en Ć©l (JesĆŗs) fueron creadas todas las cosas, las que estĆ”n en los cielos y las que estĆ”n en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Ć©l y para Ć©l; y Ć©l es antes de todas las cosas, y en Ć©l todas las cosas subsisten.”


Hebreos 1:1-3: “Dios, habiendo hablado en otro tiempo y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos Ćŗltimos dĆ­as nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien designó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sĆ­ mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”


Salmo 33:10-11 El Señor frustra el consejo de las naciones; invalida las maquinaciones de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.


De igual manera, en Proverbios leemos:


Proverbios 19:21: «Muchas maquinaciones hay en el corazón del hombre; sin embargo, el consejo del SeƱor permanecerĆ”».


Finalmente, el SeƱor reinarĆ” por mil aƱos y luego por la eternidad. Lo que Dios ha dicho se cumplirĆ”. JesĆŗs dijo: «El cielo y la tierra pasarĆ”n, pero mis palabras no pasarĆ”n» (Mateo 24:35).


IsaĆ­as 14:27: «Porque el SeƱor de los ejĆ©rcitos lo ha determinado, ¿y quiĆ©n lo invalidarĆ”? Y su mano extendida, ¿y quiĆ©n la revocarĆ”?».


Salmo 33:12: «Bienaventurada la nación cuyo Dios es el SeƱor, y el pueblo que Ć©l escogió como heredad para sĆ­». Como explicó el apóstol Pablo en su epĆ­stola a los GĆ”latas: «Y si sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois y herederos segĆŗn la promesa» (GĆ”latas 3:29). TambiĆ©n escribió: «El EspĆ­ritu mismo da testimonio a nuestro espĆ­ritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, tambiĆ©n herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Romanos 8:16-17a).


Todos los que creen y obedecen a Jesucristo son la nación de Dios, sin importar en quĆ© nación de la tierra vivan. Somos hijos de la promesa, como Isaac, no hijos de la carne, como Ismael. Como aclaró Pablo: «Los que son hijos de la carne no son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son contados como descendientes» (Romanos 9:8).


El EspĆ­ritu de Dios llama a toda la humanidad a arrepentirse y a entrar en el rebaƱo del verdadero Pastor. Toda la humanidad, cada persona, es llamada de alguna manera. JesĆŗs dijo: “Muchos son llamados, pero pocos escogidos” (Mateo 22:14). Tan pocos eligen Su camino, “porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14).


Salmo 33:13-15 El SeƱor mira desde el cielo; contempla a todos los hijos de los hombres. Desde su morada, contempla a todos los habitantes de la tierra. Forma sus corazones por igual; considera todas sus obras.


Dios observa. Por eso, “El temor del SeƱor es el principio del conocimiento” (Proverbios 1:7).


Salmo 33:16-19 No hay rey ​​salvo por la multitud de un ejĆ©rcito; el valiente no se libra por mucha fuerza. Vano es el caballo para salvarse; ni con mucha fuerza librarĆ” a nadie. He aquĆ­, el ojo del SeƱor estĆ” sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia; Para librar sus almas de la muerte y mantenerlos con vida en tiempos de hambre.


Dios es nuestra verdadera fortaleza, nuestro refugio, nuestro protector, nuestro salvador. «Es mejor confiar en el SeƱor que confiar en el hombre», Salmo 118:8, el versĆ­culo central de la Biblia. Es mejor confiar en el SeƱor que confiar en cualquier otra cosa para protegernos y salvarnos. Nuestra obediencia a Dios es nuestra mejor protección contra el mal.


Salmo 33:20-22 Nuestra alma espera en el SeƱor: Ɖl es nuestra ayuda y nuestro escudo. Porque nuestro corazón se regocijarĆ” en Ɖl, porque hemos confiado en su santo nombre. Que tu misericordia, oh SeƱor, estĆ© con nosotros, conforme a nuestra esperanza en Ti.


Oración: Señor, Tú eres nuestro escudo y nuestro socorro en tiempos de necesidad. Te pedimos que nos guíes y guíes por el camino que deseas que andemos. Tú eres nuestra esperanza, ayúdanos a seguirte de cerca. Que tu misericordia y verdad nos guíen y nos mantengan en el camino que tienes preparado para nosotros. Protégenos de las trampas del maligno. Acompaña a nuestros seres queridos. Que los acerques a ti día a día. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.


Publicado originalmente el 3 de febrero de 2025  La Voz Diaria - 3 de febrero

Saturday, August 1, 2026

Salmo 32 - La Bendición del Perdón


Salmo 32. Un Salmo de David con Comentarios de Dennis Edwards

32:1-2 Bienaventurado aquel cuya transgresión es perdonada, y cuyo pecado es cubierto. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.

David había pecado en el caso de Betsabé. Sus deseos sexuales llevaron a la muerte de Urías, el esposo de Betsabé. David intentó ocultar su pecado. Hizo que Urías muriera en batalla a propósito por fuego enemigo al retirarle su protección. El Salmo 51 describe el lamento y arrepentimiento de David ante el Señor al ser descubierto por el profeta NatÔn. La situación se detalla en 2 Samuel 11 y 12. Tradicionalmente, el Salmo 32 es otro salmo de arrepentimiento relacionado con el incidente de Urías y Betsabé.

Salmo 32:3-4. Mientras callé, mis huesos se envejecieron en mi gemir todo el día. De día y de noche tu mano se agravó sobre mí; mi verdor se ha convertido en sequedad de verano. Selah.

En el Antiguo Testamento leemos:

Proverbios 28:13: «El que encubre sus pecados no prosperarĆ”; mas el que los confiesa y se aparta alcanzarĆ” misericordia».

En Hebreos encontramos:

Hebreos 12:11: «Es cierto que ningĆŗn castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, despuĆ©s da fruto apacible de justicia a los que en Ć©l se ejercitan».

David ocultó su pecado. No fue hasta que el profeta NatĆ”n vino y lo expuso que se arrepintió y confesó. Sin duda, Dios habĆ­a estado obrando en Ć©l, como vemos en el salmo: «Mi verdor se ha convertido en sequedad de verano». Leamos el relato de Samuel.

2 Samuel 12:7-14 “Y NatĆ”n dijo a David: «TĆŗ eres aquel hombre. AsĆ­ dice el SeƱor, Dios de Israel: Yo te ungĆ­ rey sobre Israel y te librĆ© de la mano de SaĆŗl; te di la casa de tu seƱor y a sus mujeres en tu seno, y te di la casa de Israel y de JudĆ”; y por si fuera poco, te habrĆ­a dado ademĆ”s esto y aquello (mĆ”s) cosas.

¿Por quĆ© has despreciado el mandamiento del SeƱor, haciendo lo malo ante sus ojos? Has matado a espada a UrĆ­as el hitita, has tomado a su mujer para que sea tu mujer, y lo has matado con la espada de los hijos de Amón. Ahora, pues, la espada nunca se apartarĆ” de tu casa, porque me has despreciado y has tomado a la mujer de UrĆ­as el hitita para que sea tu mujer.

AsĆ­ dice el SeƱor: «He aquĆ­, harĆ© surgir el mal contra ti desde tu propia casa, tomarĆ© a tus mujeres ante tus ojos y se las darĆ© a tu prójimo, quien se acostarĆ” con ellas a la vista de este sol. Porque lo hiciste en secreto; pero yo harĆ© esto delante de todo Israel y a la vista del sol.»

Y David dijo a NatĆ”n: «He pecado contra el SeƱor». Y NatĆ”n respondió a David: «El SeƱor tambiĆ©n ha perdonado tu pecado; no morirĆ”s. Sin embargo, por haber dado con esto una gran ocasión a los enemigos del SeƱor para blasfemar, el hijo que te ha nacido morirĆ” sin duda». El pecado de David fue grande, pero su arrepentimiento tambiĆ©n lo fue. Gracias a Ć©l, nosotros, los pecadores, hemos recibido hermosas oraciones de arrepentimiento que han sido una bendición para nosotros y para muchos otros pecadores afligidos como David. Todos hemos quedado destituidos de la gloria de Dios.

Salmo 32:5 Te reconozco mi pecado, y no he ocultado mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor, y tú perdonaste la iniquidad de mi pecado. Selah.

Vemos que David reconoció su pecado una vez que fue descubierto. CuĆ”nto mejor para nosotros confesar nuestros pecados al SeƱor sabiendo que Ɖl los conoce de todos modos.

JesĆŗs dijo que no hay nada oculto que no haya de ser revelado. Dijo que lo que se hace en secreto serĆ” proclamado a viva voz (Lucas 12:2-3). En el Antiguo Testamento leemos: «Ten por cierto que tu pecado te alcanzarĆ”» (NĆŗmeros 32:23b).

La epístola de Juan trata con la cuestión de cubrir o confesar nuestro pecado.

1 Juan 1:8-9: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engaƱamos a nosotros mismos, y la verdad no estĆ” en nosotros. Si confesamos nuestro pecado, Ć©l (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.

La verdad es que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Ninguno de nosotros hace solo el bien. Todos somos ovejas descarriadas y a una nos hemos contaminado. Cada uno se ha apartado por su propio camino.

Pero Dios nos ha ofrecido un camino de salvación para nuestra condición rebelde. Si acudimos a Ɖl arrepentidos, en lugar de intentar escondernos entre los Ć”rboles del bosque como AdĆ”n y Eva, podemos ser salvos. Dios cargó sobre JesĆŗs la iniquidad de todos nosotros y ofreció su vida por nuestro pecado.

“¿QuĆ© debemos hacer? ArrepiĆ©ntanse y bautĆ­cense… en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibirĆ”n el don del EspĆ­ritu Santo”, Hechos 2:37b-38.

Isaías 59:2 Pero sus iniquidades han hecho división entre ustedes y su Dios, y sus pecados han hecho ocultar de ustedes su rostro para no escuchar.

Pero “no se ha acortado la mano del SeƱor para salvar, ni se ha agravado su oĆ­do para oĆ­r” (IsaĆ­as 59:1). Solo necesitamos confesar y abandonar nuestros pecados.

IsaĆ­as 55:6-7: “Buscad al SeƱor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que estĆ” cercano. Deje el impĆ­o su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuĆ©lvase al SeƱor, el cual tendrĆ” de Ć©l misericordia, y al Dios nuestro, el cual serĆ” amplio en perdonar”.

En Miqueas encontramos el mismo sentimiento.

Miqueas 7:18-19 “¿QuĆ© Dios como tĆŗ, que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión del remanente de su heredad? No retiene para siempre su ira, porque se deleita en la misericordia. Se volverĆ”; tendrĆ” compasión de nosotros; sepultarĆ” nuestras iniquidades; y arrojarĆ”s todos sus pecados a las profundidades del mar.”

Salmo 32:6-7 Por esto orarÔ a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no se acercarÔn a él. Tú eres mi refugio; me preservarÔs de la angustia; me rodearÔs de cÔnticos de liberación. Selah.

El SeƱor ha prometido guardarnos de la hora de angustia que vendrĆ” sobre el mundo entero, porque hemos guardado su palabra y no hemos negado su nombre (Apocalipsis 3:10). Ɖl nos ha dicho que nos creó, nos formó, nos redimió y nos llamó por nuestro nombre; y somos suyos (IsaĆ­as 43:1). ContinĆŗa:

IsaĆ­as 43:2: “Cuando pases por las aguas, yo estarĆ© contigo; y por los rĆ­os, no te anegarĆ”n; cuando pases por el fuego, no te quemarĆ”s, ni la llama arderĆ” en ti”.

Salmo 32:8: “Te instruirĆ© y te enseƱarĆ© el camino en que debes andar; te guiarĆ© con mis ojos”.

Dios promete ser nuestro guĆ­a a lo largo de la vida. Su palabra puede ayudarnos a lograrlo si dedicamos tiempo a leerla y meditar en ella.

Salmo 119:105: “LĆ”mpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Salmo 119:9: “¿Con quĆ© limpiarĆ” el joven su camino? Con guardar tu palabra”.

Salmo 32:9 No seƔis como el caballo ni como el mulo, sin entendimiento, cuya boca debe ser sujetada con freno y brida, para que no se acerquen a vosotros.

El apóstol Santiago usa la misma imagen del caballo con freno y brida en su capĆ­tulo sobre la lengua y el problema que tenemos para controlarla en Santiago 3. Dios puede ayudarnos a controlar nuestra lengua y nuestros demĆ”s deseos si acudimos a Ɖl con todo nuestro corazón. JesĆŗs dijo:

Mateo 11:28: «Venid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados, y yo os harĆ© descansar».

QuizĆ”s estĆ©s agobiado por el pecado y los problemas que parece que no logras superar. JesĆŗs te dice que vengas a Ɖl y Ɖl te darĆ” descanso de la lucha constante o la derrota que experimentas. Ɖl traerĆ” la victoria.

Mateo 11:29: «Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mĆ­, que soy manso y humilde de corazón; y hallarĆ©is descanso para vuestras almas». Ɖl quiere que encontremos ese lugar de paz y descanso espiritual, no la lucha constante, la angustia constante del corazón, la mente y el alma. Pero tenemos que acudir a Ɖl. Tenemos que depositar nuestras cargas, nuestros problemas, incluso nuestros pecados, sobre JesĆŗs. Sus hombros son lo suficientemente amplios como para soportar cualquier carga de pecado, culpa o adicción con la que estemos luchando y traernos la victoria.

Salmo 32:10 Muchos dolores tendrĆ” el impĆ­o; pero al que confĆ­a en JehovĆ”, la misericordia lo rodearĆ”.

La decisión es nuestra: cargar con nuestro propio pecado con justicia propia; o confesar y abandonar nuestro pecado, para que Dios nos extienda su misericordia.

Santiago 4:6b y 10: «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes… Humillaos delante del SeƱor, y Ć©l os exaltarĆ”».

Salmo 32:11 Alegraos en el Señor y regocijaos, justos; cantad de júbilo todos los rectos de corazón.

Podemos alegrarnos. Podemos regocijarnos. Podemos cantar de alegrĆ­a. ¿Por quĆ©? Porque hemos creĆ­do en el nombre del Hijo de Dios. Nuestros pecados han sido perdonados y hemos sido lavados en la sangre del Cordero. No tememos a la muerte ni al juicio por nuestros pecados, porque nos hemos arrepentido de ellos, los hemos confesado, los hemos abandonado y hemos sido hechos nuevos. «Las cosas viejas pasaron; he aquĆ­ todas son hechas nuevas», 2 Corintios 5:17b.

¿Has creĆ­do en el nombre del Hijo de Dios? Ɖl nos llama a todos a venir tal como somos y nos harĆ” nuevos. Tenemos que venir. ¡Ć‰l harĆ” el resto!

Publicado originalmente el 1 de febrero de 2025

Friday, July 31, 2026

Thursday, July 30, 2026

Salmo 30 - EspaƱol - Has cambiado mi lamento en danza

Dennis Edwards

Salmo 30:1 “Te exaltarĆ©, oh SeƱor, porque me has exaltado, y no has hecho que mis enemigos se alegren de mĆ­”.

David da gracias a Dios porque sus enemigos, incluyendo a su suegro, el ex rey que intentó matarlo, no han tenido éxito.

Salmo 30:2-3 “Oh SeƱor, Dios mĆ­o, clamĆ© a ti, y me sanaste. Oh SeƱor, sacaste mi alma del sepulcro; me diste vida, para que no descendiera a la sepultura”.

David da gracias al Señor por estar vivo. El Señor le respondió cuando clamó y lo sanó de su depresión o enfermedad, de tal manera que no murió. EstÔ agradecido.

Salmo 30:4 “Cantad al SeƱor, oh santos suyos, y celebrad la memoria de su santidad”.

Un hilo conductor en los salmos es la gratitud y la alabanza a Dios por su bondad hacia los hijos de los hombres. Es bueno que demos gracias y alabemos al Señor. El último versículo del último salmo presenta los mensajes principales de los Salmos.

Salmo 150:6: «Todo lo que respira alabe al SeƱor. ¡Alaben al SeƱor!»

O como lo conocemos en el Nuevo Testamento:

1 Tesalonicenses 5:18: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo JesĆŗs».

Salmo 30:5: «Porque su ira dura solo un momento; en su favor estĆ” la vida; el llanto puede durar una noche, pero a la maƱana viene la alegrĆ­a».

El Antiguo Testamento nos dice que Dios es lento para la ira y misericordioso. Cuando Dios se presentó ante Moisés, el Señor le proclamó:

Ɖxodo 34:6b-7a: «(Yo) El SeƱor, el SeƱor Dios, soy misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en bondad y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado».

La misma idea se parafrasea en los Salmos.

Salmo 134:8-9: «El SeƱor es clemente y misericordioso; lento para la ira y grande en misericordia. El SeƱor es bueno con todos, y sus misericordias son grandes sobre todas sus obras».

Unas 44 veces en los Salmos se repite la frase: «Su misericordia es para siempre». 

Salmo 118:1-4 y 29: “Dad gracias al SEƑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel: ¡Para siempre es su misericordia! Diga ahora la casa de Aarón: ¡Para siempre es su misericordia! Digan ahora los que temen al SEƑOR: ¡Para siempre es su misericordia!… Den gracias al SEƑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.”

Salmo 136:1: “Dad gracias al SEƑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.”

El Salmo 136 tiene 26 versos y cada uno termina con “Porque para siempre es su misericordia.”

Contrario a la idea de que el Dios del Antiguo Testamento es un monstruo, Dios proclama que es bueno, misericordioso y lento para la ira. Cuando se enoja con nosotros por nuestra rebelión o pecado, solo dura un instante. Podemos terminar con un problema grave debido a nuestro pecado, nuestra salud puede verse daƱada o una relación puede romperse, pero al clamar a Dios con lĆ”grimas, su compasión no falla. Regresamos a la armonĆ­a con Ɖl y nuestro problema se resuelve, sea cual sea. La alegrĆ­a vuelve a inundar nuestras vidas.

El profeta JeremĆ­as confirma lo que hemos estado diciendo.

Lamentaciones 3:22-23: «Por la misericordia del SeƱor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Son nuevas cada maƱana: Grande es tu fidelidad».

Salmo 30:6: «En mi prosperidad dije: No serĆ© jamĆ”s conmovido».

Dios advirtió a los hijos de Israel y nos advierte que tengamos cuidado con la prosperidad.

Deuteronomio 9:11, 12, 14, 17, 18, 19 “CuĆ­date de no olvidarte del SeƱor tu Dios, desobedeciendo sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos… No sea que cuando hayas comido y te hayas saciado… Entonces se enaltezca tu corazón y te olvides del SeƱor tu Dios… Y digas en tu corazón: «Mi poder y la fuerza de mi mano me han traĆ­do esta riqueza». Pero acuĆ©rdate del SeƱor tu Dios, porque Ć©l es quien te da el poder para hacer riquezas… Y sucederĆ” que si llegas a olvidar al SeƱor tu Dios, y andas en pos de dioses ajenos, y les sirves y te inclinas a ellos, yo testifico hoy contra ti que de cierto perecerĆ”s.”

Salmo 62:10b “Si aumentan las riquezas, no pongas el corazón en ellas.”

El apóstol Pablo también nos amonestó.

1 Timoteo 6:6-10 “Pero gran ganancia es la piedad acompaƱada de contentamiento. Porque nada trajimos a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos. AsĆ­ que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con ello. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y daƱosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición. Porque raĆ­z de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y se traspasaron de muchos dolores.”

En nuestra prosperidad, tendemos a olvidarnos de Dios. David confiesa que él también se olvidó de Dios en su prosperidad. Pecó gravemente en el incidente con Betsabé. La ira de Dios lo abrumó por un momento. David confesó, se arrepintió sinceramente y halló perdón en la misericordia de Dios.

Salmo 30:7 “SeƱor, con tu favor hiciste que mi montaƱa se mantuviera firme: Escondiste tu rostro, y me turbĆ©.”

Solo la misericordia de Dios nos permite permanecer firmes. Si fuéramos juzgados con justicia por nuestros pecados, nadie lo haría. Cuando nuestra relación con Dios se nubla por la negligencia o el pecado, sentimos su falta, la ansiedad nos invade y nos angustiamos.

Salmo 30:8: “A ti clamĆ©, oh SeƱor, y al SeƱor supliquĆ©.”

Cuando estamos angustiados, cuando esa nube nos ensombrece, clamamos al Señor una vez mÔs. El apóstol Pablo nos da la misma solución para nuestros momentos de ansiedad. Nos dice que si clamamos al Señor en oración y súplica con acción de gracias, Dios escucharÔ nuestra oración y nos darÔ paz de corazón y mente.

Filipenses 4:6-7 “Por nada estĆ©is afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardarĆ” vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo JesĆŗs.”

Salmo 30:9 “¿QuĆ© provecho hay en mi sangre, cuando descienda al sepulcro? ¿Te alabarĆ” el polvo? ¿Acaso declararĆ” tu verdad?”

David se pregunta si en la muerte podremos alabar al SeƱor y hablar de su verdad.

Salmo 30:10 “Escucha, oh SeƱor, y ten misericordia de mĆ­; SeƱor, sĆ© mi ayudador.”

De nuevo, invoca la misericordia del SeƱor. Invoca a Dios para que lo ayude.

Salmo 30:11-12 Has cambiado mi lamento en danza; me has quitado el cilicio y me has ceƱido de alegrĆ­a.; me has quitado el cilicio y me has ceƱido de alegrĆ­a. Para que mi gloria te cante alabanzas, y no enmudezca. Oh SeƱor, Dios mĆ­o, te darĆ© gracias por siempre. 

Cuando nos arrebatan el gozo de Dios, nos sentimos débiles, abatidos y desanimados. Después de pasar tiempo suplicÔndole a Dios, derramando nuestro corazón y alma en oración, buscando su rostro, Dios responde y renueva o restaura nuestro gozo. El gozo del Señor es nuestra fuerza. Una vez mÔs, podemos cantar, alabar y dar gracias. Entramos en su presencia con alabanza y acción de gracias, y no podemos callar porque su misericordia es eterna.

Si estÔs abatido, no te quedes ahí, lucha por el gozo. El gozo del Señor, su felicidad, tu alabanza y tu agradecimiento te darÔn la fuerza para seguir adelante. No te desanimes, porque el diablo es como león rugiente buscando a quién devorar. Devora y sofoca nuestro gozo en tristeza, desaliento y depresión. No caigas en eso. Lucha por el gozo; es tu salvavidas. Es la fuerza de Dios en ti y un don del Espíritu Santo. Lucha. Por la felicidad. Den gracias en todo. Que todo lo que respira alabe al Señor, autor y consumador de nuestra fe.

Alaben al SeƱor, hijos de los hombres, porque Dios es digno de nuestra alabanza. Ɖl nos bendecirĆ” y nos ayudarĆ” a disipar las nubes, al alabarle y agradecerle por todo lo que permite en nuestras vidas. Sabemos que todo obrarĆ” para bien si seguimos amando a Dios y somos agradecidos. Un corazón alegre es tan bueno como una medicina, ¡asĆ­ que sean felices! Es parte de nuestra armadura espiritual. Úsenla. ¡AmĆ©n!

Publicado originalmente el 06-08-2024.

Wednesday, July 29, 2026

Salmo 29 - La voz del SeƱor estƔ sobre las aguas!


Salmo 29 - Un Salmo de David con comentarios de Dennis Edwards

Salmo 29:1-2 “Tributen al SeƱor, oh poderosos; den al SeƱor la gloria y el poder. Den al SeƱor la gloria debida a su nombre; alaben al SeƱor en la hermosura de la santidad.”

Debemos darle a Dios lo mejor de nuestras vidas, no solo lo que nos sobra. Los primeros momentos de cada dƭa, en la medida de lo posible, debemos dedicarle al SeƱor. Debemos adorarlo con nuestros pensamientos y palabras, porque su gloria estƔ por encima de los cielos y es digno de nuestra alabanza y agradecimiento.

Salmo 29:3 “La voz del SeƱor estĆ” sobre las aguas; el Dios de gloria truena; el SeƱor estĆ” sobre muchas aguas.”

El primer aspecto de este versículo es el inexplicable hecho de que, cuando las personas estÔn enfermas o tienen problemas, a menudo van a la playa y se sientan a escuchar el efecto calmante de las olas al romper en la orilla. En su búsqueda de consuelo, respuestas y solaz, las personas a menudo buscan un rincón solitario en una playa aislada para dejarse llevar por sus pensamientos y escuchar la "voz del Señor sobre las aguas".

El segundo aspecto es que el salmista podría estar recordando el evento de la creación que se encuentra en Génesis 1.

GĆ©nesis 1:1-3: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacĆ­a, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y el EspĆ­ritu de Dios se movĆ­a sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”.

En los versículos anteriores, encontramos a Dios Padre enviando a su Espíritu para crear a través de su Palabra hablada, o Voz. Vemos al Padre, al Hijo, que fue la Palabra o Voz que luego se hizo carne en Jesús, y al Espíritu Santo, que Dios envió para moverse sobre la faz de las aguas.

A lo largo del primer capĆ­tulo de GĆ©nesis, vemos a Dios hablando y dando existencia a la creación. Dios habló y asĆ­ fue. “Y dijo Dios”, en otras palabras, la Palabra hablada de Dios fue el medio de la creación.

En GĆ©nesis 3:8, cuando Dios camina en el JardĆ­n del EdĆ©n, se le llama “la voz del SeƱor Dios”. AdĆ”n y Eva oyeron “la voz del SeƱor Dios que caminaba en el jardĆ­n”. El “cuerpo de Dios” que se les apareció a AdĆ”n y Eva mientras caminaban por el jardĆ­n era la Voz del SeƱor Dios, o la Palabra del SeƱor Dios. El Evangelio de Juan aclara quiĆ©n era y quiĆ©n es esa Palabra.

Juan 1:1-3: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Ć©l fueron hechas, y sin Ć©l nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Juan 1:14: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigĆ©nito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Jesucristo es el Verbo de Dios que caminó con AdÔn y Eva en el jardín en una especie de "cuerpo divino". Jesús fue la fuerza creadora del universo junto con Dios Padre y el Espíritu Santo, y posteriormente se hizo carne mediante su nacimiento natural a través de María.

El apóstol Pablo escribe de manera similar.

Colosenses 1:15: "(Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación; porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él; y él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas subsisten".

En el libro de Hebreos encontramos una afirmación paralela.

Hebreos 1:1-4 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de diversas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos Ćŗltimos dĆ­as nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sĆ­ mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho mucho superior a los Ć”ngeles, y habiendo heredado un nombre mĆ”s excelente que ellos.”

JesĆŗs es y fue la “Voz del SeƱor” creadora que encontramos en GĆ©nesis y en los Salmos, y que habló a los profetas en el Antiguo Testamento.

Salmo 29:4 “La voz del SeƱor es poderosa; la voz del SeƱor es majestuosa”.

Necesitamos escuchar su voz a diario para tener la confianza de que andamos por los caminos que Ɖl desea para nosotros. Cuando escuchamos su voz, tenemos paz, sin importar las circunstancias que enfrentemos. Escuchar su voz tiene un efecto poderoso en nosotros.

IsaĆ­as 55:3a “Inclinad vuestro oĆ­do y venid a mĆ­; escuchad, y vivirĆ” vuestra alma”.

Escuchar su voz nos da la paz que sobrepasa todo entendimiento. Cuando estamos ansiosos y nos entregamos al Señor en oración y súplica con agradecimiento, Dios promete escucharnos y responder a nuestra oración. Puede que no responda como deseamos, pero promete enviarnos la paz que necesitamos para afrontar cualquier situación en la que nos encontremos. Su voz es poderosa y escucharla personalmente nos hace experimentar una paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano.

Salmo 29:5-6: «La voz del SeƱor quebranta los cedros; sĆ­, el SeƱor quebranta los cedros del LĆ­bano. Los hace saltar como un becerro; al LĆ­bano y al Sirión como un unicornio joven».

La voz de Dios estĆ” sobre toda la naturaleza. Por Ɖl todas las cosas subsisten y se mantienen unidas.

Salmo 29:7: «La voz del SeƱor divide las llamas del fuego».

¿No es curioso que nos guste sentarnos frente al fuego y observar las llamas? Nos fascina cómo se dividen las llamas en el fuego. Es la voz de Dios la que divide la llama dentro del fuego. Una vez mĆ”s, vemos a Dios sustentando todas las cosas con la palabra de su poder.

Salmo 29:8-9: “La voz del SeƱor sacude el desierto; el SeƱor sacude el desierto de Cades. La voz del SeƱor hace parir a las ciervas y descubre los bosques; y en su templo todos hablan de su gloria”.

Dios es quien da nueva vida. El apóstol Pablo, en Hechos 17:28a, dijo: “Porque en Ć©l vivimos, nos movemos y existimos”.

Salmo 29:10: “El SeƱor se sienta sobre el diluvio; sĆ­, el SeƱor se sienta como Rey para siempre”.

Algunos eruditos creen que David se refiere al Diluvio del Génesis y al juicio de Dios sobre el mundo en ese momento. Pero David bien podría estar infiriendo un juicio futuro, donde Dios o Jesús someterÔ al mundo a su voluntad y finalmente se sentarÔ como Rey para siempre.

Salmo 29:10: “El SeƱor darĆ” fuerza a su pueblo; el SeƱor bendecirĆ” a su pueblo con paz”.

Pero para recibir la fuerza y ​​la paz que necesitamos, es necesario que “vengamos a Ɖl”. En IsaĆ­as leemos:

IsaĆ­as 40:29-31: “Ɖl da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Aun los jóvenes desmayarĆ”n y se cansarĆ”n, y los jóvenes caerĆ”n por completo; pero los que esperan en el SeƱor renovarĆ”n sus fuerzas; remontarĆ”n alas como Ć”guilas; correrĆ”n, y no se cansarĆ”n; caminarĆ”n, y no desmayarĆ”n”.

JesĆŗs comunica el mismo mensaje en el Evangelio de Mateo.

Mateo 11:28-30: “Venid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados, y yo os harĆ© descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mĆ­, que soy manso y humilde de corazón; y hallarĆ©is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

El apóstol Pablo tiene la misma fórmula. Ɖl dice:

Filipenses 4:7-8: “Por nada estĆ©is afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardarĆ” vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo JesĆŗs”.

En los Salmos leemos:

Salmo 119:165: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los harĆ” tropezar”.

En otro pasaje de IsaĆ­as, vemos que meditar en JesĆŗs nos da paz o tranquilidad.

IsaĆ­as 26:3: “TĆŗ guardarĆ”s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado”.

La fuerza estĆ” ahĆ­. El poder estĆ” ahĆ­. La paz estĆ” ahĆ­, pero necesitamos hacer nuestra parte y acercarnos a JesĆŗs. Necesitamos pasar tiempo con Ɖl. Necesitamos pasar tiempo con JesĆŗs hoy. Si leemos su palabra, si nos quedamos a solas con Ć©l, si le abrimos nuestro corazón en oración, si le agradecemos sus muchas bendiciones; Ć©l promete responder y suplir todas nuestras necesidades. Pero espera que nos acerquemos a Ć©l.

Por favor, no te demores con las tareas y obligaciones de la vida, ni con las preocupaciones del dĆ­a. Elige la mejor parte. Elige tomarte un tiempo a solas con Dios, si es posible, temprano antes de que empiece el dĆ­a. Con Ć©l, encontrarĆ”s la fuerza, el poder y la paz que necesitas para llevar adelante las tareas que tienes por delante. Ɖl te darĆ” la fuerza, el poder y la paz que necesitas. Es una promesa. ¡Solo ven a Ć©l!

Oración: Jesús, realmente no sé cómo acercarme a ti. No sé cómo "venir a ti". Ayúdame en mis débiles esfuerzos, en mis débiles intentos. Ayúdame a abrirte mis problemas y preocupaciones en oración. Te agradezco mis muchas bendiciones. Por favor, escucha mi oración y acércame mÔs a ti. Ayúdame a aprender mÔs de Ti y a convertirme en Tu hijo y seguidor. En el nombre de Jesús, te lo pido. Amén.

Publicado originalmente el 28 de enero de 2025.

Tuesday, July 28, 2026

Salmo 28 - A ti clamarƩ, oh SeƱor, roca mƭa; no me guardes silencio

 

Salmo 28 de David con comentarios de Dennis Edwards

28:1 A ti clamarƩ, oh SeƱor, roca mƭa; no me guardes silencio; no sea que, si guardas silencio, venga a ser como los que descienden a la fosa.

Hoy vemos de nuevo que escuchar la voz de Dios y saber que Ɖl estĆ” con nosotros nos da fuerza para seguir adelante y nos diferencia de los muertos vivientes.

Salmo 28:2 Escucha la voz de mis súplicas, cuando a ti clamo, cuando alzo mis manos a tu santo orÔculo.

David clama desesperadamente a Dios por respuestas, que es la fórmula para ser escuchado. En Jeremías leemos:

JeremĆ­as 29:33: «Me buscarĆ©is y me hallarĆ©is, porque me buscarĆ©is de todo vuestro corazón».

JeremĆ­as 33:3: «Clama a mĆ­, y yo te responderĆ©, y te enseƱarĆ© cosas grandes y ocultas que tĆŗ no conoces». 

Salmo 28:3 No me arrastres con los malvados, ni con los que hacen iniquidad, que hablan paz con su prójimo, pero hay maldad en sus corazones.

En otra parte de los salmos, David menciona la lengua mentirosa de los malvados.

Salmo 55:21: «Las palabras de su boca eran mĆ”s suaves que la mantequilla, pero guerra habĆ­a en su corazón; sus palabras eran mĆ”s suaves que el aceite, pero eran espadas desenvainadas».

En la profecĆ­a de Daniel de los Ćŗltimos dĆ­as, vemos a dos lĆ­deres en una conferencia de paz con maldad en sus corazones.

Daniel 11:27-28b: «Y el corazón de ambos reyes estarĆ” para hacer maldad, y hablarĆ”n mentiras en una misma mesa; pero no prosperarĆ”; porque el fin llegarĆ” en el tiempo seƱalado… y su corazón (el del Anticristo) estarĆ” contra el pacto santo».

Con cuƔnta frecuencia en asuntos polƭticos vemos a lƭderes con opiniones opuestas sentados a una misma mesa profiriendo mentiras. Fingen hacer acuerdos de paz, que saben que no cumplirƔn, mientras se dan la mano para las cƔmaras.

Salmo 29:4 Dales conforme a sus obras y conforme a la maldad de sus hechos; dales conforme a la obra de sus manos; dales su merecido.

David ora conforme a la voluntad de Dios. Dios ha dicho: «Segaremos lo que sembramos» (GĆ”latas 6:7). En la epĆ­stola del apóstol Juan leemos:

1 Juan 5:14-15: «Y esta es la confianza que tenemos en Ć©l, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Ć©l nos oye; y si sabemos que Ć©l nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho».

Cuando alineamos nuestras oraciones con la voluntad de Dios y no con nuestros deseos egoĆ­stas, tenemos la confianza de que Dios nos escucharĆ”. Ten cuidado con lo que pides. Si insistes en algo, Dios podrĆ­a concedĆ©rtelo, como hizo con los hijos de Israel en el desierto. «Les concedió lo que pidieron, pero envió debilidad a sus almas», Salmo 106:15, que tuvo lugar en NĆŗmeros 11.

Salmo 28:5 Porque no atienden a las obras del SeƱor ni a la obra de sus manos, Ɖl los destruirĆ”, y no los edificarĆ”.

La humanidad no tiene excusa. Como escribió el apóstol Pablo,

Romanos 1:18-20: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen (o suprimen) la verdad con injusticia; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Ć©l, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”.

Los incrĆ©dulos suprimen la verdad de Dios que se revela en la naturaleza. Como David escribió en otro lugar: “Los cielos declaran la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). El hombre no tiene buenas razones para no creer. Si tan solo examinara honestamente la evidencia, encontrarĆ­a a Dios. Job argumenta lo mismo.

Job 12:7-10 NVI “Pero pregunta a los animales, y ellos te enseƱarĆ”n; o a las aves del cielo, y te lo dirĆ”n; o habla a la tierra, y ella te enseƱarĆ”; o deja que los peces del mar te informen. ¿QuiĆ©n de todos estos no sabe que la mano del SeƱor ha hecho esto? En su mano estĆ” la vida de toda criatura y el aliento de toda la humanidad.” 

Romanos 1:21-25 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrĆŗpedos y de reptiles. Por lo cual tambiĆ©n Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sĆ­ sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. AmĆ©n.

El incrĆ©dulo ha dejado que la amargura y la ingratitud entren en su corazón. Por alguna razón, estĆ” enojado con Dios. Como resultado de no considerar a Dios como el principio fundamental de su pensamiento, este se ha corrompido. En lugar de “En el principio Dios”, tenemos “En el principio nada”. De la nada, todo ha evolucionado mediante un proceso naturalista sin dirección, un proceso aleatorio. 

El incrĆ©dulo termina adorando a la naturaleza mĆ”s que al Creador. Su mente se corrompe porque ha rechazado a Dios como la premisa principal de su pensamiento. Profesando ser sabio, se ha vuelto, de hecho, un necio. Como tambiĆ©n escribió David: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1).

Salmo 28:6 Bendito sea el Señor, porque ha escuchado la voz de mis súplicas.

David ha orado conforme a la voluntad de Dios contra la influencia de los impíos que a menudo dominan la cultura. Sabe que Dios ha escuchado su oración y la responderÔ. Como leemos en el proverbio:

Proverbios 15:29 “El SeƱor estĆ” lejos de los impĆ­os, pero escucha la oración de los justos”.

Salmo 28:7 El SeƱor es mi fortaleza y mi escudo; en Ɖl confió mi corazón, y fui socorrido; por tanto, mi corazón se regocija en gran manera, y con mi cĆ”ntico lo alabarĆ©.

Un hermoso versĆ­culo para memorizar. 

El apóstol Pablo nos dice: “Regocijaos en el SeƱor siempre; y otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4). Podemos regocijarnos y estar agradecidos porque tenemos al SeƱor como nuestra fortaleza y escudo, porque hemos confiado en Ɖl.

Salmo 28:8 El SeƱor es su fortaleza, y Ɖl es la fuerza salvadora de su ungido.

Algunos confĆ­an en caballos, otros en carros, pero nosotros confiaremos en el nombre del SeƱor nuestro Dios (Salmo 20:7). 

“El nombre del SeƱor es torre fuerte; a ella corre el justo y estĆ” a salvo”, Proverbios 18:10.

Salmo 28:9 Salva a tu pueblo y bendice tu heredad; alimƩntalos y exƔltalos para siempre.

Ɖl nos ha salvado con su gracia salvadora para todos los que creen. Cree en el SeƱor Jesucristo y serĆ”s salvo, tĆŗ y tu casa (familia), Hechos 16:31. 

“Y si sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois y herederos segĆŗn la promesa”, GĆ”latas 3:29.

Publicado originalmente el 28 de enero de 2025.

Monday, July 27, 2026

Salmo 27 - El SeƱor es mi luz y mi salvación; ¿a quiĆ©n temerĆ©?


Salmo 27, Comentario de la Versión King James por Dennis Edwards

27:1 El SeƱor es mi luz y mi salvación; ¿a quiĆ©n temerĆ©? El SeƱor es la fortaleza de mi vida; ¿de quiĆ©n tendrĆ© miedo?

JesĆŗs es la luz del mundo. Quien sigue a JesĆŗs no andarĆ” en tinieblas, sino que tendrĆ” la luz de la vida (Juan 8:12). Solo en Ɖl hay luz. Ɖl es la luz verdadera que ilumina a todo el que viene al mundo (Juan 1:9). En Ɖl estĆ” la luz y no hay sombra de oscuridad (1 Juan 1:5). Si andamos en la luz, como Ɖl estĆ” en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:8). Ɖl es el Salvador del mundo. No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Si estamos del lado de Dios, ¿quiĆ©n podrĆ” estar contra nosotros? Romanos 8:31.

En nosotros mismos y con nuestras propias fuerzas, somos dĆ©biles. Pero en Ɖl, todo lo podemos. Ɖl es la fuerza salvadora de sus elegidos. Sin Ɖl nada podemos hacer. Pero con Ɖl todo es posible para los que creen, y nada es imposible. El SeƱor es nuestra fortaleza. Acudimos a Ɖl y estamos seguros, fortalecidos y a salvo. No temeremos lo que la carne pueda hacernos.

Salmo 27:2-3 Cuando los malvados, mis enemigos y adversarios, vinieron contra mí para devorar mis carnes, tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, no temerÔ mi corazón; aunque se levante contra mí una guerra, en esto estaré confiado.

Podemos tener la confianza, pase lo que pase, de que Dios estĆ” con nosotros y nos cuida. Nuestros enemigos no triunfarĆ”n sobre nosotros. Incluso en la muerte, Ɖl estĆ” con nosotros y nos librarĆ” y nos darĆ” vida eterna. No temeremos, sino que confiaremos en Ɖl.

Salmo 27:4 Una cosa he pedido al SeƱor, y Ʃsta buscarƩ: que habite en la casa del SeƱor todos los dƭas de mi vida, para contemplar su hermosura y para inquirir en su templo.

El SeƱor debe ser lo Ćŗnico que deseamos por encima de todo. De lo contrario, adoramos a dioses falsos que no pueden salvarnos. Nuestro Dios es un Dios celoso y no tendrĆ” otros dioses delante de Ɖl. Si queremos su bendición, su unción en nuestras vidas, debemos pasar tiempo con Ɖl. Busquen primero a Dios y su reino, y todo lo demĆ”s les serĆ” aƱadido. Si pasamos tiempo con Ɖl diariamente, entrando por sus puertas con agradecimiento y alabanza, contemplaremos su hermosura, su amor, su cuidado eterno. Si permanecemos en Ɖl, Ɖl permanecerĆ” en nosotros, y todo irĆ” bien.

Salmo 27:5 Porque en el tiempo de angustia me esconderĆ” en su pabellón; en lo secreto de su tabernĆ”culo me ocultarĆ”; Ɖl me pondrĆ” sobre una roca.

Porque hemos hecho del SeƱor nuestra morada, podemos afrontar cualquier mal que nos sobrevenga. Ɖl es nuestra roca. Al vivir en obediencia a su palabra y a su voz, hemos edificado la casa de nuestras vidas sobre el sólido cimiento de la roca, que es Cristo JesĆŗs. Las tormentas de la vida pueden azotar nuestra casa, pero se mantendrĆ” fuerte, porque estĆ” cimentada en la obediencia a Dios y a su palabra. La Roca que los constructores abandonaron, la hemos tomado, y la hemos encontrado sólida y segura, una piedra angular eterna, perfecta en todo sentido.

Salmo 27:6 Y ahora alzarƔ mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean; por tanto, ofrecerƩ en su tabernƔculo sacrificios de alegrƭa; cantarƩ, sƭ, cantarƩ alabanzas al SeƱor.

Cuando el polvo de la vida finalmente se asiente, Dios ha prometido que nos elevarĆ” por encima de quienes nos ridiculizaron y calumniaron. El sacrificio que Ɖl quiere que ofrezcamos es de regocijo y alegrĆ­a. Es el gozo y la felicidad del SeƱor en nuestras vidas lo que nos da fuerza para las batallas que enfrentamos. Al cantar y alabar a Dios, nos fortalecemos.

Salmo 27:7-8 Escucha, oh SeƱor, mi voz con la que clamo; ten misericordia de mĆ­ y respóndeme. Cuando dijiste: «Buscad mi rostro», mi corazón te respondió: «Tu rostro, SeƱor, buscarĆ©».

SeƱor, buscamos tu rostro. Ilumina tu rostro sobre nosotros, para que sepamos el camino por el que quieres que andemos.

Salmo 27:9 No escondas de mí tu rostro; no desampares con ira a tu siervo; has sido mi ayuda; no me dejes ni me abandones, oh Dios de mi salvación.

Señor, perdónanos por nuestra desobediencia. Ayúdanos a seguirte mÔs de cerca, a seguirte mÔs de cerca, con mÔs cariño, día a día.

Salmo 27:10-11. Si mi padre y mi madre me abandonaran, el SeƱor me recogerƭa. EnsƩƱame tu camino, oh SeƱor, y guƭame por una senda llana, a causa de mis enemigos.

SeƱor, necesitamos que el camino sea llano, pues hay tantas voces que dicen: «Este es el camino, andad por Ć©l». SeƱor, sĆ© una lĆ”mpara a nuestros pies y una luz en nuestro sendero. Aclara el camino por donde quieres que andemos. GuĆ­anos con tu mirada.

Salmo 27:12-14. No me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque se han levantado contra mí falsos testigos, y los que respiran crueldad. Habría desmayado, si no hubiera creído que vería la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor; ten Ônimo, y él fortalecerÔ tu corazón; espera, te digo, en el Señor.

SeƱor, esperamos en ti. “Aun los jóvenes desmayarĆ”n y se cansarĆ”n, y los jóvenes desfallecerĆ”n por completo; pero los que esperan en el SeƱor renovarĆ”n sus fuerzas. LevantarĆ”n alas como Ć”guilas. CorrerĆ”n y no se cansarĆ”n. CaminarĆ”n y no desmayarĆ”n” (IsaĆ­as 40:30-31).

Ayúdanos a levantar las manos y la cabeza, a enderezar nuestros hombros abatidos. Endereza nuestros pies, Señor, para que seamos sanados, animados y fortalecidos. Da poder a los que desfallecen, y a los que no tienen fuerzas, aumenta sus fuerzas.

Nuestra fuerza estÔ solo en ti, Señor. Envíanos ayuda desde tu santuario para que tu presencia nos acompañe. Dijiste que, como nuestros días, así serían nuestras fuerzas. Envíanos tu fuerza mientras permanecemos en ti. No nos apoyamos en nuestra propia prudencia, sino que te reconocemos en todos nuestros caminos. Dirige nuestros senderos, Señor. Haznos oír tu voz, para que sepamos el camino por el que debemos andar. Te miramos. RescÔtanos. Sé un padre para tus hijos. A ti te buscamos. Tú eres nuestro Dios.

Oración: Señor, por el gozo puesto ante ti, soportaste la vergüenza y la humillación. Soportaste el sufrimiento y el desprecio de los hombres. Ayúdanos a mantener la mirada puesta en ti y no en las olas y los vientos que tan fÔcilmente nos perturban. Ayúdanos a no desmayar. Ayúdanos a no cansarnos de hacer el bien, porque cosecharemos a su debido tiempo si no nos damos por vencidos. Ayúdanos a esperar en ti, Señor; y en nuestra espera, a ser fortalecidos, renovados y revitalizados. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.

Publicado originalmente el 27 de diciembre de 2024.

Sunday, July 26, 2026

Salmo 26 y Roca Eterna


Salmo 26. Un Salmo de David con comentarios de Dennis Edwards

Salmo 26:1 Júzgame, oh Señor, porque en mi integridad he andado; en el Señor he confiado; por tanto, no resbalaré.

El rey SaĆŗl acusaba falsamente a David de conspirar contra Ć©l, de intentar acecharlo para matarlo y arrebatarle el reino. SaĆŗl tambiĆ©n acusó al Sumo Sacerdote de estar en complicidad con David. "¿Por quĆ© habĆ©is conspirado contra mĆ­, tĆŗ y el hijo de IsaĆ­... para que se levantara contra mĆ­, acechĆ”ndome, como hoy?" (1 Samuel 22:13).

El enemigo de nuestra alma es el acusador de los santos, "quien los acusa noche y dĆ­a delante de nuestro Dios" (Apocalipsis 12:10b). Aunque nuestro adversario nos acusa, lo hemos vencido "por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de nuestro testimonio" (Apocalipsis 12:11a). Nuestro testimonio es que hemos creĆ­do en el nombre del unigĆ©nito Hijo de Dios, “y no hemos negado su nombre” (Apocalipsis 3:8b).

Porque no hemos negado su nombre, “sino que hemos guardado la palabra de su paciencia” (en otras palabras, hemos guardado su palabra incluso bajo burla y persecución); “Ɖl tambiĆ©n nos guardarĆ” de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra” (Apocalipsis 3:10).

Es Dios quien nos guardarÔ de caer y nos presentarÔ sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Judas 24), porque somos lavados en su sangre y no amamos nuestras vidas hasta la muerte (Apocalipsis 12:11b). Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7:14b). Es la sangre de Jesucristo su Hijo la que nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

Los que hemos creĆ­do y obedecido podemos estar seguros de esto: que el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionarĆ” hasta el dĆ­a de Jesucristo (Filipenses 1:6). Y yo les doy vida eterna, y nadie las puede arrebatar de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”, Juan 10:28-29.

Salmo 26:2 Examíname, oh Señor, y pruébame; prueba mi mente y mi corazón.

David desea ser examinado por Dios, y no por los falsos juicios del hombre.

Salmo 26:3 Porque tu misericordia estĆ” ante mis ojos, y he andado en tu verdad.

David conoce y ha experimentado la misericordia y la fidelidad de Dios. “Por la misericordia del SeƱor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Son nuevas cada maƱana: Grande es tu fidelidad”. Lamentaciones 3:22-23. David ha andado en la verdad de Dios meditando en su palabra dĆ­a y noche (Salmo 1:2). «Tu palabra es verdad desde el principio», Salmo 119:160a.

JesĆŗs oró a su Padre: «SantifĆ­calos en tu verdad; tu palabra es verdad», Juan 17:17. Es al perseverar en la palabra de Dios que conocemos la verdad, y es la verdad la que nos hace libres (Juan 8:31-32). Somos liberados de las filosofĆ­as y los vanos engaƱos de este mundo, de las tradiciones humanas y de los falsos sistemas de creencias del mundo que son contrarios a Cristo (Colosenses 2:8), al seguir la luz de la palabra de Dios.

Salmo 26:4-5. No me he sentado con vanos, ni me juntaré con impostores. Aborrecí la reunión de los malignos, y no me sentaré con los malvados.

Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. No debemos conformarnos a las modas del mundo, sino a la palabra de Dios. JesĆŗs oró: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal» (Juan 17:15). JesĆŗs dijo a sus discĆ­pulos: «Si fuerais del mundo, el mundo os amarĆ­a; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegĆ­ del mundo, por eso el mundo os odia» (Juan 15:19).

Pero Dios nos envió al mundo para ser testigos, para que nuestra luz brille ante los hombres, de modo que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre celestial (Mateo 5:16). JesĆŗs nos dijo que «somos la sal de la tierra». Dijo: «Pero si la sal pierde su sabor, ¿con quĆ© serĆ” salada? No sirve para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres» (Mateo 5:13).

En tiempos de Cristo, la sal preservaba el pescado y la carne para su posterior consumo. La sal evitaba que se pudrieran. Si nosotros, el pueblo de Dios, perdemos nuestras convicciones piadosas, que ayudan a preservar al mundo del pecado, hemos perdido nuestra utilidad para Dios. El mundo se deteriora porque no defendemos a JesĆŗs. Nos conformamos al mundo, en lugar de convencerlo de su pecado. Nos volvemos tibios y Dios nos advierte: «Te vomitarĆ© de mi boca» (Apocalipsis 3:16).

Salmo 26:6-7 Lavaré mis manos en inocencia; así rodearé tu altar, oh Señor, para anunciar con voz de acción de gracias y contar todas tus maravillas.

El evangelio o «buenas noticias» es que hemos sido liberados de la culpa y del poder del pecado y de las tinieblas, y hemos sido trasladados al reino del amado Hijo de Dios, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de nuestros pecados (Colosenses 1:13). Por lo tanto, podemos cantar y regocijarnos en tan maravillosa salvación, pues ni el pecado ni la muerte tienen dominio sobre nosotros (Romanos 6). «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dĆ”diva de Dios es vida eterna en Cristo JesĆŗs, SeƱor nuestro» (Romanos 6:23).

Salmo 26:8: «SeƱor, he amado la morada de tu casa, y el lugar donde reside tu gloria».

JesĆŗs dijo: «Donde dos o tres estĆ”n juntos en mi nombre, allĆ­ estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20). Por favor, no dejen de congregarse, como algunos acostumbran, sino anĆ­mense unos a otros; y mucho mĆ”s, al ver que aquel dĆ­a se acerca (Hebreos 10:25). Debemos amar la comunión con Dios junto a otros creyentes tan a menudo como sea posible. Bajo futuras persecuciones, esto podrĆ­a ser imposible.

Salmo 26:9-10: «No juntes mi alma con pecadores, ni mi vida con hombres sanguinarios; en sus manos estĆ” la maldad, y su diestra estĆ” llena de sobornos».

Los ricos impĆ­os del mundo usan su dinero para corromper la justicia y gobernar naciones. «Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues con sus hechicerĆ­as fueron engaƱadas todas las naciones» (Apocalipsis 18:23b). ¿Acaso no os oprimen los ricos y os llevan ante el tribunal? ¿No blasfeman contra el digno nombre con que sois llamados? Santiago 2:6b-7. Aunque los ricos impĆ­os conspiren contra Dios y contra los justos, Dios los ridiculizarĆ” y los castigarĆ” con su ira y furor en los Ćŗltimos dĆ­as, Salmo 2:4-5. «MĆ­a es la venganza; «Yo pagarĆ©, dice el SeƱor», Romanos 12:19b.

Salmo 26:11-12: «Pero yo andarĆ© en mi integridad; redĆ­meme y ten misericordia de mĆ­. Mi pie estĆ” firme en camino recto; en las congregaciones bendecirĆ© al SeƱor».

David sabe que es el poder redentor y la misericordia de Dios lo que lo sostiene. Nosotros tambiĆ©n lo sabemos. «Dios es poderoso para guardarlos sin caĆ­da y para presentarlos sin mancha delante de su gloria con gran alegrĆ­a», Judas 24. 

Por lo tanto, podemos cantar y regocijarnos, porque es el gozo del SeƱor, el gozo de nuestra salvación, el gozo de saber que nuestros pecados han sido perdonados mediante el sacrificio de Cristo en la cruz, lo que nos da la fuerza para seguir adelante. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», Filipenses 4:13. «Nada traigo en mis manos». «A Tu Cruz me aferro», Augustus Montague Toplady (1740-1778). ¡AferrĆ©monos a la cruz y hallemos plenitud de gozo! ¿AmĆ©n?

Roca eterna, hendida por mĆ­, permĆ­teme refugiarme en Ti;

que el agua y la sangre, que fluyeron de Tu costado traspasado,

sean la doble cura del pecado, sƔlvame de su culpa y poder.


Ni el trabajo de mis manos puede cumplir las exigencias de Tu ley;

aunque mi celo no tuviera descanso, aunque mis lƔgrimas fluyeran eternamente,

nada podrĆ­a borrar el pecado, TĆŗ debes salvar, y salvar por gracia.


Nada traigo en mis manos, simplemente a Tu cruz me aferro;

desnudo, vengo a Ti en busca de vestidura, indefenso, busco en Ti la gracia:

sucio, corro a la fuente, lƔvame, Salvador, o morirƩ.


Mientras respiro este aliento fugaz, cuando mis ojos se cierren en la muerte,

cuando me eleve a mundos desconocidos, te verƩ en Tu juicio. Trono,

Roca de los Siglos, hendida para mĆ­, permĆ­teme esconderme en Ti.


Publicado originalmente el 25 de enero de 2025


Saturday, July 25, 2026

Salmo 25 - Oración por guía, perdón y protección


Oración por guĆ­a, perdón y protección – Salmo 25

Salmo de David con comentarios de Dennis Edwards

Salmo 25:1-5 A ti, Señor, elevo mi alma. Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, ni triunfen mis enemigos sobre mí. No sea avergonzado ninguno de los que esperan en ti; sean avergonzados los que se rebelan sin causa. Muéstrame tus caminos, Señor; enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti espero todo el día.

Vemos a David en oración, en constante comunión con Dios. Busca la presencia de Dios ante sus enemigos. Busca conocer el camino que debe seguir. Ora para no haber sido un mal ejemplo que haya hecho tropezar a otros. Espera en oración la respuesta de Dios. Espera en el Señor.

Salmo 25:6-7 Acuérdate, oh Señor, de tus tiernas misericordias y de tus bondades, pues son desde la antigüedad. No te acuerdes de los pecados de mi juventud, ni de mis transgresiones; conforme a tu misericordia, acuérdate de mí, oh Señor, por tu bondad.

Al envejecer, podemos sentir remordimientos por algunas de las malas conductas que tuvimos en nuestra juventud. Salomón nos exhorta: «AcuĆ©rdate ahora de tu Creador en los dĆ­as de tu juventud» (EclesiastĆ©s 12:1a). El apóstol Pablo nos aconseja: «Huye tambiĆ©n de las pasiones juveniles» (2 Timoteo 2:22a). En Proverbios leemos: «Hijo mĆ­o, si los pecadores te seducen, no accedas. Hijo mĆ­o, no andes con ellos por el camino; aparta tu pie de su senda, porque sus pies corren hacia el mal y se apresuran a derramar sangre» (Proverbios 1:10, 15-16).

Algunos hombres sufren del sƭndrome de estrƩs postraumƔtico, consecuencia de los pecados cometidos en su juventud durante la guerra. Al envejecer, les resulta difƭcil borrar de su mente las imƔgenes de aquellos pecados. Pueden verse especialmente atormentados al acostarse a descansar o a travƩs de pesadillas. Una mujer o un niƱo pueden experimentar algo similar debido a un abuso sufrido como resultado de los pecados de otra persona.

David podría sentir remordimiento por sus pecados con Urías, a quien asesinó sigilosamente para poder casarse con Betsabé, la esposa de Urías. Aunque David se arrepintió tras su encuentro con el profeta NatÔn, seguía atormentado por el remordimiento de su mala conducta en su juventud. Parece que David había sido un joven tan justo, con su victoria sobre Goliat, que Dios tuvo que permitirle caer en un pecado grave para mantenerlo humilde. La caída de David inspiró algunos de los salmos de arrepentimiento mÔs hermosos de la Biblia, que han sido una ayuda divina para muchos creyentes caídos.

Dios obtiene algunas de sus mayores victorias de aparentes derrotas, victorias de la humildad y el quebrantamiento, que son los pilares del crecimiento espiritual de una persona. Porque Dios resiste a los orgullosos, pero da gracia a los humildes. David nos dice: «Cercano estĆ” el SeƱor a los de corazón quebrantado, y salva a los de espĆ­ritu contrito» (Salmo 34:18).

Salmo 25:8-10: «Bueno y recto es el SeƱor; por tanto, enseƱarĆ” a los pecadores el camino. GuiarĆ” a los mansos en la justicia, y les enseƱarĆ” su senda. Todos los caminos del SeƱor son misericordia y verdad para los que guardan su pacto y sus testimonios».

Una y otra vez vemos la importancia de la humildad en nuestra relación con Dios y con los demĆ”s. El pecador humilde estĆ” mĆ”s abierto a Dios que el religioso que se cree justo. Nuevamente, observamos que los caminos de Dios son misericordia y verdad. PodrĆ­amos equiparar la misericordia con el amor y proclamar que los caminos de Dios son amor y verdad. O podrĆ­amos equiparar la misericordia con la gracia y proclamar que los caminos de Dios son gracia y verdad. 

Misericordia y verdad, amor y verdad, gracia y verdad, todo apunta a una sola persona: Jesucristo. «Porque la ley fue dada por medio de MoisĆ©s, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). JesĆŗs mismo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». ¿Quieres seguir el camino de la misericordia y la verdad? Entonces sigue a JesĆŗs, quien es la encarnación del amor, la misericordia, la gracia y la verdad.

Salmo 25:11: «Por amor de tu nombre, oh SeƱor, perdona mi iniquidad, porque es grande».

Una vez mĆ”s, vemos la oleada de culpa que invade a David mientras clama por perdón. Se lamenta de su terrible pecado y suplica a Dios misericordia. Es el enemigo de nuestra alma quien nos tienta a caer en la condenación por nuestros pecados, iniquidades, errores o equivocaciones del pasado. Proverbios dice: «El que encubre sus pecados no prosperarĆ”; mas el que confiesa y se aparta de su pecado alcanzarĆ” misericordia» (Proverbios 28:13). En el Nuevo Testamento encontramos: «Si confesamos nuestros pecados, Ɖl (Dios) es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

IsaĆ­as 43:25 dice: «Yo, yo mismo, soy el que borro tus transgresiones por amor de mĆ­ mismo, y no me acordarĆ© mĆ”s de tus pecados». En Salmo 103:12 encontramos: «Tan lejos como estĆ” el oriente del occidente, asĆ­ de lejos ha alejado de nosotros nuestras transgresiones». Miqueas 7:19 expresa la misma idea. «VolverĆ”s a tener compasión de nosotros; pisotearĆ”s nuestros pecados y arrojarĆ”s todas nuestras iniquidades a las profundidades del mar» (NVI).

El apóstol Pablo nos dice claramente que no hay condenación para los que estÔn en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Es el diablo, el acusador de los santos, quien intenta convencernos de que hemos pecado mÔs allÔ del deseo de Dios de perdonar. Nos dice que nuestro pecado es demasiado grande, que Dios no puede ni quiere perdonarnos. Pero estas palabras, como dijo JonÔs, eran vanidades mentirosas. Cuando JonÔs descendía por tercera y última vez para encontrar la muerte en el vientre de la ballena, había estado escuchando las palabras del diablo y creía que estaba recibiendo lo que merecía por desobedecer los mandamientos de Dios.

Finalmente, JonĆ”s comprendió que su salvación dependĆ­a y siempre depende de la gracia y la misericordia de Dios, y no de su propia perfección sin pecado. JonĆ”s se acordó del SeƱor, y su oración llegó hasta Ɖl en su santo templo. Dios iluminó la mente de JonĆ”s. Comprendió que si seguĆ­a las mentiras del diablo, las que le decĆ­an que Dios no lo perdonarĆ­a ni lo salvarĆ­a por haber desobedecido demasiado, estarĆ­a renunciando a la misericordia divina. La misericordia que Dios ofrece continuamente a quienes acuden a Ɖl en momentos de gran angustia y aflicción. Si JonĆ”s se hubiera aferrado a su orgullo mientras descendĆ­a a las profundidades del mar, ese habrĆ­a sido su Ćŗltimo viaje. Pero dejó a un lado su orgullo y clamó a Dios con humildad pidiendo misericordia, ofreciĆ©ndole acción de gracias y alabanza. Como resultado, el SeƱor respondió a su oración, y JonĆ”s llegó a la playa listo para cumplir la misión de Dios.

Salmo 25:12-14 ¿QuiĆ©n es el hombre que teme al SeƱor? Ɖl le enseƱarĆ” el camino que escoja. Su alma vivirĆ” tranquila, y su descendencia heredarĆ” la tierra. El secreto del SeƱor estĆ” con los que le temen; a ellos les mostrarĆ” su pacto.

IsaĆ­as nos dice: «Pero a este mirarĆ©, al pobre y contrito, que tiembla ante mi palabra» (IsaĆ­as 66:2). «El temor del SeƱor es el principio de la sabidurĆ­a» (Proverbios 1:7). Un sano temor del SeƱor nos da la perspectiva correcta de la vida. Cuando comprendemos que Dios nos creó y no nosotros mismos, comenzamos a pensar desde el punto de partida correcto: con Dios, no con nosotros mismos.

Salmo 25:15-20: «Mis ojos estĆ”n siempre puestos en el SeƱor, porque Ć©l me librarĆ” de la red. VuĆ©lvete a mĆ­, SeƱor, y ten misericordia de mĆ­, porque estoy desolado y afligido. Las angustias de mi corazón se han multiplicado; sĆ”came de mis aflicciones. Mira mi aflicción y mi dolor, y perdona todos mis pecados. Considera a mis enemigos, que son muchos, y me odian con odio cruel». Oh, guarda mi alma y lĆ­brame; no sea yo avergonzado, porque en ti he confiado.

David parece haber ganado fe a través de la oración y ahora su oración tiene mÔs confianza. Cree que Dios ha escuchado su oración y le enviarÔ alivio. El tiempo que David pasó en oración lo transformó y fortaleció su fe. En su tiempo de oración, recibió fortaleza del Señor y ahora se presenta con confianza ante el trono de la gracia.

Salmo 25:21-22 Que la integridad y la rectitud me guarden, porque en ti espero. Redime a Israel, oh Dios, de todas sus angustias.

La Ćŗnica integridad y rectitud que tenemos estĆ” en Cristo. Ɖl es quien nos ayuda a ser honestos, veraces y rectos. Es su gracia en nosotros la que nos hace superar a nuestros enemigos en carĆ”cter y honor. David concluye diciendo: «Redime a Israel de todas sus angustias». El apóstol Pablo nos dice que el verdadero Israel de Dios incluye a todos los que creen en el SeƱor Jesucristo. Somos descendientes de Abraham, descendientes de Israel, por medio de nuestra fe y obediencia al SeƱor JesĆŗs. «Y si sois de Cristo, entonces sois descendientes de Abraham y herederos segĆŗn la promesa», GĆ”latas 3:29.

Charles Spurgeon dijo lo siguiente: «Israel, en el pacto de gracia, no es el Israel natural [no la nación de Israel de carne y hueso], sino todos los creyentes de todas las Ć©pocas. Antes de la primera venida, todos los tipos y figuras apuntaban en una misma dirección: a Cristo, y a Ɖl (el MesĆ­as) todos los santos (del Antiguo Testamento) miraban con esperanza. Quienes vivieron antes de Cristo no fueron salvos con una salvación diferente a la que nos serĆ” dada. Ejercieron la fe como nosotros debemos hacerlo; esa fe luchó como la nuestra lucha, y esa fe obtuvo su recompensa como la nuestra la obtendrĆ”».[1]

[1] Charles Spurgeon, ClƔsicos Devocionales de C.H. Spurgeon, pƔg. 122

El siguiente es uno de esos hermosos salmos escritos despuƩs del pecado de David con BetsabƩ y Urƭas.


Publicado originalmente el 25 de enero de 2025

Friday, July 24, 2026

Salmo 24 - EspaƱol

 


Comentario del Salmo de David por Dennis Edwards

La Iglesia de Inglaterra leĆ­a el Salmo 24 al celebrar la Ascensión de Cristo. Sin embargo, aunque la Ascensión significaba que JesĆŗs habĆ­a entrado y ha entrado en la gloria, esa gloria solo se encuentra ahora en los cielos. En su segunda venida, vendrĆ” con poder y fuerza. DerrotarĆ” al adversario y tomarĆ” el control del mundo y de todo lo que habita en Ć©l. Podemos visualizar el Salmo 24 como una celebración de victoria en el momento de la Ascensión de Cristo hace 2000 aƱos. Sin embargo, la celebración de la victoria serĆ” mĆ”s completa cuando: «Los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro SeƱor y de su Cristo; y Ć©l reinarĆ” por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 11:15b). Esto ocurrirĆ” en la segunda venida de Cristo, especĆ­ficamente en la Batalla de Armagedón, cuando el SeƱor regrese con decenas de mil de sus santos para ejecutar juicio sobre todos (Judas 14b-15a).

Salmo 24:1-2 Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los diluvios.

Dios estableció el mundo en seis dĆ­as, y fue muy bueno. La tierra era, en verdad, del SeƱor. La entregó en manos de AdĆ”n y Eva para que la cuidaran y la dominaran. Sin embargo, AdĆ”n y Eva perdieron su dominio por el pecado y la astucia de SatanĆ”s, quien los privó de su mayordomĆ­a y los convenció de que ahora Ć©l tenĆ­a el control. Cuando SatanĆ”s tentó a JesĆŗs en el desierto, leemos: “Y el diablo (o SatanĆ”s), llevĆ”ndolo (a JesĆŗs) a un monte alto, le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y le dijo: «Te darĆ© todo este poder, y la gloria de ellos; porque a mĆ­ me ha sido entregada, y a quien yo quiera la doy. Pues si me adoras, todo serĆ” tuyo» (Lucas 4:5-7).

Vemos a SatanĆ”s afirmando tener autoridad sobre los gobernantes del mundo. El apóstol Pablo los llama «principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12, editado). Sin embargo, mediante la muerte y resurrección de JesĆŗs, «ha despojado a los principados y a las potestades, y los ha exhibido pĆŗblicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15).

Salmo 24:3-4 ¿QuiĆ©n subirĆ” al monte del SeƱor? ¿O quiĆ©n estarĆ” en su santuario? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha elevado su alma a la vanidad ni jurado con engaƱo.

Ninguno de nosotros puede salvarse a sĆ­ mismo. «No hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno» (Salmo 14:3b). «Por cuanto todos pecaron y estĆ”n destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Todos hemos elevado nuestras almas a la vanidad, como escribió Salomón: «He visto todas las obras que se hacen bajo el sol; y he aquĆ­, todo es vanidad y aflicción de espĆ­ritu» (EclesiastĆ©s 1:14).

Pero Dios nos ha dado una salida a nuestro aprieto. “De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigĆ©nito, para que todo aquel que en Ć©l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Ć©l” (Juan 3:16-17).

JesĆŗs es la vĆ­a de escape. JesĆŗs es quien puede acercarse a Dios, pues es el MesĆ­as. “Fue tentado en todo segĆŗn nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15b). Por lo tanto, al revestirnos de su justicia, podemos “acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Salmo 24:5: RecibirÔ bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación.

Porque JesĆŗs fue obediente hasta la muerte, Dios lo designó heredero de todo y “lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de JesĆŗs se incline todo ser viviente, de los que estĆ”n en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el SeƱor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11). Los que creemos en el SeƱor Jesucristo seremos salvos. La justicia de JesĆŗs nos ha sido imputada por Dios mediante nuestra fe y creencia en Jesucristo (Romanos 3:22). ¡Nos hemos revestido de Cristo!

Salmo 24:6 Esta es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Jacob. Selah.

El profeta Amós profetizó: «He aquĆ­ que vienen dĆ­as —declara el SeƱor Dios— en que enviarĆ© hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oĆ­r la palabra del SeƱor. Y andarĆ”n errantes de mar en mar, y desde el norte hasta el este discurrirĆ”n buscando la palabra del SeƱor, pero no la hallarĆ”n. En aquel dĆ­a las vĆ­rgenes hermosas y los jóvenes desmayarĆ”n de sed» (Amós 8:11-13).

Durante la guerra de Vietnam, una generación de jóvenes estadounidenses buscó al SeƱor y lo encontró en la famosa Revolución por JesĆŗs. Sin embargo, el falso cristianismo y la fuerte cultura anti-Dios, tanto en Europa como en Estados Unidos, han dificultado que los jóvenes de hoy encuentren al SeƱor. Las escuelas secundarias y universidades enseƱan filosofĆ­as seculares. El cine y la mĆŗsica tambiĆ©n suelen socavar la fe en Dios, caracterizando al cristianismo como una religión de imbĆ©ciles e ignorantes. En las instituciones educativas se enseƱa con sutileza que Dios estĆ” muerto. "¡Hazlo!" Haz lo que quieras que te haga feliz. Todo se trata de ti, y nada de Dios ni de lo que Ɖl quiere para nuestras vidas.

Pero Dios dice: "Me buscarĆ©is y me hallarĆ©is, porque me buscarĆ©is de todo vuestro corazón" (JeremĆ­as 29:13). JesĆŗs dijo: "Pedid y recibirĆ©is, buscad y hallarĆ©is, llamad y se os abrirĆ”" (Mateo 7:7). Debemos buscar con sinceridad, porque Dios se encuentra en quienes lo buscan de verdad. Como Blaise Pascal explicó maravillosamente en sus Pensamientos: «Dios ha querido hacerse plenamente reconocible para quienes creen; y asĆ­, estĆ” dispuesto a aparecer abiertamente a quienes lo buscan con todo su corazón y a ocultarse de quienes lo huyen con todo su corazón. Regula de tal manera el conocimiento de SĆ­ mismo que ha dado seƱales visibles para quienes lo buscan, pero no para quienes no lo buscan. Hay suficiente luz para quienes solo desean ver, y suficiente oscuridad para quienes tienen una disposición contraria». – Pensamientos de Blaise Pascal 430.

Salmo 24:7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas; y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrarĆ” el Rey de la gloria.

Hemos elevado nuestra cabeza, nuestro corazón y nuestras manos a Dios, y hemos abierto la puerta de nuestro corazón, y Ɖl ha entrado en la persona de Jesucristo. “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12b).

Salmo 24:8. ¿QuiĆ©n es este Rey de gloria? El SeƱor fuerte y poderoso, el SeƱor poderoso en batalla.

JesĆŗs es el Rey de gloria. En su segunda venida, descenderĆ” del cielo con voz de mando. Sin embargo, el Anticristo y sus fuerzas “guerrearĆ”n contra el Cordero, pero el Cordero triunfarĆ” sobre ellos, porque es SeƱor de seƱores y Rey de reyes, y con Ć©l estarĆ”n sus llamados, escogidos y fieles seguidores” (Apocalipsis 17:14). Finalmente, al concluir el perĆ­odo de la ira de Dios con la Batalla de Armagedón, JesĆŗs vendrĆ” y tomarĆ” posesión fĆ­sica de la tierra. AterrizarĆ” en JerusalĆ©n, en el Monte Sión (ZacarĆ­as 14:4). Porque los ejĆ©rcitos que estaban en el cielo lo seguirĆ”n. HerirĆ” a las naciones; y las regirĆ” con vara de hierro; y pisarĆ” el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y SeƱor de seƱores (Apocalipsis 19:14-16).

Salmo 24:9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas; alzadlas, vosotras, puertas eternas, y entrarĆ” el Rey de gloria.

Si aĆŗn no has elevado tu corazón, tu mente, tu alma y tus manos a JesĆŗs, aĆŗn estĆ”s a tiempo. Ɖl estĆ” a la puerta de tu corazón y llama. Quien oiga su voz y abra la puerta, entrarĆ” (Apocalipsis 3:20). Entonces podrĆ”s comenzar la hermosa vida de comunión con Dios en tu corazón y alma. JesĆŗs dijo: «Mi doctrina no es mĆ­a, sino de Dios, que me envió. El que quiera hacer lo que yo he enseƱado, conocerĆ” si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta» (Juan 7:16-17). JesĆŗs hace una afirmación muy basada en la evidencia: «Hagan lo que yo digo, y sabrĆ”n si es verdaderamente de Dios».

Salmo 24:10 ¿QuiĆ©n es este Rey de gloria? El SeƱor de los ejĆ©rcitos, Ɖl es el Rey de gloria. Selah.

JesĆŗs es el Rey de gloria y quiere vivir en ti y ayudarte a resolver tus problemas y angustia mental y emocional. Dijo: «El que me ama, guardarĆ” mi palabra; y mi Padre lo amarĆ”, y vendremos a Ć©l, y haremos morada con Ć©l» (Juan 14:23). ¿No deseas que el EspĆ­ritu del Dios vivo venga y more en ti? Clama a Ɖl hoy. ¡EstĆ” a solo una oración de distancia!

Publicado originalmente el 24 de enero de 2025.

Thursday, July 23, 2026

Salmo 23 - EspaƱol


Salmo de David con comentario de Dennis Edwards

Salmo 23:1 El SeƱor es mi pastor; nada me faltarƔ.

¿QuiĆ©n es nuestro Pastor? Es el SeƱor. En el evangelio de Juan, JesĆŗs se llama a sĆ­ mismo el buen pastor. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas… Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas, y las mĆ­as me conocen… Doy mi vida por las ovejas” (Juan 10:11, 14, 15b). El apóstol Pedro llama a JesĆŗs “el Pastor y Obispo de nuestras almas” (1 Pedro 2:25b).

En Hebreos, encontramos la misma imagen: “Y el Dios de paz que resucitó de entre los muertos a nuestro SeƱor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra para que hagĆ”is su voluntad, obrando Ć©l en vosotros lo que es agradable delante de Ć©l por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos” (Hebreos 13:20-21). 

En la parÔbola de la oveja perdida en Lucas 15:1-7, Jesús defiende su ministerio como pastor que busca a la oveja perdida.

En el Antiguo Testamento, Dios condena a los falsos pastores de Israel que se apacientan a sĆ­ mismos y no apacientan a las ovejas. "¿Acaso los pastores no deben apacentar los rebaƱos?", les dice Dios: "ComĆ©is la grosura, os vestĆ­s con la lana, matĆ”is a los engordados, pero no apacentĆ”is al rebaƱo" (Ezequiel 34:3). Todo el capĆ­tulo es una contundente condena a los lĆ­deres judĆ­os y su falta de cuidado del pueblo, las ovejas que Dios les ha confiado.

Ezequiel 34:4-6 “No fortalecisteis a las enfermas, ni curasteis a la enferma, ni vendasteis la perniquebrada, ni restituisteis la extraviada, ni buscasteis la perdida; sino que con fuerza y ​​crueldad las dominasteis. Y se dispersaron por falta de pastor; y se convirtieron en presa de todas las fieras del campo, cuando se dispersaron. Mis ovejas anduvieron errantes por todos los montes y en todo collado alto; sĆ­, mi rebaƱo se dispersó por toda la faz de la tierra, y no hubo quien las buscara ni las buscara.” 

Ezequiel 34:7-10 ”Por tanto, pastores, escuchen la palabra del SeƱor: Vivo yo —declara el SeƱor Dios—, porque mis ovejas se convirtieron en presa, y mis ovejas se convirtieron en presa de todas las fieras del campo, por falta de pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sĆ­ mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, pastores, escuchen la palabra del SeƱor: AsĆ­ dice el SeƱor Dios: He aquĆ­, yo estoy contra los pastores; demandarĆ© mis ovejas de sus manos, y harĆ© que dejen de apacentarlas; y los pastores no se apacentarĆ”n mĆ”s a sĆ­ mismos; porque librarĆ© mis ovejas de sus bocas, para que no les sirvan de alimento.” 

Ezequiel 34:11-12 “Porque asĆ­ dice el SeƱor Dios: He aquĆ­, yo mismo buscarĆ© mis ovejas y las cuidarĆ©. Como un pastor cuida su rebaƱo el dĆ­a que estĆ” en medio de sus ovejas dispersas, asĆ­ yo cuidarĆ© mis ovejas y las librarĆ© de todos los lugares donde fueron dispersadas el dĆ­a del nublado y de la oscuridad.”

Ezequiel 34:15-16 “Yo apacentarĆ© mis ovejas y las harĆ© descansar —dice el SeƱor Dios—. BuscarĆ© la perdida y harĆ© volver la descarriada; vendarĆ© la perniquebrada y fortalecerĆ© la enferma; pero destruirĆ© a la gorda y a la fuerte; las apacentarĆ© con juicio.”

Dios mismo entrarĆ­a en la humanidad como ser humano y serĆ­a el Buen Pastor en Jesucristo. Juzgó a los falsos pastores de Israel y les quitó su pastoreo. JuzgarĆ” a los falsos pastores, una vez mĆ”s, ya sean polĆ­ticos, religiosos o educativos. Sin embargo, no solo los falsos pastores serĆ”n juzgados. Ɖl tambiĆ©n juzgarĆ” a las ovejas, tanto a las gordas como a las flacas. JuzgarĆ” a las gordas y fuertes, y alimentarĆ” a las flacas y enfermas.

De igual manera, en las cartas a las iglesias en Apocalipsis 2 y 3, vemos que Cristo juzgarĆ” a las iglesias cristianas segĆŗn su amor y obediencia a Dios. Aquellos que son «ricos y se han enriquecido, y de nada tienen necesidad», no se dan cuenta de que son «desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos» ante los ojos de Dios (Apocalipsis 3:17). A menos que se arrepientan y renueven su primer amor y obediencia, Ɖl los castigarĆ” con juicio.

De igual manera, JesĆŗs nos exhortó en Mateo 25:31-46 a cuidar fĆ­sica y espiritualmente de los que tienen hambre, sed, son forasteros, estĆ”n desnudos, enfermos y en prisión. Si participamos en el cuidado de los pobres, alimentĆ”ndolos fĆ­sica y espiritualmente, seremos bendecidos. Como dijo JesĆŗs: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mĆ”s pequeƱos, a mĆ­ lo hicisteis» (Mateo 25:40).

Sin embargo, si fallamos en nuestra tarea y nos fortalecemos, mientras descuidamos nuestra comisión, solo nos espera una horrenda expectación de juicio y de furia ardiente… ¡Horrenda cosa es caer en las manos de Dios! (Hebreos 10:27-31).

Salmo 23:2 En verdes pastos me hace descansar; Junto a aguas de reposo me pastorea.

El SeƱor promete suplir nuestras necesidades. Como encontramos en el Padre Nuestro: «Danos hoy nuestro pan de cada dĆ­a». El apóstol Pablo nos dice: «Mi Dios, pues, suplirĆ” todo lo que os falta conforme a sus riquezas y gloria en Cristo JesĆŗs» (Filipenses 4:19). JesĆŗs dijo: «Buscad primeramente el reino de Dios, y todas estas cosas os serĆ”n aƱadidas» (Mateo 6:33).

Salmo 23:3 Conforta mi alma; Me guĆ­a por sendas de justicia por amor de su nombre.

Dios restaura continuamente nuestras almas, ya que los soldados cristianos a menudo necesitan un respiro de la batalla. Es en los momentos en que acudimos al SeƱor en busca de descanso y alivio que nuestras heridas son atendidas, nuestros cuerpos sanados, nuestras mentes renovadas y nuestros espĆ­ritus refrescados. Por su EspĆ­ritu, nos guĆ­a por los caminos que Ɖl quiere que andemos.

Salmo 23:4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estÔs conmigo; tu vara y tu cayado me infundirÔn aliento.

Sea cual sea el desafĆ­o que nos traiga la vida, JesĆŗs promete caminar a nuestro lado, o llevarnos en brazos, como en la historia de las Huellas en la Arena. Ɖl dice: «No temas, yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios: te esfuerzo; sĆ­, te ayudarĆ©; sĆ­, te sustentarĆ© con la diestra de mi justicia» (IsaĆ­as 41:10). Quienes nos hemos revestido de la justicia de Cristo podemos afrontar la muerte con paz y serenidad. Llevamos nuestro vestido de bodas y no seremos avergonzados.

Ɖl nos anima aĆŗn mĆ”s con: «No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; eres mĆ­o» (IsaĆ­as 43:1b). El Gran Pastor de las ovejas nos ha llamado por nuestro nombre y hemos respondido a su llamado. Ɖl dijo: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerĆ”n jamĆ”s, ni nadie las arrebatarĆ” de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre» (Juan 10:27-29).

Volviendo a IsaĆ­as, Dios continĆŗa: “Cuando pases por las aguas, yo estarĆ© contigo; y por los rĆ­os, no te anegarĆ”n; cuando camines por el fuego, no te quemarĆ”s, ni la llama arderĆ” en ti” (IsaĆ­as 43:2).

Podemos adentrarnos en el valle de sombra de muerte sin temor, porque nuestro Dios nos ha dado la victoria sobre la muerte. Mediante su muerte en la cruz, destruyó al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo (Hebreos 2:14b).

Por lo tanto, nos dice: “No temĆ”is a los que matan el cuerpo, pero el alma no; temed mĆ”s bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

Salmo 23:5 Preparas mesa delante de mĆ­ en presencia de mis enemigos; unges mi cabeza con aceite; mi copa estĆ” rebosando.

Incluso en medio de calumnias y persecución, o en medio de una cultura impía, Dios suple nuestras necesidades. Nos da su presencia, el gozo del Señor, que es nuestra fortaleza. Podemos compartir con otros las bendiciones espirituales y materiales con las que nos ha bendecido. Nuestra copa rebosa.

Salmo 23:6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirƔn todos los dƭas de mi vida, y en la casa del SeƱor morarƩ por largos dƭas.

Quienes caminan con Dios tienen su bondad y misericordia fluyendo tras ellos en esta vida. En la venidera, moraremos con el SeƱor por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 21:3-4 y 5b: “Y oĆ­ una gran voz del cielo que decĆ­a: He aquĆ­ el tabernĆ”culo de Dios con los hombres, y Ć©l morarĆ” con ellos; y ellos serĆ”n su pueblo, y Dios mismo estarĆ” con ellos como su Dios. EnjugarĆ” Dios toda lĆ”grima de sus ojos; y ya no habrĆ” muerte, ni habrĆ” mĆ”s llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron… ¡He aquĆ­, yo (Dios) hago nuevas todas las cosas!”

Terminemos escuchando la canción “CantarĆ© de la bondad de Dios”.

Publicado originalmente el 23 de enero de 2025

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