Salmo 61. Salmo de David
Dennis Edwards
Salmo 61:1-2 Escucha, oh Dios, mi clamor; atiende a mi oración. Desde el extremo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmaye; guÃame a la roca que es más alta que yo.
David a menudo se sentÃa abrumado en los dÃas en que Saúl buscaba salvar su vida. Aprendió a confiar en Dios desde su juventud, el Dios que lo habÃa librado de la boca del oso y de la boca del león. Ese mismo Dios lo habÃa hecho triunfar sobre Goliat, el gigante de los filisteos. David, como nosotros a veces, se sintió abrumado por los temores que le causaba la precaria situación en la que se encontraba.
Experimentamos los mismos temores en nuestra vida diaria. Nos bombardean las noticias mundiales que nos informan de todas las catástrofes y guerras a nivel mundial. Observamos el mundo que nos rodea y tememos por el futuro. En el Evangelio de Lucas, leemos que Jesús les dijo a sus discÃpulos que en los últimos dÃas, «desfallecerán los corazones de los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas» (Lucas 21:26).
Cuando nos sentimos abrumados por los acontecimientos que vemos en el mundo que nos rodea, cuando el miedo nos domina, cuando nuestras almas desfallecen, como Jonás en el vientre de la ballena, necesitamos recordar al Señor y clamar al Dios que es más alto que nosotros, la Roca de nuestra salvación.
Jesús es esa Roca, la piedra angular segura, la torre fuerte a la que corren los justos y están a salvo. La piedra que los constructores abandonaron se ha convertido en la cabeza del ángulo. Él es la Roca que es más alta que cada uno de nosotros.
En los Salmos vemos que se hace referencia al Señor como: “mi roca y mi fortaleza”, “mi roca y mi salvación”, “mi Dios, la roca de mi salvación”, “Dios, mi Roca”, “Oh Señor, mi Roca”, “Bendita sea mi Roca”, “la roca de mi refugio”.
En 2 Samuel 22:2-7, David oró el siguiente cántico: “El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; el Dios de mi roca; en Él confiaré: Él es mi escudo y el poder de mi salvación, mi alto refugio y mi refugio, mi salvador; Tú me libras de la violencia. Invocaré al Señor, quien es digno de ser alabado; y seré salvo de mis enemigos. Cuando las olas de la muerte me rodearon (como a Jonás), las inundaciones de hombres impÃos me aterrorizaron; las angustias del infierno me rodearon, los lazos de la muerte me impidieron. En mi angustia invoqué al Señor y clamé a mi Dios, y Él escuchó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó a sus oÃdos”.
Más adelante, David canta: “¿Quién es Dios sino el Señor? ¿Y quién es roca sino nuestro Dios? Dios es mi fuerza y mi poder, y él hace perfecto mi camino… Vive el Señor, bendita sea mi roca, y ensalzado sea el Dios de la roca de mi salvación… Él es la torre de salvación” (2 Samuel 32, 33, 47, 48, 51a).
Salmo 61:3 Porque has sido mi refugio, y torre fuerte contra el enemigo.
Cuando nos sentimos abrumados, podemos correr a la torre fuerte clamando al Señor en oración desesperada. Él es el refugio de la tormenta.
Salmo 61:4 Moraré en tu tabernáculo para siempre; confiaré en la protección de tus alas. Selah.
Como la gallina protege a sus pollitos de la tormenta con sus alas, confiemos en las alas del Señor para que nos cubran. “Con sus plumas te cubrirá, y bajo sus vientos estarás seguro”, Salmo 91:4a.
Salmo 61:5 Porque tú, oh Dios, has escuchado mis votos; me has dado la heredad de los que temen tu nombre.
Cuando clamamos, el Señor escucha y responderá de una manera u otra. Nuestras oraciones no son en vano. La herencia que Dios nos ha prometido es que “ninguna arma forjada contra nosotros prosperará; y condenaremos toda lengua que se levante contra nosotros en juicio”, IsaÃas 54:17a. “Porque yo te daré palabras y sabidurÃa que todos tus adversarios no podrán contradecir ni resistir”, Lucas 21:15.
Salmo 61:6-7 Prolongarás la vida del rey, y sus años como muchas generaciones. Permanecerá delante de Dios para siempre: prepara misericordia y verdad que lo preserven.
¿Habla David de sà mismo? ¿O acaso percibe la vida eterna que ofrece el Redentor? En el Salmo 16:10, David escribió: «Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu Santo vea corrupción». En Proverbios 16:6, leemos: «Con misericordia y verdad se purifica la iniquidad, y con el temor del Señor los hombres se apartan del mal». El apóstol Juan nos dice que «la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia (o misericordia) y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Jesús es la misericordia y la verdad de Dios que preservará a todos los que se acercan a Dios por medio de Él.
Salmo 61:8 «Asà cantaré alabanzas a tu nombre para siempre, para cumplir mis votos cada dÃa».
Es el gozo del Señor lo que nos fortalece. Es a través de la alabanza y la acción de gracias que obtenemos esa fortaleza, para que podamos cumplir nuestros compromisos con Dios y con el prójimo. Simplemente sigamos alabando al Señor pase lo que pase.

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