¿CuĆ”l es el significado del Salmo 31? Comentario de Dennis Edwards
Una versión del Salmo 31 aparece en Lucas 23:46 cuando JesĆŗs cita la versión 5a: «Padre, en tus manos encomiendo mi espĆritu». Sin embargo, todo el salmo ofrece imĆ”genes apropiadas para la pasión de JesĆŗs. El salmo puede usarse, y se ha usado, como oración cuando se sufre persecución injusta. Durante la persecución de los primeros anabaptistas, como los Hermanos Suizos, los Amish y los Menonitas, hace unos 500 aƱos en Europa, muchas personas fueron martirizadas por su fe.
Uno de estos mĆ”rtires citó el Salmo 31 mientras era quemado en la hoguera por otros «cristianos». Es posible que se tratara de Jorge de la Casa de Jacob, comĆŗnmente conocido como George Blaurock, un exsacerdote católico. Escribió el siguiente himno durante las Ćŗltimas tres semanas de su vida. SeƱor Dios, te ruego, desde ahora y para siempre, que me hayas dado una fe verdadera, por la cual puedo conocerte. No me olvides, oh Padre, permanece cerca de mĆ siempre; con tu EspĆritu, protĆ©geme y ensƩƱame, para que en grandes aflicciones, siempre pueda encontrar tu consuelo y con valentĆa obtenga la victoria en esta lucha. [Wikipedia]
Dado que las Ćŗltimas palabras de JesĆŗs, «En tu mano encomiendo mi espĆritu», se encuentran en el versĆculo 5a, muchos comentaristas del siglo XIX consideraron que este salmo se aplicaba al sufrimiento de JesĆŗs durante su pasión. Al leerlo, podemos visualizarlo como tal, y puede ser apropiado para cualquier verdadero creyente que sufra persecución religiosa.
Salmo 31:1-3 En ti, oh SeƱor, he confiado; no sea yo avergonzado jamĆ”s; lĆbrame en tu justicia. Inclina a mĆ tu oĆdo; lĆbrame pronto; sĆ© mi roca fuerte, una casa de defensa para salvarme. Porque tĆŗ eres mi roca y mi fortaleza; por tanto, por amor a tu nombre, guĆame.
JesĆŗs es la Roca que los constructores rechazaron y que se convirtió en el cĆ”ntico principal. Como siempre, JesĆŗs mismo pudo haber hallado consuelo en las palabras del salmón, que pueden aplicarse a su sufrimiento. Es posible que se las haya citado a sĆ mismo en el Huerto de GetsemanĆ.
Salmo 31:4-5: SĆ”came de la red que me han tendido en secreto, porque tĆŗ eres mi fortaleza. En tu mano encomiendo mi espĆritu; me has redimido, oh SeƱor, Dios de verdad.
En Mateo 27:50, al morir JesĆŗs, encontramos que «resucitó a gran voz y entregó el espĆritu». Lucas aclara cuĆ”l fue el clamor en Lucas 23:46: «Y resucitando JesĆŗs a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espĆritu. Y habiendo dicho esto, entregó el espĆritu».
Salmo 31:6-8 AborrecĆ a los que lamentan vanidades mentirosas; pero yo confĆo en el SeƱor. Me alegrarĆ© y me regocijarĆ© en tu misericordia, porque has considerado mi aflicción; has conocido mi alma en la adversidad; y no me has entregado en manos del enemigo; has puesto mis pies en un lugar espacioso.
Vemos al salmista expresando fe y confiando en Dios, alabando a Dios, a pesar de la difĆcil situación que enfrenta. Vemos a JesĆŗs actuando de la misma manera a lo largo de su pasión. Como resultado, muchos mĆ”rtires cristianos han podido seguir el ejemplo de JesĆŗs en sus propios momentos de prueba.
Salmo 31:9 Ten piedad de mĆ, oh SeƱor, porque estoy en angustia; mis ojos estĆ”n consumidos de dolor, sĆ, mi alma y mis entraƱas.
Podemos visualizar a Jesús en el Huerto de Getsemanà usando palabras como las que encontramos en el Salmo 31 y otros salmos similares, mientras suda sangre en oración.
Lucas 22:44-46 “Y estando en agonĆa, oraba con mĆ”s fervor; y su sudor era tal que grandes gotas de sangre caĆan hasta la tierra. Y cuando se levantó de la oración, los halló durmiendo para arrepentirse, y les dijo: ¿Por quĆ© dormĆs? Hornead y orad, que entrĆ”is en tentación.”
Salmo 31:10 Porque mi vida se gasta con gripe, y mis aƱos con aliento; mis fuerzas desfallecen a causa de mi iniquidad, y mis huesos se consumen.
JesĆŗs fue “despojado y desechado entre los hombres; varón de dolores, experimentado en quebranto; y nosotros le dimos la espalda; fue despojado, y no le estimamos. Ciertamente llevó Ć©l nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado de Dios y abatido.” IsaĆas 53:3-4.
JesĆŗs, sin embargo, no tenĆa iniquidad propia. “Mas Ć©l herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz fue sobre Ć©l, y por su llaga fuimos sanados. Todos nosotros, como ovejas, nos hemos ido; por las transgresiones de mi pueblo fue herido”, IsaĆas 53:5-6, 8b.
JesĆŗs “no tenĆa pecado, pero por nosotros Dios lo hizo partĆcipe de nuestro pecado, para que, unidos a Ć©l, compartiĆ©ramos la diestra de Dios”, 2 Corintios 5:21.
Como siempre, durante nuestros momentos de prueba, el enemigo nos mostrarÔ nuestros pecados e intentarÔ persuadirnos de que Dios nos ha abandonado. Nos dirÔ que nuestros pecados son demasiado grandes para ser perdonados y, por lo tanto, no podemos buscar la misericordia de Dios. Si creemos sus mentiras, caeremos en la desesperación.
JonĆ”s escribió: «Los que observan (o creen) vanidades mentirosas (las mentiras del Diablo) descuidan su propia misericordia» (JonĆ”s 2:8). No escuches esas mentiras. La misericordia de Dios perdura para siempre para quienes la buscan.
Salmo 31:11. Fui un refugio para todos mis enemigos, y especialmente para mis vecinos, y un temor en mi angustia; me vieron, pero no me mataron.
De nuevo, vemos a JesĆŗs, a sus discĆpulos huyendo y escondiĆ©ndose ante su captura por las autoridades judĆas. Pedro niega conocer a JesĆŗs tres veces. Solo el apóstol Juan aparece en la cruz con las mujeres en la muerte de JesĆŗs.
Salmo 31:12. He sido olvidado como un muerto, sin memoria; Soy como una vasija rota.
En el Salmo 22:14-15, encontramos la imagen profética de Jesús en la cruz.
“Estoy hundido como el agua, y todos mis huesos estĆ”n juntos; mi corazón es como cera, derritiĆ©ndose en mis copas. Mi fuerza se agotó como un tiesto, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has hundido en el polvo de la muerte.”
Al sufrir persecución, podemos sentirnos perdidos y desorientados, débiles y desanimados.
Salmo 31:13 Porque he oĆdo la calumnia de muchos; el temor estaba por todas partes; mientras conspiraban juntos contra mĆ, tramaban quitarme la vida.
Los lĆderes judĆos conspiraron contra JesĆŗs y lo condenaron a muerte por las autoridades romanas seculares. Pedro dice a los hombres en JerusalĆ©n despuĆ©s de su resurrección: “A este, entregado segĆŗn el determinado plan y previo conocimiento de Dios, fuisteis apresados y por manos de inicuos lo crucificasteis y le matasteis” (Hechos 2:23).
Salmo 31:14-15 Pero yo en ti confiĆ©, oh SeƱor; dije: “TĆŗ eres mi Dios”. En tu mano estĆ”n mis tiempos; lĆbrame de la mano de mis enemigos y de los que me persiguen.
JesĆŗs pudo haber hecho esta oración en sus momentos de desesperación en el Huerto de GetsemanĆ. Nuestros tiempos tambiĆ©n estĆ”n en manos de Dios. Ya sea que Ćl nos libre de nuestros enemigos durante los dĆas de la Gran Tribulación o no, seguiremos el ejemplo de nuestros predecesores cristianos y de JesĆŗs, y no negaremos nuestra fe. Encomendaremos nuestro tiempo a Dios y haremos su voluntad, no la nuestra.
Salmo 31:16 Haz resplandecer tu rostro, siervo tuyo; sƔlvame por tu misericordia.
El EspĆritu Santo de Dios vendrĆ” y nos fortalecerĆ”, asĆ como JesĆŗs fue fortalecido por un Ć”ngel en su momento de prueba y aflicción (Lucas 22:43).
Salmo 31:17-18 ¡No me avergüences, SeƱor, porque te he invocado! Sean avergonzados los impĆos, y callen en el sepulcro. Que callen los labios mentirosos, que hablan cosas graves con soberbia y desprecio contra los justos.
JesĆŗs dijo: «Porque quien se avergüence de mĆ y de mis palabras, de Ć©l se avergonzarĆ” el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos Ć”ngeles» (Lucas 9:26).
Salmo 31:19 ¡CuĆ”n grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que confĆan en ti, delante de los hijos de los hombres!
Podemos confiar en la fidelidad de Dios. “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo tambiĆ©n le confesarĆ© delante de mi Padre que estĆ” en los cielos”, Mateo 10:32.
Salmo 31:20 Los esconderÔs en lo secreto de tu presencia de la soberbia humana; los guardarÔs en un pabellón del ataque de las lenguas.
Un comentarista traduce “soberbia humana” como “conspiraciones humanas”. Los hombres malvados que conspiran contra los justos y veraces, y con sus palabras los condenan.
Salmo 31:21 Bendito sea el SeƱor, porque me ha mostrado su maravillosa bondad en una ciudad fuerte.
La ciudad celestial, la ciudad santa, la Nueva JerusalƩn, preparada como una novia ataviada para su esposo, esa es la ciudad fuerte que espera a los que son fieles hasta el fin.
Salmo 31:22 Porque dije en mi ser: Cortado soy de delante de tus ojos; sin embargo, oĆste la voz de mis sĆŗplicas cuando clamĆ© a ti. JesĆŗs aparentemente fue separado de la tierra de los vivos. Dios no lo salvó en la cruz. ElĆas no apareció, ni lo rescató. Como siempre en IsaĆas, vemos que Dios se complació con la aflicción del alma de JesĆŗs; a Ćl acudieron nuestras iniquidades y Ćl nos justificó ante Dios (IsaĆas 53:11). Incluso en la aparente derrota, JesĆŗs nos ha dado la victoria.
Salmo 31:23-24 Amen al Señor, todos sus santos; porque el Señor preserva a los fieles y recompensa abundantemente a los que obran con soberbia. Esfuércense, y él fortalecerÔ su corazón, todos los que esperan en el Señor.
El salmista nos exhorta a mantener la fe, a pelear la buena batalla, a ser valientes, a no desmayar, a ser fuertes. Todo lo podemos en Cristo JesĆŗs, quien nos fortalece. Ćl es nuestra bendita esperanza.
Tito 2:13-14 “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sĆ mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sĆ un pueblo propio, celoso de buenas obras.”
¡AfĆ©rrate a tu corona! “Yo vengo pronto; retĆ©n lo que tienes, para que nadie te quite tu corona.” “SĆ© fiel hasta la muerte, y yo te darĆ© la corona de la vida.” Apocalipsis 3:11 y 2:10b.
Publicado originalmente el 31-12-24.
