31 de diciembre de 2025
“Les daré un corazón nuevo y pondré un espÃritu nuevo dentro de ustedes. Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.”
Dios ha prometido quitarnos el corazón de piedra. En el nuevo nacimiento, nacemos de nuevo y de repente sentimos que Dios nos ha dado un corazón de amor. El EspÃritu Santo se derrama en nosotros y rebosamos de un amor sobrenatural por toda la humanidad. Es un bautismo del EspÃritu Santo y parece que nuestros corazones han sido verdaderamente transformados por el poder de Dios, por el poder del EspÃritu Santo de amor.
Pero con el paso del tiempo, los sentimientos de esos primeros momentos se pierden o se ven abrumados por nuestras deficiencias y pecados cotidianos que tan fácilmente nos asedian. El corazón transformado parece perder su suavidad. El corazón de carne se transforma lentamente en un corazón de piedra. Hasta que un dÃa, otra ruptura, obra de Dios o del hombre, nos encuentra de rodillas implorando su ayuda, su intervención, su mano de salvación y rescate.
Una y otra vez pasamos por la ruptura, la reestructuración, la reconstrucción, la remodelación de nuestros corazones de piedra en las manos de nuestro Creador hasta que el EspÃritu Santo finalmente toma plena posesión. Pero es un camino largo y tortuoso por el camino de la humildad, el camino del quebrantamiento, el camino de la sumisión, el camino del servicio a los demás, el camino de la entrega, el camino de la rendición.
Una vida transformada es una vida que se ha sometido al proceso de autoaniquilación, o a la muerte del yo. Una vida transformada es una vida altruista que ha sido rota y rehecha en las manos del Maestro Alfarero. En la vida transformada vemos lo que Dios puede hacer con una vasija totalmente entregada a su voluntad.
Pero tenemos que rendirnos. Tenemos que arrodillarnos y clamar a Dios para que nos salve y nos rehaga, para que nos transforme y para que siga eliminando la dureza de nuestro corazón, para que podamos amar como Él nos llama a amar. Es la historia del "PrÃncipe Feliz y la Golondrina", de Oscar Wilde. Solo al responder a la difÃcil situación de los pobres y necesitados, el corazón de piedra del prÃncipe se transforma en un corazón de carne. Su corazón se vuelve amor al despojarse de su manto dorado y compartir su riqueza con los necesitados. Tanto él como la golondrina encuentran la felicidad eterna en la muerte del yo y al abandonar sus mentiras por las necesidades de los demás.
Y asà es la vida de un seguidor de Cristo. La vida cristiana está llena de rupturas y reconstrucciones, de sufrimiento y abandono, de ceder y perdonar, de empezar de cero una vez más. Si un hombre o una mujer está en Cristo, es una nueva criatura, una nueva creación. Las cosas viejas deben pasar, las viejas costumbres, los viejos pecados y hábitos deben ser olvidados y abandonados. He aquÃ, todo debe ser hecho nuevo, o nacer de nuevo en una nueva creación de Dios por el poder transformador del EspÃritu Santo.
Ese poder transformador nos permite ser bondadosos, compasivos y perdonarnos mutuamente, asà como Dios, por amor a Cristo, nos perdonó a cada uno. Y, sin embargo, caemos fácilmente de su gracia y dejamos que el pecado y la amargura entren, y la dureza se hace presente una vez más.
Pero debemos pelear la buena batalla de la fe y resistir al diablo. Debemos revestirnos de toda la armadura de Dios y ser guerreros firmes, tomando el escudo de la fe, la coraza de su justicia, el cinturón de la verdad y la espada del EspÃritu, que es la palabra de Dios. Debemos herir al diablo en el corazón y vencer al adversario por la palabra de nuestro testimonio mediante la muerte y resurrección de Jesucristo. Él es la victoria que vence al mundo. Dejemos que Él nos transforme y nos haga nuevos una vez más. Él dice: «He aquÃ, yo hago nuevas todas las cosas».


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