Por J.R. Miller, de Arroyos en el Desierto 2
La gran tarea de una verdadera vida cristiana es aprender a amar. El Sr. Browning, en su Muerte en el Desierto, pone en boca del moribundo San Juan estas palabras:
Porque la vida, con todo lo que trae consigo: alegrÃa y tristeza,
y esperanza y temor —creed al anciano amigo—,
es solo nuestra oportunidad de alcanzar el premio de aprender a amar,
como el amor podrÃa ser, ha sido y es;
y que desde entonces nos aferramos hasta el lÃmite
a tal premio a pesar de la envidia del mundo.
La vida, con todas sus experiencias, es solo nuestra oportunidad de aprender a amar. La lección está dada para nosotros: «Amarás»; «Como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros». Nuestro único objetivo es dominar esta lección. No estamos en este mundo para enriquecernos, ganar poder, aprender artes y ciencias, construir un gran negocio ni hacer grandes cosas en ningún ámbito. No estamos aquà para desenvolvernos en nuestro trabajo diario, en nuestros talleres, escuelas, hogares o granjas.
No estamos aquà para predicar el evangelio, consolar el dolor, visitar a los enfermos ni realizar obras de caridad. Todas estas cosas, o cualquiera de ellas, pueden estar entre nuestros deberes y pueden llenarnos las manos; pero en todas nuestras ocupaciones, el verdadero propósito de la vida, aquello que siempre debemos esforzarnos por hacer, la labor que debe acompañar todas nuestras experiencias, si es que comprendemos el verdadero significado de la vida, es aprender a amar y desarrollar un carácter y una disposición amorosos.
Podemos aprender las artes más nobles de la vida: música, pintura, escultura, poesÃa; o dominar las ciencias más nobles, o mediante la lectura, el estudio, los viajes y la conversación con personas refinadas, podemos alcanzar la mejor cultura; pero si en todo esto no aprendemos a amar ni nos volvemos más amables de espÃritu y comportamiento, habremos perdido el premio de la vida.
Si en medio de todos nuestros deberes, preocupaciones, pruebas, alegrÃas y tristezas, no crecemos dÃa a dÃa en dulzura, gentileza, generosidad, consideración y en todas las ramas del amor, no estamos aprendiendo la gran lección que nos dio nuestro Maestro en esta escuela de la vida.
"Si Dios nos amó asÃ, también nosotros debemos amarnos unos a otros." (1 Juan 4:11)
Publicado originalmente en marzo de 2012.


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