16 de enero
“Una corona de hermosura en lugar de ceniza, aceite de alegrÃa en lugar de luto, y un manto de alabanza en lugar de un espÃritu de desesperación.”
El Señor ha convertido mi luto en danza. Me he quitado la ropa de dolor y me he puesto mantos de alegrÃa. Me visto del gozo del Señor que me fortalece. Yo, que lloraba por mi propio pecado y el pecado del mundo, he sido consolado por el amor y la vida de Dios que se encuentran en Jesucristo, el Pastor redentor. Bienaventurado yo, que lloraba, porque he sido consolado.
Él ha hecho que mi corazón escuche gozo y alegrÃa. Los huesos que estaban quebrantados ahora se regocijan. En todo doy gracias, porque son las misericordias del Señor las que me han permitido no ser consumido. Sus compasión nunca decaen. Son nuevas cada mañana. Aunque el llanto ha durado una noche, el gozo ha regresado una vez más por la mañana. Grande es tu fidelidad, Señor, para conmigo.
Por tanto, me regocijo y entro en su presencia con acción de gracias y en sus atrios con alabanza. Hago un clamor de alegrÃa y sirvo al Señor con alegrÃa, porque el Señor es bueno, su misericordia es eterna y su verdad perdura por todas las generaciones.
“RegocÃjense en el Señor; y de nuevo, digo: ¡RegocÃjense!”. “Cantaré al Señor mientras viva. Cantaré alabanzas a Dios mientras exista. Mi meditación en Él será dulce. Me alegraré en el Señor”. “¡Oh, que los hombres alabaran al Señor por su bondad y sus maravillosas obras para con los hijos de los hombres! Él satisface al alma anhelante y llena de bondad al alma hambrienta”.
“Tú eres mi Dios y te alabaré. Tú eres mi Dios; te exaltaré. Den gracias al Señor porque es bueno, porque su misericordia es eterna”. Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir. Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Y miré, y oà la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos; y su número era millones de millones (o más de cien millones, según la escala estadounidense); que decÃan a gran voz: «El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabidurÃa, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza».
Y a todo lo creado que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra, en el mar y a todas las cosas que en ellos hay, oà decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Y los cuatro seres vivientes dijeron: «Amén». Y los veinticuatro ancianos se postraron y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
Vi algo asà como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habÃan alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen, su marca y el número de su nombre, de pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos».
Y he aquÃ, yo (Jesús) vengo pronto; y mi recompensa está conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. «Ciertamente vengo pronto».


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