Desde el confÃn de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón se sienta abrumado: guÃame a la Roca que es más alta que yo. Salmo 61:2
Jesús, ahora mismo solo veo las oscuras nubes de la condenación. Le fallé a mi amigo. Señor, ten piedad de mà y escucha mi clamor. No soy digno de tu perdón ni de tu amor, pero clamo a ti. No tengo adónde ir. Incluso amigos cercanos parecen abandonarme o condenarme. Parece que recibo más apoyo de aquellos con quienes no estoy cerca y de quienes no lo esperaba. Señor, ten piedad de mÃ. Muéstrame qué debo hacer para honrar a mi ser querido que ha partido. En tu precioso nombre, te lo ruego.
Jesús habla:
¿No te he dicho que mil caerán a tu lado, pero no se acercarán a ti? ¿No te he dicho que te cubriré con mis plumas y que bajo mis alas confiarás? Si tu amigo ha caÃdo, si tu amigo ha vuelto a casa conmigo, ten la seguridad de que llegó su hora. Ninguno de estos pequeños cae al suelo sin mi conocimiento. Tu tiempo está en mis manos.
Tu amigo deseaba venir a casa conmigo. Sintió que comenzaba a convertirse en una carga y eligió la sanación eterna en lugar de la natural. Ahora debes confiar en MÃ, que en verdad todas las cosas obran para bien. Debes confiar en MÃ, que ciertamente era el momento de que tu amigo recibiera su recompensa celestial. Todos caminamos por fe.
Pon tu mano en la MÃa y confÃa en MÃ. No escuches las voces de amigos y compañeros que cuestionan e indagan. No escuches la voz de ese maligno que anda por ahà condenando y destruyendo. Recuerda, yo he vencido al mundo. Resucité de entre los muertos para romper el poder de Satanás y dar libre acceso al reino celestial, que fue destruido por el pecado de Adán. Ahora todos los que crean en Mà tienen acceso a la vida eterna. Es mi regalo de Dios para todos los que crean.
¿Crees? Entonces toma tu regalo. Aférrate a tu regalo y vive en él. Hay poder en mi sangre. Ruégalo en tu mente y no te desanimes. No desmayes. Estas cosas no son mÃas. Alégrate de que otro soldado haya regresado a casa para recibir su recompensa. Pelea la buena batalla de la fe. Aférrate a la vida eterna a la que has sido llamado y profesa una buena profesión ante muchos testigos.
Se acercan los tiempos en que tú también debes despojarte de este tabernáculo terrenal y vestirte con el celestial. Redime el tiempo, porque los dÃas son malos. Guarda silencio conmigo, y yo te guiaré y te mostraré exactamente lo que debes hacer. En la quietud y la confianza encontrarás fuerza. Guarda silencio conmigo y deja que mis palabras de amor y aliento llenen tu corazón.
Con verdad y misericordia se purifica la iniquidad y con el temor del Señor los hombres se apartan del mal. Mi misericordia es eterna por todas las generaciones. Alégrate en mÃ, regocÃjate, canta y pelea la buena batalla de la fe. Lleva todo pensamiento a la obediencia a mi palabra. Si no es conforme a mi palabra, repréndelo. No te identifiques con las obras infructuosas de las tinieblas. No dejes que entren en tu mente.
DependÃas mucho de tu amigo para recibir apoyo espiritual. Ahora debes aprender a confiar en MÃ. Soy más cercano que un amigo y te ayudaré en estos momentos de angustia, tentación y prueba. Levanta las manos caÃdas. Levántalas. Entra en mi presente con cánticos, porque soy Yo quien te creó, no tú mismo. Soy el Buen Pastor que dio su vida por cada uno de ustedes.
Tu amigo era precioso a mis ojos, porque me amaba y me seguÃa con cariño. Tú debes hacer lo mismo. Apégate a Mà con todo tu corazón, alma, cuerpo y mente. Este es el primer y gran mandamiento. El segundo es similar: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen todos los demás.
Camina con fe, sin dudar. El que duda está condenado porque se niega a creer y a recibir la misericordia y el perdón que te ofrezco. Te extiendo esa misericordia hoy. Tu amigo no siente amargura ni arrepentimiento hacia ti. Él sabe que hiciste lo que pudiste y que tus intentos fracasaron. Él deseó mi presencia sobre la sanación de su cuerpo envejecido y eligió volver a casa.
ConfÃa en mÃ, tengo el control y te ayudaré y te guiaré en el camino que aún te dejo por recorrer. Apóyate firmemente en mÃ. Aférrate a mà como lo instruye mi sagrada palabra. Yo soy el camino, la verdad y la vida. El que cree entra en el reposo. Entra en mi reposo permitiendo que la verdad de mi palabra te establezca, te sane y te dé la garantÃa de que estoy contigo y que te fortaleceré, y que encontrarás belleza en estas cenizas.
De polvo eres y al polvo volverás. Yo soy el autor y consumador de tu fe. Aférrate a mÃ. Sin fe es imposible agradarme, porque el que viene a mà debe creer que yo soy, y recompensaré a quienes me buscan diligentemente. Porque me buscarás y me encontrarás cuando me busques con todo tu corazón. Ora con fervor y yo te responderé.
Para recuperarte necesitarás pasar más tiempo Conmigo. Para ponerte de pie, primero necesitas arrodillarte. Al hacerlo, te fortaleceré, te ayudaré y te sostendré con la diestra de mi justicia, no con la tuya. Tu justicia apesta. Déjala ir. RevÃstete de mi justicia permaneciendo en mà y en mi palabra, y remontarás alas como águilas. Correrás y no te cansarás. Caminarás y no desmayarás.
El poder, el amor y el dominio propio son tuyos, pero necesitas venir a mà para obtenerlos. Descansa en mÃ. Entra en mi descanso. Deja tus propias obras y descansa en mÃ, para que no caigas en la incredulidad. Mantén firme la profesión de tu fe, pues yo soy el gran Sumo Sacerdote que ha ascendido a los cielos. Me he sentido identificado con tus flaquezas y debilidades, y he sido tentado de la misma manera, pero sin pecado. Acércate, pues, con valentÃa al trono de mi gracia para que obtengas misericordia y gracia en tu momento de necesidad.
Estoy aquà para ti. Ven a mis brazos, hijo mÃo. Ven. Escucha, cree y serás fortalecido. Escucha y vivirá tu alma. Abandona tu propio camino y tus pensamientos inicuos, y regresa a mÃ. Tendré misericordia y te perdonaré abundantemente. Me volveré y tendré compasión de ti. Someteré tus iniquidades y arrojaré todos tus pecados a las profundidades del mar.


0 Comments:
Post a Comment