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Wednesday, May 20, 2026

La información del ADN se explica mejor mediante un Creador.


Dennis Edwards

¿De dónde proviene la información del ADN? Opción uno: De un proceso material puramente no dirigido, no guiado y sin propósito. Opción dos: Es producto de algĆŗn tipo de inteligencia creadora.

Nuestros cuerpos no solo poseen mĆ”quinas biológicas irreductiblemente complejas que operan en cada cĆ©lula, sino que cada cĆ©lula tiene una molĆ©cula de ADN que contiene la información necesaria para que la cĆ©lula se reproduzca, se repare, etc. El ADN es un código de información, el código informĆ”tico de la cĆ©lula. ¿De dónde proviene la información, el código informĆ”tico que encontramos en la molĆ©cula de ADN? El cientĆ­fico de la información Dr. Werner Gitt, en su libro "En el principio era la información", nos dice:

"No existe ninguna ley de la naturaleza conocida, ningún proceso conocido ni ninguna secuencia de eventos conocida que pueda causar que la información se origine por sí misma en la materia". [1]

Por lo tanto, ¿de dónde proviene la información del ADN?

El Dr. Stephen Meyer, defensor de la hipótesis del DiseƱo Inteligente, ha escrito extensamente sobre el tema. En su libro «La firma en la cĆ©lula», aborda el problema que la información especĆ­fica, como la que encontramos en el ADN —especĆ­fica y con un propósito definido—, plantea a la teorĆ­a darwiniana de la evolución. Escribe:

«Nuestra experiencia uniforme confirma que la información especĆ­fica —ya sea inscrita en jeroglĆ­ficos, escrita en un libro, codificada en una seƱal de radio o producida en un experimento de simulación— siempre surge de una fuente inteligente, de una mente y no de un proceso estrictamente material. Por lo tanto, el descubrimiento de la información digital especĆ­fica en la molĆ©cula de ADN proporciona sólidos fundamentos para inferir que la inteligencia desempeñó un papel en el origen del ADN. De hecho, siempre que encontramos información especĆ­fica y conocemos la historia causal de cómo surgió, descubrimos que provino de una fuente inteligente. De ello se deduce que la mejor explicación, la mĆ”s adecuada desde el punto de vista causal, para el origen de la información especĆ­fica codificada digitalmente en el ADN es que tambiĆ©n tuvo una fuente inteligente. El diseƱo inteligente explica mejor el enigma del ADN».[2]

La información codificada en la molécula de ADN apunta decisivamente a una fuente inteligente, no a un proceso natural sin dirección. El premio Nobel y bioquímico E.C. Kornfeld (1919-2012) tuvo una reflexión similar sobre la complejidad celular al observar los mecanismos biológicos que operan en su interior. Escribió:

«Mientras trabajaba entre las complejidades y las diminutas partĆ­culas en un laboratorio, con frecuencia me he sentido abrumado por la infinita sabidurĆ­a de Dios… Resulta asombroso que un mecanismo de tal complejidad pueda funcionar correctamente… El mecanismo mĆ”s simple creado por el hombre requiere un planificador y un constructor; cómo un mecanismo diez veces mĆ”s complejo y elaborado puede concebirse como autoconstruido y autodesarrollado es algo que me resulta completamente incomprensible».

El astrofísico y matemÔtico Fred Hoyle (1915-2001), quien formuló matemÔticamente el modelo de estado estacionario del universo y estudió las probabilidades matemÔticas de que la vida se originara aleatoriamente a partir de materia inerte, hizo los siguientes comentarios en su libro El universo inteligente:

“No existe ni una pizca de evidencia objetiva que respalde la hipótesis de que la vida comenzó en una sopa orgĆ”nica aquĆ­ en la Tierra. De hecho, Francis Crick, quien compartió el Premio Nobel por el descubrimiento de la estructura del ADN, es uno de los biofĆ­sicos que considera esta teorĆ­a poco convincente. Entonces, ¿por quĆ© los biólogos se entregan a fantasĆ­as sin fundamento para negar lo que es tan evidente: que 200.000 cadenas de aminoĆ”cidos, y por ende la vida, no surgieron por casualidad? La respuesta reside en una teorĆ­a desarrollada hace mĆ”s de un siglo, que buscaba explicar el desarrollo de la vida como un producto inevitable de un proceso natural puramente local. Su autor, Charles Darwin, dudó en desafiar la doctrina de la Iglesia sobre la creación y, al menos pĆŗblicamente, no analizó las implicaciones”. Sus ideas se relacionaban con el origen de la vida. Sin embargo, en privado sugirió que la vida misma pudo haberse originado en «algĆŗn pequeƱo estanque cĆ”lido», y hasta el dĆ­a de hoy sus seguidores han intentado explicar el origen de la vida terrestre mediante un proceso de evolución quĆ­mica a partir de la sopa primordial. Pero, como hemos visto, esta teorĆ­a simplemente no se ajusta a los hechos.[3]

En Ingeniería y Ciencia, escribió:

«Una interpretación lógica de los hechos sugiere que una superinteligencia ha intervenido en la fĆ­sica, asĆ­ como en la quĆ­mica y la biologĆ­a, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza de las que valga la pena hablar. Las cifras que se derivan de los hechos me parecen tan abrumadoras que hacen que esta conclusión sea prĆ”cticamente incuestionable».[4]

Con la ayuda de sus estudiantes universitarios, Hoyle calculó la probabilidad de que la vida se formara a partir de materia inerte mediante algún proceso natural desconocido. En su libro Evolución desde el espacio, concluyó:

“La probabilidad de que se forme vida a partir de materia inanimada es de uno entre un nĆŗmero con 40 000 ceros. (Los cientĆ­ficos de probabilidad consideran imposible que uno entre un nĆŗmero con 50 ceros sea imposible, por lo que miles de ceros serĆ­an...)

Basta con enterrar a Darwin y a toda la Teoría General de la Evolución. No existió una sopa primordial, ni en este planeta ni en ningún otro, y si los orígenes de la vida no fueron aleatorios, debieron ser, por lo tanto, producto de una inteligencia con propósito.[4]

Debemos admitir que la probabilidad de que la vida surja por casualidad mediante la evolución es la misma que la de sacar un seis en los dados cinco millones de veces seguidas.

Seamos científicamente honestos: la probabilidad de que la vida adquiera cada vez mayor complejidad y organización por casualidad es la misma que la de que un tornado arrase un desguace y, al otro lado, se forme un Boeing 747.

Los lĆ­deres de la comunidad cientĆ­fica actual son conscientes de estas dificultades. Debido a los vehementes ataques de Hoyle contra la idea de que la vida se origine espontĆ”neamente a partir de la materia inerte, se le negó el Premio Nobel, a pesar de ser uno de los astrofĆ­sicos y matemĆ”ticos mĆ”s destacados de su Ć©poca. Entonces, ¿por quĆ© los cientĆ­ficos ignoran lo evidente? Richard Lewontin (1929-2021), profesor de GenĆ©tica durante muchos aƱos en la Universidad de Harvard, revela con franqueza el secreto.

«Nos aferramos a la ciencia evolutiva (que la vida surgió espontĆ”neamente de la materia inerte) a pesar de las evidentes absurdidades de algunas de sus construcciones, a pesar de la tolerancia de la comunidad cientĆ­fica hacia explicaciones sin fundamento, porque tenemos un compromiso previo con el materialismo, y ese materialismo es absoluto, pues no podemos permitir que intervenga lo divino».[6]

En otras palabras, es su sistema de creencias previo y su compromiso con las explicaciones exclusivamente materialistas lo que obliga a los científicos a rechazar las explicaciones sobrenaturales, incluso cuando la evidencia física se explica mejor por medios metafísicos. No quieren una explicación divina. Esto les abriría las puertas al pensamiento académico. Los estudiantes no abandonarían tan fÔcilmente su fe y creerían en las teorías evolucionistas sin fundamento. Richard Dawkins coincidió con esta opinión y afirmó:

«Aunque no existiera evidencia real a favor de la teorĆ­a darwiniana, estarĆ­amos justificados al preferirla sobre todas las teorĆ­as rivales».

En lo que respecta a la ciencia moderna, lo sobrenatural no existe y no debe considerarse en una teoría científica. Dios estÔ fuera del alcance de la ciencia y no puede considerarse como un mecanismo en la búsqueda de los orígenes. Incluso si los datos parecen apuntar a una causa metafísica o sobrenatural, los científicos se inclinarÔn por una causa natural sin fundamento, porque no quieren permitir que lo divino entre en juego. Su castillo de naipes podría hacerse evidente para todos y derrumbarse rÔpidamente.

Sin embargo, el propio Albert Einstein (1879-1955) abordó la idea del Diseño Inteligente en el universo cuando escribió lo siguiente:

«Los sentimientos religiosos de un cientĆ­fico toman la forma de un asombro extasiado ante la armonĆ­a de las leyes naturales, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el pensamiento y la acción sistemĆ”ticos de los seres humanos son un reflejo completamente insignificante».[7]

«Todo aquel que se involucra seriamente en la bĆŗsqueda de la ciencia se convence de que un espĆ­ritu se manifiesta en las leyes del universo: un espĆ­ritu inmensamente superior al del hombre». y ante la cual, con nuestras modestas capacidades, debemos sentirnos humildes.

Unos 300 años antes, Sir Isaac Newton (1643-1727) llegó a una conclusión similar, pero profundizó un poco mÔs en su pensamiento, lo que lo llevó al Dios de la Biblia y no solo a la "Conciencia Universal" de Einstein, que este último había tomado del filósofo Spinoza (1632-1677). Newton, considerado el científico mÔs grande de todos los tiempos en 2005 por la Real Sociedad de Londres para el Mejoramiento del Conocimiento Natural, escribió:

"Este bellĆ­simo sistema del sol, los planetas y los cometas solo pudo provenir del consejo y el dominio de un Ser inteligente y poderoso... Este Ser gobierna todas las cosas, no como el alma del mundo (como enseƱan las filosofĆ­as de la Nueva Era y las orientales – Dennis), sino como SeƱor de todo; Y debido a su dominio, se le suele llamar SeƱor Dios o Soberano Universal.[8]

Desde el ADN hasta las complejas mÔquinas biológicas, pasando por la armonía de las leyes naturales y el movimiento de los cuerpos celestes, toda la evidencia apunta a un Dios Creador Divino de inteligencia superior. Dios es la mejor explicación para la información contenida en la molécula de ADN y la mejor explicación para el mundo que vemos y en el que vivimos.

Como escribió el salmista: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1). «Te alabarĆ©, porque soy una creación admirable; maravillosas son tus obras, y esto lo sabe muy bien mi alma» (Salmo 139:14). El apóstol Pablo concluyó de manera similar: «Porque sus atributos invisibles, su eterno poder y su naturaleza divina, se han percibido claramente desde la creación del mundo, en las cosas que han sido creadas». AsĆ­ pues, no tienen excusa (Romanos 1:21).

Notas [1] 

Notes
[1] Gitt, Werner; In the Beginning Was Information; pg.107, 1994.

[1] Gitt, Werner; En el principio era la información; pÔg. 107, 1994.

[2] Meyer, Stephen; Signature in the Cell, 2009.

[2] Meyer, Stephen; La firma en la cƩlula, 2009.

[3] Hoyle, Fred; The Intelligent Universe; 1983; p.23.

[3] Hoyle, Fred; El universo inteligente; 1983; pƔg. 23.

[4] Hoyle, Fred; Engineering and Science, 1981, p8-12.

[4] Hoyle, Fred; Ingenierƭa y ciencia, 1981, pƔgs. 8-12.
[5] Hoyle, Fred; Evolution from Space, 1984.

[5] Hoyle, Fred; Evolución desde el espacio, 1984.
[6] Lewontin, Richard; Billions and Billions of Demons, 1997, p.97.

[6] Lewontin, Richard; Miles de millones de demonios, 1997, pƔg. 97.
[7] Einstein, Albert; The World as I See It, 1922.

[7] Einstein, Albert; El mundo como yo lo veo, 1922.
[8] Newton, Isaac. The Principia: Mathematical Principles of Natural Philosophy, 1687.

[8] Newton, Isaac. Los Principia: Principios matemƔticos de la filosofƭa natural, 1687.

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