20 de enero
¡Qué bueno y qué agradable es para los hermanos vivir juntos en unidad!
“Todos los que creyeron estaban juntos y tenÃan todas las cosas en común; vendÃan sus posesiones y bienes, y los repartÃan a todos según la necesidad de cada uno. Y perseveraban unánimes cada dÃa en el templo, partiendo el pan en las casas, comÃan juntos con alegrÃa y sencillez de corazón, alabando a Dios… Y el Señor añadÃa cada dÃa a la iglesia los que habÃan de ser salvos.”
“Y la multitud de los que creyeron era de un solo corazón y una sola alma; y ninguno decÃa ser suyo propio nada de lo que poseÃa, sino que lo tenÃan todo en común. Y gran poder dio al apóstol testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia recaÃa sobre todos. No habÃa entre ellos ningún necesitado; pues todos los que poseÃan tierras o casas las vendÃan… y se distribuÃa a cada uno según su necesidad.”
“Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? … De cierto os digo que… todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.”
“Porque nada trajimos al mundo, y sin duda nada podremos llevarnos. Y teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con ello; pero los ricos caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañinas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.”
Porque el amor al dinero es la raÃz de todos los males; codiciando esto algunos, se extraviaron de la fe y se atormentaron con muchos dolores. Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual fuiste llamado y has hecho buena profesión ante muchos testigos.
Enséñales a los ricos de este mundo que no sean altivos ni pongan su confianza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, dispuestos a compartir, dispuestos a dar a los necesitados; atesorando para sà un buen fundamento para lo por venir, para que puedan echar mano de la vida eterna.
Hay quienes se hacen ricos, pero no tienen nada; hay quienes se hacen pobres, pero tienen grandes riquezas. El alma generosa prosperará; y el que riega, también será saciado. Al que retiene el trigo, el pueblo lo maldecirá; pero al que lo vende, bendiciones caerán sobre la cabeza.
Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando, darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que midáis, se os volverá a medir.
No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orÃn corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orÃn corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde esté vuestro tesoro, allà estará también vuestro corazón. Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro… No podéis servir a Dios y a las riquezas… Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos?… Porque vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas… Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Asà también, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discÃpulo.


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