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Thursday, October 22, 2026

Salmo 19 - Los cielos declaran la gloria de Dios


Al MĆŗsico Principal. Salmo de David. Comentarios de Dennis Edwards

1. Los cielos declaran la gloria de Dios; y el firmamento (la expansión del cielo) anuncia la obra de sus manos (la obra de sus manos).

2. Un dĆ­a emite palabra a otro dĆ­a, y una noche a otra noche revela conocimiento.

3. No hay lenguaje ni palabras donde no se oiga su voz.

4. Su voz (o sonido o actividad) se ha extendido por toda la tierra, y sus palabras hasta el confĆ­n del mundo.

Abraham Lincoln comentó: «Veo cómo es posible que un hombre mire hacia la tierra y sea ateo, pero no puedo concebir cómo un hombre podrĆ­a mirar hacia los cielos y decir que no hay Dios». Emmanuel Kant, el filósofo alemĆ”n (1724-1804), escribió: «Dos cosas llenan mi mente de asombro y admiración cada vez mayores, cuanto mĆ”s a menudo y con mayor seriedad reflexiono y me concentro en ellas: el cielo estrellado sobre mĆ­ y la ley moral dentro de mĆ­». 

El apóstol Pablo escribió: “Porque las cosas invisibles de Ɖl, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

En el libro mĆ”s antiguo de la Biblia, el libro de Job, encontramos a Job diciendo: “Pero pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseƱarĆ”n; y a las aves del cielo, y te lo dirĆ”n; o habla a la tierra, y ella te enseƱarĆ”; y los peces del mar te lo declararĆ”n. ¿QuiĆ©n no entiende en todo esto que la mano del SeƱor ha obrado esto? En cuya mano estĆ” el alma de todo ser viviente, y el aliento de toda la humanidad” (Job 12:7-10).

En otras palabras, Job dice: «Estudia el reino animal y te enseƱarĆ”n, o las aves y te lo dirĆ”n, o en tu estudio de geologĆ­a te enseƱarĆ”n, o en tu estudio de los peces del mar te declararĆ”n: que es la mano de Dios la que creó todas las cosas y es Su mano la que mantiene vivos tanto al hombre como al animal». Como leemos en el salmo: «Reconozcan que el SeƱor es Dios; Ɖl nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (Salmo 100:3a).

El apóstol Pablo, en su defensa ante los atenienses, explica quiĆ©n es el «Dios desconocido» al que adoran. “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en Ć©l hay, siendo SeƱor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos humanas, como si necesitara de algo, pues es Ɖl quien da a todos vida, aliento y todas las cosas. Y de una sola sangre ha hecho todo el linaje de los hombres para que habiten sobre toda la faz de la tierra, y ha prefijado el orden de los tiempos y los lĆ­mites de su habitación; para que busquen al SeƱor, si en alguna manera, palpando, puedan hallarlo, aunque ciertamente no estĆ” lejos de cada uno de nosotros; porque en Ɖl vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:24-28a).

4b En ellos ha puesto un tabernƔculo (tienda o morada) para el sol,

5 que es como un esposo que sale de su tƔlamo, y se regocija como un valiente para correr su carrera.

6 Su salida es de un extremo del cielo, y su giro hasta el otro extremo; y nada hay que se esconda de su calor. 

Isaac Newton fue otro de los que, meditando sobre las esferas celestes, llegó a la siguiente conclusión: «El ateĆ­smo es absurdo. Cuando miro el sistema solar, veo la Tierra a la distancia adecuada del Sol para recibir la cantidad adecuada de calor y luz. Esto no ocurrió por casualidad».

Dios nos ha dado amplias razones para creer. Nuestro estudio de la ciencia deberĆ­a acercarnos a Dios, no alejarnos de Ɖl. El cientĆ­fico espacial Wernher von Braum dijo: «Mis experiencias con la ciencia me llevaron a Dios. DesafĆ­an a la ciencia a probar la existencia de Dios. Pero ¿de verdad debemos encender una vela para ver el Sol?».

Incluso Einstein, aunque no era teĆ­sta, llegó a la misma conclusión: «Las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un espĆ­ritu muy superior al del hombre, ante el cual nosotros, con nuestras modestas fuerzas, debemos sentirnos humildes».

7 La ley del SeƱor es perfecta, que convierte (restaura) el alma; el testimonio del SeƱor es fiel, que hace sabio al sencillo; 

En el libro de Hebreos encontramos: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y mĆ”s cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y el espĆ­ritu, las coyunturas y los tuĆ©tanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12). La palabra de Dios nos da discernimiento y nos ayuda a distinguir la verdad de la falsedad.

8 Los estatutos del Señor son rectos y alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro y alumbra los ojos;

Es conocer y seguir la palabra de Dios lo que ilumina nuestra mente. Su palabra es una lĆ”mpara a nuestros pies y una luz en nuestro camino (Salmo 119:105). El apóstol Pablo nos dice que «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrĆ©dulos» (2 Corintios 4:4a). Creer en la palabra de Dios ilumina nuestra mente. Rechazarla nos ciega. Por lo tanto, San AgustĆ­n argumentó que debemos procurar creer para comprender adecuadamente, en lugar de procurar comprender para creer. Creer en Dios ilumina nuestro entendimiento para que podamos comprender adecuadamente.

Sin Dios como nuestra premisa inicial, nuestro razonamiento es inĆŗtil. Como enseƱa la Escritura: «El temor del SeƱor es el principio del conocimiento» (Proverbios 1:7a). O como explica el apóstol Pablo: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido» (Romanos 1:21).

9 El temor del SeƱor es limpio, que permanece para siempre; los juicios del SeƱor son verdaderos y justos todos.

10 Son mƔs deseables que el oro, sƭ, que mucho oro fino; mƔs dulces que la miel y el panal.

Incluso los juicios de Dios deben verse como bendiciones. El SeƱor dice que son mĆ”s dulces que la miel y mĆ”s deseables que el oro. Todo lo que Dios permite en nuestras vidas debe verse a travĆ©s de la perspectiva de Romanos 8:28: «A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados», y 1 Tesalonicenses 5:18: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo JesĆŗs». Si filtramos todas nuestras experiencias de vida a travĆ©s del tamiz de estos dos versĆ­culos, impediremos que la amargura y la negatividad entren en nuestras vidas y mantendremos una relación correcta con Dios y con los demĆ”s.

11 AdemƔs, por ellos tu siervo es amonestado, y en guardarlos hay gran recompensa.

12 ¿QuiĆ©n puede entender sus propios errores? LĆ­mpiame de las faltas ocultas.

Realmente no podemos comprender todos nuestros errores. Nuestro orgullo nos impide ver muchos de nuestros propios errores. Debemos pedirle a Dios que nos limpie y nos ayude a obtener la victoria sobre nuestros pecados ocultos. El enemigo quiere usar esos pecados ocultos para abrir un agujero en nuestro dique espiritual, para poder inundar nuestras vidas con sus mentiras y destruir nuestra fe y testimonio de Dios. No juegues con los pecados ocultos. Resiste al diablo y huirÔ de ti. Pide oración. Uno puede perseguir a mil, pero dos pueden hacer huir a diez mil (Deuteronomio 32:30).

13a Guarda tambiƩn a tu siervo de los pecados de soberbia; Que no se enseƱoreen de mƭ.

Los pecados de soberbia son pecados de orgullo. La Biblia dice que la raíz de todo pecado es el orgullo. Es nuestra rebelión contra Dios, nuestro orgullo, lo que nos lleva a pecar y a actuar a nuestra manera. Como resultado, nos volvemos "sanguinarios, pero indomables". Como el capitÔn Acab en Moby Dick de Melville, terminamos en amargura y lejos de Dios.

13b Entonces seré irreprensible, y estaré libre de gran transgresión, o en la versión RV "de la gran transgresión".

La gran transgresión es la incredulidad. Porque Dios nos ha dado amplias razones para creer, pero los hombres han "suprimido la verdad con injusticia" (Romanos 1:18b). Repitamos un versĆ­culo anterior, ya que es fundamental que mantengamos la actitud correcta y no caigamos en la incredulidad. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1:21-22).

Si no filtramos todos los problemas que ocurren en nuestra vida a travĆ©s del filtro de la confianza y la gratitud a Dios, a pesar de no entender el porquĆ©, caeremos en la amargura. Esa amargura destruirĆ” nuestra fe y afectarĆ” negativamente a los demĆ”s. Como dice Nick Vujicic, quien no tiene brazos ni piernas: “No se puede estar agradecido y amargado al mismo tiempo”. Como leemos en Hebreos: “Mirad con diligencia (o vigilad atentamente), no sea que brote alguna raĆ­z de amargura que os perturbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:13). Tu amargura afectarĆ” a otros y harĆ” que ellos tambiĆ©n caigan en la amargura.

Blaise Pascal (1623-1662), en sus Pensamientos filosóficos, escribió: «[Dios] ha querido hacerse plenamente reconocible para quienes creen; y asĆ­, estĆ” dispuesto a aparecer abiertamente a quienes lo buscan con todo su corazón, pero a ocultarse de quienes lo huyen con todo su corazón. Regula de tal manera el conocimiento de SĆ­ mismo que ha dado seƱales de SĆ­ mismo, visibles para quienes lo buscan, y no para quienes no lo buscan. Hay suficiente luz para quienes solo desean ver, y suficiente oscuridad para quienes tienen una disposición contraria».

14 Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean gratas a tu vista, oh Señor, mi fortaleza y mi Redentor.

Que nuestras palabras y pensamientos sean de nuestro Redentor, quien nos ha dado la victoria sobre el mal. Ɖl es nuestra fuerza, nuestra roca, y por Ɖl podemos lograrlo todo y vencer al enemigo. «Hijitos, ustedes son de Dios y los han vencido; porque mayor es el que estĆ” en ustedes que el que estĆ” en el mundo», 1 Juan 4:4. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», Filipenses 4:13.

Publicado originalmente el 19 de octubre de 2024.

Wednesday, October 21, 2026

Salmo 18 - Te amarƩ, oh SeƱor, fortaleza mƭa


Salmo de David, siervo del Señor, quien dirigió al Señor las palabras de este cÔntico el día que el Señor lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl, rey de Israel. El salmo también se encuentra en 2 Samuel 22. Comentario de Dennis Edwards.

Al leer el salmo, podemos verlo a travĆ©s de los ojos y la vida de David, mientras clama a Dios en medio de su aflicción y persecución por parte del rey SaĆŗl. Asimismo, podemos verlo como una profecĆ­a de Cristo y su aflicción y persecución a manos de hombres malvados. Incluso podemos verlo como una profecĆ­a del futuro, cuando Cristo regrese para juzgar a los malvados y establecer el reinado milenial de mil aƱos. 

Durante su reinado milenial, darÔ a los incrédulos mÔs tiempo para escuchar el evangelio y llegar a la fe (Apocalipsis 20:1-7). Luego viene la batalla final de Gog y Magog y la destrucción de la superficie de la tierra por fuego (Apocalipsis 20:8-9). Después vendrÔ el Juicio del Gran Trono Blanco, donde todos los impíos serÔn juzgados con justicia según sus obras (Apocalipsis 20:11-15).

Sin embargo, nosotros, que verdaderamente pertenecemos a Cristo, compareceremos ante su tribunal al morir y recibiremos juicio por nuestras obras, sean buenas o malas (2 Corintios 5:10). Participaremos en la primera resurrección a la venida de Cristo, y la segunda muerte, o la muerte del alma, no tendrĆ” poder sobre nosotros (Apocalipsis 20:6). 

El apóstol Pablo concluye: «Por tanto, conociendo el temor del SeƱor, persuadimos a los hombres» (2 Corintios 5:11a). En otras palabras, sabiendo que se acerca el dĆ­a del juicio para todos nosotros, y que la muerte no es el final, tratamos de compartir la luz del evangelio con todos aquellos con quienes nos relacionamos, pues esa es nuestra comisión.

Pablo podrĆ­a estar sintiendo el peso de la advertencia de Dios a Ezequiel en el Antiguo Testamento:

“Hijo de hombre, te he puesto por atalaya de la casa de Israel; escucha, pues, la palabra de mi boca, y amonĆ©stalos de mi parte. Cuando yo diga al impĆ­o: «De cierto morirĆ”s», y tĆŗ no le amonesten ni le hables para que se aparte de su mal camino y salve su vida (o alma por la eternidad), ese impĆ­o morirĆ” por su iniquidad, pero su sangre demandarĆ© de tu mano. Pero si tĆŗ amonestares al impĆ­o, y Ć©l no se aparta de su impiedad ni de su mal camino, Ć©l morirĆ” por su iniquidad, pero tĆŗ habrĆ”s librado tu vida” (Ezequiel 3:17-19).

Como seguidores de Cristo, sentimos la gran urgencia de compartir el mensaje de salvación que se nos ha concedido inmerecidamente. Debido a la seriedad de la tarea que Dios nos ha encomendado y a nuestro deseo de agradar al Señor y no fallarle, a veces podemos ser demasiado celosos en la comisión que se nos ha encomendado. Como embajadores cristianos, se nos instruye a andar en amor y verdad. Se nos ha encomendado mantener al Señor en primer lugar en nuestras vidas y aprender a ofrecer una buena defensa del evangelio con mansedumbre y respeto. Esa es la comisión que tenemos de nuestro Señor y Salvador, y es una que no queremos descuidar.

Sin embargo, no siempre lo hacemos bien. A veces podemos ofender a otros con nuestro celo, ya que la vida es un proceso de aprendizaje. Pero es nuestra esperanza y oración que podamos ser fieles siervos de nuestro Señor y no dejar de compartir su mensaje de salvación con todos aquellos con quienes nos encontramos e interactuamos.

Salmo 18:1-6 Te amarĆ©, oh SeƱor, fortaleza mĆ­a. El SeƱor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; mi Dios, mi fortaleza, en quien confiarĆ©; mi escudo, la fuerza de mi salvación y mi alto refugio. InvocarĆ© al SeƱor, quien es digno de ser alabado; y serĆ© salvo de mis enemigos. Me rodearon las tristezas de la muerte, y los torrentes de impĆ­os me aterrorizaron. Me rodearon las tristezas del infierno; los lazos de la muerte me impidieron. En mi angustia invoquĆ© al SeƱor y clamĆ© a mi Dios; Ć©l oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de Ć©l, a sus oĆ­dos.

Podemos ver estos versículos saliendo del corazón de Cristo en su muerte en la cruz, seguida del terremoto que tuvo lugar entonces o en su resurrección tres días después (véase Mateo 27:45-51).

Salmo 18:7-11 Entonces la tierra se estremeció y tembló; Los cimientos de las colinas tambiĆ©n se estremecieron, porque estaba airado (o lleno de ira, ira). Subió humo de su nariz, y de su boca fuego devorador; carbones encendidos. Inclinó los cielos y descendió, y habĆ­a tinieblas bajo sus pies. Cabalgó sobre un querubĆ­n y voló; sĆ­, voló sobre las alas del viento. Hizo de la oscuridad su escondite; su pabellón a su alrededor eran aguas oscuras y densas nubes del cielo.

Salmo 18:12-17 Ante el resplandor que estaba delante de Ć©l, pasaron sus densas nubes, granizo y carbones encendidos. El SeƱor tronó en los cielos, y el AltĆ­simo dio su voz; granizo y carbones encendidos. Envió sus saetas y los dispersó; y lanzó relĆ”mpagos y los derribó. Entonces se vieron los cauces de las aguas, y los cimientos del mundo quedaron al descubierto ante tu reprensión, oh SeƱor, ante el soplo del aliento de tu nariz. Envió desde arriba, me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me odiaban, porque eran demasiado fuertes para mĆ­.

David fue librado de la mano del rey Saúl y de sus otros enemigos. Aunque parecía que los enemigos de Cristo lo habían vencido, tres días después resucitó de entre los muertos, venciendo no solo a sus enemigos, sino también a la muerte y al pecado.

Salmo 18:18-24 Me previnieron en el dĆ­a de mi calamidad, pero el SeƱor fue mi apoyo. Me sacó a un lugar espacioso; me libró, porque se complació en mĆ­. El SeƱor me recompensó conforme a mi justicia; conforme a la pureza de mis manos me ha recompensado. Porque he guardado los caminos del SeƱor, y no me he apartado impĆ­amente de mi Dios. Porque todos sus juicios estuvieron delante de mĆ­, y no me apartĆ© de sus estatutos. Fui recto delante de Ć©l, y me guardĆ© de mi iniquidad. Por tanto, el SeƱor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos ante sus ojos.

Sabemos por las pÔginas del Texto Sagrado que David no siempre fue recto y puro. Sin embargo, Jesús el Cristo sí lo fue. Las palabras del salmo a veces se aplican mÔs a Cristo que al propio David, ya que el Espíritu Santo hablaba proféticamente a través de David.

Salmo 18:25-27 Con el misericordioso te mostrarĆ”s misericordioso; con el hombre recto te mostrarĆ”s recto; Con el puro te mostrarĆ”s puro; y con el perverso te mostrarĆ”s perverso. Porque tĆŗ salvarĆ”s al pueblo afligido, pero humillarĆ”s las miradas altaneras.

Jesús dijo que los mansos y humildes heredarÔn la tierra, no los ricos y poderosos.

Salmo 18:28-31 Porque tĆŗ encenderĆ”s mi lĆ”mpara; el SeƱor mi Dios iluminarĆ” mis tinieblas. Porque por ti he corrido a travĆ©s de una tropa, y por mi Dios he saltado un muro. En cuanto a Dios, su camino es perfecto; la palabra del SeƱor es acrisolada; es escudo para todos los que confĆ­an en Ć©l. Porque ¿quiĆ©n es Dios sino el SeƱor? ¿O quiĆ©n es roca sino nuestro Dios?

Salmo 18:32-35 Es Dios quien me ciƱe de fuerza y ​​hace perfecto mi camino. Hace mis pies como de ciervas, y me establece sobre mis alturas. Adiestra mis manos para la guerra, de modo que un arco de acero se quiebra con mis brazos. Me has dado el escudo de tu salvación; tu diestra me ha sostenido, y tu bondad me ha engrandecido.

Dios, por su amor, misericordia y verdad, es grande. Ɖl dice: «No con poder, ni con fuerza, sino con mi EspĆ­ritu, dice el SeƱor de los ejĆ©rcitos» (ZacarĆ­as 4:6).

Salmo 18:36-40 Ensanchaste mis pasos debajo de mĆ­, para que mis pies no resbalaran. PerseguĆ­ a mis enemigos y los alcancĆ©; no me volvĆ­ hasta que los aniquilĆ©. Los herĆ­ de tal manera que no pudieron levantarse; cayeron bajo mis pies. Porque me ceƱiste de fuerza para la batalla; sometiste a mis enemigos debajo de mĆ­. Me diste la espalda a mis enemigos, para que destruyera a los que me odiaban.

Salmo 18:41-45 Clamaron, pero no hubo quien los salvara; ni siquiera al SeƱor, pero Ć©l no les respondió. Entonces los molĆ­ como polvo ante el viento; los echĆ© como lodo de las calles. Me has librado de las contiendas de los pueblos, y me has puesto por cabeza de las naciones; un pueblo que no conocĆ­a me servirĆ”. En cuanto oigan de mĆ­, me obedecerĆ”n; los extranjeros se someterĆ”n a mĆ­. Los extranjeros se desvanecerĆ”n y temerĆ”n desde sus escondites.

El juicio final llegarÔ antes y después del arrebatamiento. Antes de su venida, sonarÔn las trompetas de la tribulación que se encuentran en Apocalipsis 8-10 y traerÔn las plagas de la tribulación sobre el mundo. Tras el arrebatamiento de los justos, las copas o entrañas de la ira se derramarÔn sobre los malvados e incrédulos (Apocalipsis 16). El Armagedón terminarÔ con Cristo tomando el control del mundo para ese reinado de 1000 años (Apocalipsis 19:11-21). Todos sus juicios se realizan con la esperanza de que el incrédulo se arrepienta y se vuelva al Dios de nuestros padres, Jesucristo.

Salmo 18:46-48 Vive el SeƱor; bendita sea mi roca; y sea ensalzado el Dios de mi salvación. Dios es quien me venga y somete pueblos bajo mis pies. Ć‰l me libra de mis enemigos; sĆ­, me levantas por encima de los que se levantan contra mĆ­; me has librado del hombre violento.

AsĆ­ como David fue liberado de SaĆŗl, Cristo librarĆ” al mundo de ese “hombre violento”, el “hombre de pecado”, el “hijo de perdición”, el Anticristo, quien pronto podrĆ­a alzarse con poder sobre la tierra. El apóstol Juan escribió: “Hijitos, es el Ćŗltimo tiempo; y segĆŗn oĆ­steis que el anticristo viene, asĆ­ ahora han surgido muchos anticristos; por lo cual conocemos que es el Ćŗltimo tiempo… ¿QuiĆ©n es mentiroso, sino el que niega que JesĆŗs es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1 Juan 2:18 y 22). Si Juan creĆ­a que vivĆ­a en el Ćŗltimo tiempo, ¿cuĆ”nto mĆ”s deberĆ­amos creer nosotros, que hemos visto muchas mĆ”s profecĆ­as bĆ­blicas cumplidas?

El Anticristo serÔ arrojado al lago de fuego y SatanÔs, su influencia espiritual, serÔ atado por mil años y arrojado a un abismo sin fondo (Apocalipsis 19:20 y 20:2-3). Algunos han interpretado el pozo sin fondo como si estuviera en el corazón o centro de la tierra, donde la fuerza de la gravedad lo haría parecer insondable. Primero caerías en un lado, luego en el otro, sin llegar nunca al fondo.

Salmo 18:49-50 Por tanto, yo te darĆ© gracias, oh SeƱor, entre las naciones, y cantarĆ© alabanzas a tu nombre. Gran liberación da a su rey; y muestra misericordia a su ungido, a David, y a su descendencia para siempre.

El final feliz es que SatanĆ”s y el Anticristo serĆ”n derrotados (Apocalipsis 20:10). Las fuerzas del mal serĆ”n derrotadas y las fuerzas del amor y la verdad, por medio de Jesucristo el MesĆ­as, reinarĆ”n supremas por los siglos de los siglos. No pierdas la oportunidad por orgullo o letargo. Clama a Dios hoy. Ɖl escucharĆ” tu clamor y responderĆ”. Ɖl te enviarĆ” ayuda y te rescatarĆ” de las trampas del enemigo. Esa es su obra. Eso es lo que Ɖl ha hecho. Clama y cree, y Ɖl no te fallarĆ”. 

“Cree en el SeƱor Jesucristo y serĆ”s salvo”, Hechos 16:31. “Porque todo aquel que invoque el nombre del SeƱor serĆ” salvo”, Romanos 10:13. ¡Invócalo, y Ɖl te responderĆ”!

Publicado originalmente el 18 de enero de 2025.

Tuesday, October 20, 2026

Salmo 17 - estarƩ satisfecho al despertar a tu semejanza

Una oración con confianza en la salvación final

Comentarios de Dennis Edwards

Una oración de David

Salmo 17:1-2 Escucha lo recto, oh Señor; atiende a mi clamor; presta oído a mi oración, que no sale de labios falsos. Salga mi juicio de tu presencia; vean tus ojos lo que es justo.

David clama a Dios, afirmando que es honesto y sincero, y que Dios debería escuchar y responder a su petición.

Salmo 17:3 Has examinado mi corazón; me has visitado de noche; me has probado, y nada hallaste; he decidido que mi boca no transgreda.

El apóstol Santiago nos recuerda que nuestra boca es nuestro mayor problema. AsĆ­ tambiĆ©n la lengua es un miembro pequeƱo, y se jacta de grandes cosas. ¡Miren cuĆ”n grande es el asunto que enciende un pequeƱo fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; asĆ­ estĆ” la lengua entre nuestros miembros, que contamina todo nuestro cuerpo e inflama la rueda de la naturaleza, y es inflamada por el infierno. Pero nadie puede domar la lengua; es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos a Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que estĆ”n hechos a la semejanza de Dios. Santiago 3:5, 6, 8, 9.

JesĆŗs tambiĆ©n nos dijo que darĆ­amos cuenta de cada palabra ociosa, pues por nuestras palabras serĆ­amos justificados y por nuestras palabras serĆ­amos condenados (Mateo 12:37). Las palabras son cosas reales. Bendicen o maldicen. El apóstol Pablo tambiĆ©n nos exhortó a que “ninguna palabra corrompida (o mala) salga de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

Salmo 17:4 En cuanto a las obras de los hombres, con la palabra de tus labios me he guardado de las sendas del destructor.

Es la palabra de Dios la que nos guarda de las sendas del destructor. Leemos en otros salmos: “Tu palabra es lĆ”mpara a mis pies y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). “Con quĆ© limpiarĆ” el joven su camino, guardando tu palabra” (Salmo 119:9). “En mi corazón he guardado tu palabra, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11). Es al vivir, meditar y seguir la palabra de Dios que escapamos de las asechanzas de nuestro enemigo espiritual.

Salmo 17:5 Sustenta mi andar en tus sendas, para que mis pasos no resbalen.

Como hijos de Dios, dependemos totalmente de su ayuda: «Aunque seamos infieles, Ć©l permanece fiel» (2 Timoteo 2:13). El apóstol Pablo nos asegura: «El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionarĆ” hasta el dĆ­a de Jesucristo» (Filipenses 1:6). «Porque yo sĆ© a quiĆ©n he creĆ­do, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel dĆ­a» (2 Timoteo 1:12b).

Salmo 17:6-8 Te he invocado, porque me oirÔs. Oh Dios, inclina a mí tu oído y escucha mi palabra. Muestra tu maravillosa misericordia, tú que salvas con tu diestra a los que en ti confían de quienes se levantan contra ellos. GuÔrdame como a la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas.

Una metĆ”fora familiar en las Escrituras es la del SeƱor, como una gallina que protege bajo sus alas a sus pollitos. “El que habita al abrigo del AltĆ­simo morarĆ” bajo la sombra del Omnipotente. DirĆ© del SeƱor: «Ć‰l es mi refugio y mi fortaleza; mi Dios; en Ć©l confiarĆ©. Ciertamente me librarĆ” de la trampa del cazador y de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirĆ”, y bajo sus alas estarĆ”s seguro; su verdad serĆ” tu escudo y adarga”. Salmo 91:1-4.

Salmo 17:9-10: De los malvados que me oprimen, de mis enemigos mortales que me rodean. Se encierran en su propia grosura; con su boca hablan con soberbia.

Una descripción bastante precisa de los ricos y poderosos impíos que oprimen a los pobres y necesitados, y con arrogancia hablan en contra de todo lo que se llama Dios o es piadoso.

Salmo 17:11-12 Nos han cercado en nuestros pasos; han puesto sus ojos en tierra, como león Ôvido de presa, como leoncillo que acecha en escondrijos.

La imagen del malvado como león que acecha al piadoso se repite en el Nuevo Testamento, donde el apóstol Pedro escribe: «Sed sobrios, velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe». 1 Pedro 5:8-9a.

Salmo 17:13 «LevĆ”ntate, oh SeƱor, desĆ”nimo, derrĆ­balo; libra mi alma del malvado, que es tu espada».

La palabra de Dios expresa repetidamente la idea de que el SeƱor a veces usa al incrĆ©dulo para castigar a su pueblo. En IsaĆ­as 7:20, el rey de Asiria fue mencionado como la navaja de Dios que vino contra Israel. «En aquel mismo dĆ­a, el SeƱor afeitarĆ” con navaja alquilada, es decir, al otro lado del rĆ­o, por el rey de Asiria, la cabeza y el pelo de los pies; tambiĆ©n consumirĆ” la barba». Dios enviarĆ­a a los asirios como castigo para las diez tribus del norte de Israel.

Nabucodonosor, quien vino y destruyó JerusalĆ©n y el primer templo, es mencionado como siervo de Dios en JeremĆ­as 25:9: “He aquĆ­, yo enviarĆ© y tomarĆ© a todas las familias del norte —declara el SeƱor— y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los traerĆ© contra esta tierra, contra sus habitantes y contra todas estas naciones de alrededor; los destruirĆ© por completo y los convertirĆ© en espanto, burla y desolación perpetua”.

Salmo 17:14 De los hombres que estÔn bajo tu control, oh Señor, de los hombres del mundo, que tienen su porción en esta vida, y cuyo vientre llenas con tu tesoro escondido: estÔn llenos de hijos, y dejan el resto de sus bienes a sus pequeños.

Los ricos han encontrado la manera, a través de sus fundaciones, ONG y asociaciones, de ocultar su dinero para evadir impuestos y, como resultado, sus ingresos crecen exponencialmente de generación en generación. Son del mundo y aman las cosas del mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Pero el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16-17).

Salmo 17:15 En cuanto a mƭ, contemplarƩ tu rostro en justicia; estarƩ satisfecho al despertar a tu semejanza.

David compara a los hombres del mundo y su recompensa en esta vida con su propia esperanza y recompensa en el reino celestial. Sus palabras son similares a las de Job mil aƱos antes. “Porque yo sĆ© que mi Redentor vive, y que al fin se levantarĆ” sobre el polvo; y despuĆ©s de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual verĆ© por mĆ­ mismo, y mis ojos lo verĆ”n, y no otro; aunque mis entraƱas se consuman dentro de mĆ­” (Job 19:25-27).

En el Nuevo Testamento vemos una esperanza similar en los discĆ­pulos de JesĆŗs. El apóstol Juan escribió: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aĆŗn no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Ć©l se manifieste, seremos semejantes a Ć©l, porque le veremos tal como Ć©l es” (1 Juan 3:2). El apóstol Pablo escribió: «Mas nuestra ciudadanĆ­a estĆ” en los cielos, de donde tambiĆ©n esperamos al Salvador, al SeƱor Jesucristo, el cual transformarĆ” el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambiĆ©n sujetar a sĆ­ mismo todas las cosas» (Filipenses 3:20-21).

Esa es la esperanza de todo hijo de Dios nacido de nuevo: la vida eterna. Como tambiĆ©n escribió el apóstol Pablo: «He aquĆ­, os digo un misterio: No todos dormiremos (moriremos), pero seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocarĆ” la trompeta, y los muertos resucitarĆ”n incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirĆ” la palabra que estĆ” escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde estĆ”, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?... Pero gracias a Dios, que nos da la victoria (sobre la tumba y la muerte) por medio de nuestro SeƱor Jesucristo» (1 Corintios 15:51-55).

El apóstol Pablo estaba citando IsaĆ­as, donde encontramos la misma esperanza. Ɖl destruirĆ” a la muerte para siempre; y el SeƱor Dios enjugarĆ” las lĆ”grimas de todos los rostros; y quitarĆ” la afrenta de su pueblo de toda la tierra, porque el SeƱor lo ha dicho. Y se dirĆ” en aquel dĆ­a: «He aquĆ­, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvarĆ”; este es el SeƱor; le hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación» (IsaĆ­as 25:8-9).

No tenemos una ciudad permanente aquĆ­ en la tierra, porque esperamos una futura. Somos extranjeros y peregrinos en la tierra, persuadidos por las promesas de Dios y abrazados a ellas. Buscamos la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. «Por lo cual Dios no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios; porque nos ha preparado una ciudad» (Hebreos 11:16). Esa es la Ciudad Celestial, la Nueva JerusalĆ©n, donde Dios enjugarĆ” toda lĆ”grima de nuestros ojos; Y ya no habrĆ” muerte, ni habrĆ” mĆ”s llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasarĆ”n (Apocalipsis 21:4). Y Dios harĆ” nuevas todas las cosas.

Esa es la esperanza a la que nos aferramos, nuestra recompensa celestial. Como escribe el apóstol Pablo, citando de nuevo a IsaĆ­as: «Cosas que ojo no vio, ni oĆ­do oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Corintios 2:9). «AsĆ­ que, mis amados hermanos, estad firmes y constantes, creciendo siempre en la obra del SeƱor, sabiendo que vuestro trabajo en el SeƱor no es en vano» (1 Corintios 15:58). «SĆ© fiel hasta la muerte, y yo (el SeƱor) te darĆ© la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10).

Publicado originalmente el 17-12-2025.

Monday, October 19, 2026

Salmo 16 - ni permitirÔs que tu Santo (el Mesías Jesús) vea corrupción.

Salmo 16

Dennis Edwards

El siguiente Salmo de David parece mÔs aplicable al Mesías que a David, quien lo recibió. El apóstol Pedro, en su epístola, menciona que muchas veces los profetas no comprendieron la profundidad de lo que recibían del Señor.

1 Pedro 1:10-11: “Con respecto a esta salvación, los profetas que anunciaron la gracia destinada a vosotros, indagaron con sumo cuidado y diligencia, esforzĆ”ndose por descubrir el tiempo y las circunstancias que el EspĆ­ritu de Cristo en ellos seƱalaba al predecir los sufrimientos del MesĆ­as y las glorias que vendrĆ­an despuĆ©s.”

1 Pedro 1:12-13: “Se les reveló que no se servĆ­an a sĆ­ mismos, sino a vosotros, al hablar de las cosas que ahora os han sido dichas por quienes os han predicado el evangelio por el EspĆ­ritu Santo enviado del cielo. Incluso los Ć”ngeles anhelan examinar estas cosas.” Por tanto, ceƱid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios y esperad plenamente la gracia que se os traerĆ” en la revelación de Jesucristo.

Tanto el apóstol Pedro como el apóstol Pablo usan partes del siguiente Salmo en su testimonio y defensa del Evangelio: Jesús es el Señor y Mesías que el pueblo judío anhelaba. El pueblo judío creía que el Antiguo Testamento era la palabra de Dios y, por lo tanto, una autoridad aceptable para compartir el Evangelio. Primero, analicemos el argumento de Pedro.

Hechos 2:22-24: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: JesĆŗs de Nazaret, varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y seƱales, que Dios hizo entre vosotros por medio de Ć©l, como vosotros mismos sabĆ©is; y a quien mataron por manos de impĆ­os. Dios lo resucitó, librĆ”ndolo de la agonĆ­a de la muerte, porque era imposible que la muerte lo retuviera».

Hechos 2:25-28 Porque David habla de Ć©l: «Vi al SeƱor siempre delante de mĆ­, porque estĆ” a mi diestra, para que no serĆ© conmovido. Por eso mi corazón se alegró y mi lengua se regocijó; ademĆ”s, mi carne tambiĆ©n descansarĆ” en esperanza, porque no abandonarĆ”s mi alma en el Seol, ni permitirĆ”s que tu Santo vea corrupción. Me has mostrado los caminos de la vida; me llenarĆ”s de alegrĆ­a en tu presencia». (Salmo 16:8-11 Septuaginta)

Hechos 2:29-31 “Hermanos, permĆ­tanme hablarles libremente acerca del patriarca David: Murió y fue sepultado, y su sepulcro estĆ” con nosotros hasta el dĆ­a de hoy. Siendo, pues, profeta, y sabiendo que Dios le habĆ­a prometido con juramento que resucitarĆ­a al Cristo de su descendencia, segĆŗn la carne, para sentarse en su trono; previendo esto, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción.

Hechos 2:32-33 “A este JesĆŗs resucitó Dios, y de ello todos nosotros somos testigos. Por lo cual, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del EspĆ­ritu Santo, derramó esto que ahora veis y oĆ­s.” 

Hechos 2:34-36 “Porque David no ascendió al cielo, sino que Ć©l mismo dijo: “Dijo el SeƱor a mi SeƱor: SiĆ©ntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”” (Salmo 110:1). Sepa, pues, ciertĆ­simamente toda la casa de Israel, que a este JesĆŗs a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho SeƱor y Cristo.”

El apóstol Pedro, en la sección anterior, cita tanto el Salmo 16 como el Salmo 110 al afirmar que Jesús es el cumplimiento de las palabras proféticas de David, que David no podría haber estado diciendo sobre sí mismo.

El apóstol Pablo presenta una defensa similar, citando el Salmo 2 y el Salmo 110.

Hechos 13:26-28 “Hermanos, descendientes de Abraham, y todos los que entre vosotros temĆ©is a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de JerusalĆ©n y sus gobernantes, sin conocerlo a Ć©l ni las voces de los profetas que se leen cada sĆ”bado, las cumplieron al condenarlo. Y aunque no hallaron en Ć©l causa de muerte, pidieron a Pilato que lo ejecutara.

Hechos 13:29-33 «Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Y se apareció durante muchos dĆ­as a quienes habĆ­an subido con Ć©l de Galilea a JerusalĆ©n, quienes son sus testigos ante el pueblo. Y les anunciamos que Dios ha cumplido la promesa que les hizo a nuestros antepasados, a nosotros, sus hijos, al resucitar a JesĆŗs de entre los muertos. Como estĆ” escrito en el Salmo segundo: «TĆŗ eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy» (Salmo 2:7).» 

Hechos 13:34-35 “Y en cuanto a quien lo resucitó de entre los muertos, nunca mĆ”s volverĆ”s a la corrupción, Ć©l ha dicho: ‘Te darĆ© las misericordias fieles de David’” (IsaĆ­as 55:3). Por eso tambiĆ©n dice en otro salmo: ‘No permitirĆ”s que tu Santo vea corrupción’ (Salmo 16:10).

Hechos 13:36-40 “Porque David, despuĆ©s de haber servido a su propia generación por la voluntad de Dios, durmió y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción, pero aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción. Por tanto, hermanos, sepan que por medio de este hombre se les anuncia el perdón de pecados. Por tanto, estĆ©n alerta, no sea que se cumpla lo que estĆ” escrito en los profetas”.

Hechos 13:41: «Miren, ustedes desprecian, se maravillan y perecen; porque yo hago una obra en sus dĆ­as, una obra que no creerĆ”n, aunque alguien les cuente» (Habacuc 1:5 e IsaĆ­as 29:14).

Al leer el Salmo, podemos leerlo como si el Espíritu Santo hablara a través de David, y las palabras fueran una oración de David, o podemos leerlo como una oración del Hijo del Hombre.

Salmo 16:1: «ProtĆ©geme, oh Dios, porque en ti me refugio».

Tanto David como Jesús depositaron su confianza en Dios, y nosotros también debemos hacerlo.

Salmo 16:2: «Alma mĆ­a, has dicho al SeƱor: “TĆŗ eres mi SeƱor”».

En la oración anterior, si la interpretamos como si JesĆŗs estuviera orando, dice: «Dios Padre, nada se puede aƱadir a tu bondad». JesĆŗs mismo se despojó de su divinidad para sufrir la muerte de un pecador, como leemos en el Nuevo Testamento.

Filipenses 2:6-8: “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como algo a quĆ© aferrarse, sino que se despojó a sĆ­ mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y estando en la condición de hombre, se humilló a sĆ­ mismo, haciĆ©ndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”.

Salmo 16:3: “Pero por los santos que estĆ”n en la tierra y por los Ć­ntegros, en quienes estĆ” todo mi deleite.”

JesĆŗs extiende su justicia a quienes creen en Ć©l y le obedecen, “los santos y los Ć­ntegros”, es decir, los verdaderos creyentes.

Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” 

1 Corintios 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en Ć©l fuĆ©ramos hechos justicia de Dios.”

Salmo 16:4 “Sus dolores se multiplicarĆ”n para quienes se apresuran tras otros dioses;

Quienes buscan otros dioses solo terminan en tristeza, como escribe el apóstol Pablo a Timoteo.

1 Timoteo 6:9-11 “Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchos deseos necios y daƱinos que hunden a la gente en la ruina y la destrucción. Porque el amor al dinero es raĆ­z de todos los males. Algunos, Ć”vidos de dinero, se han extraviado de la fe y se han herido de muchos dolores. Pero tĆŗ, hombre de Dios, huye de todo esto y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre.”

Salmo 16:5 “El SeƱor es mi porción escogida y mi copa.” Para quienes siguen de cerca a Cristo, nuestra herencia no es terrenal, sino celestial. JesĆŗs mismo fue un ejemplo de alguien que siguió diligentemente a Dios y mantuvo una visión celestial. Nosotros tambiĆ©n deberĆ­amos hacerlo.

Mateo 26:39: “Yendo un poco mĆ”s adelante, cayó rostro en tierra y oró: ‘Padre mĆ­o, si es posible, aparta de mĆ­ esta copa. TĆŗ quieres’”.

Hebreos 12:2-3: “Puestos los ojos en JesĆŗs, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Ć©l sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Consideren a aquel que soportó tal contradicción del pecador contra sĆ­ mismo, para que no se cansen ni desmayen en su Ć”nimo”.

Salmo 16:6: “Las cuerdas me han caĆ­do en lugares agradables; en verdad, tengo una buena herencia”.

Dios incluso bendice a sus siervos aquĆ­ en la tierra y les promete casas, tierras, hermanos y hermanas.

Marcos 10:29-30: «JesĆŗs respondió: ‘De cierto les digo que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras por mĆ­ y por el evangelio recibirĆ” cien veces mĆ”s en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el siglo venidero la vida eterna’».

Salmo 16:7: «Alabado sea el SeƱor que me ha aconsejado; mi corazón tambiĆ©n me instruye por la noche». 

Dios nos instruye durante el sueƱo si lo buscamos a Ɖl y su voluntad en nuestras vidas. Vemos que JesĆŗs se levantaba temprano para pasar tiempo con su Padre. Antes de tomar decisiones y eventos importantes, yo pasaba la noche en oración desesperada.

Marcos 1:35: «Muy de maƱana, siendo aĆŗn oscuro, JesĆŗs se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde oró». 

Lucas 6:12-13: “En aquellos dĆ­as, JesĆŗs salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Al amanecer, llamó a sus discĆ­pulos y escogió a doce de ellos, a quienes tambiĆ©n designó apóstoles.”

Mateo 26:36: “Luego JesĆŗs fue con ellos a un lugar llamado GetsemanĆ­, y les dijo: ‘SiĆ©ntense aquĆ­ mientras voy allĆ­ a orar’.”

Los siguientes versĆ­culos son los que usaron Pedro y Pablo en su defensa de JesĆŗs como el MesĆ­as, y que mencionaron los profetas y David.

Salmo 16:8-10: “Al SeƱor he puesto siempre delante de mĆ­; por lo cual mi corazón se alegra y se regocija mi gloria; mi carne tambiĆ©n descansarĆ” en esperanza. Porque tĆŗ (Dios) no abandonarĆ”s mi alma en el Seol, ni permitirĆ”s que tu Santo (el MesĆ­as JesĆŗs) vea corrupción.”

David vio corrupción; por lo tanto, no habla de sĆ­ mismo, sino del MesĆ­as que habĆ­a de venir, profetizado por la “voz del SeƱor”, quien caminó con AdĆ”n y Eva en el jardĆ­n.

GĆ©nesis 3:15: “Y pondrĆ© enemistad entre ti (la serpiente, los seguidores de SatanĆ”s) y la mujer (la novia de Cristo, la iglesia creyente), y entre tu descendencia y la descendencia suya; Ć©l (la Descendencia de Abraham, el MesĆ­as) te aplastarĆ” la cabeza (JesĆŗs derrotarĆ” a SatanĆ”s al final), y tĆŗ le herirĆ”s el talón (mientras SatanĆ”s tuvo la oportunidad de matar al MesĆ­as)”.

Si SatanĆ”s supiera lo que hacĆ­a, el apóstol Pablo escribe: “no habrĆ­an crucificado al SeƱor de la gloria” (1 Corintios 2:8b). Es como en *El león, la bruja y el armario* de C.S. Lewis. Cuando mataron a Aslan el león, estaban cumpliendo la ley, lo que, a su vez, rompió la maldición que la bruja habĆ­a puesto sobre la tierra. La muerte de Aslan liberó a todos de la maldición de la bruja. DespuĆ©s de tres dĆ­as, Aslan regresó para guiarlos en la victoria sobre el mal.

Job, el libro mƔs antiguo de la Biblia, escrito alrededor de la Ʃpoca de Abraham o alrededor del aƱo 2000 a. C., habla del Mesƭas o Redentor prometido.

Job 19:25-27: «Porque yo sĆ© que mi Redentor vive, y que al final se levantarĆ” sobre el polvo. Yo mismo lo verĆ© con mis propios ojos, y no otro, aunque mi corazón anhela dentro de mĆ­».

Salmo 16:11: «Me mostrarĆ”s la senda de la vida; a tu diestra hay delicias para siempre».

Jesús, viendo el gozo que le esperaba, soportó la cruz, y nosotros también debemos hacer lo mismo.

1 Corintios 2:9: «Antes bien, como estĆ” escrito: Cosas que ojo no vio, ni oĆ­do oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman».

Hebreos 5:7-9 “Durante los dĆ­as de su vida terrenal, JesĆŗs ofreció oraciones y sĆŗplicas con fervientes clamores y lĆ”grimas al que podĆ­a salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció. Y cuando fue perfeccionado, se convirtió en fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen.”

Juan 16:33 “Les he dicho estas cosas para que en mĆ­ encuentren paz. En este mundo tendrĆ”n aflicción. ¡Pero anĆ­mense! Yo he vencido al mundo.”

Apocalipsis 5:9-10 “Y cantaron un cĆ”ntico nuevo, diciendo: ‘Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Has hecho de ellos un reino y sacerdotes para servir a nuestro Dios, y reinarĆ”n sobre la tierra’”.

Publicado originalmente el 16 de enero de 2025

Sunday, October 18, 2026

Salmo 15 - EspaƱol


El CarƔcter de Quienes Pueden Morar con el SeƱor

Salmo de David. Comentarios de Dennis Edwards

Salmo 15:1 SeƱor, ¿quiĆ©n podrĆ” morar (o residir) en tu tabernĆ”culo? ¿QuiĆ©n podrĆ” habitar en tu santo monte?

JesĆŗs dijo: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verĆ”n a Dios», pero como leĆ­mos ayer en el Salmo 14: «No hay quien haga el bien, ni siquiera uno» (Salmo 14:3b). Por lo tanto, nos encontramos en la difĆ­cil situación humana. Como escribió IsaĆ­as: «Pero nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapos de inmundicia» (IsaĆ­as 64:6a). El Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento primero tenĆ­a que ofrecer un sacrificio por sus propios pecados, antes de poder ofrecer los sacrificios por el pueblo. Nosotros, en nuestra injusticia, no podemos acercarnos a Dios. Somos indignos. «No hay quien haga el bien, ni siquiera uno».

Una vez mĆ”s, Dios ha abierto una vĆ­a de escape. Ɖl mismo entró en el mundo como el Hijo UnigĆ©nito, Dios encarnado. Pues a Abraham se le dio la promesa de que serĆ­a padre de todos los que creyeran, no por la ley, sino por la justicia de la fe. Recibimos la justicia que es por la fe mediante nuestra fe y creencia en Jesucristo. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigĆ©nito, para que todo aquel que en Ć©l cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

El apóstol Pablo continĆŗa explicando: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, asĆ­ la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12). Hemos heredado de AdĆ”n la tendencia a rebelarnos contra Dios. Pero Dios mismo se ha convertido en la solución. «Porque asĆ­ como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, asĆ­ tambiĆ©n por la obediencia de uno, los muchos serĆ”n constituidos justos» (Romanos 5:19). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro SeƱor (y Salvador) Jesucristo” (Romanos 5:1). “Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4).

En el libro de Apocalipsis, Dios dice que estĆ” preparando a su novia para el dĆ­a en que: “He aquĆ­, el tabernĆ”culo de Dios estĆ” con los hombres, y Ć©l morarĆ” con ellos; y ellos serĆ”n su pueblo, y Dios mismo estarĆ” con ellos como su Dios. EnjugarĆ” Dios toda lĆ”grima de sus ojos; y ya no habrĆ” muerte, ni habrĆ” mĆ”s llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3-4).

Podremos acercarnos a Dios, no por nuestra propia justicia, que consiste en trapos de inmundicia, sino por la justicia que nos ha sido imputada mediante nuestra fe y obediencia a Jesucristo, el primogĆ©nito o preeminente de todas las cosas, el heredero de toda la creación. “Y por medio de Ć©l, habiendo hecho la paz mediante la sangre de su cruz, reconciliar consigo todas las cosas… y a vosotros, que en otro tiempo erais extraƱos y enemigos en vuestra mente por malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Ć©l; si permanecĆ©is fundados y firmes en la fe, y no os apartĆ”is de la esperanza del evangelio” (Colosenses 1:21-23).

Salmo 15:2 El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón; 

JesĆŗs fue el Ćŗnico que anduvo con rectitud, obró con justicia y habló la verdad. Dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mĆ­” (Juan 14:6). Solo por su justicia podemos acercarnos a Dios. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuĆ©ramos hechos justicia de Dios en Ć©l” (2 Corintios 5:21). Nos hemos revestido de Cristo, mediante la fe y la obediencia a Ć©l, y ahora estamos cubiertos por su justicia. Nos hemos puesto nuestro vestido de bodas, que es Jesucristo.

Salmo 15:3 El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su amigo;

Otro recordatorio de la importancia de nuestras palabras. Jesús dijo que daríamos cuenta de cada palabra ociosa en el día del juicio. Salomón advirtió que "la muerte y la vida estÔn en poder de la lengua" (Proverbios 18:21). Nuestras palabras pueden matar o dar vida. Debemos "hablar la verdad en amor para que crezcamos en Jesús en todo" (Efesios 4:14). El apóstol Pablo exhorta: "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes" (Efesios 4:29). El apóstol Santiago advierte: "Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; así estÔ la lengua entre nuestros miembros, que contamina todo el cuerpo, inflama la rueda de la creación y es inflamada por el infierno" (Santiago 3:6). Lea el capítulo completo para repasar la gravedad de una lengua sin control.

Salmo 15:4: A cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen al SeƱor; El que jura en daƱo propio y no se arrepiente;

Dios estÔ enojado con los malvados todos los días. Aunque su misericordia perdura para siempre para quienes lo buscan, el juicio vendrÔ sobre los malvados. Bendiciones vendrÔn sobre quienes han temido y obedecido a Dios, si no en esta vida, entonces en el mundo venidero. Dios también nos advierte que no rompamos nuestras promesas, incluso si sufrimos por ello. Como dijo Jesús, que tu "sí" sea sí, y que tu "no" sea no. Sé fiel a tu palabra, aunque cueste, porque un hombre es tan bueno como su palabra.

Salmo 15:5 El que no da su dinero a usura, ni acepta soborno contra el inocente, nunca serĆ” conmovido.

Por Ćŗltimo, se nos advierte que no exijamos usura a quienes prestamos dinero. Sin embargo, los ricos oprimen a los pobres y mediante la usura los mantienen en esclavitud. El sistema bancario capitalista moderno, formado principalmente por familias judĆ­as adineradas, utiliza la usura para esclavizar a las naciones.

“No aceptes ningĆŗn regalo, porque el regalo ciega a los sabios y pervierte las palabras de los justos” (Ɖxodo 23:8). Dios advierte a quienes ocupan puestos de autoridad que no acepten sobornos ni regalos de grupos de presión. “No torcerĆ”s el juicio; no harĆ”s acepción de personas ni aceptarĆ”s regalos, porque el regalo ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos” (Deuteronomio 16:19). De nuevo, nuestros funcionarios gubernamentales aceptan regalos de los ricos y poderosos en detrimento de los pobres y necesitados.

Por esa razón, el actual sistema capitalista babilónico, que oprime a los pobres y contribuye al aumento de la riqueza y el poder de los ricos, serĆ” juzgado por Dios en los Ćŗltimos dĆ­as. “Por tanto, en un solo dĆ­a vendrĆ”n sus plagas: muerte, llanto y hambre; y serĆ” quemada por el fuego; porque poderoso es el SeƱor Dios, que la juzga” (Apocalipsis 18:8). DespuĆ©s de esto oĆ­ una gran voz de mucha gente en el cielo, que decĆ­a: ¡Aleluya! Salvación, gloria, honra y poder al SeƱor nuestro Dios; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera (el sistema urbano capitalista actual) que corrompió la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Apocalipsis 19:1-2.

Al igual que Daniel Webster, el Secretario de Estado de tres de los primeros presidentes de EE. UU., advirtió: «Si nos atenemos a los principios que enseƱa la Biblia, nuestro paĆ­s seguirĆ” prosperando; pero si nosotros o nuestra posteridad descuidamos su instrucción y autoridad, nadie puede predecir cuĆ”n repentina puede ser una catĆ”strofe que nos abrume y sepulte toda nuestra gloria en una profunda oscuridad».

Ha llegado el momento. Le hemos dado la espalda a Dios y, por lo tanto, “si pecamos voluntariamente despuĆ©s de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor ardiente que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27). Dios tribularĆ” a su pueblo para llevarlo al arrepentimiento, pero enviarĆ” su ira sobre quienes lo odian y niegan su existencia.

“Y traerĆ© angustia sobre los hombres, y andarĆ”n como ciegos (¿como resultado de una explosión nuclear?), porque pecaron contra el SeƱor; y su sangre serĆ” derramada como polvo, y su carne como estiĆ©rcol. Ni su plata ni su oro podrĆ”n librarlos en el dĆ­a de la ira del SeƱor; sino que toda la tierra serĆ” devorada por el fuego de su celo, porque Ć©l harĆ” una rĆ”pida eliminación de todos los que habitan en la tierra” (SofonĆ­as 1:17-18). 

No seamos contados entre los que merecen su ira. MĆ”s bien, temamos a Dios mientras se nos llama hoy y acerquĆ©monos a Ć©l con todo el corazón, pues el perdón se encuentra en JesĆŗs. «Pero nosotros, que somos del dĆ­a, seamos sobrios, habiĆ©ndonos vestido con la coraza de la fe y del amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro SeƱor Jesucristo, quien murió por nosotros para que, ya sea que vivamos o muramos, vivamos juntamente con Ć©l. Por tanto, consolaos y edificaos unos a otros» (1 Tesalonicenses 5:8-11). «Fiel es el que os llamó, el cual tambiĆ©n lo harĆ”» (1 Tesalonicenses 5:24).

Publicado originalmente el 15 de octubre de 2024

Saturday, October 17, 2026

¿Buscas la paz de Dios?

 


Dennis Edwards

¿Buscas la paz de Dios? ¿Buscas esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? En otras palabras, ¿buscas esa paz interior que quizĆ”s ni siquiera sea lógica, una paz mental y espiritual que no puedes comprender? Analicemos la paz de Dios de la que habla la Biblia.

¿Cómo encontramos esa paz?

El apóstol Pablo escribe: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro SeƱor Jesucristo» [Romanos 5:1]. Pablo nos dice que la paz del corazón y la mente se encuentra en JesĆŗs, a travĆ©s de nuestra relación con Ɖl. A los Efesios, Pablo escribe: «Porque Ć©l es nuestra paz, quien de ambos hizo uno solo, derribando la pared intermedia de separación» [Efesios 2:14]. El primer paso en nuestra bĆŗsqueda de la paz es aceptar a JesĆŗs en nuestras vidas y permitir que Ɖl nos traiga paz con Dios. Ɖl nos darĆ” paz y tranquilidad por todos nuestros errores, si tan solo nos acercamos a JesĆŗs.

En el Evangelio de Juan, JesĆŗs, dirigiĆ©ndose a sus discĆ­pulos sobre su partida y el envĆ­o del EspĆ­ritu Santo como Consolador, dice: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se angustien ni tengan miedo» [Juan 14:27]. JesĆŗs les dice a sus seguidores que el EspĆ­ritu Santo, el Consolador, vendrĆ­a y les darĆ­a la paz que necesitan para afrontar las dificultades que les esperan. Les advierte que no teman, pues el miedo es enemigo de la fe y de la paz que la fe trae.

JesĆŗs continĆŗa diciendo a sus discĆ­pulos: «Estas cosas os he dicho para que en mĆ­ tengĆ”is paz. En el mundo tendrĆ©is aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» [Juan 16:33]. ¿Te has fijado alguna vez en cómo usamos las palabras para consolar y asegurar a los demĆ”s, tal vez a nuestros nietos o amigos, que todo va a estar bien? El temor que puedan sentir se desvanece al confiar en nuestras palabras, en nuestras garantĆ­as. JesĆŗs hace lo mismo con sus discĆ­pulos, quienes pronto lo verĆ”n apresado por sus enemigos.

JesĆŗs advierte a sus discĆ­pulos sobre las dificultades que les esperan. Les dice: «Les digo estas cosas de antemano para que tengan paz. No se desanimen ni se acobarden. Al contrario, anĆ­mense. Recuerden, en medio de sus tribulaciones, que yo he vencido y vencerĆ© al mundo y a todo el mal que representa».

AsĆ­ como nuestros nietos se aferran a nuestras palabras de seguridad en momentos de miedo y ansiedad, nosotros tambiĆ©n debemos aferrarnos a las palabras de nuestro Padre, de nuestro Hermano Mayor JesĆŗs, y creer en lo que Ɖl ha dicho. El apóstol Pablo nos da mĆ”s información sobre cómo podemos acceder a la «paz que sobrepasa todo entendimiento». Leamos su carta a los Filipenses.

«AlĆ©grense siempre en el SeƱor; repito: ¡AlĆ©grense! Que su gentileza sea conocida por todos. El SeƱor estĆ” cerca. No se preocupen por nada; mĆ”s bien, en toda ocasión, con oración y ruego, con acción de gracias, presenten sus peticiones a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardarĆ” sus corazones y sus mentes en Cristo JesĆŗs».

El apóstol Pablo nos ofrece un proceso paso a paso para obtener la «paz que sobrepasa todo entendimiento». Primero, comenzamos usando la alabanza y la acción de gracias en nuestras vidas. Pablo nos dice: «AlĆ©grense siempre en el SeƱor; repito: ¡AlĆ©grense!». Incluso enfatiza la alabanza repitiĆ©ndola. Por lo tanto, la alabanza es un elemento importante para encontrar la paz.

En los salmos encontramos innumerables referencias a la importancia de la alabanza. «Entren en tus atrios con acción de gracias, y en tus puertas con alabanza» [Salmo 100:4]. De hecho, el Salmo 22 dice que Dios habita en las alabanzas de su pueblo. En las Crónicas de los Reyes de JudĆ” e Israel podemos leer sobre las maravillosas hazaƱas que Dios realizó para su pueblo porque lo buscaron en sus dificultades y usaron la alabanza y el canto como parte de su estrategia militar. [2 Crónicas 20]

El apóstol Pablo nos dice que no nos preocupemos, pues sabe que la ansiedad y el miedo nos debilitan. Corrie Ten Boom dijo: «Preocuparse es cargar con el peso del maƱana con las fuerzas de hoy, cargar con dos dĆ­as a la vez. Es adelantarse al maƱana. La preocupación no elimina la tristeza del maƱana, sino que agota las fuerzas del dĆ­a de hoy». JesĆŗs tambiĆ©n nos mandó que no nos angustiĆ”ramos por el maƱana, porque los problemas de hoy eran suficientes para afrontarlos. [Mateo 6:34]

Hasta ahora hemos visto que necesitamos usar la alabanza y la acción de gracias. Necesitamos resistir la preocupación y luego: «Presenten sus peticiones a Dios mediante la oración y la sĆŗplica». Necesitamos orar y depositar todas esas cargas, miedos y preocupaciones en las manos de Dios y dejar que Ɖl se encargue de ellas. El salmista escribe: «Encomienda al SeƱor tu carga, y Ć©l te sustentarĆ”».[Salmo 55:7] JesĆŗs dijo que si acudimos a Ć©l con todas nuestras pesadas cargas, con todos nuestros problemas, Ć©l nos darĆ” descanso.[Mateo 11:28] ¿QuĆ© es el descanso sino paz mental y de corazón?

La fórmula que presenta el apóstol Pablo es la siguiente: 1. Alabanza y acción de gracias. 2. No se inquieten ni se preocupen. 3. Oren y supliquen a Dios. 4. Dios les enviarĆ” su paz para la situación. La Madre Teresa tenĆ­a otra fórmula. DecĆ­a: «El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz». En otras palabras, si nos detenemos y guardamos silencio, el efecto que este tendrĆ” en nosotros es que nos llevarĆ” a la oración, a acercarnos a Dios de alguna forma con nuestro corazón, mente y palabras.

La oración nos harĆ” encontrar a Dios y nos darĆ” fe. La fe, entonces, nos harĆ” comprender el amor de Dios por nosotros. El amor que recibimos de Dios nos transformarĆ”, impulsĆ”ndonos a amar y servir a los demĆ”s. Nuestro amor y servicio a los demĆ”s resultarĆ”n en la paz que buscĆ”bamos al principio. Todos hemos experimentado, al ofrecernos como voluntarios para ayudar a otros, que es verdaderamente «mĆ”s bienaventurado dar que recibir» [Hechos 20:35].

En IsaĆ­as encontramos una fórmula similar a la de la Madre Teresa: «Y la obra de la justicia serĆ” paz; y el efecto de la justicia, tranquilidad y seguridad para siempre». Una vez mĆ”s, vemos que el fruto de la justicia resulta ser paz y seguridad. Pero la Palabra de Dios nos recuerda claramente que nuestra propia justicia es como trapos sucios. Solo al encontrar Su justicia entramos en paz con Dios y tenemos la posibilidad de vivir en paz con nuestro prójimo.

El enemigo de nuestra alma intenta impedirnos entrar en la paz de Cristo, la paz que sobrepasa todo entendimiento. En el libro de Hebreos se habla de «entrar en su reposo». Entramos en su reposo cuando cesamos de nuestros propios esfuerzos, de nuestros propios logros por nuestra propia justicia, y nos acercamos humildemente a los brazos de JesĆŗs y aceptamos su amor, misericordia y descanso: la paz que sobrepasa todo entendimiento. No es algo que merezcamos ni por lo que trabajemos. Es un don del amor y la misericordia de Dios, y con humildad debemos recibirlo.

Pero debemos librar una batalla constante contra el enemigo de nuestra alma para no desanimarnos ni perder la esperanza. El SeƱor dice: «Yo te guardarĆ© en completa paz, a ti que en mĆ­ persevera tu mente, porque en mĆ­ has ​​confiado» [IsaĆ­as 26:3]. El apóstol Pablo nos da la misma exhortación en su carta a los Filipenses, que hemos estado leyendo. Ɖl dice:

«Por lo demĆ”s, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». [Filipenses 4:8] Debemos librar la buena batalla. Esa batalla a menudo se libra en nuestra propia mente. Nuestra mente es el campo de batalla. Debemos alinear nuestros pensamientos con la buena Palabra de Dios. «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los harĆ” tropezar». [Salmo 119:165] Amar y meditar en la Palabra de Dios nos ayudarĆ” a encontrar la paz.

El apóstol Santiago también aborda el tema de la paz. Leamos a Santiago:

«¿QuiĆ©n es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre con su buena conducta sus obras con la mansedumbre que proviene de la sabidurĆ­a. Pero si tenĆ©is envidia amarga y contienda en vuestros corazones, no os gloriĆ©is ni mintĆ”is contra la verdad. Esta sabidurĆ­a no desciende de lo alto, sino que es terrenal, sensual y diabólica. Porque donde hay envidia y contienda, allĆ­ hay confusión y toda clase de malas obras. Pero la sabidurĆ­a que viene de lo alto es, en primer lugar, pura; luego, pacĆ­fica, amable, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, sin parcialidad ni hipocresĆ­a. Y el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.» [Santiago 3:13-18]

JesĆŗs dijo: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serĆ”n llamados hijos de Dios.» [Mateo 5:9]

Si escuchamos las exhortaciones de los profetas y discĆ­pulos, y del mismo JesĆŗs, podemos encontrar esa serena seguridad. Esa paz interior que buscamos, la encontraremos porque tenemos la presencia de Cristo con nosotros. Ɖl es nuestra paz y nos capacita para tener paz entre nosotros. Es Ɖl quien nos da su paz. Es Ɖl quien nos envĆ­a su paz cuando procuramos vivir para Ɖl y servir a los demĆ”s. Entonces podemos decir y hacer como el salmista: «En paz me acostarĆ© y dormirĆ©, porque solo tĆŗ, SeƱor, me haces vivir seguro» [Salmo 4:8]. O como encontramos en otro salmo: «El SeƱor darĆ” fuerza a su pueblo; el SeƱor bendecirĆ” a su pueblo con paz» [Salmo 29:11].

Concluyamos con una antigua oración de bendición que se encuentra en las palabras de MoisĆ©s: «Que el SeƱor te bendiga y te guarde; que el SeƱor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga misericordia de ti; que el SeƱor alce sobre ti su rostro y te dĆ© paz» [NĆŗmeros 6:24-26].

Publicado originalmente el 6 de julio de 2021.

Salmo 14:1 “Dice el necio en su corazón: No hay Dios"

Salmo de David

Salmo 14:1 “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, han hecho obras abominables; no hay quien haga el bien.”

Dennis Edwards: Aquí vemos las características de un necio. Primero, afirma que no hay Dios. De entrada, su razonamiento es erróneo y no encuentra justificación para ninguna de sus conclusiones. Si no hay Dios, ni Creador, entonces el hombre es el resultado de fuerzas evolutivas ciegas y aleatorias. Si tal es el caso, concluyó C.S. Lewis, no tenemos ninguna razón para creer que nuestro pensamiento o razonamiento sea correcto. Los procesos evolutivos no nos dan razones sólidas para nuestra capacidad de pensar, de razonar, ni para explicar por qué tenemos conciencia. Sin embargo, una Mente Divina, un Dios Creador, sí nos da una razón para creer que nuestro razonamiento es sólido.

La historia bĆ­blica dice que la Mente Divina nos creó a su imagen y nos dio la capacidad de pensar, de razonar, de discernir el bien del mal y lo correcto de lo incorrecto. Si fuimos creados por un Ser Divino bueno y amoroso, como Ɖl afirma en los escritos sagrados, eso justificarĆ­a nuestra facultad de razonar y de consciencia, de juzgar y analizar. 

Sin embargo, en la cosmovisión naturalista, donde todo es materia y energía, no encontramos justificación vÔlida para nuestra capacidad de razonar, ni para el origen de la consciencia, ni para el motivo por el cual debemos actuar. Por lo tanto, al rechazar a Dios, autor de la razón, la consciencia y la moral, no tenemos justificación para nuestro razonamiento, consciencia y moralidad.

En el libro de Proverbios, Salomón escribe: «El temor del SeƱor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabidurĆ­a y la instrucción» (Proverbios 1:7). «El temor del SeƱor es el principio de la sabidurĆ­a; y el conocimiento del SantĆ­simo es la inteligencia» (Proverbios 9:11). Creer en Dios es el punto de partida para un pensamiento correcto. Por eso escribió San AgustĆ­n: «No busques entender para creer, sino mĆ”s bien, busca creer para entender».

Creer en Dios, el Creador del universo, es la clave para comprender adecuadamente la vida, su origen y propósito. Creer en Dios nos da humildad. Sabemos que no nos creamos a nosotros mismos. Rendimos homenaje al Poder Divino y reconocemos nuestra dependencia de Ɖl para nuestra existencia y esencia. El mundo dice: «Pienso, luego existo». Dios dice: «Soy, luego piensas».

Si no hay Dios, escribió Dostoievski, entonces todo es permisible. EstarĆ­amos justificados en seguir el infame eslogan de NIKE: «¡Simplemente hazlo!». En otras palabras, no te preocupes por esa figura de Dios que te enseƱaron. De todos modos, no es real. Ten sexo con quien quieras. Haz lo que quieras. «¡Simplemente hazlo!».

Dios, sin embargo, dice: «No lo hagas», a menos que sea amoroso y verdadero, y conforme a su carĆ”cter y mandatos. Hemos fallado en ese punto. Por eso somos tan culpables como AdĆ”n y Eva. SabĆ­amos que debĆ­amos hacer el bien, pero voluntariamente hicimos el mal porque querĆ­amos satisfacer nuestros propios apetitos. La Biblia lo llama "el placer temporal del pecado" o "los deseos de la carne".

Ahí es donde entra el Redentor. Por amor a nosotros y a nuestra triste situación, viene al mundo que creó, como un ser humano normal como tú o yo. Se disfraza de Divinidad y camina entre nosotros como uno de nosotros. Aunque su nacimiento y los acontecimientos de su vida fueron predichos cientos de años antes y registrados en las Sagradas Escrituras, lo rechazamos cuando se nos manifiesta. En lugar de postrarnos a sus pies y adorarlo, deseamos que un asesino y ladrón sea liberado y que el Inocente y el Justo mueran la cruel muerte de un criminal.

Sin embargo, tres dĆ­as despuĆ©s, como Ɖl predijo, resucita de entre los muertos, confirmando la verdad de todo lo que habĆ­a dicho y hecho. Nos dijo: «Cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, serĆ” como un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Y descendió la lluvia, y vinieron los rĆ­os, y soplaron los vientos, y golpearon contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (Mateo 7:26-27).

Las lluvias estĆ”n cayendo. Las inundaciones estĆ”n llegando. Los vientos estĆ”n soplando. A menos que nuestra casa, nuestro sistema de creencias, nuestra forma de vivir, estĆ© cimentada sobre la roca de la palabra de Dios, en la verdad de que hay un Dios que nos creó, y que no nos hemos creado a nosotros mismos ni provenimos de un proceso evolutivo naturalista, a menos que el Dios de la Biblia sea verdadero y lo sigamos diligentemente; nuestras vidas, nuestros hogares, nuestra sociedad se derrumbarĆ”n por los vientos, las lluvias y las inundaciones creadas por nuestra propia incredulidad en Ɖl. Si no es Dios, entonces es el caos. Si no nos dejamos gobernar voluntariamente por Dios, seremos gobernados por tiranos. «Si se destruyen los cimientos, ¿quĆ© harĆ”n los justos?» (Salmos 11:3).

Meses y meses antes de la Revolución Francesa, se distribuĆ­a propaganda anti-dios a las masas mediante panfletos radicales. Estos artĆ­culos se distribuĆ­an y propagaban a travĆ©s de las logias masónicas de toda Francia. El pueblo francĆ©s se radicalizó profundamente gracias a la literatura clandestina que exponĆ­a la hipocresĆ­a y la corrupción de la clase dominante y de la Iglesia. 

Cuando finalmente sonó la hora de la acción, el pueblo francés se alzó contra sus gobernantes y unas 17.000 cabezas rodaron en las guillotinas en 11 meses. Hombres y mujeres fueron a la muerte a un ritmo de 54 al día durante 11 meses. Incluso si solo estabas asociado con la clase dominante o la Iglesia, tu vida corría peligro.

Eventos similares ocurrieron en Rusia durante la Revolución de Octubre de 1917. Si no hay Dios, todo es permisible. Si no tememos a Dios ni tenemos un juicio final sobre nuestras acciones, si creemos que nos creamos a nosotros mismos y que podemos hacer lo que queramos, estamos condenados a la destrucción. 

Salomón concluyó: «Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre» (EclesiastĆ©s 12:13b). «Pero el hombre natural (el que cree que no hay Dios y que proviene de fuerzas naturales ciegas y evolutivas) no percibe las cosas que son del EspĆ­ritu de Dios, porque para Ć©l son locura, y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente» (1 Corintios 2:14). 

“Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos (o procesos de pensamiento), y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”, Romanos 1:21-22. Ese es el estado del mundo hoy. Al confesarnos sabios, nos hemos vuelto necios. Nuestros corazones se han oscurecido por la teorĆ­a de la evolución, que nos hizo dudar de la existencia de Dios.

Hemos abandonado el temor del SeƱor y hemos seguido el lema de NIKE: “¡Simplemente hazlo!”. Como no quisimos retener a Dios en nuestro conocimiento, Dios nos ha entregado a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”, Romanos 1:28. Como resultado, Dios ha pronunciado juicio sobre nosotros. El apóstol Pablo explica claramente nuestra situación en el resto de Romanos 1:29-32:

“Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaƱos, malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que tambiĆ©n se complacen con los que las practican.

Salmo 14:2 “El SeƱor miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si habĆ­a alguien que entendiera y buscara a Dios”.

Dios nos llama diariamente a buscarlo. Ɖl dice: “Buscad al SeƱor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que estĆ” cercano. Deje el impĆ­o su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuĆ©lvase al SeƱor, el cual tendrĆ” de Ć©l misericordia, y al Dios nuestro, el cual serĆ” amplio en perdonar” (IsaĆ­as 55:6-7). No pierdas la oportunidad de buscar a Dios. La misericordia de Dios es abundante.

Debemos estar dispuestos a abandonar las ideas falsas, las cosmovisiones falsas y los malos hĆ”bitos. El SeƱor continĆŗa diciendo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos… Porque como son mĆ”s altos los cielos que la tierra, asĆ­ son mis caminos mĆ”s altos que vuestros caminos, y mis pensamientos mĆ”s que vuestros pensamientos” (IsaĆ­as 55:7-8). Si creemos que podemos vivir sin Dios en la ecuación, nos equivocamos.

Dios promete que si lo buscamos, lo encontraremos, si lo buscamos con todo nuestro corazón. JeremĆ­as 29:13. En 2 Crónicas 7:14 leemos: «Si mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, entonces yo oirĆ© desde los cielos, perdonarĆ© su pecado y sanarĆ© su tierra». 

¿Queremos que nuestra tierra sane? Entonces debemos humillarnos y reconocer que no podemos resolver el problema con nuestro propio entendimiento. A continuación, debemos orar e invocar la ayuda de Dios. Necesitamos buscar su rostro y apartarnos de nuestros malos caminos. El problema es que no seguimos las directrices de Dios, y eso es lo que encontramos en el siguiente versĆ­culo del salmo.

Salmo 14:3 «Todos se desviaron, a una se inmundos; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno».

Ese es el lamentable estado del mundo actual. Nos volvemos cada vez mĆ”s inmundos en nuestra descarada desobediencia a Dios, sus caminos y sus mandamientos, como leĆ­mos antes en la epĆ­stola de Pablo. ¿QuĆ© nos llevarĆ” a desesperarnos y buscar el rostro de Dios? ¿Debe caer la calamidad antes de que nos arrepintamos y busquemos a Dios? ¿Debe estallar una nueva revolución y millones morir en holocausto antes de que clamemos a Dios por misericordia?

Salmo 14:4: "¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comieran pan, y no invocan al SeƱor?"

Los hombres malvados y engaƱadores van de mal en peor, engaƱando y siendo engaƱados, como predijo el apóstol Pablo (2 Timoteo 3:13). Estos son los grandes hombres de la tierra que con sus hechicerĆ­as engaƱan a todas las naciones (Apocalipsis 18:23). JesĆŗs incluso advirtió que el engaƱo serĆ­a tan grande que incluso sus elegidos correrĆ­an el riesgo de ser engaƱados (Mateo 24:24). 

Salmo 14:5 “AllĆ­ temblaron de miedo; porque Dios estĆ” en la generación de los justos.”

Algunos del pueblo de Dios estƔn conscientes de lo que estƔ sucediendo. Dan la alarma. Denuncian la maldad. Defienden la verdad. Caminan en el temor del SeƱor y, por lo tanto, son sabios y tienen los ojos abiertos.

Salmo 14:6 “HabĆ©is avergonzado el consejo de los pobres, porque el SeƱor es su refugio.”

Una y otra vez, Dios advierte a los hombres que somos responsables de los pobres que nos rodean. En Escritura tras Escritura, Dios nos exhorta a considerar y cuidar de los pobres. Dios nos juzgarĆ” por nuestra falta de cuidado y ayuda a los pobres en nuestras comunidades. Debemos ser defensores de los pobres y de sus necesidades.

Salmo 14:7 “¡Oh, si de Sión viniera la salvación de Israel! Cuando el SeƱor haga volver a su pueblo del cautiverio, Jacob se alegrarĆ”, y se alegrarĆ” Israel.”

El salmista termina con una nota positiva. La salvación, en efecto, ha surgido de Sión por medio de Jesucristo. Podemos regocijarnos y alegrarnos en Ɖl, nuestro Salvador. Ɖl es nuestro Redentor y nuestra esperanza. En Ɖl confiamos. En Ɖl esperamos redención y salvación, como previó IsaĆ­as: «Y en aquel dĆ­a surgirĆ” la raĆ­z de JesĆ© (JesĆ© fue el padre de David, de quien descenderĆ­a el MesĆ­as), la cual estarĆ” puesta por pendón (o seƱal) a los pueblos; a ella (o a Ɖl) acudirĆ”n las naciones (tĆŗ y yo); y su descanso serĆ” glorioso». IsaĆ­as 11:11.

La victoria se acerca. La luz vendrĆ” despuĆ©s de la oscuridad de estos dĆ­as. JesĆŗs regresarĆ”, pondrĆ” fin a las guerras y traerĆ” mil aƱos de paz a la tierra. Ɖl es nuestra paz y ha derribado los muros que nos dividen para que podamos vivir en armonĆ­a.

Publicado originalmente el 10 de octubre de 2024.

Friday, October 16, 2026

Salmo 13 - ¿Hasta cuĆ”ndo me olvidarĆ”s, oh SeƱor?

 


Oración de la Iglesia, o de un creyente, para ser liberados de la facción atea. Obispo Horsley (1733-1806). Salmo de David.

13:1 ¿Hasta cuĆ”ndo, SeƱor, me olvidarĆ”s? ¿Para siempre? ¿Hasta cuĆ”ndo esconderĆ”s de mĆ­ tu rostro? 2 ¿Hasta cuĆ”ndo meditarĆ© en mi alma, con tristeza en mi corazón cada dĆ­a? ¿Hasta cuĆ”ndo se ensalzarĆ” mi enemigo sobre mĆ­?

Dennis Edwards: En los dos primeros versĆ­culos, el salmista clama cuatro veces: "¿Hasta cuĆ”ndo?". Esa es a menudo la pregunta que le hacemos a Dios en nuestra queja, cuando atravesamos alguna prueba, tribulación o persecución difĆ­cil. ¿CuĆ”nto durarĆ”, SeƱor? ¿CuĆ”ndo me ayudarĆ”s a superarlo? 

JesĆŗs incluso sintió el abandono de Dios en la cruz y gritó: "Dios mĆ­o, Dios mĆ­o, ¿por quĆ© me has desamparado?". Muchos mĆ”rtires se han sentido abandonados por Dios. HabĆ­an obedecido a Dios y se habĆ­an mantenido firmes en sus convicciones, pero terminaron en el fuego, en la cruz o enfrentando otra muerte cruel. Se sintieron tentados a sentir y pensar que Dios los habĆ­a abandonado.

ParecĆ­a que Dios habĆ­a abandonado a JesĆŗs, porque ElĆ­as no vino a salvarlo. Sin embargo, tres dĆ­as despuĆ©s resucitó de entre los muertos y demostró su condición de MesĆ­as y su victoria sobre SatanĆ”s y la muerte. El apóstol Juan escribió: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8b).

JesĆŗs fue inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8b). Dios sabĆ­a de antemano que necesitarĆ­a redimir a su creación, a ti y a mĆ­, al venir al mundo y morir por nosotros. «En esto hemos conocido el amor de Dios, en que Ć©l puso su vida por nosotros; tambiĆ©n nosotros debemos poner la vida por los hermanos» (1 Juan 3:16).

Salmo 13:3 Considera y escĆŗchame, oh SeƱor, Dios mĆ­o: ilumina mis ojos, para que no duerma el sueƱo de la muerte; 4 para que no diga mi enemigo: «He vencido a Ć©l»; y los que me afligen se regocijen cuando yo caigo.

El salmista ora y pide a Dios que lo ilumine, que le devuelva la luz a sus ojos del desÔnimo que siente ante los ataques de sus enemigos. Su angustia es tan grande que siente que se muere. Le ruega a Dios que escuche su oración y que su presencia le traiga liberación, cese de la ansiedad y el sufrimiento.

Salmo 13:5 Pero yo he confiado en tu misericordia; mi corazón se alegrarÔ en tu salvación. 6 Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes.

Por fe, el salmista proclama la victoria y comienza a alabar al SeƱor antes de que llegue la respuesta. Se recuerda a sĆ­ mismo que Dios siempre lo ha tratado positivamente en el pasado y se asegura de que Dios lo volverĆ” a hacer. Ɖl se recuerda a sĆ­ mismo y a Dios la promesa divina de rescatar y salvar a los justos. Le recuerda a Dios su fidelidad. 

El salmista ofrece el sacrificio de alabanza, incluso antes de que llegue la victoria. Su alabanza manifiesta la victoria antes de verla y sentirla. Pronto obtendrĆ” la victoria porque sabe que Dios habita en las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3).

Es bueno dar gracias y alabar a Dios. Entramos en su presencia con acción de gracias y en sus atrios con alabanza (Salmo 100:4). Alaben al SeƱor todos los santos. «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo JesĆŗs» (1 Tesalonicenses 5:18). 

«¡Regocijaos siempre! Y otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:6). “Bueno es dar gracias al SeƱor y cantar alabanzas a tu nombre, oh AltĆ­simo; para manifestar tu misericordia por la maƱana y tu fidelidad cada noche”, Salmo 92:1-2.

Seamos personas de agradecimiento y alabanza. Si estĆ”s pasando por un perĆ­odo de prueba y las nubes del desĆ”nimo han oscurecido tu visión, ¡mira hacia arriba! Tu redención estĆ” cerca. AcĆ©rcate a Dios y Ć©l promete acercarse a ti. Levanta las manos caĆ­das y las rodillas debilitadas y haz sendas rectas para tus pies (Hebreos 12:12-13). No permitas que el desĆ”nimo te haga caer. Resiste al diablo y huirĆ” de ti (Santiago 4:7).

Dios quiere traer sanidad y victoria. AfĆ©rrate a su palabra. Es mĆ”s segura que todo lo demĆ”s. El cielo y la tierra pasarĆ”n, pero la palabra de Dios nunca pasarĆ” (Mateo 24:35). “Para siempre, oh SeƱor, tu palabra permanece en los cielos”, Salmo 119:89.

SeƱor, creo, lĆ­brame de mi incredulidad y falta de fe. ¡ConcĆ©deme sanidad y victoria! En el nombre de JesĆŗs, te lo ruego.

Publicado originalmente el 13 de enero de 2025.

¿Cómo puedes hacer crecer tu plataforma y convertirte en alguien que instruye a muchos?

 

Dennis Edwards 

La Palabra de Dios nos dice que, en los Ćŗltimos tiempos, habrĆ” personas entre el pueblo que poseerĆ”n entendimiento y que instruirĆ”n a muchos.[1] ¿Cómo podemos nosotros —cristianos que hemos dedicado nuestra vida al servicio de Dios y de los demĆ”s, a menudo en campos misioneros difĆ­ciles y con gran sacrificio personal; nosotros que hemos estudiado y seguido fielmente la Palabra de Dios desde nuestra juventud—, cómo podemos prepararnos para cumplir la profecĆ­a de Daniel? ¿Cómo podemos capacitarnos para instruir a muchos? 

Hace algunos aƱos, le preguntaron al famoso multimillonario estadounidense Warren Buffett quĆ© consejo le darĆ­a a un estudiante universitario o a un joven para mejorar sus perspectivas de Ć©xito y liderazgo en el mercado laboral. ¿Cómo podrĆ­a un joven potenciar su perfil profesional? ¿QuĆ© talento deberĆ­a desarrollar para aumentar sus oportunidades en el mercado de trabajo, asĆ­ como su Ć©xito e influencia como lĆ­der?

Buffett seƱaló que la cualidad principal que aumenta el potencial de liderazgo y las recompensas económicas de una persona es hablar en pĆŗblico. AƱadió que, si un joven desea realmente mejorar sus posibilidades de alcanzar un puesto de mayor liderazgo y un nivel salarial mĆ”s elevado, debe desarrollar su capacidad para hablar en pĆŗblico. Hablar en pĆŗblico constituye el activo fundamental para ampliar las oportunidades profesionales y de liderazgo. 

El cĆ©lebre escritor, orador y figura destacada, George Bernard Shaw (1856–1950), relató en su ensayo autobiogrĆ”fico «Cómo me convertĆ­ en orador» las dificultades personales que experimentaba al hablar en pĆŗblico. Para superar su timidez, Shaw se expuso deliberadamente a situaciones en las que debĆ­a hablar ante una audiencia. Se unió a varios clubes de debate y se obligó a enfrentar su miedo a hablar en pĆŗblico. Al principio, hizo el ridĆ­culo —algo que a todos nos puede suceder—, pero con el tiempo, sus nervios se aplacaron, su mente se serenó y terminó convirtiĆ©ndose en uno de los oradores mĆ”s solicitados de su Ć©poca.

La Universidad de Yale, al igual que muchas otras, ofrece a sus estudiantes un curso de oratoria. En su clase introductoria, el profesor de oratoria de Yale destaca que las dos formas mĆ”s eficaces de ampliar nuestro alcance —y, por ende, nuestra influencia sobre los demĆ”s— consisten en mejorar nuestra capacidad para hablar en pĆŗblico o nuestra destreza en la escritura. Muchas personas que hoy se dedican a hablar en pĆŗblico comenzaron escribiendo un libro; el Ć©xito de dicha obra les sirvió de trampolĆ­n para iniciar una trayectoria como conferenciantes. 

¿Tiene algo que decir la Palabra de Dios acerca de hablar en pĆŗblico? Sabemos que nuestra capacidad para expresarnos ante una audiencia —ya sea en persona, a travĆ©s de plataformas como YouTube o incluso por telĆ©fono— puede ampliar nuestro alcance e influencia. ¿PodrĆ­a nuestra capacidad para llegar a mĆ”s personas con el mensaje del Evangelio, gracias a la tecnologĆ­a actual, constituir un cumplimiento de la predicción de JesĆŗs de que sus seguidores harĆ­an «cosas mayores» que las que Ɖl realizó? 

En el Nuevo Testamento, vemos al apóstol Pedro acobardado, llegando a negar a Cristo en tres ocasiones. Sin embargo, tras esperar y recibir la plenitud del EspĆ­ritu Santo, su capacidad para hablar, su valentĆ­a y su convicción se transformaron en algo poderoso. Aquellos judĆ­os que lo perseguĆ­an reconocieron que Ć©l —un sencillo pescador— habĆ­a estado con JesĆŗs. Muchos de ellos aceptaron el mensaje de Pedro. A pesar de carecer de formación teológica y de ser considerado un hombre sin instrucción a los ojos del SanedrĆ­n judĆ­o, su elocuencia al hablar en pĆŗblico llegó a estar, de repente, a la altura de la de los letrados escribas y fariseos. El tiempo que Pedro pasó junto a JesĆŗs, sumado a la llenura del EspĆ­ritu Santo, fueron las claves de su capacidad para hablar en pĆŗblico.

Otros hombres de Dios tambiĆ©n han padecido temor a hablar en pĆŗblico. MoisĆ©s, por ejemplo, tartamudeaba; tenĆ­a un impedimento en el habla. El SeƱor le dijo que no temiera, sino que tuviera fe, pues Ɖl se encargarĆ­a de su tartamudez. En Ɖxodo 4:10-13 leemos: 

«Entonces dijo MoisĆ©s al SeƱor: “¡Ay, SeƱor! Yo no soy hombre elocuente; ni antes, ni desde que has hablado a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”. Y el SeƱor le respondió: “¿QuiĆ©n dio la boca al hombre? ¿O quiĆ©n hizo al mudo, al sordo, al que ve o al ciego? ¿No soy yo, el SeƱor? ¡Ve, pues! Yo estarĆ© con tu boca y te enseƱarĆ© lo que has de decir”». 

Pero Moisés no creyó. Su temor a hablar en público lo dominó. Dios lo habría sanado si hubiera creído; sin embargo, Moisés se aferró a su miedo, y Dios se enojó con él. No obstante, en su compasión, Dios envió a Aarón, el hermano mayor de Moisés, para que hablara en su lugar y fuera su voz ante el faraón.

El libro de los Hechos registra los encuentros del apóstol Pablo —en los que hizo uso de la oratoria— ante autoridades romanas, judĆ­as y griegas. Sin embargo, en su segunda carta a los corintios, vemos a Pablo refutando una creencia que tenĆ­an algunos de ellos: que, si bien «sus cartas... son duras y fuertes», su «presencia corporal es dĆ©bil, y su palabra menospreciable».[2] 

Los griegos tenĆ­an la tendencia —quizĆ”s como todos nosotros— de admirar a quien hablaba bien, especialmente si su apariencia fĆ­sica era agradable. El apóstol Pablo respondió: «lo que somos en palabra... eso mismo seremos tambiĆ©n en hechos, estando presentes».[3] En otras palabras, su forma de hablar estarĆ­a a la altura de sus escritos, y ambos serĆ­an poderosos. 

En la segunda parte del capĆ­tulo 11 de Daniel —que la mayorĆ­a de los expertos en profecĆ­a bĆ­blica consideran una descripción del periodo de la Gran Tribulación, o «tiempo de angustia para Jacob»—, encontramos estas palabras: 

 «Y los sabios del pueblo instruirĆ”n a muchos».[4] 

 Dios desea que su pueblo actĆŗe como maestro e instruya al mundo, dado que muchos han sido engaƱados por el «dios de este siglo», quien ha cegado sus mentes. ¿Cómo podemos nosotros, como representantes de Dios, «instruir a muchos» si no logramos superar un temor comĆŗn: el miedo a hablar en pĆŗblico? JesĆŗs nos dijo que harĆ­amos obras aĆŗn mayores que las que Ɖl hizo. TambiĆ©n nos indicó que, mediante el bautismo en el EspĆ­ritu Santo, de nuestro interior fluirĆ­an «rĆ­os de agua viva» —aguas que rebosan vida—. Esas aguas son las palabras que pronunciamos: las palabras de Dios que compartimos con los demĆ”s. Como dijo JesĆŗs: 

«Las palabras que yo os he hablado son espĆ­ritu y son vida».[5] 

El SeƱor nos ha mandado abrir bien la boca, prometiendo que Ɖl la llenarĆ”.[6] Es posible que nos envĆ­e un compaƱero —tal como envió a Aarón para acompaƱar a MoisĆ©s—, pero debemos esforzarnos por vencer nuestros temores y convertirnos en los hombres y mujeres de Dios poderosos que Ɖl desea que seamos. Poderosos, precisamente, al mantenernos dependientes y obedientes a su «silbo apacible», que nos llama a ser testigos ante todos los seres humanos. 

En el libro de Proverbios leemos: 

 «Del fruto de su boca se saciarĆ” el vientre del hombre; se saciarĆ” del producto de sus labios»[7]. 

En otras palabras, nuestra felicidad y plenitud no provienen de una buena comida, sino de compartir la Palabra de Dios con los demÔs. Debemos buscar y encontrar mÔs vías para compartir la Palabra de Dios con quienes la necesitan. De lo contrario, seremos desdichados, tal como escribió el apóstol Pablo:

«Pues si anuncio el evangelio, no tengo por quĆ© gloriarme, porque me es impuesta necesidad; ¡y ay de mĆ­ si no anuncio el evangelio!»[8]. 

O como se lamentaba JeremĆ­as: 

«Pero si digo: “No me acordarĆ© mĆ”s de Ć©l, ni hablarĆ© mĆ”s en su nombre”, entonces hay en mi corazón como un fuego ardiente, metido en mis huesos; estoy fatigado de sufrirlo, ¡y no puedo mĆ”s!»[9]. 

Por tanto, esforcĆ©monos al mĆ”ximo por superar nuestros temores y desarrollar nuestros talentos, tanto para hablar en pĆŗblico como para escribir. Aprendamos a utilizar las nuevas tecnologĆ­as en favor de Dios y para difundir Su preciosa Palabra entre los perdidos y los necesitados. Creemos blogs, canales de YouTube, publicaciones en Facebook o recurramos a cualquiera de las muchas otras formas de alzar la voz y ser escuchados. Defendamos a JesĆŗs y dejemos que nuestra luz brille de tal manera ante los hombres que, al ver nuestras buenas obras, glorifiquen a nuestro Padre que estĆ” en los cielos[10]. 

«La forma de desarrollar la confianza en uno mismo es hacer aquello que nos da miedo y acumular un historial de experiencias exitosas». ― William Jennings Bryan (1860-1925), cĆ©lebre orador y polĆ­tico estadounidense[11] 

[1] Daniel 11:33 

[2] 2 Corintios 10:10b 

[3] 2 Corintios 10:11 

[4] Daniel 11:33a 

[5] Juan 6:63 

[6] Salmo 81:10b 

[7] Proverbios 18:20 

[8] 1 Corintios 9:16 

[9] JeremĆ­as 20:9 

[10] Mateo 5:16 [11] https://www.goodreads.com/author/quotes/310550.William_Jennings_Bryan Publicado originalmente el 6 de noviembre de 2020.

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