Does your faith need strengthening? Are you confused and wondering if Jesus Christ is really "The Way, the Truth, and the Life?" "Fight for Your Faith" is a blog filled with interesting and thought provoking articles to help you find the answers you are seeking. Jesus said, "Seek and ye shall find." In Jeremiah we read, "Ye shall seek Me, and find Me, when ye shall seek for Me with all your heart." These articles and videos will help you in your search for the Truth.

Saturday, July 28, 2012

Apreciar lo bueno

http://anchor.tfionline.com/es/post/apreciar-lo-bueno/
María Fontaine

Uno de ustedes me escribió después de escuchar la canción que publiqué en mi página web, «Gracias por dar al Señor», y me habló de un artículo que describía la historia del autor e intérprete de la canción. El artículo explica que Ray Boltz se crió como cristiano, se casó y tuvo hijos, luego en cierto momento de su vida se divorció, se convirtió en gay y se unió a una iglesia cristiana de gays y lesbianas. La persona en cuestión se preguntaba si yo conocía esa información antes de colgar la canción.

Pues bien, yo no conocía esa información y me sorprendió un poco. Pero de todas formas me gusta la canción y no pienso que las decisiones de esa persona en cuanto a su estilo de vida cambien el hecho de que la melodía contiene una bella verdad y tiene un buen espíritu. Estoy agradecida de que probablemente haya motivado a muchos del mundo a hacer más por el Señor y estoy agradecida porque su autor —aunque se convirtió en homosexual—, sigue testificando y dando testimonio de Jesús y probablemente transmita el mensaje a personas a las que otros cristianos no pueden llegar porque son muy santurrones y selectivos.

Mientras pensaba por qué el Señor permitió que colgara esa canción sin conocer esa información, me di cuenta de que quizás fue para que yo pudiera compartir con ustedes esta lección: No tenemos que coincidir en todo con una persona para poder apreciar sus buenas obras. No tenemos que estar de acuerdo con las decisiones que haya tomado sobre su estilo de vida o sus creencias para reconocer, valorar e incluso utilizar cosas que haya hecho o dicho que sean buenas o bellas, o sean verdad. Podemos escoger lo bueno, apreciarlo, permitir que nos edifique y a la vez reconocer que probablemente no coincidamos en todo con la persona.

Adoptar dicha actitud nos ayudará a ser mucho mejores testigos. A encontrar puntos en común con personas de diferentes creencias y a aprovecharlos para conducirlos a Jesúsy darles las soluciones que tenemos.

Aceptamos las cosas buenas, bellas e inspiradoras que muchos hacen o nos han entregado, aunque algunos de ellos puedan también haber hecho cosas con las que no coincidimos, que no apoyamos, o incluso que son grandes pecados. Si juzgáramos basados en aquellos pecados que aborrecemos, que no aceptamos y rechazamos, no aceptaríamos los Salmos, porque David fue un asesino[1]. No podríamos conceder mayor valor a Moisés ni a su ejemplo como líder, ni a los primeros cinco libros de la Biblia escritos por él, puesto que mató a un hombre en un momento de ira[2]. No valoraríamos ni aprovecharíamos una buena parte del Nuevo Testamento porque Pedro negó a Jesús y porque Pablo anteriormente había sido Saulo quien causó terribles problemas a la Iglesia primitiva[3]. Tendríamos poca o ninguna música inspirada si empezáramos a analizar minuciosamente la vida de quienes escribieron o produjeron cada himno. De ver las cosas de esa forma, la verdad es que nos quedaría muy poco digno de aprecio o provecho, ¡porque nadie es perfecto!

Así que: ¿Dónde trazar la línea?

El punto es que cuando admiramos una bella obra de arte, o escuchamos una pieza de música hermosa, podemos apreciar la inspiración puesto que sabemos que Dios se la dio al artista o compositor, aunque éstos no estuvieran consagrados a Dios o no lo conocieran de forma personal. Siempre que algo es bello o celestial, sabemos que su autor fue inspirado por el Señor, puesto que «toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto»[4].

Cuando las personas sirven al Señor de alguna forma, procuran hacer algo por cambiar el mundo, se levantan en defensa de su fe, combaten la injusticia o ayudan a los pobres, podemos apreciarlos por ello, orar por ellos y apoyar sus buenas obras. No tenemos que aceptar todas sus creencias o las decisiones que hayan tomado en la vida.

Piensen en Jesús y en Su relación con la humanidad estando en la Tierra. Aceptó y recibió a personas que habían tomado decisiones con las cuales Él desde luego no concordaba, pero eso no era lo importante para Él. Lo que le importaba era que querían Su amor, y Él se los dio sin reservas.

Si Jesús siendo perfecto y sin pecado, aceptaba y recibía de buen grado a todos, ¿cómo podemos nosotros dejar de hacer lo mismo?

Miremos más lo bueno, valoremos el bien que hacen los demás, la verdad que hayan encontrado y que comparten con otros o sus conocimientos y habilidades de los cuales nosotros y otros nos podemos beneficiar.

Es la actitud que nos permitirá ser mejores embajadores de nuestro Rey y que de por sí nos infundirá más de Su amor que es humilde, receptivo e incondicional.

Artículo publicado por primera vez en mayo de 2009 y actualizado en julio de 2012. Traducción: Luis Azcuénaga y Antonia López.


[1] V. 2 Samuel 11.

[2] Éxodo 2:11–12.

[3] Mateo 26:69–75; Hechos 8:1–3.

[4] Santiago 1:17.

Tuesday, July 24, 2012

La humildad: portal a las bendiciones


Compilación

La humildad es como un imán que atrae favores, atrae bendiciones. Cuanto más humilde se vuelve uno, ¡más magnetismo adquiere! Un espíritu humilde atrae honor, atrae favor, atrae bendición. Un espíritu soberbio repele todas esas cosas.

Cuando uno se humilla, el Espíritu Santo se ocupa de cargar con el peso. La humildad permite a Dios hacer lo que Dios hace. La humildad es la clave para adquirir autoridad espiritual: a mayor humildad, mayor autoridad.

Si quieres ver obrar a Dios de maneras portentosas, lo único que tienes que hacer es quitarte de Su camino. ¿Cómo? ¡Con humildad! ¡La manera de quitarte de en medio es postrarte de rodillas! Dicho de otro modo, proceder con humildad es la mejor manera de no estorbar cuando Dios se propone hacer algo.

Dios puede hacer más en un solo día de lo que tú en mil años, pero tienes que adoptar una postura humilde. Tienes que obrar con humildad, estar siempre ávido de aprender. Ponerte de rodillas es la manera más segura y eficaz de llegar adonde Dios quiere que llegues.

¡Ponte de rodillas! Mark Batterson

*

Dios desciende hacia el humilde así como las aguas fluyen desde las colinas hacia los valles. Tikhon

*

No hay lugar para Dios en la persona cuyo ego ocupa todo su ser. Martín Buber

*

Al ser humilde disfrutas de las bendiciones de Mi amor, gozo, paz, fe, paciencia, discernimiento y los frutos de Mi Espíritu en tu vida. Estos te bendicen en tu relación con los demás y liman las asperezas. Hacen de tu relación conmigo algo más vibrante y palpable, pues tomas conciencia de hasta qué punto es Mi bendición lo que te concede la felicidad, a diferencia de todo lo que pudieras lograr con tu propio esfuerzo. Jesús, hablando en profecía

*

La parábola del fariseo y el publicano es un mini sermón acerca de la humildad y el auto elogio. El fariseo, petulante y presumido, enamorado de sí mismo y orgulloso en exceso de sus propias obras, le presenta a Dios un listado de sus virtudes, despreciando al pobre publicano que lo mira desde lejos. Se pone por las nubes, se exalta a sí mismo y se muestra totalmente egocéntrico. Y luego se retira sin hallar justificación, condenado y rechazado por Dios.

El publicano, por su parte, siente que no tiene nada de qué jactarse… ni siquiera se atreve a dirigir los ojos al cielo, sino que con rostro demudado se da golpes en el pecho, y clama a Dios, rogándole que tenga piedad de él, que es pecador.

Nuestro Señor nos relata, con gran precisión, la secuencia de la historia de esos dos hombres, uno absolutamente carente de humildad, mientras que el otro, totalmente inmerso en contrición y humildad.

«Les digo que fue este pecador —y no el fariseo— quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados»[1].

Dios valora enormemente el corazón humilde. Vestirse de humildad es algo muy bueno. Está escrito: «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes»[2]. Lo que acerca al alma suplicante a Dios es la humildad de espíritu. Lo que da alas a la oración es la contrición y la humildad. La soberbia, el orgullo y el engreimiento cierran por completo las puertas de la oración. Quien se acerca a Dios debe hacerlo sin reparar en su propio ego. No debe creerse lo máximo ni tener una idea sobrevalorada de sus virtudes y buenas obras.

La humildad es una virtud cristiana muy poco común, y tiene gran valor en las cortes celestiales, ya que es condición indispensable para la oración eficaz. Da lugar a que Dios obre cuando todas las demás cualidades se quedan cortas. Su retrato perfecto solo puede apreciarse en el Señor Jesucristo. Según las enseñanzas de nuestro Señor, la humildad tiene tal prominencia en Su sistema de religión, y es una característica tan distintiva de Su persona, que omitirla de Sus enseñanzas acerca de la oración sería sumamente impropio, no reflejaría Su forma de ser ni encajaría dentro de Su sistema religioso.

Bienaventurados los que no tienen buenas obras con qué justificarse ni bondad de que jactarse. La humildad prospera en la tierra fértil que proporciona un profundo sentido de ser pecadores, de no ser nada. No hay mejores circunstancias para el perfeccionamiento de la humildad que la confesión de los pecados y la plena confianza en la gracia de Dios. «Siendo yo el mayor de los pecadores, Jesús murió por mí». Así se debe orar, partiendo de la humildad, de lo más bajo; aparentemente desde muy lejos, sin embargo, acercados por la sangre del Señor Jesucristo. Dios habita en los lugares humildes. Enaltece esos lugares humildes abriendo paso al alma que ora.

La humildad es requisito indispensable para la oración sincera. Tiene que ser un atributo, una característica de la oración. La humildad debe estar presente en la oración como lo está la luz en el sol. La oración no tiene inicio, no tiene fin, no tiene ser, si no la acompaña un espíritu de humildad. Como el barco al mar, así es la humildad a la oración, y la oración a la humildad.

La humildad no significa la negación del ser, ni tampoco implica abstraerse de uno mismo. La humildad brota cuando uno vuelve la mirada hacia Dios y Su santidad. En la humildad hay auténtica nobleza y grandeza. La humildad reconoce y se postra ante la inestimable riqueza de la cruz, y las humillaciones de Jesucristo.

La humildad es mucho más que la ausencia de vanidad y orgullo. Es una cualidad positiva, una fuerza sustancial que energiza la oración. La humildad brota de un adecuado concepto de nuestra persona y de lo que merecemos. El fariseo en realidad no rezó —por muy habituado y educado que estuviera en esa disciplina— porque en su plegaria no había humildad. El publicano oró, aunque proscrito por el público y sin recibir aliento alguno por parte de la iglesia, porque oró con humildad. La humildad es sentirnos pequeños porque, en efecto, lo somos. Ser humildes es darnos cuenta de lo indignos que somos porque, efectivamente, lo somos; es sentirnos y declararnos pecadores porque somos pecadores. Nos viene bien hincarnos en actitud de contrición, porque es una postura que denota humildad.

Sin humildad no hay Cristo. Sin humildad, no hay oración. Si quieres dominar el arte de la oración, aprende antes la lección de la humildad. E. M. Bounds

*

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios[3].

*

Aunque el Señor es grande, se ocupa de los humildes, pero se mantiene distante de los orgullosos[4].

*

Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: «Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados»[5].

*

La verdadera humildad y el temor del Señor conducen a riquezas, a honor y a una larga vida[6].

Publicado en Áncora en julio de 2012. Traducción: Quiti y Antonia López.


[1] Lucas 18:14.

[2] Santiago 4:6.

[3] Salmos 51:17.

[4] Salmos 138:6.

[5] Isaías 57:15.

[6] Proverbios 22:4.


Saturday, July 7, 2012

Copyright © Fight for Your Faith