Dennis Edwards
¿De dónde proviene la información del ADN? Opción uno: De un proceso material puramente no dirigido, no guiado y sin propósito. Opción dos: Es producto de algĆŗn tipo de inteligencia creadora.
Nuestros cuerpos no solo poseen mĆ”quinas biológicas irreductiblemente complejas que operan en cada cĆ©lula, sino que cada cĆ©lula tiene una molĆ©cula de ADN que contiene la información necesaria para que la cĆ©lula se reproduzca, se repare, etc. El ADN es un código de información, el código informĆ”tico de la cĆ©lula. ¿De dónde proviene la información, el código informĆ”tico que encontramos en la molĆ©cula de ADN? El cientĆfico de la información Dr. Werner Gitt, en su libro "En el principio era la información", nos dice:
"No existe ninguna ley de la naturaleza conocida, ningún proceso conocido ni ninguna secuencia de eventos conocida que pueda causar que la información se origine por sà misma en la materia". [1]
Por lo tanto, ¿de dónde proviene la información del ADN?
El Dr. Stephen Meyer, defensor de la hipótesis del DiseƱo Inteligente, ha escrito extensamente sobre el tema. En su libro «La firma en la cĆ©lula», aborda el problema que la información especĆfica, como la que encontramos en el ADN —especĆfica y con un propósito definido—, plantea a la teorĆa darwiniana de la evolución. Escribe:
«Nuestra experiencia uniforme confirma que la información especĆfica —ya sea inscrita en jeroglĆficos, escrita en un libro, codificada en una seƱal de radio o producida en un experimento de simulación— siempre surge de una fuente inteligente, de una mente y no de un proceso estrictamente material. Por lo tanto, el descubrimiento de la información digital especĆfica en la molĆ©cula de ADN proporciona sólidos fundamentos para inferir que la inteligencia desempeñó un papel en el origen del ADN. De hecho, siempre que encontramos información especĆfica y conocemos la historia causal de cómo surgió, descubrimos que provino de una fuente inteligente. De ello se deduce que la mejor explicación, la mĆ”s adecuada desde el punto de vista causal, para el origen de la información especĆfica codificada digitalmente en el ADN es que tambiĆ©n tuvo una fuente inteligente. El diseƱo inteligente explica mejor el enigma del ADN».[2]
La información codificada en la molĆ©cula de ADN apunta decisivamente a una fuente inteligente, no a un proceso natural sin dirección. El premio Nobel y bioquĆmico E.C. Kornfeld (1919-2012) tuvo una reflexión similar sobre la complejidad celular al observar los mecanismos biológicos que operan en su interior. Escribió:
«Mientras trabajaba entre las complejidades y las diminutas partĆculas en un laboratorio, con frecuencia me he sentido abrumado por la infinita sabidurĆa de Dios… Resulta asombroso que un mecanismo de tal complejidad pueda funcionar correctamente… El mecanismo mĆ”s simple creado por el hombre requiere un planificador y un constructor; cómo un mecanismo diez veces mĆ”s complejo y elaborado puede concebirse como autoconstruido y autodesarrollado es algo que me resulta completamente incomprensible».
El astrofĆsico y matemĆ”tico Fred Hoyle (1915-2001), quien formuló matemĆ”ticamente el modelo de estado estacionario del universo y estudió las probabilidades matemĆ”ticas de que la vida se originara aleatoriamente a partir de materia inerte, hizo los siguientes comentarios en su libro El universo inteligente:
“No existe ni una pizca de evidencia objetiva que respalde la hipótesis de que la vida comenzó en una sopa orgĆ”nica aquĆ en la Tierra. De hecho, Francis Crick, quien compartió el Premio Nobel por el descubrimiento de la estructura del ADN, es uno de los biofĆsicos que considera esta teorĆa poco convincente. Entonces, ¿por quĆ© los biólogos se entregan a fantasĆas sin fundamento para negar lo que es tan evidente: que 200.000 cadenas de aminoĆ”cidos, y por ende la vida, no surgieron por casualidad? La respuesta reside en una teorĆa desarrollada hace mĆ”s de un siglo, que buscaba explicar el desarrollo de la vida como un producto inevitable de un proceso natural puramente local. Su autor, Charles Darwin, dudó en desafiar la doctrina de la Iglesia sobre la creación y, al menos pĆŗblicamente, no analizó las implicaciones”. Sus ideas se relacionaban con el origen de la vida. Sin embargo, en privado sugirió que la vida misma pudo haberse originado en «algĆŗn pequeƱo estanque cĆ”lido», y hasta el dĆa de hoy sus seguidores han intentado explicar el origen de la vida terrestre mediante un proceso de evolución quĆmica a partir de la sopa primordial. Pero, como hemos visto, esta teorĆa simplemente no se ajusta a los hechos.[3]
En IngenierĆa y Ciencia, escribió:
«Una interpretación lógica de los hechos sugiere que una superinteligencia ha intervenido en la fĆsica, asĆ como en la quĆmica y la biologĆa, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza de las que valga la pena hablar. Las cifras que se derivan de los hechos me parecen tan abrumadoras que hacen que esta conclusión sea prĆ”cticamente incuestionable».[4]
Con la ayuda de sus estudiantes universitarios, Hoyle calculó la probabilidad de que la vida se formara a partir de materia inerte mediante algún proceso natural desconocido. En su libro Evolución desde el espacio, concluyó:
“La probabilidad de que se forme vida a partir de materia inanimada es de uno entre un nĆŗmero con 40 000 ceros. (Los cientĆficos de probabilidad consideran imposible que uno entre un nĆŗmero con 50 ceros sea imposible, por lo que miles de ceros serĆan...)
Basta con enterrar a Darwin y a toda la TeorĆa General de la Evolución. No existió una sopa primordial, ni en este planeta ni en ningĆŗn otro, y si los orĆgenes de la vida no fueron aleatorios, debieron ser, por lo tanto, producto de una inteligencia con propósito.[4]
Debemos admitir que la probabilidad de que la vida surja por casualidad mediante la evolución es la misma que la de sacar un seis en los dados cinco millones de veces seguidas.
Seamos cientĆficamente honestos: la probabilidad de que la vida adquiera cada vez mayor complejidad y organización por casualidad es la misma que la de que un tornado arrase un desguace y, al otro lado, se forme un Boeing 747.
Los lĆderes de la comunidad cientĆfica actual son conscientes de estas dificultades. Debido a los vehementes ataques de Hoyle contra la idea de que la vida se origine espontĆ”neamente a partir de la materia inerte, se le negó el Premio Nobel, a pesar de ser uno de los astrofĆsicos y matemĆ”ticos mĆ”s destacados de su Ć©poca. Entonces, ¿por quĆ© los cientĆficos ignoran lo evidente? Richard Lewontin (1929-2021), profesor de GenĆ©tica durante muchos aƱos en la Universidad de Harvard, revela con franqueza el secreto.
«Nos aferramos a la ciencia evolutiva (que la vida surgió espontĆ”neamente de la materia inerte) a pesar de las evidentes absurdidades de algunas de sus construcciones, a pesar de la tolerancia de la comunidad cientĆfica hacia explicaciones sin fundamento, porque tenemos un compromiso previo con el materialismo, y ese materialismo es absoluto, pues no podemos permitir que intervenga lo divino».[6]
En otras palabras, es su sistema de creencias previo y su compromiso con las explicaciones exclusivamente materialistas lo que obliga a los cientĆficos a rechazar las explicaciones sobrenaturales, incluso cuando la evidencia fĆsica se explica mejor por medios metafĆsicos. No quieren una explicación divina. Esto les abrirĆa las puertas al pensamiento acadĆ©mico. Los estudiantes no abandonarĆan tan fĆ”cilmente su fe y creerĆan en las teorĆas evolucionistas sin fundamento. Richard Dawkins coincidió con esta opinión y afirmó:
«Aunque no existiera evidencia real a favor de la teorĆa darwiniana, estarĆamos justificados al preferirla sobre todas las teorĆas rivales».
En lo que respecta a la ciencia moderna, lo sobrenatural no existe y no debe considerarse en una teorĆa cientĆfica. Dios estĆ” fuera del alcance de la ciencia y no puede considerarse como un mecanismo en la bĆŗsqueda de los orĆgenes. Incluso si los datos parecen apuntar a una causa metafĆsica o sobrenatural, los cientĆficos se inclinarĆ”n por una causa natural sin fundamento, porque no quieren permitir que lo divino entre en juego. Su castillo de naipes podrĆa hacerse evidente para todos y derrumbarse rĆ”pidamente.
Sin embargo, el propio Albert Einstein (1879-1955) abordó la idea del Diseño Inteligente en el universo cuando escribió lo siguiente:
«Los sentimientos religiosos de un cientĆfico toman la forma de un asombro extasiado ante la armonĆa de las leyes naturales, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el pensamiento y la acción sistemĆ”ticos de los seres humanos son un reflejo completamente insignificante».[7]
«Todo aquel que se involucra seriamente en la bĆŗsqueda de la ciencia se convence de que un espĆritu se manifiesta en las leyes del universo: un espĆritu inmensamente superior al del hombre». y ante la cual, con nuestras modestas capacidades, debemos sentirnos humildes.
Unos 300 aƱos antes, Sir Isaac Newton (1643-1727) llegó a una conclusión similar, pero profundizó un poco mĆ”s en su pensamiento, lo que lo llevó al Dios de la Biblia y no solo a la "Conciencia Universal" de Einstein, que este Ćŗltimo habĆa tomado del filósofo Spinoza (1632-1677). Newton, considerado el cientĆfico mĆ”s grande de todos los tiempos en 2005 por la Real Sociedad de Londres para el Mejoramiento del Conocimiento Natural, escribió:
"Este bellĆsimo sistema del sol, los planetas y los cometas solo pudo provenir del consejo y el dominio de un Ser inteligente y poderoso... Este Ser gobierna todas las cosas, no como el alma del mundo (como enseƱan las filosofĆas de la Nueva Era y las orientales – Dennis), sino como SeƱor de todo; Y debido a su dominio, se le suele llamar SeƱor Dios o Soberano Universal.[8]
Desde el ADN hasta las complejas mĆ”quinas biológicas, pasando por la armonĆa de las leyes naturales y el movimiento de los cuerpos celestes, toda la evidencia apunta a un Dios Creador Divino de inteligencia superior. Dios es la mejor explicación para la información contenida en la molĆ©cula de ADN y la mejor explicación para el mundo que vemos y en el que vivimos.
Como escribió el salmista: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1). «Te alabarĆ©, porque soy una creación admirable; maravillosas son tus obras, y esto lo sabe muy bien mi alma» (Salmo 139:14). El apóstol Pablo concluyó de manera similar: «Porque sus atributos invisibles, su eterno poder y su naturaleza divina, se han percibido claramente desde la creación del mundo, en las cosas que han sido creadas». AsĆ pues, no tienen excusa (Romanos 1:21).
Notas [1]
Notes
[1] Gitt, Werner; In the Beginning Was Information; pg.107, 1994.
[1] Gitt, Werner; En el principio era la información; pÔg. 107, 1994.
[2] Meyer, Stephen; Signature in the Cell, 2009.
[2] Meyer, Stephen; La firma en la cƩlula, 2009.
[3] Hoyle, Fred; The Intelligent Universe; 1983; p.23.
[3] Hoyle, Fred; El universo inteligente; 1983; pƔg. 23.
[4] Hoyle, Fred; Engineering and Science, 1981, p8-12.
[4] Hoyle, Fred; IngenierĆa y ciencia, 1981, pĆ”gs. 8-12.
[5] Hoyle, Fred; Evolution from Space, 1984.
[5] Hoyle, Fred; Evolución desde el espacio, 1984.
[6] Lewontin, Richard; Billions and Billions of Demons, 1997, p.97.
[6] Lewontin, Richard; Miles de millones de demonios, 1997, pƔg. 97.
[7] Einstein, Albert; The World as I See It, 1922.
[7] Einstein, Albert; El mundo como yo lo veo, 1922.
[8] Newton, Isaac. The Principia: Mathematical Principles of Natural Philosophy, 1687.
[8] Newton, Isaac. Los Principia: Principios matemĆ”ticos de la filosofĆa natural, 1687.

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