Salmo 49 con comentarios de Dennis Edwards
Salmo 49:1-4 OÃd esto, todos los pueblos; escuchad, todos los habitantes del mundo: humildes y nobles, ricos y pobres, todos a una. Mi boca hablará sabidurÃa, y la meditación de mi corazón será inteligencia. Inclinaré mi oÃdo a la parábola; al son del arpa expondré mi palabra oscura.
Como vemos en el libro de Job o en Eclesiastés, el autor examina las grandes cuestiones de injusticia que ocurren en la vida. Al igual que Salomón, el autor llega a la misma conclusión: la muerte es el ecualizador. La música es a menudo un vehÃculo utilizado para expresar las profundas preguntas de la vida.
Salmo 49:5-9 ¿Por qué he de temer en los dÃas de adversidad, cuando me rodee la iniquidad de mis adversarios? Los que confÃan en sus riquezas, y se jactan de la multitud de sus riquezas; Ninguno de ellos puede redimir a su hermano ni dar a Dios un rescate por él (porque la redención de su alma es preciosa y perdura para siempre), para que viva eternamente y no vea corrupción.
Salomón concluyó de manera similar: «No hay hombre que tenga poder sobre el espÃritu para retenerlo; ni tiene poder en el dÃa de la muerte; y no hay licencia en esa guerra; ni la maldad librará a quienes se entregan a ella» (Eclesiastés 8:8).
Continuó: «Aunque el pecador haga el mal cien veces, y sus dÃas se prolonguen, con todo, yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, que temen delante de él. Pero no les irá bien al impÃo, ni prolongará sus dÃas, que son como una sombra, por no temer delante de Dios» (Eclesiastés 8:12-13).
En otras palabras, vivir en el temor de Dios y guardar sus mandamientos es más importante que tener éxito y riquezas.
Salmo 49:10-11 Porque ve morir a los sabios, y también al necio y al bruto perecer, dejando sus riquezas a otros. Su pensamiento Ãntimo es que sus casas perdurarán para siempre, y sus moradas por todas las generaciones; llaman a sus tierras con sus propios nombres.
Salomón escribió: «Me volvà y vi bajo el sol que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor; sino que a todos les sucede el tiempo y la ocasión. Porque el hombre tampoco conoce su hora (para morir): como los peces que caen en la mala red, y como las aves que caen en la trampa, asà son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos» (Eclesiastés 9:11-12).
Salmo 49:12 Sin embargo, el hombre, estando en honra, no permanece; es como las bestias que perecen. Este es su camino, su necedad; sin embargo, su posteridad aprueba sus palabras. Selah.
En otras palabras, si solo vivimos para este mundo presente, no somos mejores que los animales. Estamos en el camino ancho que lleva a la destrucción, y muchos son los que entran por él. «Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan», Mateo 7:14.
Salmo 49:14-15 Como ovejas son depositadas en el sepulcro; la muerte las pastoreará; y los rectos se enseñorearán de ellas por la mañana; y su hermosura se consumirá en el sepulcro, lejos de su morada. Pero Dios redimirá mi alma del poder del sepulcro, porque él me recibirá. Selah.
Aquà vemos la esperanza de la resurrección o la continuidad de la vida del alma después de la muerte. Desde la caÃda del hombre, Dios prometió enviar un Redentor que derrotarÃa a la serpiente y restablecerÃa la relación de la humanidad con Dios. A lo largo del Antiguo Testamento encontramos esa esperanza: en Job, en los Salmos y en IsaÃas.
En Job, escrito alrededor del año 2000 a. C. en la época de Abraham, encontramos: «Porque yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mà mismo, y mis ojos lo verán, y no otro; aunque mis entrañas se consuman dentro de mû (Job 19:25-27).
Salmo 49:16-17 No temas cuando alguien se enriquece, ni cuando aumenta la gloria de su casa; porque cuando muera, nada llevará; su gloria no descenderá tras él.
El apóstol Pablo nos advierte de igual manera: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos ni pongan su esperanza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, dispuestos a dar a los necesitados. Porque nada trajimos a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos» (1 Timoteo 6:17-20-7).
En Proverbios leemos algo similar: «No te afanes por enriquecerte; abandona tu propia sabidurÃa. ¿Acaso pondrás tu mirada en lo que no es? Porque las riquezas ciertamente se hacen alas; vuelan como águilas hacia el cielo» (Proverbios 23:4-5).
O como escribió Salomón en Eclesiastés: «El que ama el dinero no se saciará de dinero; ni el que ama la abundancia con ganancias; esto también es vanidad. Cuando aumentan los bienes, aumentan los que los consumen; ¿y qué provecho tienen sus dueños, sino verlos con los ojos?» (Eclesiastés 5:10-11).
Parece que los escritores se centran en el hecho de que el mundo fÃsico por sà solo nos deja vacÃos. El apóstol Juan escribió: «Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:16-17). Por eso, Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orÃn corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orÃn corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde esté vuestro tesoro, allà estará también vuestro corazón» (Mateo 6:19-21).
Salmo 49:18-20: Aunque mientras vivió, bendijo su alma; y los hombres te alabarán cuando te vaya bien. Irá a la generación de sus padres; nunca verán la luz. El hombre que está en honra y no entiende, es como las bestias que perecen.
Jesús les dijo a la gente: «Tengan cuidado y cuÃdense de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). Continuó contando la parábola del hombre rico que querÃa construir graneros más grandes para atesorar sus riquezas. Jesús continuó la historia: «Y yo (el hombre rico) diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y diviértete. Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; ¿de quién será lo que has provisto?» Asà es el que atesora para sÃ, y no es rico para con Dios» (Lucas 12:19-21).
Cuando el joven rico acudió a Jesús en busca de consejo, probablemente porque sus riquezas no le traÃan la felicidad que buscaba, Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto (maduro o Ãntegro), anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sÃgueme» (Mateo 19:21). “Al oÃr esto, el joven se fue triste, porque tenÃa muchas posesiones” (Mateo 19:22). Acudió a Jesús buscando soluciones a su infelicidad e insatisfacción, incluso con todas sus riquezas. Sin embargo, cuando Jesús le dio la respuesta, se negó a seguirlo porque amaba al mundo y las cosas del mundo más que a Dios y las cosas de Dios.
El llamado de Jesús al discipulado sigue vigente hoy. “El que quiera venir en pos de mÃ, niéguese a sà mismo, tome su cruz y sÃgame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mà y del evangelio, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿O qué dará a cambio de su alma? Por tanto, el que se avergüence de mà y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también se avergonzará de él el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” Marcos 8:34-38.
Publicado originalmente el 5 de marzo de 2025

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