Dennis Edwards
El Libro de los Salmos es uno de mis pasajes bĆblicos favoritos. Suelo leer cinco salmos al dĆa. Hoy era el 28 del mes, asĆ que leĆ los salmos 28, 58, 88, 118 y 148. AƱadĆ treinta cada vez que leĆa un salmo, hasta completar cinco salmos diferentes. El Libro de los Salmos tiene 150 salmos. La palabra "salmos" significa "cantos". Muchos de los salmos fueron escritos por David, quien fue pastor, soldado y, posteriormente, rey de Israel. Como cada mes tiene unos 30 dĆas, leyendo cinco salmos al dĆa, puedo leer el Libro de los Salmos cada mes.
Me gusta leer el Libro de los Salmos porque los salmos son oraciones. Originalmente se cantaban, aunque ya no conservamos la partitura. Muchos de los salmos de oración son profĆ©ticos y hablan del MesĆas, del juicio final de los impĆos y de la recompensa para los justos. A menudo, el salmista comienza su salmo desanimado o angustiado. Sin embargo, por lo general, al terminarlo, se siente victorioso y alaba a Dios por su bondad hacia la humanidad.
Uno de los salmos de hoy fue el Salmo 88. Al leerlo, notĆ© que el salmista no siguió el camino habitual de alabanza y acción de gracias en la parte final. En cambio, el salmo se mantuvo sobrio, austero y desesperado. El salmista habĆa comenzado el salmo clamando en una oración desesperada.
Salmo 88:1-3.
Oh SeƱor Dios de mi salvación, dĆa y noche clamo ante ti. Que mi oración llegue a ti; inclina tu oĆdo a mi clamor. Porque mi alma estĆ” llena de angustias, y mi vida se acerca al sepulcro.
El salmista se encuentra profundamente afligido y parece estar al borde de la muerte o sumido en una gran angustia, sin esperanza alguna.
Salmo 88:4-7
Me cuento entre los que descienden al sepulcro; soy como un hombre sin fuerzas; libre entre los muertos, como los muertos que yacen en la tumba, de quienes ya no te acuerdas; y que han sido apartados de tu mano. Me has puesto en el foso mĆ”s profundo, en tinieblas, en lo profundo. Tu ira pesa sobre mĆ, y me has afligido con todas tus olas. Selah
Los primeros siete versĆculos del Salmo 88 parecen profĆ©ticos de la agonĆa que JesĆŗs sufrió en el Huerto de GetsemanĆ, segĆŗn afirma William de Burgh en su Comentario sobre el Libro de los Salmos, publicado por primera vez en 1860. Durante el siglo XIX, el Salmo 88 era uno de los pasajes bĆblicos que se leĆan el Viernes Santo en la Iglesia de Inglaterra. En Lucas 22:44 vemos la intensa lucha emocional de JesĆŗs: «Y estando en agonĆa, oraba con mĆ”s fervor; y su sudor era como grandes gotas de sangre que caĆan a tierra». En Mateo 27:37-38 encontramos: «Y comenzó a entristecerse y a angustiarse mucho. Entonces les dijo: Mi alma estĆ” muy triste, hasta la muerte; quedaos aquĆ y velad conmigo». Las olas de duda y la sensación de que Dios lo abandonaba ahogaban a JesĆŗs en la agonĆa del alma, en la pesadez del espĆritu, en una profunda tristeza y desesperación.
Salmo 88:8
«Has alejado de mĆ a mis conocidos; me has hecho abominación para ellos; estoy encerrado, y no puedo salir».
En la cruz, los seguidores de JesĆŗs estaban lejos de Ć©l. Solo estaban presentes su madre, su tĆa MarĆa Magdalena, MarĆa, la esposa de CleofĆ”s, y el apóstol Juan. (Juan 19:25) Una abominación es algo que causa gran odio, repugnancia y repugnancia. (yourdictionary.com) Cuando una persona era crucificada, perdĆa todos sus derechos civiles. La gente podĆa arrojarle basura, estiĆ©rcol o piedras. Incluso las Escrituras judĆas advertĆan: «Maldito todo el que es colgado en un madero» (Deuteronomio 21:23). Los pies, las manos y las muƱecas de JesĆŗs fueron traspasados con clavos para que no pudiera bajar de la cruz; «no podĆa salir». El apóstol Pablo nos dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciĆ©ndose maldición por nosotros (porque escrito estĆ”: Maldito todo el que cuelga de un madero)» (GĆ”latas 3:13).
Salmo 88:9
Mis ojos se lamentan a causa de la aflicción; SeƱor, a ti clamo cada dĆa; a ti extiendo mis manos.
Nuevamente, el pasaje parece referirse a JesĆŗs en el JardĆn de GetsemanĆ, donde clamaba a Dios en una oración angustiosa. JesĆŗs habĆa caminado en constante comunicación con el Padre. Se levantaba temprano para estar a solas con Dios (Marcos 1:35, Salmo 5:3). Pero ahora el cielo estaba en silencio. La Ćntima comunicación con su Padre habĆa terminado. JesĆŗs estaba solo, sin la ayuda de su Padre. En el Salmo 22, David escribe profĆ©ticamente: «Dios mĆo, Dios mĆo, ¿por quĆ© me has abandonado?». Mateo 27:46 registra las mismas palabras de JesĆŗs en la cruz.
Salmo 88:10-16
¿MostrarĆ”s prodigios a los muertos? ¿Se levantarĆ”n los muertos y te alabarĆ”n? Selah. ¿Se proclamarĆ” tu misericordia en el sepulcro? ¿O tu fidelidad en la destrucción? ¿Se darĆ”n a conocer tus maravillas en la oscuridad? ¿Y tu justicia en la tierra del olvido? Pero a ti clamĆ©, oh SeƱor; Y por la maƱana mi oración vendrĆ” a ti. SeƱor, ¿por quĆ© desechas mi alma? ¿Por quĆ© escondes tu rostro de mĆ? Desde mi juventud, sufro aflicción y estoy a punto de morir; mientras padezco mis terrores, me desespero. Tu furia me azota; tus terrores me han destruido.
En IsaĆas 53:3-5 vemos que el MesĆas serĆa un varón de dolores, familiarizado con el sufrimiento. Ćl llevarĆa nuestros dolores y cargarĆa con nuestras aflicciones. SerĆa herido por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades. En Mateo 27:50 leemos: «JesĆŗs, clamando a gran voz, entregó el espĆritu». En Lucas 23:46 encontramos: «Y JesĆŗs, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espĆritu. Y dicho esto, entregó el espĆritu». El pasaje «En tus manos encomiendo mi espĆritu» se encuentra en el Salmo 31:5, otra declaración profĆ©tica. Los salmos estĆ”n llenos de palabras e imĆ”genes profĆ©ticas que JesĆŗs mismo revelarĆa a sus discĆpulos despuĆ©s de su resurrección. Lucas 24:25-26; 44-45.
Entonces les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y entrara en su gloria? Y comenzando por MoisĆ©s y todos los profetas, les explicó en todas las Escrituras lo referente a sĆ mismo… Y les dijo: «Estas son las palabras que os dije cuando aĆŗn estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que estĆ” escrito acerca de mĆ en la ley de MoisĆ©s, en los profetas y en los salmos». Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
Salmo 88:17-18
«Ellos (tus terrores o tu furia) me rodeaban cada dĆa como aguas; me cercaban por completo». Al amante y al amigo me has alejado, y a mis conocidos los has sumido en la oscuridad.
De nuevo, vemos las aguas que nos ahogan y la separación de los seres queridos, tal como comenzó el salmo. El salmo termina sin victoria y en aparente derrota, tal como parecĆa indicar la muerte de Cristo en la cruz. Pero la historia no terminó ahĆ. Al tercer dĆa, resucitó. Ćl mismo se lo habĆa dicho: «El Hijo del Hombre serĆ” entregado en manos de los hombres, y lo matarĆ”n; y despuĆ©s de muerto, resucitarĆ” al tercer dĆa. Pero ellos no entendieron esto, y tuvieron miedo de preguntarle». Marcos 9:31-32.
El autor de Hebreos muestra cómo los sacrificios ofrecidos bajo la Ley del Antiguo Testamento eran meras ilustraciones que anticipaban el momento en que Dios mismo vendrĆa a la humanidad. El Dios-hombre o MesĆas se ofrecerĆa a sĆ mismo como sacrificio sin pecado por los pecados de la humanidad. Su vida y muerte perfectas reabrirĆan la puerta a la vida eterna y a una relación Ćntima con Dios. En Hebreos 9:14 leemos: «¡CuĆ”nto mĆ”s la sangre de Cristo, quien por medio del EspĆritu eterno se ofreció a sĆ mismo sin mancha a Dios, limpiarĆ” vuestra conciencia de las obras muertas para servir al Dios vivo!». El versĆculo 28 del mismo capĆtulo concluye: «AsĆ tambiĆ©n Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y a los que le esperan, aparecerĆ” por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación». JesĆŗs ha reabierto la puerta a la vida eterna. «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1:12).
El apóstol Pablo explica en 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuĆ©semos hechos justicia de Dios en Ć©l». Mediante la fe en JesĆŗs, nos hemos revestido con la vestidura nupcial de la justicia, necesaria para entrar en el banquete nupcial celestial. (Mateo 22:12, Apocalipsis 3:3-4, 16:15, 19:7-9, IsaĆas 61:10, 1 Corintios 1:30, Romanos 13:14, Filipenses 3:8-9). Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de JesĆŗs y nos dio el ministerio de reconciliar a otros. Dios, por medio de JesĆŗs, reconcilió al mundo consigo mismo, sin imputar los pecados de los creyentes. (2 Corintios 5:19)
En Romanos 5:8-9, Pablo dice: «Pero Dios ha demostrado su amor para con nosotros, en que siendo aĆŗn pecadores, Cristo murió por nosotros. Mucho mĆ”s, pues, habiendo sido justificados ya por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Ć©l». De manera similar, en 1 Pedro 2:24, Pedro escribe: «Ćl mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, muertos al pecado, vivamos para la justicia; por sus llagas fuimos sanados».
JesĆŗs sabĆa cuĆ”l era su propósito en el mundo. En el Monte de la Transfiguración, vemos que MoisĆ©s y ElĆas «aparecieron en gloria y hablaron de su muerte, la cual se cumplirĆa en JerusalĆ©n» (Lucas 9:31). QuizĆ”s le dieron los detalles de lo que sucederĆa. Lucas nos informa: «Y sucedió que, cuando llegó la hora de ser llevado al cielo, se propuso firmemente ir a JerusalĆ©n» (Lucas 9:51).
Tras llegar triunfalmente a JerusalĆ©n montado en un asno joven, JesĆŗs sabĆa que habĆa llegado la hora de ser glorificado mediante su muerte. Vemos a JesĆŗs explicando el mĆ©todo de su glorificación en el Evangelio de Juan. «De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderĆ”; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservarĆ” para vida eterna… Ahora mi alma estĆ” turbada; ¿y quĆ© dirĆ©? Padre, sĆ”lvame de esta hora; pero para esto he venido a esta hora. (Juan 12:24-27)
Incluso siendo niƱo, JesĆŗs sabĆa que debĆa dedicarse a los asuntos de su Padre. (Lucas 2:49) En Hebreos 5:7-9, leemos sobre la agonĆa de JesĆŗs en GetsemanĆ: «Quien en los dĆas de su vida terrenal, ofreció oraciones y sĆŗplicas con gran clamor y lĆ”grimas al que podĆa salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverencia; siendo Hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció; y habiendo sido perfeccionado, llegó a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen».
La vida de JesĆŗs no terminó en derrota. Cumplió su misión. El apóstol Juan escribe: «Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8). JesĆŗs ha vencido a la muerte y, en Ćŗltima instancia, vencerĆ” a SatanĆ”s. El amor de Dios ha ganado la batalla. «En esto se manifestó el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigĆ©nito al mundo para que vivamos por medio de Ć©l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Ć©l nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:9-10). Propiciación significa aplacar o expiar, pero con el concepto adicional de apaciguar la ira (yourdictionary.com). Mediante su muerte, JesĆŗs ha traĆdo la reconciliación entre Dios y el hombre a todos los que creen en Ć©l y lo siguen. El Salmo 88 pudo haber terminado sin reconciliación, pero nosotros tenemos reconciliación a travĆ©s de la sangre de Cristo. «Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro SeƱor Jesucristo». (1 Corintios 15:57).
Recuerda que tus oraciones no siempre tienen que terminar en victoria. Dios escucha tus oraciones y las responderĆ”, transformando la aparente derrota en victoria para quienes confĆan en Ćl. JeremĆas 29:11 dice: «Porque yo sĆ© los planes que tengo para ustedes —declara el SeƱor—, planes de bienestar y no de calamidad, para darles esperanza en su futuro».
Publicado originalmente el 2 de abril de 2023
