Tuesday, September 29, 2026
Salmo 127 - Si el Señor no edifica la casa
Salmo 127: Un cántico para Salomón
Por Dennis Edwards
Este salmo se atribuye a David o a Salomón. Algunos creen que David le transmite un mensaje a Salomón, a quien le ordena construir la casa de Dios. Otros, al ver la similitud entre las ideas del salmo y el Eclesiastés de Salomón, lo atribuyen a Salomón. Nos inclinamos por la primera opción: que David le escribió a Salomón.
Salmo 127:1 Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela el centinela.
En todo lo que construimos en nuestra vida, a menos que el Señor esté presente, a menos que lo reconozcamos en todos nuestros caminos, a menos que lo busquemos primero, nuestro trabajo es en vano. Jesús nos dio la parábola del hombre sabio y el insensato.
Mateo 7:24-25: «Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mÃas y las pone en práctica, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre la roca».
Jesús es la roca que los constructores, los lÃderes polÃticos y religiosos judÃos, rechazaron. Si edificamos nuestras vidas sobre la obediencia a sus palabras, sin importar los vientos y las lluvias que el enemigo envÃe contra nosotros, nuestra casa permanecerá firme.
Como dice la vieja canción: «Sobre Cristo, la roca firme, estoy. Todo otro fundamento es arena movediza». La parábola de Jesús continúa.
Mateo 7:26-27: «Todo aquel que oye estas palabras mÃas y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y golpearon contra aquella casa; y cayó, y grande fue su ruina».
No podemos edificar nuestra casa con nuestras propias fuerzas. «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi EspÃritu, dice Jehová», ZacarÃas 4:6. Jesús dijo: «Sin mà no podéis hacer nada», Juan 15:5b.
El apóstol Pablo nos dice que el único fundamento sobre el que debemos edificar nuestras vidas es Jesús. Él escribió:
«Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si alguno edifica sobre este fundamento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el dÃa la revelará, pues será revelada por fuego; y el fuego probará la obra de cada uno de qué clase es. Si la obra de alguno permanece, la que ha edificado sobre este fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, sufrirá pérdida; pero él mismo será salvo, aunque por fuego». (1 Corintios 3:11-15).
Parece que Dios va a probar nuestras obras, para ver si fueron hechas realmente para Él o para nosotros mismos, para nuestra propia gloria y satisfacción. Si nuestras obras no se hacen con amor y se edifican sobre la verdad, o si no se edifican con misericordia y verdad, no permanecerán.
En Habacuc 2:12 leemos: «¡Ay de aquel que edifica una ciudad con sangre, y funda una ciudad con maldad!». En nuestras propias familias, si usamos la fuerza y amenazamos para someter a nuestros hijos, en el momento en que se liberen de nuestra autoridad, abandonarán el sistema de creencias que intentamos inculcarles. Usamos métodos autoritarios en lugar de amor y persuasión amable. Corrigimos a nuestros hijos para nuestro propio placer y beneficio, para quedar bien ante los demás. Como resultado de nuestros métodos injustos e impÃos, pueden apartarse del Señor.
Salmo 127:2: «En vano madrugáis, y os acostáis tarde, y coméis pan de aflicción; pues a sus amados da Dios el sueño».
Es el orgullo lo que nos lleva a trabajar con nuestras propias fuerzas para salvarnos. Dios no quiere que estemos sobrecargados de trabajo y cargados. Él quiere que nos acerquemos a Él y Él nos dará el descanso que necesitamos. Necesitamos suficiente descanso para dar lo mejor de nosotros. Necesitamos tomar su yugo sobre nosotros y aprender de su mansedumbre y gentileza. «Porque su yugo es fácil y su carga ligera», Mateo 11:30.
Cuando enfrentamos las pruebas más difÃciles de la vida, si confiamos solo en nuestro propio poder y fuerza, no lo lograremos. Como escribió MartÃn Lutero: «Si confiáramos en nuestras propias fuerzas, nuestro esfuerzo serÃa en vano, si no estuviera de nuestro lado el hombre indicado, el elegido por Dios». Podemos hacer todas las cosas mediante Cristo que nos fortalecen, pero necesitamos acudir a Él. En IsaÃas encontramos la misma advertencia y exhortación.
IsaÃas 30:15: «Porque asà dice el Señor Dios, el Santo de Israel: En el arrepentimiento y el reposo seréis salvos; en la quietud y la confianza estará vuestra fuerza; pero no quisisteis».
El autor de Hebreos escribe: «Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga en el mismo ejemplo de incredulidad», Hebreos 4:11. Dios nos invita a regresar a la comunión con Él, a refugiarnos en sus brazos para encontrar el descanso fÃsico y espiritual que necesitamos. Es en esos momentos de quietud, descanso, oración y meditación en la Palabra de Dios donde hallaremos la fuerza necesaria para seguir adelante.
IsaÃas 40:29-31: «Ã‰l da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas del que no tiene ninguna. Aun los jóvenes se cansarán y se fatigarán, y los muchachos caerán rendidos. Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.
Debemos esperar. Debemos acudir a Él en oración y súplica con acción de gracias, y Él infundirá su paz en nuestros corazones y mentes, capacitándonos para avanzar en su EspÃritu y poder hacia la victoria.
Salmo 127:3: «He aquÃ, los hijos son herencia del Señor; el fruto del vientre es su recompensa».
Los hijos que traemos a esta vida son nuestra recompensa. Son una herencia que recibimos del Señor. No desperdiciemos esa herencia. El apóstol Pablo nos advierte:
Efesios 6:4: «Y vosotros, padres, no irritéis a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor».
En Colosenses 3:21 leemos: «Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desanimen».
Dios quiere que los padres seamos padres protectores y que llevemos a nuestros hijos en nuestro seno. En otras palabras, quiere que seamos amables con ellos, como lo serÃa su madre. No quiere que los gobiernemos con fuerza y crueldad, sino con misericordia y verdad. Dependiendo de cómo los eduquemos, decidiremos si rechazan o aceptan al Señor. Si somos hipócritas y crueles, los llevaremos a la incredulidad en su rebeldÃa contra nosotros.
Jesús advirtió: «Mejor le serÃa que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeños» (Lucas 17:2). En Mateo 18:6 encontramos la misma advertencia: «Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeños que cree en mÃ, mejor le serÃa que le ataran al cuello una piedra de molino y lo ahogaran en lo profundo del mar».
Salmo 127:4-5 Como flechas en la mano del valiente, asà son los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que tiene su aljaba llena de ellos; no serán avergonzados, sino que hablarán con los enemigos en la puerta de la ciudad.
Sin embargo, si los criamos con gracia y verdad, puede que se aparten del Señor por un tiempo de prueba, pero, como el hijo pródigo, volverán. ¿Por qué? Porque saben que su padre los ama. Padres, amen a sus esposas e hijos. Si lo hacen, ellos los defenderán y lucharán por ustedes en el momento de necesidad.
¿Por qué vemos a menudo a abuelos y nietos tan unidos? ¿Será que los abuelos se han dado cuenta de que su crianza de sus propios hijos dejó mucho que desear? ¿Será que el abuelo quiere ser mejor con su nieto de lo que fue con su propio hijo? Quiere compensar lo que le faltó con sus hijos e hijas. Nunca es tarde para aprender una lección muy necesaria. Nunca es tarde para aprender a amar.
Salmo 127 - Se o Senhor não edificar a casa
Salmo 127: Um Cântico para Salomão
Por Dennis Edwards
O salmo é atribuÃdo a David ou a Salomão. Alguns acreditam que David está a enviar uma mensagem a Salomão, instruindo-o a construir a casa de Deus. Outros vêem a semelhança entre as ideias do Salmo e o próprio livro de Salomão, o Eclesiastes, e, por isso, atribuem o Salmo a Salomão. Adotaremos a primeira posição, a de que David escreveu a Salomão.
Salmo 127:1 Se o Senhor não edificar a casa, em vão trabalham os que a edificam; se o Senhor não guardar a cidade, em vão vigia a sentinela.
Em tudo o que construÃmos nas nossas vidas, a menos que o Senhor esteja presente, a menos que O reconheçamos em todos os nossos caminhos, a menos que O procuremos em primeiro lugar, o nosso trabalho é em vão. Jesus deu-nos a parábola do homem sábio e do homem insensato.
Mateus 7:24-25 “Portanto, todo aquele que ouve estas minhas palavras e as pratica será comparado a um homem prudente que construiu a sua casa sobre a rocha. Caiu a chuva, vieram as enchentes, sopraram os ventos e bateram com Ãmpeto contra aquela casa, e ela não caiu, porque estava alicerçada sobre a rocha.”
Jesus é a rocha da ofensa que os construtores, os lÃderes polÃticos e religiosos judeus, rejeitaram. Se construirmos as nossas vidas na obediência à s Suas palavras, não importa que ventos e chuvas o inimigo envie contra nós, a nossa casa permanecerá firme.
Como diz a antiga canção: “Sobre Cristo, a rocha sólida, eu apoio-me. Tudo o resto é areia movediça”. A parábola de Jesus continua.
Mateus 7:26-27: “Todo aquele que ouve estas minhas palavras e não as pratica será comparado a um homem insensato que construiu a sua casa sobre a areia. Caiu a chuva, vieram as enchentes, sopraram os ventos e bateram com Ãmpeto contra aquela casa, e ela caiu; e foi grande a sua queda.”
Não podemos construir a nossa casa com as nossas próprias forças. “Não por força nem por poder, mas pelo meu EspÃrito, diz o Senhor”, Zacarias 4:6. Jesus disse: “Sem mim não podeis fazer nada”, João 15:5b.
O apóstolo Paulo diz-nos que o único fundamento sobre o qual devemos construir a nossa vida é Jesus. Ele escreveu:
“Porque ninguém pode pôr outro fundamento além do que já está posto, o qual é Jesus Cristo. Ora, se alguém edificar sobre este fundamento com ouro, prata, pedras preciosas, madeira, feno, palha, a obra de cada um se manifestará; pois o dia a demonstrará, porque será revelada pelo fogo, e o fogo provará qual seja a obra de cada um. Se a obra que alguém edificou sobre o fundamento permanecer, esse receberá recompensa. Se a obra de alguém se queimar, sofrerá prejuÃzo; contudo, ele mesmo será salvo, mas pelo fogo.” (1 CorÃntios 3:11-15).
Parece que Deus vai testar as obras que realizamos, para ver se foram realmente feitas para Ele ou para nós mesmos, para nossa própria glória e gratificação. Se as nossas obras não forem feitas com amor e alicerçadas na verdade, ou construÃdas com misericórdia e verdade, não subsistirão.
Em Habacuque 2:12, lê-se: “Ai daquele que edifica uma cidade com sangue e a funda com injustiça!” Nas nossas próprias famÃlias, se usarmos a força e ameaçarmos subjugar os nossos filhos, no momento em que se libertam da nossa autoridade, abandonarão o sistema de crenças que lhes tentamos ensinar. Usamos métodos autoritários em vez de amor e persuasão gentil. Castigamos os nossos filhos segundo o nosso próprio prazer e proveito, para que pudéssemos causar boa impressão aos outros. Podem desviar-se do Senhor como resultado dos nossos métodos injustos e Ãmpios.
Salmo 127:2: “Inútil vos é levantar cedo, sentar tarde, comer o pão da tristeza; pois assim ele dá aos seus amados o sono.”
É o orgulho que nos leva a trabalhar com as nossas próprias forças para nos salvarmos. Deus não quer que estejamos sobrecarregados e exaustos. Ele quer que nos acheguemos a Ele e Ele dar-nos-á o descanso de que necessitamos. Precisamos de descanso suficiente para dar o nosso melhor. Precisamos de tomar sobre nós o Seu jugo e aprender sobre os Seus mansos e gentis caminhos. “Porque o seu jugo é suave e o seu fardo é leve” (Mateus 11:30).
Ao enfrentarmos as provações mais difÃceis da vida, se confiarmos apenas na nossa própria força e poder, não o conseguiremos fazer. Como escreveu Martinho Lutero: “Se confiássemos nas nossas próprias forças, o nosso esforço seria em vão. Se não tivéssemos ao nosso lado o Homem certo, o Homem escolhido por Deus”. Podemos fazer todas as coisas por meio de Cristo que nos fortalece, mas precisamos de ir a Ele. Em IsaÃas, encontramos a mesma advertência e admoestação.
IsaÃas 30:15: “Porque assim diz o Senhor Deus, o Santo de Israel: No arrependimento e no descanso está a vossa salvação; na tranquilidade e na confiança está a vossa força; mas vós não quisestes”.
O autor de Hebreus escreve: “Esforcemo-nos, pois, por entrar nesse descanso, para que ninguém caia no mesmo exemplo de incredulidade” (Hebreus 4:11).
Deus pede-nos que regressemos à comunhão com Ele, que nos aproximemos dos Seus braços para o descanso fÃsico e espiritual de que necessitamos. É nestes momentos de quietude, descanso, oração e meditação na Palavra de Deus que encontraremos a força necessária para prosseguir.
IsaÃas 40:29-31: "Ele fortalece o cansado e dá vigor ao que não tem forças. Até os jovens se cansam e ficam exaustos, e os moços tropeçam e caem. Mas os que esperam no Senhor renovam as suas forças; sobem com asas como águias; correm e não se cansam; caminham e não se fatigam.
Precisamos de esperar. Precisamos de nos aproximar d’Ele em oração e súplica, com ações de graças, e Ele transferirá a Sua paz para os nossos corações e mentes, para nos capacitar a avançar no Seu EspÃrito e poder rumo à vitória.
Salmo 127:3 Eis que os filhos são herança do Senhor, e o fruto do ventre, a sua recompensa.
Os filhos que trazemos a esta vida são a nossa recompensa. São uma herança que recebemos do Senhor. Não desperdice essa herança. O apóstolo Paulo adverte-nos:
Efésios 6:4 “E vós, pais, não irriteis os vossos filhos; antes, criai-os na disciplina e na admoestação do Senhor.”
Em Colossenses 3:21, encontramos: “Pais, não irriteis os vossos filhos, para que não fiquem desanimados”.
Deus quer que nós, pais, sejamos “pais que nutrem” e “carreguemos os nossos filhos ao colo”. Por outras palavras, Ele quer que sejamos bondosos com eles, como uma mãe seria. Ele não quer que os governemos com força e crueldade, mas com misericórdia e verdade. Dependendo da forma como os educarmos, eles rejeitarão ou aceitarão o Senhor. Se formos hipócritas cruéis, levá-los-emos à descrença, na sua rebeldia contra nós.
Jesus advertiu: “Melhor lhe seria que uma pedra de moinho lhe fosse pendurada ao pescoço, e fosse lançado ao mar, do que escandalizar um destes pequeninos” (Lucas 17:2). Em Mateus 18:6, encontramos a mesma advertência: “Mas, se alguém escandalizar um destes pequeninos que crê em mim, melhor lhe seria que uma pedra de moinho lhe fosse pendurada ao pescoço, e fosse afogado na profundeza do mar”.
Salmo 127:4-5 Como flechas na mão do valente, assim são os filhos da mocidade. Bem-aventurado o homem que enche deles a sua aljava; não serão envergonhados, mas falarão com os inimigos à porta.
Contudo, se os criarmos com graça e verdade, poderão afastar-se do Senhor por um tempo de provação, mas, como o filho pródigo, voltarão. Por quê? Porque sabem que o Pai os ama. Pais, amai as vossas esposas e os vossos filhos. Se o fizerem, defendê-los-ão e lutarão por vós na hora da necessidade.
Porque vemos avós e netos frequentemente tão conectados? Será que os avós se aperceberam que a educação que deram aos seus próprios filhos deixou muito a desejar? Será que o avô quer ser melhor com o neto do que foi com o próprio filho? Quer compensar o que lhe faltou na educação dos filhos. Nunca é tarde para aprender uma lição muito necessária. Nunca é tarde para... Aprenda a amar.
Psalm 127 - Except the Lord Build the House
Psalm 127 A Song for
Solomon
by Dennis Edwards
The psalm is credited to
either David or Solomon. Some believe it is David giving a message to Solomon
who is instructed to build the house of God. Others see the similarity between
the ideas of the Psalm and Solomon’s own Ecclesiastes and therefore accredit
the Psalm to Solomon. We will take the former position, David writing to
Solomon.
Psalm 127:1 Except
the Lord build the house, they labour in vain that build it: except
the Lord keep the city, the
watchman wakes but in vain.
In whatever we are
building in our lives, unless the Lord is in it, unless we are acknowledging
Him in all our ways, unless we are seeking Him first, our labour is in vain.
Jesus gave us the parable of the wise and foolish man.
Matthew 7:24-25 “Therefore
whosoever hears these saying of mine, and does them, I will liken him unto a
wise man, which built his house upon a rock. And the rain descended, and the
floods came, and the winds blew, and beat upon that house; and it fell not: for
it was founded upon a rock.”
Jesus is the rock of
offense that the builders, the Jewish political and religious leaders, rejected.
If we build our lives on obedience to His words, no matter what winds and rains
the enemy sends against us, our house will stand.
Like the old song says, “On
Christ, the solid rock , I stand. All other ground is sinking sand.” Jesus’
parable continues.
Matthew 7:26-27 “And
every one that hears these sayings of mine, and does them not, shall be likened
unto a foolish man, which built his house upon the sand. And the rain
descended, and the floods came, and the winds blew, and beat upon that house:
and it fell: and great was the fall of it.”
We cannot build our house
in our own strength. “Not by power, nor by might, but by My Spirit, says the
Lord,” Zechariah 4:6. Jesus said, “Without Me you can do nothing,” John 15:5b.
Apostle Paul tells us the
only foundation we should build our lives upon is Jesus. He wrote,
“For other foundation can
no may lay than that is laid, which is Jesus Christ. Now if any man build upon
this foundation gold, silver, precious stones, wood, hay, stubble; every man’s
work shall be made manifest: for the day shall declare it, because it shall be
revealed by fire; and the fire shall try every man’s work of what sort it is.
If any man’s work abide which he has built thereupon, he shall receive a
reward. If any man’s work shall be burned, he shall suffer loss: but he himself
shall be saved; yet so by fire.” ! Corinthians 3:11-15.
It sounds as if God is
going to test our works which we’ve done, whether they were really done for Him
or for ourselves and our own glory and gratification. If our works are not done
in love and built on truth, or built with mercy and truth, they will not stand.
In Habakkuk 2:12, we read,
“Woe to him that builds a town with blood, and establishes a city by iniquity.”
In our own families, if we are using force and threatening to subdue our children,
the moment they are free from our authority they will abandon the belief system
we tried to teach them. We used authoritarian methods instead of love and
gentle persuasion. We chastened our children after our own pleasure and profit,
that we might look good to others. They may stray from the Lord as a result of our unrighteous and ungodly methods.
Psalm 127:2 It is vain
for you to rise up early, to sit up late, to eat the bread of sorrows: for so
he gives his beloved sleep.
It is pride that causes
to work in our own strength to save ourselves. God doesn’t want us to be overly
laboured and heavy laden. He wants us to come unto Him and He will give us the
rest we need. We need sufficient rest to do our best. We need to take His yoke
upon us and learn of His meek and gentle ways. “For His yoke is easy and His
burden is light,” Matthew 11:30.
When facing life’s
toughest trials, if we rely only on our own power and strength, we won’t make
it. Like Martin Luther wrote, “Did we in our own strength confide, Our striving
would be losing. Were not the right Man on our side, The Man of God’s own
choosing.” We can do all things through Christ which strengthen us, but we need
to come unto Him. In Isaiah we find the same warning and admonition.
Isaiah 30:15 “For thus
says the Lord God, the Holy One of Israel; In returning and rest shall you be
saved; in quietness and confidence shall be your strength: but you would not.”
The author of Hebrews writes, "Let us labour therefore to enter into that rest, lest any man fall after the same example of unbelief," Hebrews 4:11.
God is asking us to
return to fellowship with Him, to come into His arms for the physical and
spiritual rest we need. It is in those quiet moments of rest and prayer and
meditating on God’s word that we will find the strength we need to carry on.
Isaiah 40:29-31 “He gives
power to the faint; and to them that have no might he increases strength. Even
the youth shall faint and be weary, and the young men shall utterly fall. But
those who wait upon the Lord shall renew their strength; they shall mount up
with wings as eagles; they shall run and not be weary; and they shall walk and
not faint.”
We have got to do the “waiting.”
We got to come to Him in prayer and supplication with thanksgiving and He will transfer
His peace to our hearts and minds, to enable us to go forward in His Spirit and
might to victory.
Psalm 127:3 Lo,
children are an heritage of the Lord: and
the fruit of the womb is his reward.
The children we bring
into this life, are our reward. They are an inheritance we receive from the
Lord. Don’t waste that inheritance. Apostle Paul warns us,
Ephesians 6:4 “And, you
fathers, provoke not your children in wrath (or anger): but bring them up in
the nurture and admonition of the Lord.”
In Colossians 3:21 we
find, “Fathers, provoke not your children to anger, lest they be discouraged.”
God wants us fathers to
be “nursing fathers,” and “carry our children in our bosom.” In other words, he
wants us to be gentle with them, as their mother would be. He doesn’t want us
to rule them with force and cruelty, but with mercy and truth. Depending on how
we train them, will determine whether they reject or accept the Lord. If we are
cruel hypocrites, we will drive them into unbelief in their rebellion to
ourselves.
Jesus warned, “It were
better for him that a millstone were hanged about his neck, and he be cast into
the sea, than that he offend one of these little ones,” Luke 17:2. In Matthew
18:6, we find the same warning. “But whoso shall offend one of these little
ones which believes in Me, it were better for him that a millstone was hanged
about his neck, and that he were drowned in the depths of the sea.”
Psalm 127:4-5 As
arrows are in the hand of a mighty man; so are children of the youth. Happy is
the man that has his quiver full of them: they shall not be ashamed, but they
shall speak with the enemies in the gate.
However, if we bring them
up with grace and truth, they may depart from the Lord for a time of testing,
but, like the prodigal son, they will return. Why? Because they know that their
father loves them. Fathers, love your wives and your children. If you do, they
will stand up for you and fight in your behalf in your time of need.
Why is it that we see
grandparents and grandchildren often so connected? Could it be the grandparents
have seen that their parenting of their own children had much to be desired?
Could it be that the grandparent wants to do better with his grandchild than he
did with his own child? He wants to make up for what he lacked with his own sons
and daughters. It’s never too late to learn a lesson sorely needed. It's never to late to learn to love.
