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Friday, October 2, 2026

Salmo 71: «¡No me desampares cuando me falten las fuerzas!»


Dennis Edwards

¿EstĆ”s entrando en la etapa de la vejez? ¿Las cosas no han salido como esperabas y no tienes nada reservado para los dĆ­as de jubilación? ¿Te has distanciado de tu familia y amigos, y te preguntas quiĆ©n te ayudarĆ” mientras recorres el camino hacia la muerte? No temas. Dios ha prometido suplir todas tus necesidades conforme a sus riquezas y gloria, y no segĆŗn los planes humanos, que a menudo se desvĆ­an. Leamos el Salmo 71 y reflexionemos sobre la bondad de Dios. Meditemos en sus promesas seguras y recibamos fe y esperanza para el futuro, por muy sombrĆ­o que parezca en este momento. 

Salmo 71:1 «En ti, oh SeƱor, he puesto mi confianza; no sea yo jamĆ”s avergonzado». 

Es interesante que el salmo utilice la palabra «confusión» (o vergüenza/desconcierto). Podemos sentirnos tentados a experimentar confusión al mirar hacia el futuro con todas sus incertidumbres. QuizĆ”s miremos atrĆ”s y lamentemos las decisiones de nuestra juventud, pero la Palabra de Dios nos dice: «olvidando ciertamente lo que queda atrĆ”s, y extendiĆ©ndome a lo que estĆ” delante» (Filipenses 3:14). No podemos cambiar el pasado, pero sĆ­ podemos decidir confiar en Dios en el presente; al confiar en Ɖl ahora, podemos cambiar nuestro rumbo actual y nuestro destino final. El futuro es tan brillante como las promesas de Dios, sin importar lo que haya sucedido o lo que vaya a suceder. Dios no es autor de confusión, sino de paz. Ɖl promete impartirnos su paz a medida que permanecemos en Ɖl mediante la oración, la meditación y la obediencia a su Palabra. 

«TĆŗ guardarĆ”s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (IsaĆ­as 26:3). «En descanso y en reposo serĆ©is salvos; en quietud y confianza serĆ” vuestra fortaleza» (IsaĆ­as 30:15b). 

Si te sientes confundido y desesperado por el presente o el futuro, dedica tiempo a estar con Dios. JesĆŗs dijo: «Venid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados (y confundidos y desesperados), y yo os harĆ© descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mĆ­, que soy manso y humilde de corazón; y hallarĆ©is descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fĆ”cil, y ligera mi carga», Mateo 11:28-30.

Dios tiene una solución. No te desanimes ni caigas en la confusión del corazón y la mente. Ven a los brazos de JesĆŗs, donde hallarĆ”s descanso para tu alma. Ɖl te guiarĆ” a travĆ©s de la tormenta y traerĆ” la solución que buscas. Pon tu mirada en Ɖl. 

Salmo 71:2 «LibĆ©rame en tu justicia y hazme escapar; inclina tu oĆ­do hacia mĆ­ y sĆ”lvame». 

Dios ha prometido salvarnos. Ha prometido escucharnos cuando clamamos a Ɖl. Lo Ćŗnico que debemos hacer es pasar tiempo con Ɖl en oración y en tranquila meditación sobre su Palabra. Necesitamos dedicar tiempo a contar nuestras bendiciones y a dar gracias. «He aquĆ­ que no se ha acortado la mano del SeƱor para salvar, ni se ha agravado su oĆ­do para oĆ­r», IsaĆ­as 59:1. Leamos otra promesa de IsaĆ­as.

«Ć‰l da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en el SeƱor tendrĆ”n nuevas fuerzas; levantarĆ”n alas como las Ć”guilas; correrĆ”n, y no se cansarĆ”n; caminarĆ”n, y no se fatigarĆ”n», IsaĆ­as 40:29-31. 

Es al acudir a JesĆŗs, al esperar en Ɖl en oración y reflexión silenciosas, y al leer su Palabra, como encontraremos la fortaleza que necesitamos para hoy, asĆ­ como la fe y la esperanza para el maƱana.

Salmo 71:3 «SĆ© para mĆ­ una roca de refugio, adonde pueda acudir continuamente; tĆŗ has dado el mandamiento de salvarme, porque tĆŗ eres mi roca y mi fortaleza». 

El apóstol Pablo nos ha enseƱado que el SeƱor JesĆŗs es la Roca, el fundamento firme de nuestra fe, la piedra angular que los edificadores —los lĆ­deres religiosos judĆ­os— rechazaron. Asimismo, el apóstol Pedro escribió: 

1 Pedro 2:6-10 «Por lo cual tambiĆ©n contiene la Escritura: He aquĆ­, pongo en Sion la principal piedra del Ć”ngulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no serĆ” avergonzado. Para vosotros, pues, los que creĆ©is, ella es preciosa; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser cabeza del Ć”ngulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron tambiĆ©n destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciĆ©is las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable». 

Salmo 71:4-6 «LĆ­brame, Dios mĆ­o, de manos del impĆ­o, de manos del hombre perverso y violento. Porque tĆŗ, oh SeƱor Dios, eres mi esperanza, mi seguridad desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; tĆŗ eres el que me sacó de las entraƱas de mi madre; de ​​ti serĆ” siempre mi alabanza».

Dios es nuestro Creador y, por tanto, debemos «ofrecer continuamente a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15b). 

Salmo 71:7 «Para muchos he sido como un prodigio, pero TĆŗ eres mi refugio seguro». 

El SeƱor es un refugio seguro para quienes confĆ­an en Ɖl. Ɖl dice: «Yo soy tu refugio y tu fortaleza, tu pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo 46:1). «Porque has sido fortaleza para el pobre, fortaleza para el necesitado en su angustia, refugio contra la tormenta, sombra contra el calor» (IsaĆ­as 25:4a). Nuestro Dios no estĆ” lejos. Si le buscamos, le encontraremos, pues en «Ć‰l vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17:28). 

Salmo 71:8 «Que mi boca se llene de tu alabanza y de tu honra durante todo el dĆ­a». 

Pues: «Desde donde sale el sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del SeƱor» (Salmo 113:3). La alabanza es la victoria. Es mediante la alabanza y la acción de gracias como entramos en la presencia de Dios. Si queremos que Ɖl permanezca con nosotros a lo largo del dĆ­a, el fruto de nuestros labios debe ser la alabanza continua a su nombre. 

Salmo 71:9 «No me deseches en el tiempo de la vejez; no me abandones cuando mis fuerzas fallen». 

El temor a no tener cubiertas las necesidades en la vejez puede ser muy real. El miedo a quedar en la miseria o sin hogar, sin ingresos y sin nadie que ayude, es algo que sucede incluso en el mundo moderno actual. 

Salmo 71:10-11 «Porque mis enemigos hablan contra mĆ­, y los que acechan mi vida consultan entre sĆ­, diciendo: "Dios lo ha abandonado; persĆ­ganlo y aprĆ©senlo, pues no hay quien lo libre"». 

En momentos de desesperación, podemos sentirnos abandonados por Dios, por los amigos y por la familia debido a nuestros pecados, errores y fracasos. Podemos caer en el valle del desaliento y sentirnos desamparados. 

Salmo 71:12: «Oh Dios, no te alejes de mĆ­; Dios mĆ­o, apresĆŗrate a socorrerme». 

Cuando atravesamos ese valle de Baca —el valle del sufrimiento, de la sequedad espiritual o de la sensación de lejanĆ­a de Dios—, la situación puede parecer interminable. Puede parecer que la mano del SeƱor tarda en responder, pero no desmayes. «Aunque tarde, espĆ©ralo; porque sin duda vendrĆ”, no tardarĆ”» (Habacuc 2:3b). 

Salmo 71:13-14: «Sean avergonzados y consumidos los adversarios de mi alma; sean cubiertos de oprobio y deshonra los que buscan mi mal. Pero yo esperarĆ© continuamente, y te alabarĆ© cada vez mĆ”s».

Como cristianos, nuestra esperanza constante proviene de la resurrección de Jesucristo. «Nuestra esperanza se funda nada menos que en la sangre y la justicia de JesĆŗs». Es Ɖl quien nos da esperanza, y esa esperanza nos permite seguir adelante frente a las dificultades e incluso regocijarnos. «Y no solo esto, sino que tambiĆ©n nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Romanos 5:3-5a). 

Salmo 71:15: «Mi boca proclamarĆ” tu justicia y tu salvación todo el dĆ­a, aunque no conozco su nĆŗmero». 

Dios nos ha llamado a ser testigos fieles incluso hasta la muerte. «SĆ© fiel hasta la muerte, y yo te darĆ© la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10b). «No hay hombre que tenga potestad sobre el espĆ­ritu para retener el espĆ­ritu, ni potestad sobre el dĆ­a de la muerte; y no hay licencia en esa guerra» (EclesiastĆ©s 8:8). Nuestros tiempos estĆ”n en sus manos (Salmo 31:15). 

Salmo 71:16: «IrĆ© con el poder del SeƱor Dios; harĆ© memoria de tu justicia, de la tuya sola». 

Nuestra propia justicia es repugnante. Es como trapos de inmundicia (IsaĆ­as 64:6). Mediante nuestra fe en Cristo y nuestra obediencia a su palabra, Dios nos ha imputado la justicia que estĆ” en Cristo. Nos hemos revestido del SeƱor Jesucristo y estamos cubiertos con su manto de justicia. «En gran manera me gozarĆ© en el SeƱor, mi alma se alegrarĆ” en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia» (IsaĆ­as 61:10a). 

Salmo 71:17-18: «Oh Dios, me enseƱaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares; hasta que anuncie tu poder a esta generación, y tu potencia a todos los que han de venir». 

Si hemos servido fielmente al SeƱor y compartido su verdad y su amor con los perdidos, podemos esperar que Ɖl tampoco nos desampare cuando seamos ancianos y tengamos canas. Ɖl nos darĆ” fuerzas para seguir dando testimonio a la siguiente generación. Podemos reclamar la promesa que se encuentra en IsaĆ­as 46:4: «Y aun en la vejez yo serĆ© el mismo, y hasta las canas os soportarĆ© yo; yo hice, yo llevarĆ©, yo soportarĆ© y os librarĆ©». 

Salmo 71:19: «Tu justicia, oh Dios, llega hasta lo alto; tĆŗ has hecho grandes cosas. Oh Dios, ¿quiĆ©n como tĆŗ?». 

No hay dios semejante a nuestro Dios. Ɖl es SeƱor de seƱores y Rey de reyes. «¿QuiĆ©n como tĆŗ, oh SeƱor, entre los dioses? ¿QuiĆ©n como tĆŗ, magnĆ­fico en santidad, terrible en maravillosas hazaƱas, hacedor de prodigios?» (Ɖxodo 15:11).

Salmo 71:20: «TĆŗ, que me has hecho ver muchas angustias y males, me vivificarĆ”s de nuevo y me levantarĆ”s otra vez de las profundidades de la tierra». 

Job habĆ­a dicho algo similar a su esposa —quien le habĆ­a sugerido «maldecir a Dios y morir»— cuando atravesaba su prueba. Ɖl le respondió: «Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Recibiremos de Dios el bien, y no recibiremos el mal?» (Job 2:10a). A lo largo de la vida pasamos por «muchas angustias y males», pero nuestra esperanza estĆ” en la resurrección: en que Ɖl «nos vivificarĆ” de nuevo y nos levantarĆ” de las profundidades de la tierra». 

Job tambiĆ©n albergaba esa misma esperanza: «Yo sĆ© que mi Redentor vive, y que al final se levantarĆ” sobre la tierra; y aunque despuĆ©s de mi muerte los gusanos destruyan este cuerpo, en mi carne (nueva) verĆ© a Dios; al cual verĆ© por mĆ­ mismo, y mis ojos lo contemplarĆ”n, y no otro, aunque mis entraƱas se consuman dentro de mĆ­» (Job 19:25-27). 

JesĆŗs dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mĆ­, aunque estĆ© muerto, vivirĆ”; y todo aquel que vive y cree en mĆ­, no morirĆ” jamĆ”s» (Juan 11:25-26). 

Nuestra esperanza proviene de la resurrección de JesĆŗs de entre los muertos. «Ć‰l es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, Ć©l que es el principio, el primogĆ©nito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en Ć©l habitase toda plenitud, y por medio de Ć©l reconciliar consigo todas las cosas, asĆ­ las que estĆ”n en la tierra como las que estĆ”n en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros tambiĆ©n, que erais en otro tiempo extraƱos y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de Ć©l; si en verdad permanecĆ©is fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habĆ©is oĆ­do», Colosenses 1:18-23a. 

Salmo 71:21 «AumentarĆ”s mi grandeza y volverĆ”s a consolarme». 

Si somos fieles a Dios, Ɖl serĆ” fiel a nosotros y suplirĆ” todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas y gloria (Filipenses 4:19). «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» (GĆ”latas 6:9). 

Salmo 71:22 «Asimismo yo te alabarĆ© con instrumento de salterio, oh Dios mĆ­o; tu verdad cantarĆ© a ti en el arpa, oh Santo de Israel». 

JesĆŗs dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). «Pues la ley por medio de MoisĆ©s fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Cuando JesĆŗs caminaba por la tierra, los demonios sabĆ­an y proclamaban a gritos que JesĆŗs de Nazaret era, en efecto, «el Santo de Dios». Y el espĆ­ritu inmundo gritó: «¡DĆ©janos! ¿QuĆ© tenemos que ver contigo, JesĆŗs de Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? SĆ© quiĆ©n eres: el Santo de Dios» (Marcos 1:24 y Lucas 4:34). 

JesĆŗs es el Santo de Israel mencionado en el Antiguo Testamento. «Porque tu Hacedor es tu esposo (y nosotros somos su novia); JehovĆ” de los ejĆ©rcitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra serĆ” llamado» (IsaĆ­as 54:5). 

Salmo 71:23-24: «Mis labios se regocijarĆ”n grandemente cuando te cante, asĆ­ como mi alma, a la que has redimido. Mi lengua tambiĆ©n hablarĆ” de tu justicia todo el dĆ­a, pues han sido confundidos y avergonzados aquellos que buscan mi mal». 

Al mirar atrĆ”s y repasar nuestras vidas, podemos ver que Dios nos ha guardado. Podemos regocijarnos en las victorias que Ɖl nos ha concedido. En su justicia y bondad, nos ha redimido y nos ha dado la victoria sobre nuestros enemigos. 

«Ć‰l devorarĆ” la muerte para siempre; y el SeƱor Dios enjugarĆ” las lĆ”grimas de todos los rostros; y quitarĆ” de toda la tierra la afrenta de su pueblo; porque JehovĆ” lo ha dicho. Y se dirĆ” en aquel dĆ­a: He aquĆ­, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y Ć©l nos salvarĆ”; este es JehovĆ”, a quien hemos esperado; nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación» (IsaĆ­as 25:8-9). 

«Regocijaos en el SeƱor siempre; otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:6). «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo JesĆŗs» (1 Tesalonicenses 5:18). «Todo lo que respira alabe a JehovĆ”. ¡Aleluya!» (Salmo 150:6). 

Publicado originalmente el 21 de septiembre de 2025.

Thursday, October 1, 2026

Salmo 101 - EspaƱol


 Salmo 101 - EspaƱol

1 CantarƩ de misericordia y de juicio; a ti, oh SeƱor, cantarƩ.

La palabra de Dios nos exhorta continuamente a cantar y dar gracias al Señor. Cuando Moisés cruzó el Mar Rojo en tierra firme, algo que los egipcios intentaron hacer y fueron vencidos, su hermana Mariam dirigió a las mujeres en cÔnticos de acción de gracias. El libro mÔs extenso de la Biblia en cuanto a capítulos es el de los Salmos, un libro de cÔnticos de alabanza y agradecimiento a Dios. En el Nuevo Testamento leemos lo siguiente:

“Que la palabra de Cristo caiga sobre vosotros en abundancia en toda sabidurĆ­a, enseƱƔndoos y exhortĆ”ndoos unos a otros con voz melodiosa, con himnos y cĆ”nticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones al SeƱor” (Colosenses 3:16).

En su carta a los Efesios, Pablo dice lo mismo:

“Y no os embriaguĆ©is con vino, donde hay vino, sino sed llenos del EspĆ­ritu, hablando entre vosotros en alabanzas y alabanzas, con himnos y cĆ”nticos espirituales, cantando y alabando al SeƱor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo a Dios Padre, en el nombre de nuestro SeƱor Jesucristo.” (Efesios 5:18-20).

2 Me conducirĆ© sabiamente de manera perfecta. Oh, ¿cuĆ”ndo vendrĆ”s a mĆ­? AndarĆ© en mi casa con un corazón perfecto.

David intenta caminar con Dios en total obediencia. Anhela a Dios por encima de todo. Ama a Dios ante todo. Ama al Señor con todo su corazón, cuerpo, mente y espíritu.

3 No pondrƩ nada malo delante de mis ojos; aborrezco la obra de los que se desvƭan; no se me pegarƔ.

No pongamos nada malo delante de nuestros ojos. No veamos programas en internet ni en televisión que no glorifiquen a Dios. No veamos programas ni leamos libros que promuevan ideas contrarias a nuestra cosmovisión bíblica. Cuidemos lo que nos permitimos consumir espiritualmente al ver, escuchar y leer.

¿Cómo podemos derribar imaginaciones y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, si nos alimentamos de lecturas, visiones y escuchas impĆ­as?

El Salmo 119:37 dice: «Guarda mis ojos de la vanidad». Necesitamos apagar la televisión, o dejar el libro, y ver o escuchar algo diferente en internet.

Si creemos que podemos darnos el lujo de no ser estrictos con lo que vemos, nos equivocamos. Estamos jugando con fuerzas espirituales y se nos pegarƔn. JosuƩ advierte sobre la importancia de estar vigilantes en nuestro caminar y amor por Dios.

JosuĆ© 23:6-8 “Por tanto, sean muy valientes y cumplan todo lo que estĆ” escrito en el libro de la ley de MoisĆ©s. No se desvĆ­en en Ć©l ni a la derecha ni a la izquierda; no vayan entre estas naciones, sino que permanezcan entre ustedes; no mencionen el nombre de sus dioses, ni juren por ellos, ni los sirvan, ni se inclinen ante ellos, sino que se unan al SeƱor su Dios, como lo han hecho hasta hoy.” 

JosuĆ© 23:11-13 “CuĆ­dense, pues, de amar al SeƱor su Dios. Si de alguna manera regresan y se unen al remanente de estas naciones, a las que quedan entre ustedes, y contraen matrimonio con ellas, y se unen a ellas, y ellas a ustedes, sepan con certeza que el SeƱor su Dios no expulsarĆ” mĆ”s a ninguna de estas naciones de delante de ustedes; sino que serĆ”n lazos y trampas para ustedes, azotes para sus costados y espinas para sus ojos, hasta que perezcan de la buena tierra que el SeƱor su Dios les ha dado.”

En el siguiente capítulo, Josué continúa su amonestación.

JosuĆ© 24:20-23: “Si abandonĆ”is al SeƱor y servĆ­s a dioses ajenos, Ć©l se volverĆ” y os daƱarĆ” y os consumirĆ”, despuĆ©s de haberos hecho bien… Ahora pues, quitad —dice Ć©l— los dioses ajenos que hay entre vosotros, e inclinad vuestro corazón al SeƱor, Dios de Israel”.

Nuestros esposos o esposas no deben incitarnos a adorar a otros dioses, que no son dioses, sino fuerzas espirituales demoníacas. Debemos instruirlos en los caminos del Señor y ganarlos para el amor de Dios que se encuentra en Jesús. Debemos discipularlos a ellos, no que ellos nos discipulen a nosotros para seguir a los dioses de este mundo.

4 El corazón perverso se apartarÔ de mí; no conoceré al malvado.

Ten cuidado con quiĆ©nes aceptas como amigos. Tus amigos te influirĆ”n para bien o para mal. Te ayudarĆ”n a acercarte a Dios o te alejarĆ”n de Ɖl. Elige a tus amigos sabiamente.

5 Al que calumnia a escondidas a su prójimo, lo destruiré; al de mirada altanera y corazón orgulloso no lo toleraré.

6 Mis ojos estarÔn sobre los fieles de la tierra, para que habiten conmigo; el que ande en el camino de la perfección, me servirÔ.

Elige sabiamente a tus compaƱeros o empleados. Todos tenemos influencia. Todos nos influenciamos mutuamente para bien o para mal.

7 El que obra engaƱo no morarƔ en mi casa; el que dice mentiras no permanecerƔ ante mis ojos.

8 DestruirĆ© pronto a todos los malvados de la tierra; Para exterminar a todos los malvados de la ciudad del SeƱor.

Josué de ninguna manera amonestó al pueblo a elegir a quién servir.

JosuĆ© 24:15 «Escoged hoy a quiĆ©n servirĆ©is: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres, que estaban al otro lado del rĆ­o, o a los dioses de los amorreos, a los cuales vais a desembarcar. Pero yo y mi casa serviremos al SeƱor».

Sirvamos y amemos al Señor, y enseñemos y animemos a nuestros seres queridos a hacer lo mismo. Amar al Señor con todo nuestro corazón, alma y mente, que es el primer y gran mandamiento. Mateo 22:37.

JosuĆ© 24:24 «Y el pueblo dijo a JosuĆ©: ‘Serviremos al SeƱor nuestro Dios’, y obedecimos su voz».

01-02-2025

Wednesday, September 30, 2026

Salmo 138 - ¡Te alabarĆ© con todo mi corazón!


Dennis Edwards

El Salmo 138, un salmo de David, es un salmo corto lleno de pensamientos poderosos para reflexionar desde el primer versĆ­culo.

1a Te alabaré con todo mi corazón:

Hay algo en hacer las cosas con todo el corazón que Dios desea. JesĆŗs dijo que el primer y gran mandamiento es: “AmarĆ”s al SeƱor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:37). En otras palabras, amar a Dios con todo el corazón es el mandamiento mĆ”s importante. El apóstol Pablo dice: “Y todo lo que hagĆ”is, hacedlo de corazón, como para el SeƱor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). El Antiguo Testamento comparte la misma idea: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo con todas tus fuerzas” (EclesiastĆ©s 9:10). “Y ahora, Israel, ¿quĆ© exige de ti el SeƱor tu Dios, sino que temas al SeƱor tu Dios, que andes en sus caminos, que lo ames y que sirvas al SeƱor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?” (Deuteronomio 10:12).

Las Ćŗltimas palabras de David a su hijo Salomón fueron: “Y tĆŗ, Salomón, hijo mĆ­o, reconoce al Dios de tu padre y sĆ­rvele con corazón perfecto y Ć”nimo dispuesto; porque el SeƱor escudriƱa todos los corazones y entiende todo intento de los pensamientos. Si lo buscas, se dejarĆ” encontrar; pero si lo abandonas, te desecharĆ” para siempre” (1 Crónicas 28:9). Anteriormente en Crónicas leemos que los hombres de guerra de la tribu de Zabulón “no eran de doble corazón” (1 Crónicas 12:33b).

Dios quiere que seamos de todo corazón, no de doble corazón ni de doble Ć”nimo. El apóstol Santiago advierte sobre la indecisión: “Pero pida con fe, sin dudar. Porque el que duda es como la ola del mar, arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense ese hombre que recibirĆ” algo del SeƱor. El hombre de doble Ć”nimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:6-8).

JesĆŗs advirtió a la iglesia de Laodicea. Los laodicenses eran ricos y adinerados, y no tenĆ­an necesidad de nada fĆ­sicamente; pero en realidad, eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos espiritualmente (Apocalipsis 3:17). JesĆŗs dijo: “Yo conozco tus obras, que ni eres frĆ­o ni caliente. ¡OjalĆ” fueses frĆ­o o caliente! Pero porque eres tibio, y no frĆ­o ni caliente, te vomitarĆ© de mi boca” (Apocalipsis 3:15-16).

Ser un cristiano tibio es un pĆ©simo ejemplo para el mundo. Un cristiano tibio desviarĆ” a otros y los contagiarĆ” con su tibieza. Si vas a creer, cree con todo tu corazón y sigue adelante. No dudes entre dos opiniones. Si Dios es Dios, sĆ­rvele. Si el mundo es tu dios, sĆ­rvele. No intentes servir a las riquezas y a Dios al mismo tiempo. No puedes hacerlo. JesĆŗs lo dijo: «Nadie puede servir a dos seƱores; porque aborrecerĆ” a uno y amarĆ” al otro, o se apegarĆ” a uno y menospreciarĆ” al otro. No podĆ©is servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24).

1b Delante de los dioses te alabarƩ.

La palabra hebrea para «dioses» se refiere a los demĆ”s seres espirituales del reino celestial. A los «dioses» buenos que se someten a Dios, los llamamos Ć”ngeles. A los «dioses» desobedientes, los llamamos demonios o diablos. David comienza su salmo, como suele hacerlo, alabando al Dios verdadero.

2 AdorarƩ hacia tu santo templo, y alabarƩ tu nombre por tu misericordia y tu verdad, porque has engrandecido tu palabra sobre todas las cosas.

Hay mucho que analizar aquĆ­. Dios dice que ha engrandecido su palabra sobre su nombre. En otras palabras, a Dios le interesa mĆ”s que obedezcas sus mandamientos que que lo llames por su nombre propio. Por eso, quien siga el dicho de JesĆŗs: «Amar al prójimo como a sĆ­ mismo», recibirĆ” una medida de bendición en su vida. Aunque no crea en Dios, ni lo llame por otro nombre, ni tenga otro concepto de Dios, si obedece los mandamientos de Dios, que se encuentran en las palabras de JesĆŗs, recibirĆ” una medida de la bendición de Dios en su vida.

JesĆŗs condena a quienes dicen creer en Ć©l, e incluso saben cómo llamarlo por su nombre propio, porque no hacen lo que Ć©l les ha pedido. “No todo el que me dice: ‘SeƱor, SeƱor’, entrarĆ” en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que estĆ” en los cielos” (Mateo 7:21). Algunos usan el nombre de JesĆŗs para su propio bienestar, poder, dinero y fama. A estos, Ɖl les dice: “Apartaos de mĆ­, hacedores de iniquidad; nunca os conocĆ­” (Mateo 7:23).

JesĆŗs dice: “Si permanecĆ©is en mi palabra, serĆ©is verdaderamente mis discĆ­pulos” (Juan 8:31b). MĆ”s adelante, aƱadió: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, Ć©se es el que me ama; y el que me ama, serĆ” amado por mi Padre, y yo lo amarĆ© y me manifestarĆ© a Ć©l” (Juan 14:21). Si intentamos seguir las palabras de JesĆŗs, Ɖl finalmente se nos manifestarĆ”. Quien busca y sigue sinceramente las palabras de JesĆŗs encontrarĆ” a Dios. “El que me ama, guardarĆ” mi palabra; y mi Padre le amarĆ”, y vendremos a Ć©l y haremos morada con Ć©l” (Juan 14:23). Al guardar la palabra de JesĆŗs, demostramos que lo amamos. Incluso quienes no conocen su nombre, pero guardan su palabra, serĆ”n bendecidos.

Sin embargo, tambiĆ©n seremos juzgados por nuestro conocimiento de Dios, su palabra y su voluntad. La Biblia dice: “Al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). JesĆŗs dijo: “Y aquel siervo que conociendo la voluntad de su seƱor, y no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirĆ” muchos azotes” (Lucas 12:47). “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ella lo juzgarĆ” en el dĆ­a postrero” (Juan 12:48). Si conocemos la palabra y la voluntad de Dios, y no las seguimos, seremos mĆ”s responsables.

Por otro lado, Dios ha dado una medida de luz a toda la humanidad. Ha puesto un código moral en cada uno de nuestros corazones, “la luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo” (Juan 1:9b). El apóstol Pablo tambiĆ©n habla de esa luz moral que cada persona posee: “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley (al no haber conocido la revelación de la ley de Dios a MoisĆ©s), hacen por naturaleza lo que es de la ley, Ć©stos, al no tener la ley, son ley para sĆ­ mismos; mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusĆ”ndose o excusĆ”ndose unos a otros con sus pensamientos” (Romanos 2:14-15). Dios ha puesto una brĆŗjula moral dentro de cada hombre, la vocecita de la conciencia. Realmente no tenemos excusa.

3 El dƭa que clamƩ, me respondiste, y me fortaleciste con fuerza en mi alma.

Dios promete responder cuando lo invocamos. “Me buscarĆ©is y me hallarĆ©is, porque me buscarĆ©is de todo vuestro corazón” (JeremĆ­as 29:13). “Invocadme, y yo os responderĆ©” (JeremĆ­as 33:3a). Cuando lo hacemos, el resultado es: “Ɖl da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (IsaĆ­as 40:29). Pero tenemos que venir a Ɖl, tenemos que acercarnos a Dios. Cuando buscamos y nos acercamos, Ɖl promete que se acercarĆ” a nosotros. JesĆŗs dijo: “Venid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados, y yo os harĆ© descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mĆ­, que soy manso y humilde de corazón; y hallarĆ©is descanso para vuestras almas; porque mi yugo es suave y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). Tenemos que venir, buscar, acercarnos, llamar, pedir. Ɖl harĆ” el resto.

4 Todos los reyes de la tierra te alabarƔn, oh SeƱor, cuando oigan las palabras de tu boca.

Finalmente, toda la creación se someterĆ” al gobierno del Rey de reyes. «Los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro SeƱor y de su Cristo; y Ć©l reinarĆ” por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 11:15b). «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; serĆ© exaltado entre las naciones, serĆ© exaltado en la tierra» (Salmo 46:10).

5 Sƭ, cantarƔn en los caminos del SeƱor; porque grande es la gloria del SeƱor.

Es al comienzo del Milenio que el mundo entero prorrumpirĆ” en cĆ”nticos por la venida del SeƱor y su reinado de paz en la tierra por mil aƱos. «Todo estĆ” en reposo y en silencio; prorrumpen en cĆ”nticos» (IsaĆ­as 14:7). “No harĆ”n mal ni destruirĆ”n en todo mi santo monte, porque la tierra estarĆ” llena del conocimiento del SeƱor, como las aguas cubren el mar” (IsaĆ­as 11:9).

6 Aunque el SeƱor es excelso, mira con agrado a los humildes; pero a los soberbios los conoce de lejos.

El apóstol Santiago nos dice: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humillaos delante del SeƱor, y Ć©l os exaltarĆ”” (Santiago 4:6b y 4:10). David dice: “Cercano estĆ” el SeƱor a los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espĆ­ritu” (Salmo 34:18).

7 Aunque ande en medio de la angustia, tú me vivificarÔs; contra la ira de mis enemigos extenderÔs tu mano, y tu diestra me salvarÔ.

JesĆŗs estĆ” sentado a la diestra del Padre. Ɖl es la diestra de Dios. Es JesĆŗs quien salva e intercede por nosotros (Romanos 8:34). En el Antiguo Testamento leemos: «Pero los que esperan en el SeƱor renovarĆ”n sus fuerzas; levantarĆ”n alas como las Ć”guilas; correrĆ”n, y no se cansarĆ”n; caminarĆ”n, y no se fatigarĆ”n» (IsaĆ­as 40:31). El SeƱor le dijo al apóstol Pablo: «BĆ”state mi gracia; porque mi poder se perfecciona en tu debilidad» (2 Corintios 12:9a). El apóstol Pablo respondió: «Por tanto, de buena gana me gloriarĆ© mĆ”s bien en mis debilidades, para que repose sobre mĆ­ el poder de Cristo» (2 Corintios 12:9b). Dios nos revivirĆ” y nos darĆ” fuerzas. «Como serĆ”n tus dĆ­as, asĆ­ serĆ”n tus fuerzas» (Deuteronomio 33:25).

8 El SeƱor perfeccionarĆ” lo que me concierne: Tu misericordia, oh SeƱor, es para siempre; no abandones la obra de tus manos. 

El apóstol Pablo escribió: “Estoy persuadido de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionarĆ” hasta el dĆ­a de Jesucristo” (Filipenses 1:6). “Porque yo sĆ© a quiĆ©n he creĆ­do, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel dĆ­a” (2 Timoteo 1:12b). JesĆŗs dijo: “Nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:29). No temas, pues, que eres mĆ”s valioso que muchos gorriones, y ni uno cae a tierra sin que mi Padre lo sepa (Mateo 10:29 y 31). “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo tambiĆ©n le confesarĆ© delante de mi Padre que estĆ” en los cielos” (Mateo 10:32).

Dios no nos abandonarĆ” si nosotros no lo abandonamos a Ɖl. MoisĆ©s le dijo al pueblo: «Y el SeƱor es quien va con vosotros; Ć©l estarĆ” con vosotros; no os dejarĆ” ni os desampararĆ”; no temĆ”is ni desmayĆ©is» (Deuteronomio 31:8). En IsaĆ­as 43:10 leemos: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; sĆ­, te ayudarĆ©; sĆ­, te sustentarĆ© con la diestra de mi justicia».

JesĆŗs es la diestra de Dios que nos sostiene. «No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por mi nombre; mĆ­o eres. Cuando pases por las aguas, yo estarĆ© contigo; y por los rĆ­os, no te anegarĆ”n; cuando pases por el fuego, no te quemarĆ”s, ni la llama arderĆ” en ti» (IsaĆ­as 43:1b-2). “¿QuiĆ©n nos separarĆ” del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como estĆ” escrito: Por causa tuya somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas para el matadero. Antes, en todas estas cosas somos mĆ”s que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni Ć”ngeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrĆ” separar del amor de Dios, que es en Cristo JesĆŗs SeƱor nuestro”, Romanos 8:35-39.

¡El Nombre de JesĆŗs!

Necesito aƱadir la siguiente nota al pie: Aunque una persona puede ser bendecida por seguir las palabras de JesĆŗs, la promesa de vida eterna es para quienes creen en el nombre del Hijo de Dios (1 Juan 5:13). Hay un solo nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el cual podemos ser salvos (Hechos 4:12). Ese nombre es JESÚS. Un dĆ­a, toda la creación reconocerĆ” a JesĆŗs como SeƱor o seƱores, y Rey de reyes. «Para que en el nombre de JesĆŗs se doble toda rodilla de los que estĆ”n en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el SeƱor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:10-11).

Si intentas seguir las palabras de JesĆŗs, ¿por quĆ© no lo invitas a entrar en tu vida? Ɖl dice: «He aquĆ­, yo estoy a la puerta (de tu corazón) y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrarĆ© a Ć©l, y cenarĆ© con Ć©l y Ć©l conmigo» (Apocalipsis 3:20). JesĆŗs anhela una relación personal contigo. Solo tienes que abrir la puerta y recibirlo en tu corazón.

Oración: Querido Jesús, entra en mi vida. Dame la fuerza que necesito para la batalla. Perdóname por mis pecados, mis ofensas y mis defectos. Creo que tienes palabras de vida eterna. Ayúdame a liberarme de la incredulidad. Guíame hacia una relación mÔs profunda contigo. En el nombre de Jesús, te lo pido. Amén.

Puedes escribirme a dennismedwards@gmail.com

Publicado originalmente el 19 de noviembre de 2024.

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