2 de enero de 2025
Señor, ¿dónde y cuándo encuentro la fuerza para seguir adelante cuando todo parece tan desesperanzado? Mi familia y mis amigos parecen inconstantes. Mi única seguridad está en ti, y pareces tan lejano. Señor, inclÃnate y envÃa ayuda, aunque no la merezca. Señor, ni siquiera puedo caminar sin que me lleves de la mano. Ayúdame. EnvÃame la victoria. Renueva mi esperanza.
Jesús habla:
Recuerda, hijo mÃo, eres un vencedor, porque yo he vencido por ti. Mi apóstol a los gentiles, Pablo, te ha dicho que nada puede separarte de mi amor por ti. Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarte de mi amor, que es en Cristo Jesús, el Señor.
Nada, absolutamente nada podrá arrebatarte de mi mano. Mi Padre, que te dio a mÃ, es mayor que todos, y nadie puede arrebatarte de la mano de mi Padre. He dicho que ni un solo gorrión cae a tierra sin el conocimiento de mi Padre, y ustedes valen más que muchos gorriones.
Levanten la cabeza inclinada y forjen sendas rectas para sus pies, sendas de continua obediencia a mi voz. Seguirme a diario es el camino a la victoria; un camino de sumisión y entrega constantes trae la victoria. No en la victoria que el mundo ve, sino en la victoria de la aparente derrota: una victoria de humildad, una victoria de alabanza, una victoria de la voz de agradecimiento que se eleva por encima de las apariencias externas.
Mis seguidores a lo largo de los siglos han muerto en fe sin haber recibido las promesas, sino habiéndolas visto de lejos. Se convencieron de ellas, las aceptaron y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra, pues deseaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo cual, Dios no se avergonzó ni se avergüenza de ser llamado su Dios, pues les ha preparado una ciudad que desciende del cielo, de su Dios, ataviada como una novia preparada para su esposo.
Y Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las cosas anteriores pasaron. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. A los sedientos, les daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. ¡Oh, todos los sedientos! ¡Vengan a las aguas! ¡Vengan y deleÃtense en abundancia! Inclinen su oÃdo y vengan a mÃ, escuchen mi voz y vivirán.
El que venza y sea fiel hasta el fin heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la ciudad.


0 Comments:
Post a Comment