Wednesday, November 6, 2024
¿Dios escucha tu voz en la mañana?
Salmo 5 - Salmo
de David Comentarios de Dennis Edwards
1 Escucha, oh
Jehová, mis palabras, y presta atención a mi meditación.
2 Está atento a
la voz de mi clamor, Rey mÃo y Dios mÃo, porque a ti oraré.
Dios ha prometido
que responderá a nuestras oraciones o pedidos de ayuda. El Señor ha dicho por
medio del profeta JeremÃas: “Clama a mÃ, y yo te responderé, y te enseñaré
cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (JeremÃas 33:3). El Señor también ha
dicho: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro
corazón” (JeremÃas 29:13).
Cuando el rey
Salomón dedicó el primer templo en Jerusalén, el Señor se le apareció y le
prometió: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y
oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces
yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2
Crónicas 7:14). Si amamos a Dios, Él a su vez amará y responderá nuestras
oraciones. “Porque en Dios hemos puesto nuestro amor, Él nos librará; Nos
pondrá en alto, por cuanto hemos conocido su nombre. Le invocaremos, y nos
responderá; Con nosotros estará en las angustias; Él nos librará”, Salmo
91:14-15.
En el Nuevo
Testamento, también tenemos la garantÃa de Jesús: “Y todo lo que pidiereis al
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si
algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”, Juan 14:13-14. “Si permanecéis en mÃ,
y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será
hecho”, Juan 15:7; “para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os
lo conceda”, Juan 15:16b. En el capÃtulo siguiente, Jesús se repite y promete:
“De cierto, de cierto os digo que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,
os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis,
para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:23b-24).
En el Sermón del
Monte, Jesús también dio la fórmula para recibir respuestas a la oración. Él
dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá; porque
todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá” (Mateo 7:7-8).
3 De mañana
oirás, oh Jehová, mi voz; de mañana me dirigiré a ti, y esperaré.
Uno de los
versÃculos clave, si no el versÃculo clave del salmo, nos recuerda que debemos
buscar a Dios temprano en la mañana antes de que comiencen las actividades del
dÃa. Si nos tomamos el tiempo para la vigilia matutina y nos levantamos
temprano, la voz de Dios se oirá fuerte y clara. Él bendecirá el dÃa que
tenemos por delante, porque hemos comenzado el dÃa reconociéndolo. Es como
poner: “Buscad primeramente el reino de Dios… y todas estas cosas os serán
añadidas” (Mateo 6:33) como nuestro principio rector. El primer y gran
mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios” con todo tu corazón, con toda tu alma
y con toda tu mente”, Mateo 22:37. Si buscamos a Dios a primera hora de la
mañana, le estamos demostrando que lo amamos primero y lo tenemos en primer
lugar, luego todo lo demás encajará en su lugar.
En la propia vida
de Jesús, una y otra vez, lo vemos levantarse temprano para pasar tiempo con su
Padre. “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un
lugar desierto, y allà oraba”, Marcos 1:35. Antes de elegir a sus 12 discÃpulos,
Jesús pasó la noche en oración. “Aconteció en aquellos dÃas, que fue al monte a
orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de dÃa, llamó a sus
discÃpulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”,
Lucas 6:12-13.
En el momento de
la muerte de Juan el Bautista, Jesús llevó a sus discÃpulos a un lugar
tranquilo para descansar y tener tiempo a solas con Dios. Pero la gente de las
ciudades los siguió. Jesús tuvo compasión de ellos y los alimentó con cinco
panes y dos peces. Después de despedir a sus discÃpulos, fue y despidió también
a las multitudes. Entonces, “subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la
tarde, estaba allà solo”, Mateo 14:25.
Antes de su
Pasión, Jesús también pasó tiempo en las primeras horas de la mañana en oración
desesperada. Dios envió un ángel para fortalecerlo. “Y estando en agonÃa, oraba
más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caÃan hasta
la tierra”, Lucas 22:44.
Si Jesús
necesitaba tiempo para orar y estar a solas con Dios, ¿cuánto más deberÃamos
hacerlo nosotros? Si Jesús necesitaba tiempo con su Padre temprano en la mañana
antes de que comenzara el dÃa, ¿cuánto más deberÃamos hacerlo nosotros? Si
Jesús necesitaba tiempo en oración desesperada antes de decisiones importantes
o eventos de crisis, ¿cuánto más deberÃamos hacerlo nosotros?
4 Porque tú no
eres un Dios que se complace en la maldad, Ni el malo morará junto a ti.
El Señor “no se
complace en la muerte del impÃo, sino en que se vuelva el impÃo de su camino, y
en que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?”
(Ezequiel 33:11). “Dios está airado contra el impÃo todos los dÃas”, Salmo
7:11b, pero la esperanza de Dios es que el impÃo se arrepienta y se aparte de
su mal camino.
5 Los insensatos
no estarán delante de ti; aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a
los que hablan mentira (o falsedad); al hombre sanguinario y engañoso
aborrecerá Jehová.
El apóstol Pablo
nos dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os
engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los
afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos,
ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto
erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya
habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el EspÃritu de
Dios”, 1 Corintios 6:9-11.
De manera
similar, en Apocalipsis 21:8, leemos: “Pero los cobardes e incrédulos, los
abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos
los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es
la muerte segunda”. Como dijo el Señor en el salmo: “Los impÃos serán
trasladados al Seol, y todas las naciones que se olvidan de Dios”, Salmo 9:7.
7 Pero yo por la
multitud de tu misericordia entraré en tu casa, y con tu temor adoraré hacia tu
santo templo.
Como de
costumbre, David reconoce su absoluta dependencia de la misericordia de Dios.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron
sus misericordias. Cada mañana se renuevan; grande es tu fidelidad”,
Lamentaciones 3:22-23.
8 GuÃame, oh
Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos; Endereza tu camino delante de
mi cara.
9 Porque no hay
fidelidad en sus bocas; Su interior es pura maldad; Sepulcro abierto es su
garganta; lisonjean con su lengua.
10 Destrúyelos,
oh Dios; que caigan por sus propios consejos; échalos por la multitud de sus
transgresiones; porque se rebelaron contra ti.
El Señor proclamó
por medio de JeremÃas: “Pero si no obedecen, arrancaré y destruiré por completo
a esa nación, dice el Señor” (JeremÃas 12:17).
11 Pero alégrense
todos los que en ti confÃan; canten de júbilo para siempre, porque tú los
defiendes; también los que aman tu nombre se alegren en ti.
Alégrense, canten
de júbilo y estén alegres; Dios nos dice una y otra vez la importancia de la
alabanza y la acción de gracias. En el Nuevo Testamento, Él nos dice: “Dad
gracias en todo”, 1 Tesalonicenses 5:18a, y “Regocijaos en el Señor siempre.
Otra vez digo: ¡Regocijaos!”, Filipenses 4:4.
El Antiguo
Testamento nos recuerda: “El gozo de Jehová es vuestra fuerza”, NehemÃas 8:10c.
En los Salmos leemos que Dios habita en las alabanzas de Su pueblo, Salmo 22:3.
A lo largo de los Salmos encontramos innumerables recordatorios de que entramos
en la presencia de Dios a través de la alabanza y la acción de gracias. “Cantad
con gozo a Jehová, toda la tierra. Servid a Jehová con alegrÃa; venid ante su
presencia con cánticos… Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus
atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre”, Salmo 100:1,2,4.
12 Porque tú, oh
Jehová, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de favor.
En el Salmo
32:10-11, encontramos una promesa similar. “Muchos dolores tendrá el impÃo;
pero al que confÃa en Jehová, le rodeará misericordia. Alegraos en Jehová y
gozaos, justos; cantad con júbilo, todos los rectos de corazón”. “Toda palabra
de Dios es limpia; Él es escudo a los que en Él esperan”, Proverbios 30:5.
El Señor es
nuestro escudo y promete protegernos del mal. “Mas tú, Jehová, eres escudo
alrededor de mÃ; Mi gloria, y el que enaltece mi cabeza”, Salmo 3:3. En el
Salmo 28:7, encontramos nuevamente: “Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él
confió mi corazón, y fui ayudado; por tanto, en gran manera se alegró mi
corazón, y con mi cántico le alabaré”.
Señor, ayúdame a
buscarte primero cada mañana. Ayúdame a caminar en alabanza y agradecimiento
por Tus maravillosas misericordias hacia mÃ. Protégeme y guárdame, porque en Ti
confÃo. Amén.
Tuesday, November 5, 2024
¿Estáis ofreciendo sacrificios de justicia?
Salmo de David: Salmo 4: Comentarios de Dennis Edwards
1 Dios de mi
justicia, óyeme cuando clamo: En mi angustia me has ensanchado; ten
misericordia de mÃ, y escucha mi oración.
David se está
recordando a sà mismo que su justicia depende completamente del Señor. Nosotros
por nosotros mismos no somos justos en comparación con Dios. Somos incapaces de
alcanzar a Dios en nuestra propia justicia. Nuestra propia justicia es como
trapos de inmundicia apestosos, IsaÃas 64:6. Dependemos de Dios mismo, que vino
al mundo como la Segunda Persona de la Trinidad, entregando Su vida por
nosotros, para reconciliarnos con Dios. Su sangre cubre nuestros pecados y nos
ofrece el don de la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor a todos los
que creen.
“Nos salvó, no
por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia,
por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el EspÃritu Santo”,
Tito 3:5. Es la justicia de Jesús la que nos salva, por la misericordia de
Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorÃe”, Efesios 2:8-9. El
don de Dios es Jesucristo para todos los que creen.
El mensaje del
evangelio, la buena noticia, es que Dios mismo ha creado una vÃa de escape para
nosotros de nuestra condición humana debido a la caÃda de Adán. “Por tanto,
como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, asÃ
la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, Romanos 5:12. La
humanidad ha heredado de Adán una tendencia a rebelarse contra Dios. Sin
embargo, Jesús es la puerta a la vida eterna y ofrece un escape del ciclo del
pecado y la muerte. Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió,
tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”,
Juan 5:24.
El apóstol Pablo
explica: “Por tanto, como por la transgresión de uno vino la condenación a
todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a
todos los hombres la justificación de vida. “Porque asà como por la
desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, asÃ
también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”,
Romanos 5:18-19. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para
que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, 2 Corintios 5:21. “Y ser
hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que
es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”, Filipenses 3:9.
Nuestros pecados
nos han separado de Dios, pero a través de la sumisión y obediencia de Jesús a
Dios, a través de Su disposición a ir a la cruz por nuestro bien, ahora podemos
ser revestidos de la justicia de Jesús a través de nuestra fe y obediencia a Él.
“Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre (a
los nuevos creyentes) les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, Juan 1:12.
“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es
sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los
que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua
confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”, Filipenses
2:9-11.
En la segunda
mitad del primer versÃculo, David le recuerda a Dios su fidelidad pasada al
escuchar las oraciones de David y le implora que lo escuche una vez más.
2 Oh hijos de los
hombres, ¿hasta cuándo cambiaréis mi gloria en vergüenza? ¿Hasta cuándo amaréis
la vanidad y buscaréis la lujuria (o el pecado)? Selah
David se compara
a sà mismo en contraste con los hombres del mundo que aman las cosas del mundo
y siguen el pecado y el orgullo. El apóstol Juan ha escrito: “No améis al
mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del
Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la
carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del
Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la
voluntad de Dios permanece para siempre”, 1 Juan 2:15-17.
3 Pero sabed que
el Señor ha apartado al piadoso para sÃ; el Señor oirá cuando yo le invoque.
La palabra
santificar significa apartar o estar separado para un propósito sagrado o para
uso religioso. Dios ha apartado a Su pueblo para que sea un ejemplo para el
mundo. El apóstol Pedro explica: “Mas vosotros sois linaje escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las
virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro
2:9).
El apóstol Pablo
también escribió, citando del Antiguo Testamento: “Por lo cual, Salid de en
medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os
recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas,
dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17-18). Cuando nos apartamos para
Dios, Él traerá Su presencia sobre nosotros. Jesús prometió: “El que me ama, Mi
palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con
él” (Juan 14:23). “Si algo pidiereis en Mi nombre, Yo lo haré” (Juan 14:14).
Dios responderá nuestras oraciones porque permanecemos en Él y le obedecemos.
4 Teme, y no
peques; medita en tu corazón estando en tu cama, y calla. Selah.
Dios quiere que
guardemos silencio delante de Él. En los Salmos leemos: “Estad quietos, y
conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones, seré exaltado en la
tierra” (Salmo 46:10). Es en esos momentos de tranquilidad con Dios que
recibimos Su fuerza. “En quietud y confianza estará vuestra fuerza” (IsaÃas
30:15b).
Si nos detenemos
un momento para disfrutar de la creación de Dios durante un amanecer o un
atardecer, o un paseo bajo el cielo estrellado por la noche, o sentados en una
playa tranquila, o en casi cualquier entorno lleno de naturaleza, podemos
sentir Su presencia y escuchar Su voz. Antes de comenzar el dÃa, también
podemos comunicarnos con Dios a través del don de la oración, y dejar que Su
presencia nos comunique la fuerza y la sabidurÃa necesarias para el dÃa.
El apóstol Pablo
amonesta: “Por nada estéis afanosos; más bien, en toda oración y ruego, con
acción de gracias, sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”. Y la
paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús”, Filipenses 4:6-7. Si buscamos el rostro
de Dios temprano en la mañana o en la tarde, la presencia de Dios irá con
nosotros y nos dará paz. En IsaÃas encontramos: “Yo guardaré en completa paz a
aquel cuyo pensamiento en mà persevera, porque en mà ha confiado”, IsaÃas 26:3.
5 Ofreced
sacrificios de justicia, y confiad en Jehová.
Como expresamos
anteriormente, nuestra única justicia está en Jesús. Sin embargo, David
escribió: “Los sacrificios de Dios son el espÃritu quebrantado; al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Por lo tanto,
Dios quiere que seamos humildes y quebrantados delante de Él. En otro lugar,
David escribió: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a
los contritos de espÃritu” (Salmo 34:18). El apóstol Santiago escribió: “Dios
resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6b). El
Señor también ha hablado por medio de IsaÃas: “Miraré a aquel que es pobre y
humilde de espÃritu, y que tiembla a mi palabra” (IsaÃas 66:2b). ¿Somos
humildes y temerosos de Dios? Si es asÃ, Dios atenderá nuestras oraciones.
En otro lugar, el
apóstol Pablo dice que nuestras vidas deben ser un sacrificio vivo para Dios.
“Asà que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis
vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro
culto racional. Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de
la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena
voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:1-2.
Debemos vivir
nuestras vidas en servicio sacrificial a Dios y a nuestro prójimo. Lo hacemos
al tener nuestras vidas transformadas por la palabra de Dios y el EspÃritu
Santo. Amamos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, mente y alma; y
amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, Mateo 22:37-39.
6 Hay muchos que
dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?
Señor, alza sobre
nosotros la luz de tu rostro (o presencia). Aunque pueda haber escépticos e
incrédulos a nuestro alrededor, el Señor pondrá Su espÃritu, Su presencia,
sobre nosotros si le tememos y seguimos Sus pasos. Su presencia irá con
nosotros, Éxodo 33:14.
7 Has puesto
alegrÃa en mi corazón Más que en el tiempo en que aumentaban su trigo y su
mosto.
La presencia de
Dios es mejor que la riqueza y las riquezas. En los Salmos encontramos: “Mejor
me es la ley de tu boca que millares de oro y plata” (Salmo 119:72). La palabra
de Dios es tal consuelo y fortaleza que sus efectos son mejores que los beneficios
materiales. Habacuc dice: “Aunque la higuera no florezca, ni en las viñas haya
frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los
corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi
salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, y hará mis pies como de ciervas, y
me hará andar por las alturas” (Habacuc 3:17-19).
¿Ha visto alguna
vez a una cabra montés trepando por las laderas de una montaña en los lugares
más precarios? Dios promete que si caminamos en extrema alabanza, ante
cualquier dificultad que estemos enfrentando en la vida, ya sea de salud,
familia o finanzas; Él nos guardará y nos dará pies como de cabra montés, de
modo que, como una cabra montés, seremos capaces de mantener nuestros pies aún
en los lugares más difÃciles y peligrosos. Si somos capaces de alabar a Dios a
través de nuestras pruebas y nuestras aflicciones, Él hará que nuestros pies se
mantengan firmes, y correremos y mantendremos nuestro equilibrio, aún en los
vientos de la adversidad.
8 En paz me
acostaré, y asimismo dormiré; Por ti, Señor. Solamente hazme vivir confiado.
Si permanecemos
en Jesús, siguiendo Su palabra, escuchando y obedeciendo la voz de la palabra y
la voz del EspÃritu Santo en nuestra conciencia, podemos tener la paz de Dios
que sobrepasa todo entendimiento. Los salmos nos dicen: “Mucha paz tienen los
que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”, Salmo 119:165. Jesús dijo:
“Estas cosas os he hablado para que en mà tengáis paz. En el mundo tendréis
tribulaciones, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Nuestra paz está en Jesús, Él es nuestra paz. Él ha dicho: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27). Si mantenemos nuestra mente fija en Él, Él nos da Su paz que sobrepasa todo entendimiento. Podemos estar seguros, porque confiamos en Él y en Sus promesas para nosotros.
El apóstol Pablo también afirma: “Lo que
aprendisteis y recibisteis y oÃsteis y visteis en mÃ, esto haced; y el Dios de
paz estará con vosotros” (Filipenses 4:9). El salmista nos dice: “Porque has
puesto al Señor, que es mi esperanza, al AltÃsimo por tu habitación, no te
sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Porque a sus ángeles mandará acerca
de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmos 91:9-11). Señor, guárdanos
en Tus caminos. Habitaremos al abrigo del AltÃsimo, bajo la sombra de tus alas,
Salmo 91:1.
Está a oferecer sacrifÃcios de justiça? - Salmo 4
Salmo 4 - Um Salmo de David - Comentários de Dennis Edwards
1 Eis-me aqui
quando clamo, ó Deus da minha justiça: Ampliaste-me (ou aliviaste-me) quando
estava angustiado; tende piedade de mim e escutai a minha oração.
David está a
lembrar-se de que a sua justiça depende completamente do Senhor. Nós em nós
mesmos não somos justos em comparação com Deus. Somos incapazes de alcançar
Deus na nossa própria justiça. A nossa própria justiça são trapos imundos e
malcheirosos, IsaÃas 64:6. Dependemos do próprio Deus, vindo ao mundo como
Segunda Pessoa da Trindade, dando a Sua vida por nós, para nos reconciliar com
Deus. O seu sangue cobre os nossos pecados e oferece-nos o dom da vida eterna
através de Jesus Cristo, nosso Senhor, a todos aqueles que crêem.
“Não pelas obras
de justiça que praticámos, mas segundo a Sua misericórdia, Ele nos salvou pela
lavagem da regeneração e da renovação do EspÃrito Santo”, Tito 3:5. É a justiça
de Jesus que nos salva, através da misericórdia de Deus. “Pois pela graça sois
salvos por meio da fé; e isto não vem de vós: é dom de Deus: não de obras, para
que ninguém se glorie”, Efésios 2:8-9. O dom de Deus é Jesus Cristo para todos
aqueles que crêem.
A mensagem do
evangelho, as boas novas, é que o próprio Deus criou para nós uma forma de
escapar à nossa condição humana por causa da queda de Adão. “Portanto, assim
como por um só homem entrou o pecado no mundo, e pelo pecado a morte; e assim a
morte passou a todos os homens, porque todos pecaram”, Romanos 5:12. A
humanidade herdou de Adão a tendência para se rebelar contra Deus. No entanto,
Jesus é a porta para a vida eterna e oferece uma fuga ao ciclo do pecado e da
morte. Jesus disse: “Quem ouve a minha palavra e acredita naquele que me enviou
tem a vida eterna e não entrará em condenação; mas passou da morte para a
vida”, João 5:24.
O apóstolo Paulo
explica: “Portanto, assim como pela ofensa de um só juÃzo veio sobre todos os
homens para condenação; mesmo assim, pela justiça de um (Jesus), o dom gratuito
veio sobre todos os homens para justificação de vida. Porque, assim como pela desobediência
de um só homem muitos foram feitos pecadores, assim pela obediência de um
muitos serão feitos justos”, Romanos 5:18-19. “Porque Ele (Deus Pai) o fez
(Deus Filho) pecado por nós, aquele que não conheceu pecado; para que n’Ele
(Jesus) fôssemos feitos justiça de Deus”, 2 CorÃntios 5:21. “E ser achado nele,
não tendo a minha própria justiça, que vem da lei, mas a que vem pela fé em
Cristo, a justiça que vem de Deus pela fé”, Filipenses 3:9.
Os nossos pecados
separaram-nos de Deus, mas através da submissão e obediência de Jesus a Deus,
através da Sua vontade de ir à cruz por nossa causa, podemos agora ser
revestidos da justiça de Jesus através da nossa fé e obediência a Ele. “Mas a
todos quantos O receberam (Jesus), a eles (os novos crentes) deu-lhes o poder
de se tornarem filhos de Deus, sim, aos que crêem no Seu nome”, João 1:12.
“Portanto, Deus também O exaltou sobremaneira e deu-Lhe um nome que está acima
de todo o nome: para que ao nome de Jesus se dobre todo o joelho das coisas nos
céus, e das coisas na terra, e das coisas debaixo da terra; e que toda a lÃngua
confesse que Jesus Cristo é Senhor, para glória de Deus Pai”, Filipenses
2:9-11.
Na segunda metade
do primeiro versÃculo, David recorda a Deus a Sua fidelidade passada ao ouvir
as orações de David e implora a Deus que o ouça mais uma vez.
2 Ó filhos dos
homens, até quando transformareis a minha glória em vergonha? Até quando amará
a vaidade e procurará o arrendamento (ou o pecado)? Selah
David compara-se
em contraste com os homens do mundo que amam as coisas do mundo e seguem o
pecado e o orgulho. O Apóstolo João escreveu: “Não ameis o mundo, nem as coisas
que há no mundo. Se alguém ama o mundo, o amor do Pai não está nele. Porque
tudo o que há no mundo, a concupiscência da carne, e a concupiscência dos
olhos, e a soberba da vida, não são do Pai, mas são do mundo. E o mundo e as
suas concupiscências passam, mas aquele que faz a vontade de Deus permanece
para sempre”, 1 João 2:15-17.
3 Mas sabei que o
Senhor separou para Si aquele que é piedoso;
A palavra
santificar significa separar ou separar para um fim sagrado ou para uso
religioso. Deus separou o Seu povo para ser um exemplo para o mundo. O apóstolo
Pedro explica: “Mas vós sois geração eleita, sacerdócio real, nação santa, povo
adquirido; para que anuncieis as virtudes daquele que vos chamou das trevas
para a Sua maravilhosa luz”, 1 Pedro 2:9. O apóstolo Paulo escreveu ainda,
citando o Antigo Testamento: “Portanto, saà do meio deles e separai-vos, diz o
Senhor, e não toqueis em coisa impura (pecado, seja qual for a forma como ele
vos tenta); e eu vos receberei e serei para vós Pai, e vós sereis para mim
filhos e filhas, diz o Senhor Todo-poderoso”, 2 CorÃntios 6:17-18.
Ao separarmo-nos
para Deus, Deus trará a Sua presença sobre nós. Jesus prometeu: “Se alguém Me
ama, guardará a minha palavra; e meu Pai o amará, e viremos para ele e faremos
nele morada”, João 14:23. “Se pedirdes alguma coisa em meu nome, eu o farei”,
João 14:14. Deus responderá à s nossas orações porque estamos a permanecer n’Ele
e a ser-Lhe obedientes.
4 Fique admirado
e não peque: comungue com o seu próprio coração na sua cama e fique quieto.
Selá.
Deus quer que
fiquemos quietos diante d’Ele. Nos salmos lemos: “Aquietai-vos e sabei que Eu
sou Deus: serei exaltado entre as nações, serei exaltado na terra”, Salmos
46:10. É nestes momentos de silêncio com Deus que recebemos a Sua força. “No
sossego e na confiança estará a vossa força”, IsaÃas 30:15b.
Se pararmos por
um momento para desfrutar da criação de Deus durante o nascer do sol ou o pôr
do sol, ou durante um passeio sob o céu estrelado à noite, ou sentados numa
praia tranquila, ou em quase qualquer ambiente repleto de natureza, podemos
sentir a Sua presença e ouvir a Sua voz. Antes de começarmos o dia, podemos
também comungar com Deus através do dom da oração e deixar que a Sua presença
nos comunique a força e a sabedoria necessárias para o dia.
O apóstolo Paulo
adverte: “Não andeis ansiosos por coisa alguma; mas em tudo, pela oração e
súplica, com acção de graças, seja o seu pedido conhecido diante de Deus. E a
paz de Deus, que excede todo o entendimento, guardará os vossos corações e
mentes em Cristo Jesus”, Filipenses 4:6-7. Se procurarmos a face de Deus de
manhã cedo ou à noite, a presença de Deus irá connosco e dar-nos-á paz. Em
IsaÃas encontramos: “Conservarei em perfeita paz aquele cuja mente está firme
em Mim, porque ele confia em Mim”, IsaÃas 26:3.
5 Oferecei
sacrifÃcios de justiça e confiai no Senhor.
Como já
expressámos anteriormente, a nossa única justiça está em Jesus. No entanto,
David escreveu: “Os sacrifÃcios de Deus são um espÃrito quebrantado; um coração
quebrantado e contrito, ó Deus, não desprezarás”, Salmos 51:17. Por isso, Deus
quer que sejamos humildes e quebrantados diante d’Ele. Noutro lugar, David
escreveu: “Perto está o Senhor dos que têm o coração quebrantado; e salva os
contritos de espÃrito”, Salmos 34:18. O Apóstolo Tiago escreveu: “Deus resiste
aos soberbos, mas dá graça aos humildes”, Tiago 4:6b. O Senhor também falou
através de IsaÃas: “Para este homem olharei, sim, para o pobre e abatido de
espÃrito e que treme da Minha palavra”, IsaÃas 66:2b. Somos humildes e tementes
a Deus? Se assim for, Deus atenderá às nossas orações.
Noutra passagem,
o apóstolo Paulo diz que as nossas vidas devem ser um sacrifÃcio vivo a Deus.
“Rogo-vos, pois, irmãos, pela misericórdia de Deus, que apresenteis os vossos
corpos em sacrifÃcio vivo, santo e agradável a Deus, que é o vosso serviço
racional. E não vos conformeis com este mundo, mas transformai-vos pela
renovação da vossa mente, para que possais provar (ou demonstrar) qual é a boa,
agradável, e perfeita vontade de Deus”, Romanos 12:1-2.
DeverÃamos viver
as nossas vidas em serviço sacrificial a Deus e ao próximo. Fazemo-lo tendo as
nossas vidas transformadas pela palavra de Deus e pelo EspÃrito Santo. Amamos o
Senhor nosso Deus de todo o coração, mente e alma; e amamos o próximo como a nós
mesmos, Mateus 22:37-39.
6 Muitos há que
dizem: Quem nos mostrará algum bem? SENHOR, levanta a luz do Teu semblante (ou
presença) sobre nós.
Embora possa
haver céticos e incrédulos à nossa volta, o Senhor colocará o Seu espÃrito, a
Sua presença, sobre nós se O temermos e seguirmos os Seus passos. A sua
presença irá connosco, Êxodo 33:14.
7 Puseste alegria
no meu coração, mais do que no tempo em que o seu milho e o seu vinho
cresceram.
A presença de
Deus é melhor do que as riquezas e as riquezas. Nos salmos encontramos: “Melhor
é para mim a lei da tua boca do que milhares de ouro e de prata”, Salmos
119:72. A palavra de Deus é um conforto e uma força tão grandes que os seus
efeitos são melhores do que os benefÃcios materiais. Habacuc diz: “Ainda que a
figueira não floresça, nem haja fruto na vide; o produto da oliveira mintará e
os campos não produzirão mantimento; as ovelhas serão extirpadas do redil, e
nos currais não haverá gado; contudo, exultarei no Senhor, exultarei no Deus da
minha salvação. O Senhor Deus é a minha fortaleza, e fará os meus pés como os
da corça, e me fará andar sobre lugares altos”, Habacuque 3:17-19.
Já viu uma
cabra-montês a subir as encostas de uma montanha, às vezes nos lugares mais
precários? Deus promete que se andarmos em extremo louvor, perante qualquer
dificuldade na vida que possamos estar a enfrentar, seja ela de saúde, famÃlia
ou finanças; Ele nos guardará e nos dará pés como uma cabra montesa, para que,
como uma cabra montesa, possamos manter os pés mesmo nos lugares mais difÃceis
e perigosos. Se formos capazes de louvar a Deus através das nossas provações e
aflições, Ele fará com que os nossos pés se mantenham firmes, e nós correremos
e manteremos o nosso equilÃbrio, mesmo nos ventos da adversidade.
8 Em paz me
deitarei e dormirei por ti, Senhor. Basta fazer-me habitar em segurança.
Se permanecermos
em Jesus, seguindo a Sua palavra, ouvindo e obedecendo à voz da palavra e à voz
do EspÃrito Santo na nossa consciência, podemos ter a paz de Deus que excede
todo o entendimento. Os salmos dizem-nos: “Grande paz têm aqueles que amam a
tua lei e nada os pode ofender”, Salmos 119:165. Jesus disse: “Tenho-vos dito
estas coisas para que em Mim tenhais paz. No mundo tereis aflições, mas tende
bom ânimo, (sede encorajados), Eu venci o mundo”, João 16:33.
A nossa paz está
em Jesus, Ele é a nossa paz. Ele disse: “Deixo-vos a paz, a minha paz vos dou;
Não se perturbe o vosso coração, nem se atemorize”, João 14:27. À medida que
mantemos a nossa mente firme n’Ele, Ele dá-nos a Sua paz que excede todo o
entendimento. Podemos estar tranquilos, porque confiamos n’Ele e nas Suas
promessas para nós. O Apóstolo Paulo afirma ainda: “O que aprendestes, e
recebestes, e ouvistes, e vistes em mim, fazei-o; Diz-nos o salmista: “Porque
fizeste do Senhor, que é o meu refúgio, o AltÃssimo, a tua habitação; nenhum
mal te acontecerá, nem nenhuma praga chegará à tua habitação. Porque Ele dará
ordens aos Seus anjos sobre ti, para te guardarem em todos os teus caminhos”,
Salmos 91:9-11. Senhor, mantém-nos nos teus caminhos. Habitemos no lugar
secreto do AltÃssimo, Ã sombra das tuas asas, Salmos 91:1.



