Salmo 51. Salmo de David con comentarios de Dennis Edwards.
51:1-3 Ten piedad de mĆ, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades, borra mis transgresiones. LĆ”vame mĆ”s y mĆ”s de mi iniquidad, y lĆmpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado estĆ” siempre delante de mĆ.
El primer requisito para el perdón es confesar honestamente nuestros pecados, reconocerlos. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan la importancia de la confesión.
1 Juan 1:8-10: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engaƱamos a nosotros mismos, y la verdad no estĆ” en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Ć©l es fiel para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso, y su palabra no estĆ” en nosotros».
Santiago 5:16 “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seĆ”is sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”
2 Crónicas 7:14 “Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos; entonces yo oirĆ© desde los cielos, perdonarĆ© sus pecados y sanarĆ© su tierra.”
Proverbios 28:13 “El que encubre su pecado no prosperarĆ”; mas el que los confiesa y se aparta alcanzarĆ” misericordia.”
IsaĆas 55:6-7 “Buscad al SeƱor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que estĆ” cercano; abandone el impĆo su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuĆ©lvase al SeƱor, el cual tendrĆ” de Ć©l misericordia, y al Dios nuestro, el cual serĆ” amplio en perdonar.”
Cuando confesamos y nos arrepentimos o cambiamos, Dios arroja nuestros pecados a las profundidades del mar y ya no los recuerda.
Miqueas 7:18-19: “¿QuĆ© Dios como tĆŗ, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebelión del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en la misericordia. Se volverĆ” y sepultarĆ” nuestras iniquidades; y arrojarĆ”s todos sus pecados a las profundidades del mar.”
Encontramos una idea similar en otro lugar.
Salmo 103:13: “Cuanto estĆ” lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras transgresiones.”
IsaĆas 38:17b-s. “Pero tĆŗ, con amor a mi alma, la libraste del pozo de corrupción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.”
Gracias a la obra consumada de JesĆŗs, tenemos un abogado ante el Padre y no caeremos en condenación. 1 Juan 2:1b-2a: “Y si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Ćl es la propiciación por nuestros pecados.”
Es JesĆŗs el MesĆas quien murió por los pecados del mundo. Vive para interceder por nosotros. Es nuestro abogado legal ante el trono de Dios, para que no caigamos en la condenación del Diablo. Su muerte en la cruz es “la propiciación por nuestros pecados”, o lo que satisface el castigo legal que nos corresponde por ellos. Cristo llevó nuestras iniquidades en la cruz, por la cual ha justificado a los que por Ć©l se acercan a Dios.
Hebreos 7:25: “Por lo cual puede tambiĆ©n salvar perpetuamente a los que por Ć©l se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.”
Hebreos 8:12 “Porque serĆ© propicio a sus injusticias, y nunca mĆ”s me acordarĆ© de sus pecados y de sus iniquidades.”
Salmo 51:4 Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo ante tus ojos, para que fueras justificado al hablar, y sin culpa al juzgar.
En definitiva, cuando pecamos, pecamos contra Dios. Puede afectar a otras personas, pero la causa principal es nuestra rebelión contra Dios y sus preceptos. El primer y mÔs grande mandamiento es no amar al prójimo como a nosotros mismos. El primer y mÔs grande mandamiento es amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (Mateo 22:37). Amar al prójimo nace de tu amor a Dios.
Salmo 51:5 He aquĆ, en maldad fui formado, y en pecado me concibió mi madre.
El salmista podrĆa estar insinuando que cuando un hombre y una mujer tienen un hijo, es resultado de satisfacer sus deseos sexuales. El hecho de que David escribiera el salmo, y que su pecado fuera resultado de ceder a sus deseos sexuales carnales, pudo haber afectado su perspectiva sobre las relaciones sexuales. Su impulso sexual lo llevó a cometer adulterio. Su orgullo y su presunción lo llevaron a intentar ocultar su pecado y, como resultado, cometió asesinato.
Salmo 51:6 He aquĆ, tĆŗ amas la verdad en lo Ćntimo, y en lo secreto me harĆ”s comprender sabidurĆa.
Dios participa en ganar nuestros corazones para Ćl. Ćl quiere que sigamos el amor y la verdad. La verdad es una parte importante del carĆ”cter de Dios. De hecho, JesĆŗs dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mĆ» (Juan 14:6). «Porque la ley por medio de MoisĆ©s fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17).
Los Proverbios nos dicen: “Con misericordia y verdad se corrige la iniquidad, y con el temor de JehovĆ” los hombres se apartan del mal”, Proverbios 166. JesĆŗs es la gracia, la misericordia y la verdad de Dios. Por su misericordia y su verdad, nos purifica. Ćl es la palabra que nos renueva. «Ya estĆ”is limpios por la palabra que os he hablado», Juan 15:3. “SantifĆcalos en tu verdad: Tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
Salmo 51:7: “PurifĆcame con hisopo, y serĆ© limpio; lĆ”vame, y serĆ© mĆ”s blanco que la nieve”.
El hisopo se usaba para aplicar la sangre del cordero a los postes de la puerta la tarde de la primera Pascua (Ćxodo 12:22). TambiĆ©n se usó en la ceremonia sacrificial de purificación del leproso que fue hallado sano de su lepra (LevĆtico 14:6).
David reconoce que su pecado es como la lepra, y que su corazón necesita una limpieza profunda, una purificación profunda. ¿Cómo podemos acercarnos a Dios cuando nuestras manos estĆ”n llenas de sangre inocente? En IsaĆas leemos:
“Cuando extiendan sus manos, esconderĆ© de ustedes mis ojos; sĆ, cuando multipliquen sus oraciones, no las escucharĆ©; llenas estĆ”n de sangre sus manos” (IsaĆas 1:15).
De David Las manos estaban llenas de la sangre de UrĆas, el esposo de BetsabĆ©. Hoy en Occidente, estamos llenos de la sangre de los pobres inocentes asesinados en abortos en nuestros propios paĆses y en los paĆses pobres del tercer mundo donde hemos exportado nuestra aberración.
Estamos llenos de la sangre de los inocentes asesinados en las guerras que hemos librado por la seguridad de Israel en Oriente Medio. Estamos llenos de la sangre de los pobres inocentes asesinados en Ucrania como resultado de nuestras polĆticas militares y polĆticas que invadieron la seguridad de Rusia. Estamos llenos de la sangre de los pobres inocentes asesinados en Asia Oriental durante la guerra de Vietnam.
El Señor continúa:
“LĆ”vense, lĆmpiense; quiten la maldad de sus acciones de delante de mis ojos; dejen de hacer el mal; aprendan a hacer el bien; Buscad el juicio, socorred al oprimido, haced justicia al huĆ©rfano, abogad por la viuda”, IsaĆas 1:16-17.
Finalmente, Dios dice:
“Venid luego, dice el SeƱor, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serĆ”n emblanquecidos; Aunque sean rojos como el carmesĆ, vendrĆ”n a ser como blanca lana (IsaĆas 1:18).
No importa cuĆ”nto nos hayamos desviado del camino recto y angosto que conduce a la salvación, Dios ha abierto una vĆa de escape del juicio si nos arrepentimos, nos apartamos de nuestros malos caminos y nos humillamos ante Ćl. Aceptar a JesĆŗs como Salvador es la puerta que Dios ha abierto para nuestra salvación a la vida eterna.
La elección de Trump puede ser una seƱal del arrepentimiento de Estados Unidos por sus muchos pecados. La elección de Trump podrĆa causar un retraso en los juicios de Dios sobre Estados Unidos.
Aunque el paĆs de Israel se arrepintió temporalmente de los pecados de ManasĆ©s, quien habĆa llenado JerusalĆ©n de sangre inocente, Dios no los perdonarĆa por completo ni se apartarĆa del ardor de su gran ira. La nación se arrepintió bajo el reinado de JosĆas, hijo de ManasĆ©s; sin embargo, tras la muerte de JosĆas, volvieron a sus malos caminos. Dios dijo que las provocaciones bajo el reinado de ManasĆ©s fueron tan grandes que Mereció Su juicio.
2 Reyes 23:26 “Con todo, el SeƱor no se apartó del ardor de su gran ira, con que se encendió su furor contra JudĆ”, a causa de todas las provocaciones con que ManasĆ©s lo habĆa provocado.”
2 Reyes 24:3-4 “Seguramente por mandato del SeƱor vino esto (la destrucción de JudĆ” y JerusalĆ©n) sobre JudĆ”, para quitarlos de su presencia, por los pecados de ManasĆ©s, conforme a todo lo que hizo. Y tambiĆ©n por la sangre inocente que derramó; pues llenó a JerusalĆ©n de sangre inocente, la cual el SeƱor no quiso perdonar.”
Analizaremos los reinados de ManasĆ©s y JosĆas en una próxima clase y veremos quĆ© podemos aprender de ellos.
Fin de la Parte 1 (Ir a la Parte 2)
Publicado originalmente el 13 de marzo de 2025. Republicado el 21 de febrero de 2026.
